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Corazón Solitario – Cuentos Africanos Tradicionales (Mozambique)

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los-secretos-de-nuestra-casa

El león y la leona tuvieron tres hijos: uno se llamó a sí mismo Corazón Solitario, el otro escogió el nombre Corazón con la Madre y el tercero el de Corazón con el Padre.

Corazón Solitario, encontró un puerco y lo cazó, pero no tenía quien lo ayudase porque su nombre era Corazón Solitario

Corazón con la Madre encontró un puerco, lo cazó y su madre vino rápidamente a ayudarlo a matar al animal.  Ambos lo comieron.

Corazón con el Padre, cazó también un puerco.  El padre vino rápidamente para ayudarlo.  Mataron al puerco y lo comieron entre los dos.

Corazón Solitario encontró otro puerco, lo cazó pero no logró matarlo.  Nadie fue en su auxilio.  Corazón Solitario continuó cazando, sin ayuda de nadie.  Comenzó a adelgazar y a adelgazar, hasta que un día murió.

Los otros continuaron llenos de salud por no haber tenido un corazón solitario.

Cuento original de Mozambique

Traducción: Misosoafrica

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“El ratón y el cazador” – Cuentos Africanos II

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Fue a partir de ese momento, que el ratón pasó a vivir en la casa del hombre, royendo todo lo que existe…

Antiguamente había un cazador que usaba trampas, abriendo cuevas en el suelo.  El tenía una mujer que era ciega y con la que tuvo tres hijos.

Un día, cuando visitaba sus trampas, se encontró con el león:

-¡Buen día señor! ¿Qué haces por aquí en mi territorio?

– Ando viendo si mis trampas atraparon alguna cosa, respondió el hombre.

– Tú tienes que pagar un tributo, pues esta región me pertenece.  El primer animal que agarres, es tuyo, el segundo es mío, y así sucesivamente.

El hombre concordó y convidó al león a visitar las trmapas, uno de los cuales tenía una presa: una gacela.  Conforme lo acordado, el animal quedó para el dueño de las trampas.

Pasado algún tiempo, el cazador fue a visitar a sus familiares y no volvió el mismo día.  La mujer, necesitando de carne, resolvió ir a ver si alguna de las trampas tenía alguna presa.  Al intentar encontrar las trampas, cayó en una de ellas con el hijo que traía en los brazos.

El león que estaba  espiando de  entre los arbustos, vio que la presa era una persona y quedó a la espera de que el cazador viniese para entregarle el animal, según  el contrato.

Al día siguiente, el hombre llegó a su casa y no encontró ni a la mujer, ni a su hijo más pequeño.  Decidió entonces seguir las pisadas que la mujer había dejado, que lo guiaron hasta la zona de las trampas.  Cuando llegó allí, vio que la presa del día era su mujer y su hijo.  El león de lejos, exclamó al ver al hombre aproximarse:

-¡Buen día amigo! ¡Hoy es mi turno! Tu trampa agarró dos animales al mismo tiempo.  ¡Ya tengo los dientes afilados para comerlos!

–  Amigo león-dijo el hombre- conversemos sentados.  La presa es mi mujer y mi hijo.

–  No quiero saber nada- protestó el león-  Hoy la caza es mía, como rey de la selva y según lo que hemos acordado.

De súbito apareció el ratón

-¡Buen día! ¿Qué sucede?, dijo el pequeño animal.

– Este hombre se rehúsa a pagar su tributo que habíamos acordado.

-Hombre, si acordaron eso, entonces ¿por qué no cumples?  Puede ser tu mujer o tu hijo, pero debes entregarlos.  Deja eso y márchate- dijo el ratón al hombre.

Muy confundido, el cazador se retiró de la conversación, quedando el ratón, la mujer, el hijo y el león.

-Oiga tío león, nosotros ya convencimos al hombre de darte las presas.  Ahora debes explicarme cómo es que la mujer fue atrapada.  Tenemos que recrear como es que esta mujer cayó en la trampa (y llevó al león cerca de otra trampa)

Al recrear la experiencia, el león cayó en la trampa.

Entonces, el ratón salvó a la mujer y al hijo, mandándolos a casa.

La mujer, viéndose fuera de peligro, invitó al ratón a vivir en su casa y comer todo lo que ella y su familia comían.  Fue a partir de ese momento, que el ratón pasó a vivir en la casa del hombre, royendo todo lo que existe…

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Fuente: Cuentos de Apoyo Pedagógico, Salvador de Bahía, Brasil.

Traducción: Bárbara Igor (MISOSOAFRICA)

Gentileza de nuestro amigo y colaborador Carlos Souza (Brasil/RJ)

María Joaquina, la cobra que usaba pañuelo

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Por Custódio Fernando.

  Todos la veían. Por lo menos todos afirmaban que conseguían verla. Danzaba allá en la punta del río donde el agua parece venir de las bassueiras(*).  Ella se quedaba cerca del último tronco de árbol que señalizaba el lugar más profundo, el que a su vez representaba peligro de muerte. Era allá donde estaba María Joaquina, una cobra negra que usaba un pañuelo amarrado en la cabeza y empujaba a las personas a través de las sombras.

A las tantas horas del día, nadie debía bañarse en la Tomba o en la represa del Río Malanje si no quisiese perder la vida o transformarse en marido de las sirenas. Ya muchos niños murieron en el río, María Joaquina los arrastró y por eso no volvieron más.

Y la información pasaba de boca en boca. La radio sólo informaba sobre la guerra. Pero también, sólo los más viejos oían radio. Y las radios eran pocas por eso se podían ver muchos tíos(*) oyendo el noticiario de las trece horas. Ninguno de mis amigos entendía nada de lo que se hablaba en la radio. Los tíos sacudían la cabeza concordando con el locutor, y ¡cuidado con el  miúdo(*) que se atreviese a interrumpir cuestionando alguna cosa! Por eso hablábamos de la María Joaquina e de otras sirenas. Eran ellas las responsables por las muertes. Por lo menos, entre los niños de mi familia, justificábamos así las muertes en los ríos que atraviesan la cuidad de Malanje, noreste (?) de Angola. Pero ni por eso nos excusábamos de los convites para irnos a bañar al río, aunque estas invitaciones fuesen hechas contra la voluntad de las madres que después de descubrirnos, por el cuerpo blanqueado resultado del agua sin cloro de los ríos o por los comentarios de las vecinas que encontrábamos lavando en el río, nos daban una surra proporcional a nuestra porfía.

Pero ni las mamás, ni las vecinas chismosas que las informaban, ni los cuerpos blancos nos impedían salir de casa rumbo al hábitat de María Joaquina. Y allá íbamos cinco o más niños del barrio, unos descalzos, otros sin camisolas o en shorts rasgados, ya con el jabón refregado en el pelo; si fuese hoy, diría que parecíamos avatares de tanto tener el cabello embadurnado de jabón azul. Una vez en el río, las bromas comenzaban con el juego del pelo con más espuma, después la pesca con paños o con sacos de rafia. Dos pegaban cada uno en uno de los extremos, mientras que los otros dos o solamente uno quedaba en frente pisoteando el capín como forma de inducir a los peces a ir en dirección a la ‘red’. Pero los peces grandes no estaban a nuestro alcance. ¡Estaban más allá! En el último tronco. Y era protegidos por la María Joaquina, la cobra negra que danzaba en el agua y que arrastraba a las personas a través de las sombras para transformarlas en maridos de las sirenas.  Por eso es que nadie se atrevía a llegar cerca.

Será que Maria Joaquina realmente existió? En la Tomba, laguna bañada por las aguas del río Guiné descubrimos mas tarde que al final era un tejido que fue arrastrado por la corriente hasta quedar atrapado en una rama del tronco del árbol que servía de señal para el lugar más hondo del río. En el río Malanje, por ser el terreno resbaladizo a causa del lodo, las personas caía en el agua con facilidad y las que no sabían nadar, principalmente los niños, morían ahogados y eran arrastrados por la corriente, o quedaban atrapados en el lodo sin posibilidad de rescate porque no existían salvavidas.  No obstante, todos corrían el riesgo de morir. Unos ahogados, otros por minas, bombardeos o de hambre. Por eso nosotros preferíamos distraernos bañandonos en el reducto de  María Joaquina, mientras nuestros padres distraídos oían noticiarios y las madres esperaban a las vecinas chismosas que nos denunciaban.

(*)bassueiras: tipo de forraje acuático.

(*)tíos: en el texto original, hace referencia a personas adultas, en la edad suficiente para ser llamadas de tíos por los niños, sin necesariamente tener un lazo de parentezco.

(*)miúdo:  pequeño, diminuto, en el texto, hace referencia a los niños.

Este relato fue gentilmente cedido por la revista O Patifundio! observatorio multicultural del mundo en lengua portuguesa. 

Custódio Fernando, es angoleño, natural de Malanje.  Es periodista, locutor de radio y escritor.