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Sobre el concepto “Afrocolombiano” en la Cátedra de Estudios Afrocolombianos.

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Por Bárbara Igor

Varios son los países de América Latina, que han decidido impartir en sus escuelas, cátedras sobre Historia Africana y Herencia Africana, en sus respectivos territorios.  No es una novedad que la construcción de la identidad de nuestros Pueblos americanos, es deudora de la cultura africana, depositaria de un sinfín de características que a simple vista, parecen ser propias de nuestro continente.

Sin embargo, dicha herencia es frecuentemente ensombrecida por los discursos raciales, legado de la época colonial.   Hemos sido testigos a lo largo de la historia, de cómo el ser africano “ha sido reducido al  color de la piel, racializado y estereotipado; se le quitó su nombre, su historia, su cultura, su dignidad, el derecho a ser persona y se le redujo a negro”

Dicha situación, que ninguno de nosotros desconoce, pero que el tiempo parece haber disimulado hasta volverla parte de nuestra cotidiano, se visibiliza sólo por medio de la educación, corriendo el velo de la ignorancia en relación a los procesos históricos y sociales.  El sueño de educar sobre la construcción de nuestras sociedades latinoamericanas, incluyendo  la Historia Africana como materia de relevancia en los planes de estudio de nuestras escuelas, hoy en día parece ser una realidad al menos en Colombia.

Sin embargo, la enseñanza sobre África y su herencia, no está exenta de dificultades, considerando el peso que los discursos oficiales han tenido en la construcción de nuestros estereotipos sobre el ser africano.  En este sentido, y según se ha evidenciado en la formulación de la Cátedra de Estudios Afrocolombianos del año 2004 en Colombia, se han debido sortear algunas dificultades, como la que destacamos ahora, en torno al concepto que se escoge para designar al individuo de la comunidad negra: “Afrocolombiano”.

El concepto “Afrocolombiano”, según vemos, ha sido un concepto polémico y de importante debate en el ámbito académico.  En lo cotidiano, escuchamos los conceptos negro y afrocolombiano como si se tratase de sinónimos, sin reparar en sus connotaciones.

El prefijo afro, es una directa referencia a la herencia africana que aun vive en la memoria colectiva de los descendientes,  a través de los distintos saberes y prácticas, entiéndase con esto, la tradición oral, la memoria del cuerpo que se manifiesta por medio de la danza, los gestos, las habilidades artísticas, musicales, los cantos, así como también, en la relación del descendiente africano con la naturaleza: “Es el pasado ancestral, elemento clave de su identidad étnica hoy”.

La designación “Afrocolombiano” surge de la necesidad de los individuos de tener una identidad construida a partir de elementos objetivos y/o subjetivos, “implica una resignificación, un reconocimiento del hombre negro”, un reconocimiento de sus raíces culturales tanto africanas como colombianas.

El concepto “afrocolombiano” es materia de discusión para quienes afirman que en la actualidad, “ya no se tiene vínculo histórico con África”.  Otras posturas consideran que el concepto “afrocolombiano”, “no contribuye a la construcción de un proyecto político como Pueblo Negro”.

Lo anterior, podrá explicarse a través de lo que se conoce como proyecto de integración, a diferencia del proyecto de autodeterminación, defendido por quienes apuestan por la construcción del Pueblo Negro.  De este modo, el proyecto de autodeterminación, comprende que el calificativo “negro” es impuesto por el otro, pero que al mismo tiempo es asimilado como parte de la identidad propia.  A sí mismo, tiene en cuenta que en el futuro, las generaciones venideras de la comunidad negra ya no serán “afrocolombianas” sino que serán parte del “Pueblo Negro”.

En este mismo sentido, el proyecto de integración, se enfoca en el fortalecimiento de la identidad “como comunidad negra, pero dentro de la nacionalidad colombiana”, vale decir, el ser “afrocolombiano”, tal y como se indica, sería el reconocimiento del legado ancestral africano, desarrollado en los márgenes de la nacionalidad colombiana, pero en relación con esta.

En las distintas partes del mundo donde la herencia africana se hace presente, los afrodescendientes construyeron sociedades y culturas siempre en contacto con otras culturas y sociedades.  En este contexto, no puede valorizarse al afrodescendiente sólo por ser poseedor de la herencia africana, sino que se vuelve necesaria su valorización como un hombre nuevo, “en el sentido de que es el resultado histórico de procesos de mestizaje e hibridación cultural con pueblos europeos” e indígenas, “pluriétnicos y multiculturales todos ellos”.

“En este sentido, el afrocolombiano sería un hombre inserto en la historia de Colombia, como coautor de la República […], que cree en su particular cosmovisión, saberes y valores ancestrales […] es parte de su geografía, construyendo socialmente sus espacios de acuerdo a las características regionales con sus historias diferenciadas y múltiples expresiones culturales […]”

La identidad afrocolombiana por tanto, es la resignificación y redignificación tanto de los ancestros como de sus descendientes en el presente, “no es simplemente un reencuentro con el pasado, sino, un reto ante el futuro de la Nación”

Más allá de la discusión en torno del término afrocolombiano, de indudable importancia, La Cátedra es una importante reivindicación del movimiento social afrocolombiano, que tiene entre sus objetivos dar a conocer el importante aporte de los afrocolombianos “a la construcción de la nacionalidad en lo material, lo cultural y lo político”, y a la vez, reconocerlos y valorarlos como etnia, para una mayor integración y una participación social equitativa.

Si bien este concepto ha sido centro de debate, hemos querido plantearlo como un ejemplo de la conversación que se suscita en torno de la herencia africana en América Latina, y sobre todo, como un ejemplo de la importancia que la educación tiene en la construcción de sociedades más igualitarias, siempre resaltando la riqueza que yace en la diversidad de los elementos que han contribuido con el fortalecimiento y desarrollo de su identidad.

Fuente:  Estudios Afrocolombianos (Ministerio de Educación Nacional, Bogotá Colombia)

IMAGEN:  http://afrocolombia.webnode.es

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La Ruta colombiana de la Esclavitud

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Por Simão Souindoula (Angola)

El Choco, una Angola reconstituida en la Costa del Pacífico

Es una de las conclusiones evidentes realizadas con posterioridad a la lectura de la obra del afrocolombiano Sergio Antonio Mosquera, “El Mondongo: Etnolingüística en la Historia Afrochocoana”, libro recientemente reeditado en Bogotá, en la serie Ma´Mawu, por la Universidad Tecnológica del Choco “Diego Luis Córdoba”.

Pudimos confirmar esta realidad, particularmente emocionante, semanas atrás en Quibdo, capital de esta provincia de la Antigua Nueva Granada.

El libro, ahora reeditado en una edición singularmente sólida, aparece con 156 páginas, y se articula en cuatro capítulos principales, en los cuales el autor presenta la evolución del establecimiento de los africanos en la región y la subsecuente tentativa de continuum de sus respectivas lenguas, su difícil adaptación al castellano y el legado residual lingüístico bantú.

En una verdadera fiebre mercantilista, dominante en Europa, la zona donde fueron descubiertos yacimientos polimetálicos, y en particular el precioso oro, registra numerosas encomiendas de mano de obra esclava.

Y serán introducidos en el territorio minero, a favor del cuarto “asiento” europeo, principalmente, millares de angolas, benguelas, loandas, monicongos, cabindas y luangos.

El “asiento” portugués que durara de 1595 a 1641 y cuyos principales centros de embarque serán Loanda y São Tome – puerto de tránsito- permitió la instalación mayoritaria de los mbika.

El investigador de Quibdo es perentorio: “van a constituirse en mayoría y este predominio es repetitivo en muchas transacciones. Hay ya, desde luego, una fuerte presencia de negros de Angola”.

El ejemplo de los esclavos al servicio del Padre Pedro de Claver, hacia 1620, es a este respecto bien indicativo. Andrés, Ignacio, Alfonso, Jusepe, Juan Mariquita, Cristina Feliciano, Lucrecia, Catalina, Francisca, Monzolo, son todos o de Angola o del Congo.

El veredicto de Mosquera, a esta realidad, es categórico: “Portugal fue el principal proveedor” de esclavos hasta 1654.

El autor escogió mediante estos datos el título de su obra “El Mondongo”, referencia al Reino angoleño, término que fue en una dinámica de antonomasia gastronómica adoptado en el continente americano y en el conjunto insular caribeño.

En los vestigios de los portugueses, los franceses e ingleses introducirán naturalmente en el “Virreinato de Nueva Granada”, a partir de 1712, de la factoría de Cabinda, congos y luangos.

El iniciador de la espectacular Fundación privada Mantu-Bantu, institución que no tiene equivalente en África, aborda en seguida la configuración de los hablares niger en su zona natal; examinando su uso en las minas y subrayando la persistencia en el léxico residual del morfema bantú ng o nga.

ANTONOMASIA

Realza,  además de las ya citadas, las variantes kikongo, conocidas en la época como bamba, manyoma y pango.

El autor chocoano insiste en el capítulo sobre la aclimatación de los “muleques” al evocar la influencia del idioma del país de la pantera, en el noroeste de la antigua Confederación Granadina.

Afirma “es patente el impacto del kokongo” en la evolución lingüística allí resultante, consubstanciada en la continuación de la intervocalidad, doble negación, redundancia, duplicación y excesiva expresión corporal en el habla.

Como consecuencia de los bantús instalados en la región, hablaron un español “muy corrupto, al terminus a quo criollo portugués”, con elementos léxicos (o de otro tipo), genéticamente portugueses.

Hacia el fin del estudio, el Profesor presenta y comenta lógicamente un glosario de más de una centena de bantuísmos que sobrevivieron en la costa del Pacífico colombiano.

Se esfuerza en restituir en una apertura de erudición, los elementos lexicales identificados en algunos fragmentos de textos literarios (poesía, canto, romance y composiciones musicales).

Un ejemplo perfecto de bantuismo que perduró, es el sustantivo zandungu o sandunga, equivalente a pimiento. En efecto, es probado en el proto-bantu como pepper dungu.

Y lógicamente este radical del bantú común deriva:

en kikongo y kimbundu: ndungu,

en nyaneka-humbe: ongundu, otyindungu, onondungu,

y en umbundi: olundungu, ondungu, onungu.

El glosario contiene otros componentes salidos del “Mundo de los Hombres” tales como:

Angulo, del bantú nkulu, viejo, adjetivo utilizado como antropónimo

Bilongo o Birongo, remedio tradicional

Kalunga, espíritu hidrogénico, mar, infinito

Ganga, curandero

Susunga, del bantú nsanga, pegar

Con el objeto de comprender mejor el substrato antropológico angoleño enraizado en el territorio de “La conga”, Sergio Mosquera utilizó entre otros estudios de referencia, el de Jan Vasina sobre África Ecuatorial y Angola, contenido en la Historia General de África, que indica los cimientos civilizacionales del corazón del continente que fueron transferidos en las áreas auríferas del noroeste de Colombia.

La obra “El mondongo. Etnolinguística en la Historia afrochoana” es una contribución más para la inevitable aproximación entre las comunidades de raíz angoleña y la Madre Patria; reencuentro que debe oralmente ser tejido durante el decenio 2012/2022, declarado por la Organización de las Naciones Unidas como consagrado a los afro descendientes.

Traducción: Bárbara Igor (MISOSOAFRICA)

Simão Souindoula es angoleño. Historiador, actualmente se desempeña como investigador y es Miembro del Comité Cientifico Internacional de la UNESCO, donde desarrolla el proyecto “La Ruta del Esclavo”