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Una bibliografía española sobre África

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Por José María Lizundia Zamalloa

La relación que mantuvo España con África, en ningún caso es comparable a la de América. En gran parte de América se habla español, además de existir infinidad de toponimias donde no se habla que ilustran esa presencia. Con África, a pesar de los 14 kilómetros (Estrecho de Gibraltar) que la separan de España, no ocurre algo si quiera parecido. A pesar de que España sigue manteniendo dos enclaves en la costa mediterránea de Marruecos desde los siglos XVI y XVII, las ciudades de Ceuta y Melilla. Durante el siglo XX también administró la franja norte y sur de Marruecos, mientras Francia ocupaba todo el centro, como consecuencia del Protectorado sobre Marruecos que finalizó en 1956 con la independencia de aquel país. También mantuvo el enclave marroquí de Sidi Ifni hasta 1969, El Sáhara Occidental hasta 1976 y Guinea Ecuatorial hasta 1968.

En el siglo VIII, España fue conquistada por los árabes, aunque son fundamentalmente bereberes (islamizados) del Magreb, que permanecerán hasta 1492, en que se conquista su último bastión de Granada. Alguno de aquellos imperios que se extendieron a las dos orillas del Estrecho son de procedencia sahariana, como es el caso de los almorávides, que fundarán Marraquech y quedarán con ello vinculados a la creación de Marruecos, cuya dinastía dura un siglo y finaliza en el S. XII ante la fuerza irresistible de los almohades, también bereberes africanos.

Vemos pues, que frente a la irreversibilidad cultural y lingüística ocurrida en América, los lazos de españoles y fundamentalmente norteafricanos serán plenamente reversibles. El legado es material, un legado de primer orden en el caso musulmán, por la Alambra de Granada, la Mezquita de Córdoba y la Giralda de Sevilla y tantas otras cosas, amén del vocabulario árabe (muchas palabras incrustadas en el español). Dos autores mexicanos al menos, Octavio Paz y Carlos Fuentes siempre defendieron ese legado como parte del patrimonio cultural hispanoamericano, por tratarse de uno de sus componentes fundamentales, tras su irradiación a América.

Tantos contactos entre las orillas y las dinámicas generadas, crearon grupos sociales y culturales poco conocidos. Los cristianos españoles trataron de imponer durante ocho siglos su hegemonía política y religiosa. Resiste hasta el final el Reino de Granada.

Pero las mezclas y excepciones no son pocas. Mozárabes son los cristianos que permanecen en territorios musulmanes. Mudéjares (nombre también de un estilo artístico hispano musulmán) son musulmanes que pasan a vivir bajo reyes cristianos, y moriscos son los últimos musulmanes que permanecerán en España, y que se ven obligados a convertirse al cristianismo y desprenderse de todas sus formas culturales y no solo religiosas. Esta situación insostenible les llevará a distintas rebeliones en Andalucía, por lo que su expulsión será definitiva e incondicional. Peregrinarán por Túnez, Argelia y Marruecos en donde tampoco serán aceptados plenamente como musulmanes, han devenido culturalmente híbridos y su religiosidad vuelve a ser dudosa también en tierras africanas.

La editorial Almuzara, radicada en Córdoba, se ha comprometido a recuperar el recuerdo de estos españoles trasterrados cuyo infortunio fue tan grande como su olvido: los moriscos o andalusíes, sin contar a los judíos. Andalusíes por Al Ándalus que es como se llamó la entidad hispano musulmana.

Almuzara edita sus libros de esta colección muy cuidada en tapa dura, en la que participa algún hispanista junto a una mayoría de profesores andaluces. Han rescatado cosas en verdad interesantes, por ejemplo el misticismo sufí (La historia del sufismo en Al Ándalus), y se han centrado en la actual Malí y en concreto en Tombuctú por varios motivos. Sin duda el más curioso de todos es el que emprende Yuder, un andalusí que junto a otros moriscos y renegados, por encargo del Sultán de Marraquech, conquistarán el Imperio Songhay de Malí: Djenné, Gao, Tombuctú, el arco del Níger…

Estamos en un área religiosa lindante con Mauritania y cuna de eruditos del islam como es Chinguettí, máximo referente islámico de África en el siglo XV. El otro punto será El Cairo.

Los moriscos, no sólo son los creadores del flamenco por medio del cual ocultan sus raíces y las preservan, sino de un legado cultural que aún permanece en el Magreb y en la legendaria ciudad de Tombuctú. De actualidad como todo el Azawad por su autoproclamación de independencia y segregación de Malí, así como por la imposición más rigorista de la sharia. La Comunidad Autónoma de Andalucía, había creado en esa ciudad una gran biblioteca con unos fondos fastuosos, que parece pueda correr la misma suerte que los budas de Bamiyán en Afganistán. Ocurriría, de ser tan funesto el desenlace, cuando la editorial Almuzara tiene en el mercado la obra cumbre de la historia del Imperio Songhay, por fin traducida al español: Crónica del País de los Negros, también conocida como Tarij as- Sudan de Ab al-Sadi. Se trata de la principal fuente histórica de África Occidental.

José María Lizundia Zamalloa, natural de Bilbao, España, es abogado y escritor. Reside actualmente en Santa Cruz de Tenerife, donde ejerce la abogacía y su labor como articulista en diversos medios. Con este artículo, inicia una serie de contribuciones relativas a África, con foco en el Sáhara.

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Prólogo – El Sáhara como metarrelato – LIBRO

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Prólogo de Eguiar Lizundia


Pocas causas generan en España tanta adhesión y unanimidad como el conflicto saharaui. Ni siquiera la animadversión a Israel es equiparable a la solidaridad con la ex colonia, una vez que la derecha española ha abandonado casi por completo su secular antisemitismo. En el caso del Sáhara, no hay duda de quiénes son los buenos y malos, quiénes los culpables y cuál la solución. Existe poca o nula discrepancia en el diagnóstico y la prescripción de recetas, y la habitual confrontación patria que caracteriza cualquier análisis de la realidad es disipada por una comunión de juicios inédita en nuestro país. Periodistas, ex militares, historiadores, novelistas y comentaristas de toda condición cuentan la misma historia de oprobiosa cesión e incumplimiento de obligaciones internacionales por parte de España, y de ominosa ocupación marroquí. El Frente Polisario es idealizado y presentado exclusivamente como una víctima de la traición española y el colonialismo de Marruecos y Mauritania, sin ser casi objeto de revisión o crítica. Los saharauis son ensalzados como un valiente y resistente pueblo embarcado en una épica lucha contra el invasor extranjero y la negligente comunidad internacional.

Quizá más sorprendente es el hecho de que esta narrativa ha sido asumida y legitimada internacionalmente por los estudiosos del Sáhara en tanto que “última colonia africana” o ejemplo de conflicto “estancado”. Y no solamente en el romantizante ámbito francófono, pero también en el mundo—mucho más científico y empirista—anglosajón. Los autores de los dos libros más relevantes en lengua inglesa sobre el Sáhara que se han publicado recientemente, Toby Shelly y Erik Jensen, no disputan el marco totalizador establecido por los que han escrito al respecto en español. Más centrados en cuestiones de derecho internacional y humanitarias los primeros que los segundos—muchos tan embebidos de la epopeya saharaui que ni siquiera disimulan cientificidad alguna—, todos presentan un enfoque similar y tratan la cuestión de manera semejante. Al listado pormenorizado de los hechos históricos, les siguen conclusiones que parecen inevitables. Como si la Historia se tratase de una ciencia exacta cuyos resultados pudiesen ser verificados en laboratorios, estos estudiosos citan y repasan acontecimientos hasta el hastío en lugar de analizarlos en profundidad. ¿Para qué cuestionar, plantear contrafactuales, indagar en las motivaciones y opciones de los actores implicados, si el estudio de los hechos pasados ofrece una respuesta cómoda y absoluta, una narración coherente y aparentemente convincente del conflicto saharaui que explica de manera simple los acontecimientos y fija las condiciones de víctimas y verdugos, amigos y cómplices?

El presente ensayo de José María Lizundia constituye una impugnación de este discurso multiabarcador y universalizante. El Sáhara como metarrelato recupera para el análisis del conflicto saharaui las categorías históricas y políticas, los marcos ideológicos y conceptuales que el caso merece. La idea de nacionalismo, la descolonización del Norte de África, las especificidades objetivas del “pueblo saharaui”, el derecho de autodeterminación y las dinámicas particulares del tardofranquismo español son solo algunas de las variables con las que juega el autor, quien hace interactuar estos factores libremente, sin prejuicios, con miras a ofrecer una visión esta vez sí crítica, no preconcebida, de la cuestión saharaui.

La consecuencia de ese ejercicio intelectual es la refutación de la panoplia de lugares comunes que rodean el discurso oficial sobre el Sáhara. Desde el alcance de la responsabilidad de España en el actual estatus de la ex colonia, hasta la supuesta larga historia independentista de los saharauis, pasando por el carácter democrático y fraternal de la RASD, Lizundia cuestiona la “Arcadia feliz” descrita por los estudiosos de ese territorio africano, que no sería en realidad sino la enésima epopeya travestida y manipulada para satisfacer los anhelos de los héroes de causas ajenas.

Sin la beligerancia a la que nos tiene acostumbrados, Lizundia sacrifica la ortodoxia académica y el puntillismo documental en aras de la argumentación y la enhebración de ideas, que esta vez más que nunca son presentadas de manera sucinta, pero con una claridad deslumbrante que deja al lector con la sensación de que el estudio del Sáhara había sido hasta ahora patrimonio exclusivo de una colección de propagandistas o ignorantes, pues no es posible que lo que es cristalino haya sido empañado con el humo de las hogueras de los campamentos de Tinduf durante tanto tiempo, por tantos. Quizá tenga que ver el hecho de que hasta la fecha el conflicto saharaui apenas haya sido objeto de estudio por profesores de universidad españoles y extranjeros—a los que se les presume cierto espíritu crítico—, pero considerando la dimensión internacional del caso, ¿cómo explicarse el escaso interés académico que ha suscitado el tema tanto en España como en el resto del mundo?

La clave, una vez más está en el metarrelato. Un metarrelato que “cuenta la historia de los saharauis como alguna vez quedó explicada para siempre”. Un metarrelato que una vez más presenta una narración maniquea, simplista, archiconocida y, si se me permite, hasta aburrida. Que sitúa a los saharauis como un sujeto pasivo y dependiente de sus patrocinadores españoles e internacionales. Que rezuma, bajo la excusa del arrepentimiento y propósito de enmienda, un tufillo plañidero e hipócrita. Y que no persigue entender las razones del conflicto, sino atribuir culpas y méritos.
El Sáhara como metarrelato es una rebelión contra todo esto.

Septiembre de 2011, Washington, DC

Artesanía Tuareg

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La población conocida en occidente por el nombre genérico “tuareg”, se encuentra actualmente repartida en gran parte del Sahara y en Sahel, faja semi árida al sur del desierto. Viven en las actuales repúblicas de Argelia, Níger, Malí y Burkina Faso y en el reino de Marruecos. Los Tuareg son parte del gran grupo Amazigh (o Berebere) que vivía en el norte de África antes de la llegada de los árabes a esta región en el siglo VII. Convertidos al islam, hasta hoy los tuareg son los maestros del desierto, criadores de camellos y caravaneros. Su habilidad para cruzar el Sahara ha garantizado desde siglos la relación comercial y el tránsito cultural entre el Magreb y los grandes centros difusores al sur del desierto, como las ciudades históricas de Tombuctú, en Mali, o Agadez, en Níger. Divididos en subgrupos, los tuareg comparten la lengua tamasheq y la escritura tifinagh.

Su cultura material está marcada por los dibujos geométricos. La plata, considerada como “bendecida por el Profeta”, es el metal más preciado por los tuareg. Sus eximios artesanos, utilizando técnicas simples como el modelado por el método de cera perdida, crean objetos y adornos refinados. El acabado es hecho manualmente con cincelado y grabación. El cuero es también trabajado con maestría por los tuareg, siendo esta actividad ejercida por hombres y mujeres. El tallado en madera y los bordados presentan los mismos detalles geométricos utilizados en las demás técnicas artesanales.

Ref: Casa das Africas

Traducción: Bárbara Igor

Gentileza de nuestro amigo y colaborador Carlos Souza (Brasil/RJ).

Marruecos, de nuevo la historia de siempre

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POR YAMANI EDDOGMI (04/03/2012)


El día 9 de marzo de 2011, apenas transcurridos diecinueve días del comienzo de las movilizaciones organizadas por el movimiento 20F, el rey de Marruecos anunció una “profunda” reforma de la constitución vigente en el país desde 1996. Con ello Mohamed VI pretendía proveer al régimen un antídoto contra aquellos que reclamamos una verdadera reforma del sistema político del reino alauita. El propio monarca, tras presentar las líneas generales de lo que será la nueva Carta Magna y avanzar que él mismo participaría en la consulta votando a favor, juzgó que el momento era “histórico” en el camino hacia la “construcción del estado de derecho y de las instituciones democráticas” de Marruecos.


Esta reforma, para el monarca alauita, supuestamente, era un recorte en sus competencias: dejaba de ser persona sagrada aunque manteniendo su inviolabilidad, se reforzaba el papel del primer ministro elevado al rango de presidente del gobierno, se fortalecía el papel legislativo del parlamento, etc.

Sin embargo, mediante un somero análisis enseguida descubrimos que lo planteado tenía trampa.

En primer lugar, el procedimiento no ha sido, ni por asomo, el propio de un sistema democrático, parafraseando al propio monarca, la nueva constitución que pretendía ser “hecha por los marroquíes y para los marroquíes”, no lo fue, pues para que ello fuera así debería haber sido elaborada por una Asamblea Constituyente, que libremente elegida por el pueblo habría de organizar un referéndum supervisado por una autoridad independiente. Es de sobra conocido que no se respetó ni lo primero ni lo segundo, de modo que se pisoteó el principio básico de la democracia, que es la soberanía popular y la imparcialidad de las instituciones del estado de derecho. En segundo lugar, el propio texto no ha aportado nada que indique que el régimen pretende verdaderos cambios: el rey, aunque ahora no es persona sagrada, sigue siendo inviolable y a la vez el líder espiritual de la nación; seguirá siendo el jefe supremo del ejército; presidirá el consejo de seguridad; es él quien decide sobre la política exterior; y es el máximo dirigente en materia económica

Cualquier conocedor de la política marroquí podrá afirmar que permanecen las “viejas costumbres”, el rey, aunque de forma velada con la nueva constitución, todavía conserva los poderes atribuidos a los ministerios de soberanía es decir, los mas importantes (Interior, Asuntos Religiosos, Relaciones Exteriores y Economía). Además, debo enfatizar que en Marruecos hace décadas que no existe el ministerio de Defensa y todo indica que la situación no va a cambiar, de modo que el poder efectivo lo seguirá controlando “el palacio”.

NUEVA CONSTITUCIÓN, NINGÚN CAMBIO

Como ya he indicado más arriba, la nueva Constitución el día 1 de julio de 2011 fue sometida a referéndum y aprobada, según las autoridades con el 98 por ciento del total de los votos emitidos, mientras que la oposición reduce tal cifra a solo un 46 por ciento ya que según ésta, el régimen ha utilizado el censo electoral del año 2003, dejando a casi doce millones de marroquíes en edad de votar fuera de las listas, a lo que habría que sumar las múltiples irregularidades denunciadas; la propia cifra 98 por ciento recuerda a pasadas décadas en las que el pucherazo electoral era lo habitual.

Los indicios de fraude son más que indicios para las fuerzas políticas opositoras al régimen, como es el caso de Vía Democrática, partido considerado de la nueva izquierda y que ha boicoteado todas las elecciones desde su creación en 1996 y el movimiento islamista Justicia y Caridad, ilegal pero tolerado, incluso ahora ya se han sumado otras organizaciones que fueron entusiastas defensoras de la nueva Carta Magna.

Y a partir de aquí y tras el referéndum, ¿cuál es el panorama político que se le presenta a Marruecos? Desde su llegada al poder, Mohamed VI ha tenido dos inmejorables oportunidades para emprender las reformas necesarias, la primera fue en su primer año en el trono, entonces gozaba de una gran popularidad, el pueblo marroquí, en su gran mayoría, estaba a su lado, ello le podía haber servido de palanca para vencer la resistencia a las reformas por parte de la vieja elite anclada en el poder; podía haber encaminado el país hacia un proceso democratizador de un modo suave y no traumático. La segunda se la brinda el movimiento 20F, esta vez es el pueblo en las calles quien exige dichas reformas y, además, en esta ocasión tenía la mejor de las razones para hacerlo, la situación no es para menos, todo el Magreb arde: en menos de ocho meses tres regímenes han sido borrados de la faz de la tierra, ahora ni siquiera la vieja elite, recalcitrante y aislada de la realidad, podría negar la evidencia; sin embargo todo indica que las reformas no van a llegar.

PAPEL DE LOS PARTIDOS POLÍTICOS

Los otros actores que podrían haber jugado un importante papel son los grandes partidos políticos, en especial dos, el Partido Socialista para las Fuerzas Populares (PSFP) y el partido islamista moderado Justicia y Desarrollo (PJD), el primero, aunque ya debilitado, sigue teniendo un gran peso histórico y simbólico; el segundo, por su capacidad de movilización. Estas dos formaciones podían haber dado un gran empuje a todo el proceso, pero, desgraciadamente, han decidido seguir de espaldas al pueblo y, de este modo, no solo han contribuido a la ralentización del movimiento popular, sino que, además, se han puesto ellos mismos en una delicada situación. Las propias juventudes del PSFP se revelaron contra sus líderes durante el referéndum del día 1 de julio, y el malestar aún no ha terminado.

Todo nos lleva a pensar que el próximo parlamento estará dominado por formaciones políticas tradicionalmente afines a las tesis del régimen, de esta forma la nueva Constitución no habrá hecho más que perpetuar lo de siempre. En conclusión, estos dos partidos a los que hay que añadir los otros actores menores, con su actitud poco consecuente, han contribuido a hipotecar el futuro del pueblo marroquí sediento de democracia.

Democracia que, por cierto, no se alcanzará ni siquiera en su dimensión más minimalista. Durante la campaña de las pasadas elecciones legislativas del 25N no se ha respetado el principio básico de libertad de expresión. El 17 de noviembre de 2011 en la estación de los autobuses de la ciudad de Larache, la policía confiscó una considerable cantidad de carteles del partido Vía Democrática, cuyos militantes pretendían distribuir a favor del boicot, militantes de la misma organización política y del movimiento social 20F han sido detenidos bajo el mismo pretexto.

Además de esto, el régimen ha movilizado todos sus medios a favor de aquellos que siguen sus tesis, mientras los detractores están siendo perseguidos, lo que ellos llaman democracia y no lo es, ha nacido lisiado, por el hecho de que no soporta la opinión contraria. ¿Realmente se le puede llamar democrática a una constitución otorgada e impuesta que para defenderla el régimen se ve obligado a entonar el eslogan o conmigo o contra mí?

En el plano económico, la situación es dramática, el régimen parece que se siente muy a gusto en su papel de distribuidor de beneficios entre las elites que son sus verdaderas bases. La elevada corrupción ha generado una enorme economía sumergida, amplios sectores de la sociedad sobreviven en ella y de las migajas de algunos productos básicos subvencionados, mientras los crímenes económicos quedan impunes.

Todas estas, que son las primordiales demandas de la calle, han caído en una especie de saco roto, aunque otros muchos factores siguen lastrando la economía nacional: hace solo unos meses Wikileaks publicó un informe detallando el alcance de la corrupción. La monarquía marroquí lleva años lastrada por ésta y no parece que quiera salir de ella, pues Mohamed VI y su familia son los máximos beneficiados, el propio rey es un gran inversor, el conglomerado empresarial- monárquico controla el 20% del total de la economía privada del país; para que un inversor extranjero invierta en Marruecos debe contar previamente con el beneplácito del estado, que ante todo atiende y protege los intereses de la familia real.

Hay que señalar que no solo el rey tiene privilegios, las familias y sectores sociales y económicos ligados al Majzén hacen lo mismo y, sin ir más lejos, los propios oficiales del ejército se han convertido en grandes empresarios.

En contrapartida, la situación de la población no ha hecho más que empeorar, en relación con los precios de los bienes básicos, los salarios no han cesado de bajar. En sectores como la agricultura, la fabricación textil, la hostelería y la construcción, la situación de los trabajadores es inhumana por las condiciones de trabajo cada vez más regresivas, impuestas para poder mantener la competitividad económica del país, a falta de inversiones productivas, investigación, educación, etc.

DEMOCRACIA DE TERCIOPELO

La elite gobernante en Marruecos, con Mohamed VI a la cabeza, se comporta como una mafia, igual que todas las demás elites de la región árabe, atienden a sus propios intereses antes que a los de la nación, y por esto, se comprende que el rey alauita se aferre intensamente a la presidencia del Consejo Económico.

El sistema socio-político y económico de Marruecos tiene problemas estructurales serios, para solucionarlos se necesita un programa transversal, a corto, medio y largo plazo, sin embargo, lo que vemos hoy es lo de siempre, una democracia de fachada o bien se le podía llamar de terciopelo dirigida a tranquilizar a los socios extranjeros mas que otra cosa, a Marruecos se le puede aplicar y sin riesgo ninguno de equivocarse aquel antiguo proverbio que dice: “El sabio mira la luna mientras el idiota mira el dedo que la señala”. La elite gobernante en el país lejos de estar atenta a los latidos de la calle en ebullición está mirando hacia fuera y preguntando ¿lo estamos haciendo bien?

Puesto que este es el escenario, podemos vaticinar que a Marruecos le espera un 2012 muy “caliente” y agitado, hasta estos momentos el sistema político del país ha logrado esquivar los problemas que ha ido encontrando, ello es debido a que el régimen ha movilizado grandes medios para minimizar los efectos de las movilizaciones. El régimen no ha renunciado a nada, lo ha probado todo, desde la manipulación, la persuasión y finalmente la represión, pero la gran mayoría de la población está a la expectativa, está esperando los resultados y beneficios que se supone obtendrá de las reformas anunciadas.

Es bien sabido que los procesos democráticos generan grandes expectativas en la población, expectativas que todo indica que en Marruecos no se van a cumplir. ¿Qué se puede pensar que harán los ciudadanos marroquíes cuando constaten que las mismas caras ocupan los puestos de siempre? ¿Qué creen que harán, cuando, dentro de poco, vean que su vida cotidiana no ha cambiado en nada?

** Yamani Eddoghmi es miembro de la Asociación Marroquí Pro-Derechos Humanos-AMDH. El artículo ha sido publicado en la Revista Pueblos.

Gentileza de nuestro amigo y colaborador Carlos Souza (Brasil/RJ)