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Artesanía Tuareg

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La población conocida en occidente por el nombre genérico “tuareg”, se encuentra actualmente repartida en gran parte del Sahara y en Sahel, faja semi árida al sur del desierto. Viven en las actuales repúblicas de Argelia, Níger, Malí y Burkina Faso y en el reino de Marruecos. Los Tuareg son parte del gran grupo Amazigh (o Berebere) que vivía en el norte de África antes de la llegada de los árabes a esta región en el siglo VII. Convertidos al islam, hasta hoy los tuareg son los maestros del desierto, criadores de camellos y caravaneros. Su habilidad para cruzar el Sahara ha garantizado desde siglos la relación comercial y el tránsito cultural entre el Magreb y los grandes centros difusores al sur del desierto, como las ciudades históricas de Tombuctú, en Mali, o Agadez, en Níger. Divididos en subgrupos, los tuareg comparten la lengua tamasheq y la escritura tifinagh.

Su cultura material está marcada por los dibujos geométricos. La plata, considerada como “bendecida por el Profeta”, es el metal más preciado por los tuareg. Sus eximios artesanos, utilizando técnicas simples como el modelado por el método de cera perdida, crean objetos y adornos refinados. El acabado es hecho manualmente con cincelado y grabación. El cuero es también trabajado con maestría por los tuareg, siendo esta actividad ejercida por hombres y mujeres. El tallado en madera y los bordados presentan los mismos detalles geométricos utilizados en las demás técnicas artesanales.

Ref: Casa das Africas

Traducción: Bárbara Igor

Gentileza de nuestro amigo y colaborador Carlos Souza (Brasil/RJ).

La rebelión tuareg se hace fuerte en Tessalit

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El pasado sábado, los rebeldes tuareg lograron finalmente y tras una semana de intensos combates hacerse con el control de la base militar de Amashash, situada a seis kilómetros de Tessalit. El Ejército de Malí ha confirmado que los 600 soldados que resistían en esta base la han abandonado en lo que califican un “repliegue táctico”. Lo cierto es que la rebelión tuareg está más fuerte que nunca y está provocando un gran éxodo de civiles hacia Burkina Faso, Argelia, Mauritania y Níger que amenaza con convertirse en crisis humanitaria. La rebelión tuareg ha logrado una importante victoria con la toma de la base militar de Amashash (Tessalit), en la que se habían refugiado varios miles de habitantes civiles de la ciudad. Un equipo del Comité Internacional de la Cruz Roja (CICR) acaba de llegar este lunes a Tessalit para realizar una evaluación de la situación y poner en marcha las medidas necesarias para ayudar a los civiles heridos o desplazados por los combates.

La última rebelión tuareg estalló el pasado 17 de enero liderada por el Movimiento Nacional de Liberación del Azawad (MNLA) que reivindica la independencia de este enorme y desértico territorio que incluye tres regiones del norte de Malí, Tombuctú, Gao y Kidal. En este momento es difícil precisar, dada la falta de información independiente, el estado de la rebelión. Por un lado, los rebeldes aseguran tomar ciudades que días después son recuperadas por el Ejército maliense, mientras que los soldados del Estado califican de “repliegues tácticos” lo que podrían ser retiradas en toda regla.

En todo caso, lo que sí parece evidente es que esta rebelión ya se ha cobrado la vida de cientos de combatientes en los dos bandos. Los rebeldes han mostrado una gran capacidad para golpear en todo el Azawad, desde el oeste cerca de la frontera con Mauritania hasta el este junto a Níger, y desde el norte fronterizo con Argelia hasta más allá de los límites de este territorio, con escaramuzas en la región de Ségou, al sur de Malí.

Y como en todo conflicto se están produciendo abusos sobre la población civil. Médicos sin Fronteras ha denunciado que el pasado 22 de febrero varios helicópteros del Ejército malí bombardearon un campo de refugiados cerca de Kidal, lo que provocó la muerte de una niña y heridas a nueve mujeres y niños. Amnistía Internacional ya ha pedido a Malí que deje de bombardear a la población civil en el norte del país.

Asimismo, circulan numerosos comentarios acerca de las presencia de mercenarios ucranianos especialmente agresivos que están pilotando estos helicópteros. Igualmente existen denuncias de graves abusos y detenciones indiscriminadas por parte de las milicias progubernamentales.

Frente a estas denuncias, el Gobierno malí insiste en señalar los supuestos vínculos entre los rebeldes y los terroristas de Al Qaeda del Magreb Islámico (AQMI) y señalan a la presunta matanza de decenas de soldados el 24 de enero en Aguelhok, desarmados y ejecutados de un tiro en la nuca. Sin embargo, los rebeldes niegan el vínculo con AQMI y aseguran que tratan bien a sus prisioneros, denunciando que algunas fotos que circulan en Internet sobre esta matanza son, en realidad, fotos de hace cinco años tomadas en Níger.

Mientras la posición oficial malí sigue tachando de “bandidos armados”, “terroristas” y “traficantes de droga” a los rebeldes, también apunta en la dirección de que están dirigidos por mercenarios que lucharon a favor de Gadafi en el reciente conflicto libio. Sin embargo, la realidad parece ser otra. Aunque sí hay ex oficiales gadafistas en la cúpula del MNLA y es evidente que algunas de las armas que poseen proceden de esta guerra, lo cierto es que otros dirigentes del MLNA no estuvieron en Libia y proceden de anteriores rebeliones o incluso del propio Ejército malí, de donde procede también la mayor parte del stock armamentístico rebelde.

La rebelión ha provocado ya dos consecuencias inmediatas. La primera es un incremento del nacionalismo bambara (principal etnia de Malí) y anti tuareg en el resto del país, lo que ha degenerado en abusos contra establecimientos y propiedades de tuaregs en ciudades como Kita y Bamako, la capital. Sin embargo, el problema más acuciante en este momento es la huída de decenas de miles de personas del escenario del conflicto, lo que se está convirtiendo en una crisis humanitaria de consecuencias imprevisibles.

El norte de Malí es una región ya de por sí frágil debido a la sequía, la presencia de terroristas de AQMI, especializados en secuestros de occidentales, y de traficantes de droga. Las agencias internacionales ya habían advertido de que el Sahel iba a sufrir una hambruna esta primavera y un éxodo de su población. Pero este éxodo se ha precipitado en Malí por la rebelión tuareg, que ha provocado la salida de al menos 100.000 personas a países como Mauritania, Níger, Argelia y Burkina Faso y la existencia de unos 70.000 desplazados internos en Malí.


JOSÉ NARANJO

Dakar 13/03/2012

Ref. guinguinbali

Gentileza de nuestro amigo y colaborador Carlos Souza (Brasil/RJ)

Más de 30.000 desplazados por la rebelión tuareg

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El norte de Malí está de nuevo en el ojo del huracán. A mediados del pasado mes de enero, el recién creado Movimiento de Liberación Nacional del Azawad (MLNA) lanzó una amplia ofensiva contra varias ciudades del norte de este país africano y se enfrentó en varias escaramuzas al Ejército malí. Al menos medio centenar de personas han perdido la vida desde entonces y decenas de miles han huido de la zona. El MLNA reclama la creación de un estado tuareg, pero por ahora sólo ha logrado generar una crisis humanitaria en una región del Sahel ya castiLa historia de las rebeliones tuareg en esta zona tiene casi un siglo. Desde que en 1916 estallara una insurrección armada contra el gobierno colonial francés, la llamada rebelión de Kaocen que logró apoderarse de varias ciudades de las montañas del Air (Níger) durante más de tres meses, los tuaregs se han mostrado siempre combativos contra todo poder que venía del exterior. En la década de los sesenta del siglo pasado volvieron a la carga, en esta ocasión contra el poder establecido en Bamako del recién nacido estado de Malí y una ley de reforma de tierras que atentaba contra sus tierras tradicionales. La respuesta del Gobierno maliense fue brutal e incluyó masacres a pueblos enteros. El alto el fuego de 1964 fue muy precario.

Entre 1990 y 1996 se vivió la llamada tercera rebelión tuareg, en la que los miembros de esta etnia reivindicaban la creación de un estado independiente al considerarse excluidos de la toma de decisiones. La rebelión afectó al norte de Malí y Níger y se produjo tras una hambruna y crisis de refugiados. Los enfrentamientos entre los ejércitos de ambos países y los tuaregs volvieron a dejar un reguero de muertos y desplazados. Sin embargo, diez años después volvieron a reproducirse los problemas en la llamada cuarta rebelión tuareg.

El pasado mes de octubre se producía el nacimiento oficial del Movimiento de Liberación Nacional del Azawad (MLNA), un grupo político-militar que reivindica la independencia de esta región que abarca casi todo el norte de Malí, una parte del norte de Níger y el sur de Argelia, donde han vivido tradicionalmente las tribus tuaregs, pero no solo ellas. El MLNA surge de la fusión del Movimiento Nacional del Azawad (MNA) y el Movimiento Tuareg del Norte de Malí (MTNM) y se ha visto reforzado en los últimos meses por la llegada de combatientes tuaregs que participaron en la guerra civil de Libia, la mayoría contratados como mercenarios por el régimen de Gadafi, pero otros bajo la bandera del Consejo Nacional de Transición libio.

Y a mediados de enero, el MLNA ha comenzado su última ofensiva, coincidiendo no solo con la llegada de los combatientes procedentes de Libia sino con la inminencia de las elecciones presidenciales en Malí, previstas para el próximo mes de abril. Los ataques se han producido sobre todo en las ciudades de Menaka, Anderamboukane, N’Tillit, Tessit y Aguelhok. La cifra de muertos varía según las fuentes, se habla de medio centenar, ochenta o incluso de cien, entre los que habría soldados malienses, muchos civiles e incluso algunos ejecutados de manera sumaria, sobre todo en Aguelhok.

HUIDA DE CIVILES

Los ataques prosiguen con mayor o menor intensidad y están provocando una auténtica huida de civiles del lugar. Se calcula que unos 15.000 malienses han cruzado ya la frontera en dirección a Níger y que al menos otros tantos podrían haberse trasladado a otras ciudades próximas, como Gao o Kidal, donde intentan encontrar refugio de los ataques en casa de sus familiares. En total unas 30.000 personas, de las que, según el Comité Internacional de la Cruz Roja, unos 26.000 proceden de Menaka y otros 4.000 de Aguelhok, donde se han producido los ataques más cruentos.

Los problemas a los que se enfrentan estos desplazados están directamente relacionados con la comida y el agua para abastecerles. De hecho, la Agencia de Naciones Unidas para los Refugiados (Acnur) ya ha iniciado conversaciones con los gobiernos de Níger, Mauritania y Burkina Faso, países todos limítrofes con Malí, para habilitar campos de refugiados donde ordenar un vasto plan de ayuda humanitaria.

La situación es complicada y se viene a sumar a los dos males endémicos que sufre la región del Sahel. Por un lado, el deterioro de las condiciones de vida a consecuencia del brusco parón vivido por una de las industrias más rentables, el turismo, a causa de los secuestros y la actividad terrorista en la zona de Al Qaeda del Magreb Islámico (AQMI) y, por otro, la amenaza de una hambruna que podría tocar a cientos de miles de personas y de la que las agencias humanitarias internacionales ya han advertido de que estamos a las puertas.

Más allá de la consideración de si las reivindicaciones de los tuaregs que luchan con el MLNA son justas o no, una gran parte de la población tuareg y los árabes, songhais, peuls y de otras etnias que conviven en esta parte del mundo están sufriendo las consecuencias de una rebelión que está poniendo en serios aprietos su propia supervivencia y que está condenando a esta región del mundo a una inestabilidad que será difícil superar. Como dice un proverbio africano, cuando los elefantes pelean es la hierba la que sufre. Y en el Azawad, aunque no haya mucha hierba, sí que hay mucha gente sufriendo.

NARANJO

Dakar 21/02/2012

REF: Canariassocial

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Gentileza de nuestro amigo y colaborador Carlos Souza (Brasil/RJ)

Las Lenguas de África

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En el continente africano se hablan unas 1.500 lenguas repartidas en cuatro familias lingüísticas: la afro-asiática, la nigero- congoleña, la nilo-sahariana y la joisana.

La familia afro-asiática, situada en el norte del continente, se divide en cinco grupos:

• El semítico
• El bereber
• El antiguo egipcio
• El cusítico
• El chádico

El grupo semítico incluye, entre otras, el árabe y el amárico, lengua oficial de Etiopia.

El grupo bereber incluye el amazig, el tuareg, y el guanche, hablado antiguamente en las Islas Canarias. El antiguo egipcio es el único miembro conocido de su grupo. Al grupo cusítico pertenecen lenguas como el somalí – oficial en Somalia – o el oromo.

Finalmente, el grupo chádico incluye el hausa, la lengua con más hablantes de África después del árabe.

La familia nigero-congoleña es una de las agrupaciones más grandes del mundo, después de la austronésica. Se extiende desde Senegal hasta Kenia y el sur del continente. Se divide en los siguientes grupos:

• El mande
• El kordofán
• El atlántico-congoleño. Este grupo lingüístico incluye subgrupos de lenguas como el atlántico (fulani, wolof, serer), el kwa (akan, ewe, yoruba, igbo) o el benue-congo, al cual pertenecen las lenguas bantu (suahili, fang, zulu, kikongo, kimbundu, kikuiu, etc.). El parentesco entre estas lenguas fue uno de los primeros en ser reconocido.

La familia nilo-sahariana se encuentra en diversos núcleos entre la familia afro-asiática y la nigero-congoleña. Pertenecen el   masai, el shilluk, el kanuri, el songhai o el nuer, entre otras lenguas.

Finalmente, la familia joisana se extiende por el sur del continente e incluye lenguas como el nama o el kwadi.

Además de las lenguas agrupadas en las cuatro familias lingüísticas mencionadas, en el continente africano se habla el inglés, el francés, el portugués y el español como consecuencia de la colonización. Así, con la independencia de las colonias, muchos estados africanos optaron por una lengua europea como lengua oficial: el portugués es oficial en Angola, Mozambique, Guinea Bissau y varias islas del Atlántico; el español lo es en Guinea Ecuatorial y el inglés y el francés lo son en varios estados.

Si nos fijamos en la dinámica de las lenguas, África puede ser considerado el continente de la diversidad lingüística, ya que es la zona donde se dan menos procesos de sustitución lingüística (aproximadamente el 20% ante el 50% mundial). Otra característica es que mientras que en otras zonas del mundo las lenguas que se extinguen son sustituidas por otras lenguas europeas, en África  son las lenguas africanas (suahili, wolof, hausa, ful, etc.) las que ocupan el espacio de las subordinadas.

Muchas palabras de origen africano se han extendido por todo el mundo. Así, palabras como vudú, zombi, chimpancé o safari  proceden del bantú. Cola, procedente del ewe, ha llegado a muchísimas lenguas a través de la Coca-cola, y ñu, de origen joisano, es  una de las pocas palabras que ha surgido de esta familia.

Como testimonio de una lengua ya extinguida, el antiguo egipcio nos ha dejado palabras como endibia, goma u oasis. A esta lista podríamos añadir un gran número de palabras procedentes del árabe y del amazigh que se han extendido por todo el mundo,  como por ejemplo algodón (del árabe).

Gentileza de nuestro amigo y colaborador Carlos Souza (Brasil/RJ)

Ref.:  Casa de Las Lenguas