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DÍA DE ÁFRICA – 25 DE MAYO – MISOSO ESTÁ DE FIESTA

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Para todos los amigos que al igual que nosotros sienten una enorme dicha en este día, en que el reconocimiento al pueblo africano se hace presente, les dejamos una selección musical.  La variedad es incluso representativa de la diversidad de este continente cuna de la humanidad

¡esperamos lo disfruten!

CESÁRIA ÉVORA (CABO VERDE) – ISOLADA

SALIF KEITA (MALÍ) – MADAN

FELA KUTI-NIGERIA (Sorrow, Tears and Blood)

PAULO FLORES (ANGOLA)-BODA

YOUSSOU N’DUR (SENEGAL)-Ndobine

Agali “Ali” Ag Amoumine (MALI-SAHARA)-SAHARA NOMADE

DIE ANTWOORD (SUDÁFRICA) – ‘I FINK U FREEKY’

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Sahara nómade – Música

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Por Francisco MF. (Chile)

“… En ella no vemos rastros de estabilidad ni permanencia, ya que se mantiene en constante cambio. Fuertemente basada en repeticiones, sus frases son tan irregulares y veloces que parecieran haber sido cortadas y pegadas en una secuencia caótica …”

Agali “Ali” Ag Amoumine es un músico proveniente de Tombuctú, ciudad ubicada en Mali, centro de la expansión musulmana por todo el continente africano. No sabemos mucho acerca de él y, probablemente, nunca sabremos más de lo que podamos inferir de su música. Por su vestimenta y la zona donde habita, sabemos que es un músico Tuareg, tribu en su mayoría nómade que viaja itinerantemente por la zona del Sahara.

La música de Ali Ag Amoumine avanza a paso rápido y en direcciones múltiples, como una tribu Tuareg avanzando por el desierto en busca de un próximo lugar donde asentarse. En ella no vemos rastros de estabilidad ni permanencia, ya que se mantiene en constante cambio. Fuertemente basada en repeticiones, sus frases son tan irregulares y veloces que parecieran haber sido cortadas y pegadas en una secuencia caótica.

Estamos demasiado lejos para comprender de qué se trata esta grabación –si es música de ritual, sagrada o de entretención- pero por lo menos podemos dar algunas nociones musicales acerca de ella.

Sin afán de sobreetiquetar esta música, esto es verdadera música minimalista ya que consta con una limitación extrema de recursos pero tiene una riqueza musical interminable. Consideremos que Ali Ag toca con un Tehardent, instrumento de 3 cuerdas que se pulsa como una guitarra. Lo acompaña Alhassane Maiga en las percusiones que, con una calabaza muy grande y unas “challas” pegadas a esta para darle más brillo, va tocando secuencias irregulares. La mezcla de estos dos instrumentos es tan compleja que las repeticiones simplistas de Philip Glass parecen un juego de niños en comparación a este disco. Las canciones van pasando pero la sonoridad siempre es la misma. Cambian un poco las melodías pero es difícil percibir muy bien las diferencias, sobre todo en las primeras escuchas de este disco. Eso sí, poco a poco, la percusión te va llevando a un estado de movimiento interior que, complementado con el Tehardant distorsionado de Ali Ag Amoumine, es una experiencia única.

Los grandes pilares rítmicos que afirman la mayoría de la música occidental se basan en el 4/4, 3/4, o variaciones de estos. Sin ánimo de entrar en la teoría musical, estas fracciones representan, básicamente, cómo está dividido el tiempo. Por ejemplo, en un ritmo regular basado en 4/4, podemos tener que cada 4 segundos, el primer golpe será fuerte, acentuado. Así, creamos una estabilidad perceptible desde el primer momento. Todos los ritmos conocidos en occidente se pueden agrupar en estas fracciones –llamadas cifras- regulares o bien, aproximar a estas.

Hoy en día hay una cierta inquietud, sobre todo en los músicos DIY (do it yourself), en crear música a partir de ritmos irregulares. Esta es una tendencia muy ligada a experimentaciones caseras con máquinas de samplers y drum machines, que se ha manifestado como una cierta búsqueda por la inestabilidad sonora. En el caso de Ali Ag, es inestabilidad pura (por lo menos para nuestra percepción occidental), de hecho, representa muy bien lo que significa ser nómade. Pretender que su música sea estable es como pretender que las tiendas donde viven lo sean también. En los campamentos tuareg no encontramos grandes pilares de mármol, piedra o madera dispuestos en forma simétrica en el espacio, sino, refugios irregulares dispuestos para capear el sol y las tormentas de arena. Por lo mismo, su música no consta de grandes pilares ni menos es simétrica. En cuanto a las cifras, se hace inconcebible asociar esta música a un 4/4 o un 3/4 ya que, tanto el Tehardent como la percusión van llevando cifras distintas al mismo tiempo, similar a lo que pasa en la música clásica de la India. Además, lo que hace el Tehardent es tan irregular que parece imposible agruparlo bajo una categoría rítmica.

Como lo dijimos anteriormente, esta es una música que avanza rápido, pero a tropezones y hacia múltiples direcciones. No existe clímax ni final épico en esta música, ya que es un viaje sonoro que no necesita de estos recursos dialécticos. El contraste entre la monotonía de recursos pero la habilidad con que estos son manejados hace que sea música en constante transformación, sin más ejes ni referentes que la percusión y la nota pedal del Tehardent que, a veces cambia y otras veces no está. Imaginamos así también el desierto del Sahara, monótono pero inestable a la vez.

Hemos omitido completamente comentarios sobre la relación con la voz pero ustedes podrán sacar sus propias conclusiones.

Recomendadísimo este LP, que viene además con un EP anexo. Para los buscadores de sonidos y formas musicales nuevas, no se van a arrepentir.

Francisco MF., natural de Chile, es músico y actualmente está a cargo del proyecto Needle Active Listening.

Música – Malí – Alí Farka Toure

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por Maximiliano Vega

“Es probable, aunque no tengo datos concretos, que el Blues no sea un canto de lamento, sino más bien un canto de la naturaleza que a veces deriva en lamento. Esa conjetura viene a raíz de leer unas declaraciones del difunto músico malí Ali Farka Toure.  A mediados de los noventa gana un premio Grammy ( el primero de él, el primero de un músico africano, algo que es cierto y triste decirlo), se le compara con un bluesman de norteamerica, el gran John Lee Hooker, pero Ali, hijo no arrancado de África es el primero que expresa de manera tajante que Hooker sabía la forma, pero no el fondo: “Hooker toca canciones cuyas raíces no comprende. Vienen de África, y particularmente de Malí. Vienen de la historia, de la tierra, de la naturaleza, de los animales. No vienen de la cerveza y el whisky.”

Nació en 1939 con el nombre de Ali Ibrahim -ganando el apodo de Farka (burro) como identidad-,  en la ciudad de Kanau, cerca de Tombuctú, en una de las zonas más pobres del planeta.

Siempre privilegió a su comunidad antes que la fama. Su salto al estrellato no le hizo olvidar a su pueblo y prácticamente se radicó en Malí, recibiendo visitas ilustres en su última década de vida como Ry Cooder o Martin Scorcese. Cuando fue escogido Alcalde de Niafunké, dejo la guitarra a un lado : “entre la música y el campo, prefiero la agricultura; primero hay que tener el estómago lleno para luego poder hacer música”.

Murió días después de enterarse que ganaba su segundo Grammy, de un aparente cáncer de huesos. Sin querer y sin proponérselo, la naturaleza, por medio de una tormenta de arena, provocó que la despedida de Ali fuera con una marcha fúnebre por sus tierras hasta su lugar de entierro,  acompañado de su pueblo lleno de lamentos.”

  Maximiliano Vega, natural de Chile, es Periodista.  Aficionado a la música y la literatura, inaugura con este artículo su participación colaborativa en MISOSOAFRICA.