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La crisis humanitaria en el al-Bahr al-al-Abyad Mutawassiṭ, ¿a quién imputar las culpas?

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  •  Se sabe hoy que Europa pagaba a Gadafi para mantener en su país a muchos de los inmigrantes que intentaban acceder al continente europeo.

  • Gadafi fue muy lúcido cuando previó las consecuencias que traería para  Europa su derrocamiento:

“Ustedes (Europa) tendrán inmigración, millones de personas que invadirán sin piedad Europa desde Libia; y no habrá nadie para detenerlos” son palabras del ex líder libio.

Por Eugénio Costa Almeida*crisis

Imagen: Telesur TV

Desde hace algún tiempo que el al-Bahr al-al-Abyad Mutawassiṭ (nombre árabe del Mar Mediterráneo, cuya traducción literal es Mar Blanco del medio o Mar Interior) es escenario de imágenes y medio para fugas marítimas hacia el continente europeo de migrantes y refugiados con el afán de encontrar mejores condiciones de vida o salvar sus vidas de aquellas zonas de riesgo económico y/o militar.

Cuántas veces no vimos la imágenes televisivas de magrebíes y africanos de las zonas entre el Sajel  y el  centro africano intentando escapar hacia Ceuta y Melilla, posesiones españolas en Marruecos,  intentando pasar por encima de muros y prohibiciones que circulan en aquellas ciudades hispano-marroquíes para llegar a aquel lugar que para ellos es El Dorado económico, social y sobre todo, libre de conflictos armados.

Sólo que las situaciones puntuales que se verificaban fueron sustancialmente alteradas. Primero en  Libia, aprovechando la ola de la Primavera Árabe debido a la intervención armada para derrocar a su dictador – asúmase el  título que claramente le pertenecía – Muamar Gadafi (o Khadafi, o al-Gaddafi). Un dictador que “financió” a algunos políticos y líderes europeos (Blair o Sarkozy, sólo como ejemplos).   Y el resultado está a la vista.

Después de una periclitante estabilidad política y militar post-intervención, el país,  considerado por muchos como un ejemplo de estabilidad social (pese a ser aún dominado por la curia gadafiana), entró en una espiral político-militar cuyas consecuencias están a la vista de todos los que la provocaron.

Se sabe hoy que Europa pagaba a Gadafi para mantener en su país a muchos de los inmigrantes que intentaban acceder al continente Europeo.  Recordemos la cantidad de africanos que regresaron bien armados a algunos de sus países de origen y de entre los cuales emergieron grupos extremistas y yihadistas bien armados cuyas actividades continúan siendo evidentes: Boko Haram (Nigeria, Camerún y Chad), Al Qaeda en el  Magreb Islámico – que pese a haber sido creado en 1998, inicialmente bajo el nombre de Grupo Salafista para Prédicas y Combate, recrudeció con la caída del dictador libio –, Ansar al-Sharia (Libia y Túnez) o el Ansar Dine (Mali).

Muchos de los migrantes y refugiados que, inicialmente, escapaban a Europa, vía marítima, hacia la isla italiana de Lampedusa, la más cercana al continente africano, provenían precisamente de Libia.  Otros, muchos menos y de forma esporádica, salían de Argelia o de Túnez.

Libia se había convertido en un enorme escenario de matanzas entre los diferentes grupos armados resultantes de la inicial revuelta de los habitantes de Bengazhi contra los líderes de Trípoli y aprovechada por la coalición euro-americana para la destitución del dictador, el meollo del asunto fue la resolución 1973 de la ONU, que sólo establecía una zona de exclusión aérea y que, no pocas veces, no fue respetada por las fuerzas aéreas que operaban en  Libia.

Recordemos que para las manifestaciones anti Gadafi contribuyó mucho no sólo la germinación de la emergente Primavera Árabe, sino que  también – y esta es una de las razones que igualmente proliferan por nuestro  continente y  que algunos persisten en ignorar – por las manifestaciones contrarias a su “eterna” permanencia en el  poder, el país acabó quedando dividido, puesto que una parte significativa del ejército – principalmente las fuerzas pretorianas que lo protegían – continuaron fiel al dictador mientras los insurgentes quedaban inicialmente fragmentados en diferentes etnias.  Las mayores divergencias estaban entre la región de Bengazhi, que concentran buena parte de las reservas de petróleo de Libia y que fuera la cuna de los rebeldes, y Trípoli, capital del país y local de organización de las tropas oficiales y partidarios de Gadafi.

Es cierto que Gadafi parecía presentar, en el último tiempo, algún tipo de trastorno de personalidad como se atestiguaba en los títulos que se auto-adjudicaba: desde el  rey de los Reyes Africanos, a futuro Presidente dos Estados Unidos de África, entre otros.

Pero  también es cierto que fue muy lúcido cuando previó las consecuencias que traería para  Europa su derrocamiento.   Recordemos algunas de sus “proféticas” palabras, principalmente las proferidas en Marzo de 2011, cuando en una entrevista a la revista francesa «Le Journal du Dimanche», previó, entre otros puntos:

  1. Si nos amenazan, si nos desestabilizan, nos llevarán a la confusión, a Bin Laden, a grupos armados. Ustedes (Europa) tendrán inmigración, millones de personas que invadirán sin piedad Europa desde Libia; y no habrá nadie para detenerlos:
  2. Habrá una yihad islámica (primero pacífica, de tipo humanitaria) delante de los Europeos, del Mundo, incluso en el mediterráneo; habrá actos de piratería aquí en sus puertas; los hombres de bin Laden cobrarán enormes rescates en tierra o en el Será realmente una crisis mundial y una catástrofe para todo el Mundo.

Palabras proféticas que sólo fallaron en el “vengador” porque ¡no es bin Laden ni al-Qaeda, sino el Estado Islámico que prolifera en  Iraq, en  Siria  y en varias zonas de Libia!

 Y es también desde Siria, en gran número, como también desde Iraq, que escapan muchos de los refugiados que demandan Europa, sea intentando entrar a través de Grecia vía Turquía, o a través del norte de África principalmente vía Egipto o Libia, hacia las islas italianas.

Escapan de los conflictos que insurgentes, en una primera fase, perpetran contra el régimen  autocrático de Bashar Al Assad, y de los ataques que el EIIL (Estado Islámico de Iraq y del Levante, también llamado EI, ISIS o Daesh) ha consumado, y con gran comodidad, dígase, en  Siria y en Iraq, amenazando con llevar su ola destructora a través del Norte de África (recibieron el apoyo y la sumisión de algunos yihadistas de esta región) hasta al-Andaluz (Península Ibérica).

Y ¿cuál ha  sido la respuesta de Europa ante este enorme flujo de migrantes y refugiados?

Un constante debate interno donde unos dicen claramente “no”; otros dicen “tenemos que ayudar, pero…”; y otros manifiestan total disponibilidad para acoger refugiados, olvidando a los  que migran debido a cuestiones económicas.  Alemania es uno de los casos en los que ya se dijo que sólo “acepta refugiados sirios”.  Esta es una de las razones  porque muchos de los que se movilizan hacia Europa dicen ser sirios, aunque no es difícil constatar que entre los refugiados hay afganos, paquistaníes, iraquíes, eritreos, somalíes y otros pertenecientes a otras naciones africanas.  Pero ¿cómo probarlo ante la falta de documentación que muchos evidencian en las fugas y en los rescates marítimos?

O sea, y que se diga esto abiertamente, hay una profunda hipocresía por parte de Europa, en particular de la Unión Europea, pero también por parte de los países árabes, siendo esto último por  muchos claramente omitido.   Los árabes, como demuestra una auténtica y crítica anécdota, nada saben, nada ven y ¡nada oyen!

O sea, la crisis humanitaria que traspasa el Mediterráneo es, al parecer, sólo de los europeos (porque hasta hoy nadie escuchó a los rusos ofrecerse para acoger refugiados pese a que ellos también están metidos en la crisis siria): para los árabes fueron los rusos y los norteamericanos los que la provocaron con sus intervenciones poco diplomáticas. Pero luego que sean los europeos y sus aliados los que la resuelvan.

*Investigador del CEI-IUL y del CINAMIL.

©Artículo de Opinión publicado en el semanario angoleño Novo Jornal, ed. 401 de 9-Octubre-2015, sección “1º Caderno”, página 20.

TRADUCCIÓN: Bárbara Igor (MisosoÁfrica)

2012 – Las Nuevas crisis Militarizadas

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Por Eugénio Costa Almeida.

Imagen: REUTERS

Ha habido momentos en la Historia de la Humanidad que crearon sangrientos e incalificables conflictos  político-militares de consecuencias descomunales.

En tiempos recientes, fueron los casos de la primera y segunda guerra mundial, las que se juntan a las luchas de liberación, a las guerras de secesión y a las contiendas por la redemarcación de fronteras.

Actualmente, los principales factores de desestabilización político militar, dejaron de ser cuestiones territoriales y/o “lavadas de sangre”” para pasar de ser disputas sociales y políticas, a auténticas y sangrientas guerras abiertas entre poderes instituidos y nuevos movimientos de liberación política.

Movimientos que defienden más libertad política, más humanización de la gestión pública, más libertad humana, o sea, más y mejores Derechos Humanos.

La mayoría tuvo su génesis en la autoinmolación de un joven tunecino, Mohamed Bouazizi, ocurrida en la ciudad de Sidi Bouzid, que rápidamente degeneró en una revuelta popular por más y mejores condiciones humanas y de cuyas manifestaciones resultó la caída del autócrata tunecino Zine El Abidine Ben Ali.

Recordemos que fue a partir de este hecho que las manifestaciones se expandieron, posteriormente, por todo el Norte de África y por otros países africanos.

Recapitulemos lo que pasó en Egipto – eso en escala muy elevada – y en Marruecos, o de forma menos evidente en Costa de Marfil, Uganda, Argelia, Yibutí, Sahara Occidental, en África o en Iraq, Omán, Líbano, Jordania, Arabia Saudita, en Asia (Medio Oriente).  Algunas alteraciones políticas, tal vez menos de lo esperado por sus mentores, acabaron por ser evidentes o reforzadas.

Pero revivamos, principalmente, las crisis político-militares en Libia, en Yemen – con la caída de los respectivos dictadores, después de un largo período de conflicto armado – y sobre todo, ahora, en Siria y, en menor escala, en Sudán.

En relación a Sudán – y consideremos no sólo al país, si no que el territorio en su totalidad – persiste la disputa fronteriza entre Sudán del Norte y su secesión del Sur –  por obra y gracia de los angloamericanos – todo por causa del petróleo y de sus rendimientos.  Mientras el sur carece de las vías que atraviesan el Norte y desaguan en el Mediterráneo, y mientras el territorio esté bajo la “protección” política y económica de su principal importador, China, la comunidad internacional continuará silbando para el lado, y, para decir que no se olvida, irá lanzando algunas mukandas (*) al éter….

Si en el caso de Libia, de Sudán y de Yemen estaba – está – el crudo (petróleo) que permitía a la Comunidad Internacional tener una “razón” para intervenir o cuestionar los poderes instituidos y apoyar las respectivas oposiciones, aun siendo militarizadas – y bien, en el caso libio, al punto de que las nuevas autoridades tengan dificultades en desarmar a los grupos armados, – en el caso Sirio sólo hay voluntad por parte de los opositores, que incluso armados, no decanta.  Oficialmente no hay petróleo en territorio Sirio.

Y aliado a la falta de esa materia importante para la sobrevivencia del mundo occidental – el crudo – está el hecho de que hay dos potencias que apoyan o “soportan” al régimen de Bashar al-Assad: Rusia y China.

En el caso de China, es el principio de la “no injerencia” en los asuntos internos, tan cara a Beijing, que prevalece en los rechazos a las eventuales intervenciones internacionales.

En el caso ruso, el hecho de que todavía se sientan engañados en relación a Libia, donde, en principio y de acuerdo con las resoluciones de Naciones Unidas, las hipotéticas intervenciones armadas serían para mantener la defensa de los derechos humanos en el país.  Lo que sucedió después fue una intervención pura para expulsar al líder dictatorial, incómoda para ciertas capitales occidentales.

A pesar de eso, y después de muchos rechazos, Rusia resolvió dar un paso a favor del “bien común” y votar en el Consejo de Seguridad de la ONU por el envío de un grupo internacional de observadores que supervisen el alto al fuego, instituido entre los rebeldes y las fuerzas de al-Assad, mediada por el antiguo secretario general de las Naciones Unidas, Koffi Annan.

Pero mostraron las evidencias de que esa contrata acabaría en un sangriento fracaso.  Los continuados reencuentros entre el Ejército sirio y los rebeldes sólo hicieron confirmar el escepticismo de los Estados Unidos y de los aliados en cuanto al grado de compromiso de los sirios – y aquí englobo a las dos partes – en relación al acuerdo de alto al fuego.

Refuerzan este claro escepticismo los recientes reencuentros militares en la frontera sirio-turca, con alguna escalada de violencia.

A quien le interesa este salto en la escalonada bélica entre una de las potencias militares de la OTAN, el aliado preferencial de los EEUU en la Región  y un pequeño estado como Siria.

No me parece que sea del interés de Damasco despertar un indolente y peligroso Jacaré adormecido en sus márgenes.

Si no es de su interés, es evidente que el mismo sólo podrá ser de los rebeldes, apenas soportados y apoyados por Irán, queriendo llevar hacia la guerra a Turquía, visando el derrumbe del régimen de Al-Assad.

Hasta aquí, todo parece meras estrategias político-diplomáticas con soportes bélicos.

Todo parecería meras estrategias si Turquía no fuese un prominente miembro de la OTAN y en el seno de esta organización no hubiese una cláusula que indica que un ataque a su miembro es un ataque a todos los miembros de la organización.

Y me parece, que está más que implícito lo que desean los mentores de los ataques, casi quirúrgicos, en la frontera turca…

Fue de cierta forma que comenzó la primera guerra mundial con el asesinato de un heredero del imperio austrohúngaro, en Bosnia, por un estudiante serbio.  Y una de las consecuencias fue que el fin del Imperio Otomano de cual resultaron algunos de los actuales Estados árabes…

mukandas (*) palabra Mbundo (de la región angoleña Ovibundo do Planalto Central) que significa:   palabras, conversaciones, decires.

Marruecos, de nuevo la historia de siempre

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POR YAMANI EDDOGMI (04/03/2012)


El día 9 de marzo de 2011, apenas transcurridos diecinueve días del comienzo de las movilizaciones organizadas por el movimiento 20F, el rey de Marruecos anunció una “profunda” reforma de la constitución vigente en el país desde 1996. Con ello Mohamed VI pretendía proveer al régimen un antídoto contra aquellos que reclamamos una verdadera reforma del sistema político del reino alauita. El propio monarca, tras presentar las líneas generales de lo que será la nueva Carta Magna y avanzar que él mismo participaría en la consulta votando a favor, juzgó que el momento era “histórico” en el camino hacia la “construcción del estado de derecho y de las instituciones democráticas” de Marruecos.


Esta reforma, para el monarca alauita, supuestamente, era un recorte en sus competencias: dejaba de ser persona sagrada aunque manteniendo su inviolabilidad, se reforzaba el papel del primer ministro elevado al rango de presidente del gobierno, se fortalecía el papel legislativo del parlamento, etc.

Sin embargo, mediante un somero análisis enseguida descubrimos que lo planteado tenía trampa.

En primer lugar, el procedimiento no ha sido, ni por asomo, el propio de un sistema democrático, parafraseando al propio monarca, la nueva constitución que pretendía ser “hecha por los marroquíes y para los marroquíes”, no lo fue, pues para que ello fuera así debería haber sido elaborada por una Asamblea Constituyente, que libremente elegida por el pueblo habría de organizar un referéndum supervisado por una autoridad independiente. Es de sobra conocido que no se respetó ni lo primero ni lo segundo, de modo que se pisoteó el principio básico de la democracia, que es la soberanía popular y la imparcialidad de las instituciones del estado de derecho. En segundo lugar, el propio texto no ha aportado nada que indique que el régimen pretende verdaderos cambios: el rey, aunque ahora no es persona sagrada, sigue siendo inviolable y a la vez el líder espiritual de la nación; seguirá siendo el jefe supremo del ejército; presidirá el consejo de seguridad; es él quien decide sobre la política exterior; y es el máximo dirigente en materia económica

Cualquier conocedor de la política marroquí podrá afirmar que permanecen las “viejas costumbres”, el rey, aunque de forma velada con la nueva constitución, todavía conserva los poderes atribuidos a los ministerios de soberanía es decir, los mas importantes (Interior, Asuntos Religiosos, Relaciones Exteriores y Economía). Además, debo enfatizar que en Marruecos hace décadas que no existe el ministerio de Defensa y todo indica que la situación no va a cambiar, de modo que el poder efectivo lo seguirá controlando “el palacio”.

NUEVA CONSTITUCIÓN, NINGÚN CAMBIO

Como ya he indicado más arriba, la nueva Constitución el día 1 de julio de 2011 fue sometida a referéndum y aprobada, según las autoridades con el 98 por ciento del total de los votos emitidos, mientras que la oposición reduce tal cifra a solo un 46 por ciento ya que según ésta, el régimen ha utilizado el censo electoral del año 2003, dejando a casi doce millones de marroquíes en edad de votar fuera de las listas, a lo que habría que sumar las múltiples irregularidades denunciadas; la propia cifra 98 por ciento recuerda a pasadas décadas en las que el pucherazo electoral era lo habitual.

Los indicios de fraude son más que indicios para las fuerzas políticas opositoras al régimen, como es el caso de Vía Democrática, partido considerado de la nueva izquierda y que ha boicoteado todas las elecciones desde su creación en 1996 y el movimiento islamista Justicia y Caridad, ilegal pero tolerado, incluso ahora ya se han sumado otras organizaciones que fueron entusiastas defensoras de la nueva Carta Magna.

Y a partir de aquí y tras el referéndum, ¿cuál es el panorama político que se le presenta a Marruecos? Desde su llegada al poder, Mohamed VI ha tenido dos inmejorables oportunidades para emprender las reformas necesarias, la primera fue en su primer año en el trono, entonces gozaba de una gran popularidad, el pueblo marroquí, en su gran mayoría, estaba a su lado, ello le podía haber servido de palanca para vencer la resistencia a las reformas por parte de la vieja elite anclada en el poder; podía haber encaminado el país hacia un proceso democratizador de un modo suave y no traumático. La segunda se la brinda el movimiento 20F, esta vez es el pueblo en las calles quien exige dichas reformas y, además, en esta ocasión tenía la mejor de las razones para hacerlo, la situación no es para menos, todo el Magreb arde: en menos de ocho meses tres regímenes han sido borrados de la faz de la tierra, ahora ni siquiera la vieja elite, recalcitrante y aislada de la realidad, podría negar la evidencia; sin embargo todo indica que las reformas no van a llegar.

PAPEL DE LOS PARTIDOS POLÍTICOS

Los otros actores que podrían haber jugado un importante papel son los grandes partidos políticos, en especial dos, el Partido Socialista para las Fuerzas Populares (PSFP) y el partido islamista moderado Justicia y Desarrollo (PJD), el primero, aunque ya debilitado, sigue teniendo un gran peso histórico y simbólico; el segundo, por su capacidad de movilización. Estas dos formaciones podían haber dado un gran empuje a todo el proceso, pero, desgraciadamente, han decidido seguir de espaldas al pueblo y, de este modo, no solo han contribuido a la ralentización del movimiento popular, sino que, además, se han puesto ellos mismos en una delicada situación. Las propias juventudes del PSFP se revelaron contra sus líderes durante el referéndum del día 1 de julio, y el malestar aún no ha terminado.

Todo nos lleva a pensar que el próximo parlamento estará dominado por formaciones políticas tradicionalmente afines a las tesis del régimen, de esta forma la nueva Constitución no habrá hecho más que perpetuar lo de siempre. En conclusión, estos dos partidos a los que hay que añadir los otros actores menores, con su actitud poco consecuente, han contribuido a hipotecar el futuro del pueblo marroquí sediento de democracia.

Democracia que, por cierto, no se alcanzará ni siquiera en su dimensión más minimalista. Durante la campaña de las pasadas elecciones legislativas del 25N no se ha respetado el principio básico de libertad de expresión. El 17 de noviembre de 2011 en la estación de los autobuses de la ciudad de Larache, la policía confiscó una considerable cantidad de carteles del partido Vía Democrática, cuyos militantes pretendían distribuir a favor del boicot, militantes de la misma organización política y del movimiento social 20F han sido detenidos bajo el mismo pretexto.

Además de esto, el régimen ha movilizado todos sus medios a favor de aquellos que siguen sus tesis, mientras los detractores están siendo perseguidos, lo que ellos llaman democracia y no lo es, ha nacido lisiado, por el hecho de que no soporta la opinión contraria. ¿Realmente se le puede llamar democrática a una constitución otorgada e impuesta que para defenderla el régimen se ve obligado a entonar el eslogan o conmigo o contra mí?

En el plano económico, la situación es dramática, el régimen parece que se siente muy a gusto en su papel de distribuidor de beneficios entre las elites que son sus verdaderas bases. La elevada corrupción ha generado una enorme economía sumergida, amplios sectores de la sociedad sobreviven en ella y de las migajas de algunos productos básicos subvencionados, mientras los crímenes económicos quedan impunes.

Todas estas, que son las primordiales demandas de la calle, han caído en una especie de saco roto, aunque otros muchos factores siguen lastrando la economía nacional: hace solo unos meses Wikileaks publicó un informe detallando el alcance de la corrupción. La monarquía marroquí lleva años lastrada por ésta y no parece que quiera salir de ella, pues Mohamed VI y su familia son los máximos beneficiados, el propio rey es un gran inversor, el conglomerado empresarial- monárquico controla el 20% del total de la economía privada del país; para que un inversor extranjero invierta en Marruecos debe contar previamente con el beneplácito del estado, que ante todo atiende y protege los intereses de la familia real.

Hay que señalar que no solo el rey tiene privilegios, las familias y sectores sociales y económicos ligados al Majzén hacen lo mismo y, sin ir más lejos, los propios oficiales del ejército se han convertido en grandes empresarios.

En contrapartida, la situación de la población no ha hecho más que empeorar, en relación con los precios de los bienes básicos, los salarios no han cesado de bajar. En sectores como la agricultura, la fabricación textil, la hostelería y la construcción, la situación de los trabajadores es inhumana por las condiciones de trabajo cada vez más regresivas, impuestas para poder mantener la competitividad económica del país, a falta de inversiones productivas, investigación, educación, etc.

DEMOCRACIA DE TERCIOPELO

La elite gobernante en Marruecos, con Mohamed VI a la cabeza, se comporta como una mafia, igual que todas las demás elites de la región árabe, atienden a sus propios intereses antes que a los de la nación, y por esto, se comprende que el rey alauita se aferre intensamente a la presidencia del Consejo Económico.

El sistema socio-político y económico de Marruecos tiene problemas estructurales serios, para solucionarlos se necesita un programa transversal, a corto, medio y largo plazo, sin embargo, lo que vemos hoy es lo de siempre, una democracia de fachada o bien se le podía llamar de terciopelo dirigida a tranquilizar a los socios extranjeros mas que otra cosa, a Marruecos se le puede aplicar y sin riesgo ninguno de equivocarse aquel antiguo proverbio que dice: “El sabio mira la luna mientras el idiota mira el dedo que la señala”. La elite gobernante en el país lejos de estar atenta a los latidos de la calle en ebullición está mirando hacia fuera y preguntando ¿lo estamos haciendo bien?

Puesto que este es el escenario, podemos vaticinar que a Marruecos le espera un 2012 muy “caliente” y agitado, hasta estos momentos el sistema político del país ha logrado esquivar los problemas que ha ido encontrando, ello es debido a que el régimen ha movilizado grandes medios para minimizar los efectos de las movilizaciones. El régimen no ha renunciado a nada, lo ha probado todo, desde la manipulación, la persuasión y finalmente la represión, pero la gran mayoría de la población está a la expectativa, está esperando los resultados y beneficios que se supone obtendrá de las reformas anunciadas.

Es bien sabido que los procesos democráticos generan grandes expectativas en la población, expectativas que todo indica que en Marruecos no se van a cumplir. ¿Qué se puede pensar que harán los ciudadanos marroquíes cuando constaten que las mismas caras ocupan los puestos de siempre? ¿Qué creen que harán, cuando, dentro de poco, vean que su vida cotidiana no ha cambiado en nada?

** Yamani Eddoghmi es miembro de la Asociación Marroquí Pro-Derechos Humanos-AMDH. El artículo ha sido publicado en la Revista Pueblos.

Gentileza de nuestro amigo y colaborador Carlos Souza (Brasil/RJ)