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DE LA PRE-COLONIZACIÓN AL ESTADO NACIÓN

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Angola celebra este año su cuadragésimo aniversario desde que el 11 de noviembre de 1975 se constituyó en Estado soberano, libre e independiente del yugo colonial portugués.  Es momento de balances en que la tónica de la propaganda oficial destaca las ganancias de la independencia, pero no sus pérdidas.  De un tiempo a esta parte desfilan en los medios de comunicación oficiales, voces seleccionadas que proclaman los efectos grandiosos de estos cuarenta años de independencia.

En este texto se intentará reflexionar sobre los contornos políticos y antropológicos del nacimiento del estado nación a partir de los escombros de los proto-estados que la colonización intentó nihilizar de la forma más abyecta y brutal, y analizar los constreñimientos internos y externos que marcaron los cuarenta años, mirando hacia los tiempos venideros.

liberacion

TEXTO DE RAUL TATI* (Publicado en Folha 8)

Angola, nación de naciones.  Una de las grandes tesis de la historia de África, cuyos argumentos son prácticamente irrefutables, es la existencia, antes de la colonización europea, de conjuntos políticos fuertes y cohesionados en África, con fronteras más o menos definidas, aunque muchas veces vulnerables y sujetas a fenómenos fusionistas.  Grandes y fuertes civilizaciones florecieron en África entre los siglos VII (nacimiento y consolidación de los imperios africanos) y XVI (desestructuración y declive de los conjuntos políticos africanos).

El mapa político salido de la conferencia de Berlín (1884-1885) y actualizado posteriormente por sucesivos acuerdos bilaterales entre las potencias coloniales (siglos XIX-XX), hizo tabla raza a la configuración política africana hasta entonces vigente, escudriñándola en beneficio de los intereses de los imperios coloniales.  Esta premisa se aplica al caso de Angola.  En el territorio donde hoy se asienta la soberanía del estado angolano existieron naciones importantes cuya organización política configuraba igualmente la existencia de los elementos clásicos de un estado: territorio, pueblo y poder político.

Aunque los fetichistas del estado moderno, también llamado estado-nación,  manifiesten repugnancia contra este postulado, en la medida en que defienden que estos no eran propiamente estados, sino proto-estados, la verdad es que los presupuestos clásicos están allí, incluso si asignamos tal designación.

Es necesario reconocer el mérito de algunos de los proto-estados que más se destacaron en el panorama histórico de Angola en las resistencias contra la ocupación colonial, como los reinos del Congo, Ndongo, Matamba, Bailundo, Kuanhama, Andulo, Lun­da-Cokwe, etc.

Los invasores europeos, contrariamente a una cierta historiografía torpe y tendenciosa, no pueden reivindicar para sí el adagio romano: vini, vidi, vici (vine, vi y vencí).  Estos enfrentaron resistencias tenaces de reyes políticamente motivados y equipados (como Ngola Nzinga-a-Mbandi, Ekukui II, Mutu ya Kevela, Ndunduma, Muata-Yamvo, etc), con ejércitos de guerreros determinados a defender su soberanía.  Los europeos tuvieron las mejores campañas militares al poseer el dominio de la pólvora, inventada por los chinos y perfeccionada por los europeos en la fabricación de armas de fuego.  Son hechos de la historia.

No tengo, en tanto, ninguna dificultad en reconocer que estos reinos corporizaban auténticas naciones que el colonialismo se esmeró en destruir a través de una estrategia sórdida de descomposición y desestructuración identitaria.  Para algunos, tal vez sea más preciso decir etnias evitando el término naciones.  Pero esto no pasa de una supina ignorancia, pues, el término etnia, en griego, significa exactamente nación,  por lo que etnia y nación son etimológicamente sinónimos.  Pero si hay dificultades semánticas derivadas de la nueva realidad que redimensionó la palabra nación con los nacionalismos del siglo XVIII en Europa, sería prudente recurrir al término proto-naciones.  Siendo así, la realidad política y antropológica sobre la cual se asienta la construcción de la Nación angoleña es todo un conjunto variadísimo de proto-naciones amalgamadas por una idiosincrasia colonialista durante siglos.  En otros términos, bajo el sino de una nueva realidad política, jurídica y administrativa, el poder colonial no respetó las distintas proto-naciones que poblaron el territorio de Angola, habiendo franqueado sus acuerdos para la convivencia compulsiva entre ellas, abriendo igualmente camino para políticas asimilacionistas.

Todas las entidades políticas pre-coloniales fueron diluidas en una nueva entidad: la colonia de Angola (designación colonial que es una corruptela de la palabra Ngola, título de los soberanos ambundos).  Todos, soberanos y súbditos, pasan a tener el estatuto de colonizados.  Como se puede ver, esto es un factor de conflicto, a causa de numerosos conflictos inter-étnicos que inundaron la África post-colonial, teniendo en cuenta la fragilidad y artificialidad de las nuevas entidades forjadas por una agregación[1] compulsiva y desafricanizante.

El discurso anticolonial y la praxis que le siguió merecen aquí algunas observaciones pertinentes.  La primera cuestión que se coloca es: ¿cuándo se comienza a asumir un discurso de una Angola dentro de una dimensión política unitaria? O mejor, en qué pensaban los activistas de los ideales libertarios cuando enfrentaban el colonialismo: ¿en la proto-nación originaria o en una Nación angoleña como un todo?

El estudio de Edmundo Rocha (Contribución al Estudio del Nacionalismo moderno angoleño, vol. I, 2002:27) hizo una incursión analítica sobre el fenómeno.  Según el autor, “La toma de conciencia de las diferentes etnias africanas de cara a la ocupación portuguesa fue variable en las formas y en las actitudes.  La gran mayoría, sobre todo los que vivían en los “reinos” y “jefaturas” del interior de Angola, se opuso violentamente a la ocupación, durante siglos.  Otros angoleños procuraron en la emigración a los países vecinos las vías de promoción hacia mejores condiciones de vida.  La minoría fue obligada a someterse y a adaptarse a vivir diariamente con el régimen colonial.  Pero fue, sobre todo, esta minoría “asimilada” la que primero tomó conciencia de su condición de sometimiento a una potencia colonial (…)”  Este nacionalista destaca además tres proto-naciones principales y las designa por grupos étnicos:  Ovimbundu, Mbundu e Bakongo. Los tres grupos, según el autor, representan el 75% de la población y ocupan las regiones económicamente más importantes.  La historia del nacionalismo libertario angoleño registró el surgimiento de tres movimientos de liberación que varios analistas estudiosos no dudaron en apodar las tres grandes proto-naciones angoleñas:  la UNITA con una significativa base ovimbundu, el UPA-FNLA con base bakongo y el MPLA con base mbundu.

La UNITA fue liderada, invariablemente, por Ovimbundus, el FNLA tuvo un extracto significativamente Bakongo y el MPLA de Mbundus, contando igualmente con un fuerte segmento criollo.

*** Continúa en la próxima entrega de Folha 8

[1] Admisión bajo concurso al título de agrege (agregado)

EL KIMBUNDU, UNA LENGUA EMBLEMÁTICA – HISTORIA DE ANGOLA

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Por Simão SOUINDOULA

Es el punto de vista defendido por el especialista del Congo del margen derecho, Jean de Dieu Nsonde, en su nueva obra «Hablamos kimbundu. Lengua de Angola » que lanzara en París, hace algunas semanas, en la avenida de las Escuelas del Barrio Latino, en ediciones L’Harmattan.

Sellado en un buen formato de 140 páginas, este estudio es el seguimiento lógico de los notables trabajos anteriores de este antiguo estudiante de la rigurosa Escuela Histórica de Brazzaville.

En efecto, este Doctor en historia pre – colonial de la Universidad de París, completa con ese último libro, su sólido análisis sobre la evolución religiosa, linguística y civilizacional del inmenso conjunto federal Kongo y de sus territorios aliados.

Nsonde, cuya tarea fue facilitada por la semejanza del kikongo y kimbundu, hablas consideradas hasta recientemente variantes de una misma lengua que estaba visiblemente propagándose aun en Loanda en el siglo XVI, marca el inicio de la diferenciación más pronunciada, entre los dos idiomas gemelos, a partir de la violenta fundación de la Colonia portuguesa de Angola en las tierras del aliado Ndongo, también territorio de los Nzinga.

Y naturalmente el kimbundu será arrastrado por la dinámica histórica y presentado hoy, según el especialista congoleño, actualmente profesor con funciones en Guadalupe, en las Antillas francesas, como la lengua angoleña que más incorporó retenciones del portugués. Y será también ese idioma el que más dará a la lengua de Camões,  sus bantuismos.  Y es sobre el habla de los Ngola que serán producidos, más instrumentos linguísticos : diccionarios, glosarios, léxicos y gramáticas.

Aprehendida, por tanto, en la pretenciosa colonia,  la lengua de la « Warrior Queen of Matamba » será influenciada por la consolidación militar de este territorio, poder con sus capacidades de activismo esclavista y su imparable primera evangelización.

La epopeya del idioma de los Mondongos esclavos, continua en el Golfo de Guinea y más allá del Atlántico, en un inseparable dúo genérico congo/angola, con la producción de soportes de aprendizaje, sobre todo religiosos ; participando, gradual y finalmente en la formación de lenguas criollas de base romana o anglosajona.

El dialecto de los Ambundu será convidado, en Angola post -Berlin, en la literatura con acentos  autonomistas.

Los poetas nacionalistas utilizarán, antes y después de la Segunda Gran Guerra,  su impenetrable carga antropológica con el fin de exprimir sus esperanzas de libertad.

INTERCOMPRENSIÓN

Principal lengua bantu en uso en la definitiva capital de la Colonia y del actual Estado independiente, el habla de la Feira de Cassanje será la que tendrá, de entre las lenguas autóctonas, la expansión más significativa en el territorio ; consecuencia de su papel de pivote en las transacciones comerciales con el hinterland.

Otro logro de esta situación administrativa, el kimbundu será la lengua, por excelencia, de la música urbana ; en suma, de la principal expresión musical nacional y del portugués particularizado del país.

Veredicto del historiador congoleño de Mfwa, instalado en el Caribe, el kimbundu es el primer idioma bantu hablado hoy en la región de Luanda y en las zonas rurales adyacentes.

Su importancia se mantendrá gracias a su difusión en la programación de Ngola Yetu, la estación de radio especializada en las lenguas nacionales que emite en ondas cortas, esto quiere decir, sobre el conjunto del territorio nacional; abarcando por tanto a las comunidades kimbundufonas del Bandundu, en el Congo-Kinshasa.

La situación de la jerga de los Kisamas y Dembos perdura también gracias a diversos factores de carácter cultural o político tales como su inclusión en el sistema de enseñanza general y de formación profesional, o en la administración de los municipios y comunas, como en la realización de las campañas electorales.

Con sus largas bandas de intercomprensión linguística abarcando por lo menos seis provincias del país, su persistente adhesión a kikongo, ilustrada por la reedición del diccionario del Padre Da Silva Maia, sobre las dos lenguas aparentadas de Cannecatim, el kimbundu se juega especialmente bien, sin duda, al lado de los otros idiomas del país, el papel de lengua bantu para la consolidación de la nación angoleña.

Simão Souindoula es angoleño. Historiador, actualmente se desempeña como investigador y es Vice-presidente del Comité Cientifico Internacional de la UNESCO, donde dirige el proyecto “La Ruta del Esclavo”

Traducción: Bárbara Igor (MISOSOAFRICA)

Vestigios de la colonización portuguesa en Angola

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Un negro era siempre un “rapaz”, aunque tuviese 10 ó 100 anos, siempre tratado de “tu” por los blancos; el hijo de un blanco era siempre el “menino”


Período de la Colonización

caravana de escravos a caminho da costa 300x177 Marcas da colonização portuguesa em Angola La colonización portuguesa de África fue el resultado de los descubrimientos que comenzaron a partir de la ocupación  de las Islas Canarias a principios del siglo XIV.  Pero la  primera ocupación violenta de los portugueses en África fue la conquista de Ceuta en 1415, pese a que el verdadero “descubrimiento” de África se inició un poco más tarde, siendo aun el siglo XV.  La verdadera expedición a África comenzó cuando  Bartolomé Díaz atravesó el Cabo de Buena Esperanza, abriendo las puertas para la colonización de la costa oriental de África por los europeos.

Angola fue uno de los países de la África subsahariana que sufrió la brutal colonización. Los colonialistas portugueses llegaron por primera vez a la desembocadura del río Zaire en 1482. Tal como podemos observar en los escritos de Guía del Tercer Mundo (1984), los portugueses llegaron al por ese entonces reino de Ngola en 1488, donde encontraron grandes poderes y organizadas sociedades tribales, distribuidas en ocho grandes grupos étnicos

Descubierta por Diego Cão entre 1482 y 1486, Angola fue parte del territorio ultramarino portugués más extenso después de Brasil. En la primera fase, los portugueses usaban la parte litoral de Luanda, actual capital, como puerto de transito de los navíos en dirección a la India. Luego, exactamente en el siglo XVI, los portugueses cambian esta perspectiva:  Luanda deja de ser puerto de transito para ser considerado como un punto permanente.  Naturalmente, los intereses de ese cambio, estaban esencialmente en la evangelización y en la posibilidad de poder sacar partido comercial del territorio.  Al comienzo, Diego Cão estableció buenas relaciones con el reino del Congo, por eso el mismo fue más tarde bautizado como el señor de la región de Zaire.  El Congo se convirtió en un protectorado portugués, pero luego el comercio se mostró poco lucrativo, lo que hizo perder el interés a los portugueses. Comenzó así la brutal y sangrienta expedición militar de los colonizadores en busca de esclavos para el trabajo gratuito e inhumano emprendido a partir de entonces. El tráfico de esclavos era lo más rentable, sin embargo la población nativa iba disminuyendo, lo que provocó tentativas de explotación más al sur, en el  territorio donde gobernaba Ngola, que después se vino a llamar  Angola.  Aquí como la densidad poblacional era mayor, los resultados prácticos se vuelven más visibles.

Seducidos por el comercio, los colonos se fueron estableciendo en el territorio, primero de una forma precaria, pero consecuentemente comenzaron a dotarlo de infraestructuras de apoyo, como fue el caso de la construcción de fortalezas. El negocio de esclavos se tornó de tal forma lucrativo que despertó la codicia de otros países, principalmente de los holandeses, los que según registra la historia, estuvieron muy cerca de conquistar el territorio angoleño.

El tráfico de negros permanecería así sustentando durante largos años la economía brasileña y la de otros países de América y colocó a Angola en una posición de proveedora, siendo considerada la base de la red esclavista del  imperio portugués. A pesar de las vicisitudes, nunca se abordó la cuestión de abandonar Angola en manos de otras naciones, pero si la de explotarla avanzando hacia su interior, lo que consecuentemente debilitó la mano de obra y disminuyó la población activa.

Con el pasar del tiempo, la idea de la abolición de la esclavitud fue ganando cuerpo y su concretización con la política liberal provocó una profunda alteración en el comercio angoleño. Sin embargo, la total abolición del comercio de esclavos fue un proceso lento y penoso debido a actos de tráfico continuados y encubiertos.  Esta sólo vendría a desaparecer en 1842, si bien la esclavitud fuese una realidad hasta 1869.

Foto de 1886, ilustrando a inauguracao da estrada caminhos de ferro Ambaca Angola

Marcas de la colonización.

Una de las grandes marcas que se resiste en todo el proceso de colonización, es por un lado la promoción de pueblos de nivel cultural y civilizacional  “superiores” y por otro lado, la imposición del colonizador al colonizado de deberes inalienables, manifiestos, en los dominios de la educación, de  la salud, del desarrollo material de los territorios, en las vivencias culturales y sobre todo en el dominio político que se establece en las relaciones humanas entre los elementos de una determinada realidad socio histórica.

Angola, una antigua colonia de Portugal,  fue colonizada en el siglo XV y permaneció como su colonia hasta la independencia en 1975.  Vivió y pasó por todas estas situaciones de modo general, las que dejaron grandes marcas que sin lugar a dudas jamás serán olvidadas, pues estas mismas cambiaron considerablemente la historia del pueblo angoleño, sus usos y costumbres, sus manifestaciones culturales y sobre todo su organización socio-política.

La unidad territorial Angola, creada, según los registros históricos a partir del siglo XIX y mantenida hasta hoy, no disponía de ninguna lengua (oficial) suya, pero tenía sub-lenguas de una misma raíz, similar a las lenguas europeas neolatinas.

Las principales eran (y son): kikongo, kimbundu, umbundu, tchokue y cuanhama, considerados por los portugueses como dialectos. La lengua portuguesa se fue imponiendo como una lengua de la totalidad angoleña, una imposición de afuera. La ideología de la colonización era simple en este aspecto: sobrevalorizar la lengua del colonizador y despreciar, de acuerdo con los intereses estratégicos del ocupante, las sub-lenguas locales.

Esta actitud culminó con la exclusión de las lenguas locales de la enseñanza y con el proceso de “asimilación”.  ¿Qué era la asimilación?  Muy simple: los colonizados no eran ciudadanos portugueses. No tenían derecho a cédula de identidad.  Lo que los volvía “legales” era: 1 – la tarjeta de trabajo firmada diariamente por el patrón; 2 – el impuesto indígena pagado.  En caso contrario, eran apresados en las capturas diarias y dirigidos a: 1 – obras públicas (construcción de carreteras); 2 – servicios domésticos. Los angoleños del Sur del país eran muy obedientes por esto fueron llamados “negros fieles” y por esto eran muy solicitados para los trabajos domésticos.

Para convertirse en “ciudadanos portugueses” tenían que cumplir con  pruebas: ser católico practicante (otra imposición significativa durante la colonización), dormir en una cama, tener el examen de la cuarta clase, hablar bien portugués, tener sólo una mujer, comer con tenedor y cuchillo, esto es, tener costumbres “europeas ejemplares”.  Esto es: lo que para cualquier blanco era adquirido desde su nacimiento, para el colonizado era adquirido después de difíciles pruebas, en las que, muy probablemente, muchos europeos reprobarían.

Así se impuso la lengua portuguesa, a través de redes de pequeños colonizadores, en las ciudades y en los campos.

La lengua portuguesa nunca se mezcló con las lenguas locales, consideradas inferiores. La misma no se impuso por la convivencia, ni por la búsqueda de una lengua mezclada, pero si por la exclusión forzada de las lenguas locales. Son raras o casi inexistentes las expresiones de lenguas locales que la lengua portuguesa absorbió.

Durante la era colonial, el pueblo angoleño no había heredado amplios conocimientos científicos, por el hecho de que el  régimen del gobierno portugués no permitía el desarrollo cultural, además de eso, los colonizadores eran en su mayoría analfabetos, y sólo unos  pocos tenían un nivel de escolaridad, por lo demás muy bajo.

La relación entre colonizadores y colonizados era simplemente de explotación. Los esclavos eran cambiados y vendidos como si fuesen mercadería. Por otro lado, la educación no era una prioridad en los proyectos de los colonizadores. Por eso, durante el período de colonización, había muy pocas escuelas en el territorio que hoy es Angola. Las pocas que surgieron fueron con el propósito de atender los intereses de los colonizadores, así y todo  los “negros” no tenían derecho a asistir.

Un negro era siempre un “rapaz” (1), aunque tuviese 10 o 100 anos, siempre tratado de “tu” por los blancos; el hijo de un blanco era siempre el “menino”(2) ; un blanco era siempre el patrón; la mujer del blanco era siempre la señora; la mujer negra era la “rapariga” (3); la mujer mestiza clara era la señora africana; los mestizos claros eran los “cabritos”; los negros oscuros eran los “pretos” (4), así eran caracterizadas las personas durante el duro y brutal período de la colonización portuguesa en Angola.

Con esto, sólo los pueblos de “mucho valor moral” consiguieron, a lo largo de los siglos, crear culturas y civilizaciones de relevancia indudable.   Europa es “la madre bendita de los mejores”: Portugueses, Españoles, Ingleses, Franceses, Holandeses. De su acción colonizadora – que es igual que decir “civilizadora”-, nacieron todas las actuales naciones americanas, continentales e insulares, las pseudo-naciones africanas al Sur del Sahara,  Australia,  Nueva Zelandia, etc.  Los europeos deben tener “justo orgullo” de esa actuación sin rival en la Historia de la Humanidad.

(1) rapaz: adolescente.  En Brasil, un negro joven, sin embargo desconocemos sea o no esta la intención del autor al usar dicho término.

(2) menino: niño.

(3) rapariga: muchacha adolescente.  En Brasil, es usado de manera despectiva en las jóvenes de dudoso actuar, sin embargo desconocemos sea o no esta la intención del autor al usarla.

(4) pretos: modo despectivo de llamar a una persona de color.

Francisco Macongo es angoleño, Master en Psicopedagogía por la UNIFIEO, en Osasco, ciudad de la región metropolitana de São Paulo, Brasil.

Traducción: Bárbara Igor (MISOSOAFRICA)