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Crisis Alimentaria, origen y consecuencias – síntesis explicativa

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Por Bárbara Igor

“La Revolución Verde, un proyecto que pretendía salvar al mundo del hambre, destruyó la habilidad de los pobres de auto alimentarse al desplazarlos de su tierra y al degradar el sistema agroecológico, ellos pasaron de producir a depender de la compra de los alimentos”.

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Hacia el año 2008, Veterinarios sin Fronteras publica “Introducción a la crisis alimentaria”, libro que compila una serie de investigaciones y artículos breves que proponen una reflexión alternativa a los análisis de la FAO o la OMC*, los que parecen no ser del todo adecuados ante la crisis a la que para ese entonces, se intentaba hacer frente.

Uno de los artículos que destacamos en esta oportunidad, es el ensayo crítico “De las revueltas del hambre a la soberanía alimentaria” de Eric Holt-Giménez y Loren Peabody, en el cual se propone una mirada inquisitiva a lo que los autores consideran las verdaderas causas de la crisis alimentaria, viendo en el monopolio de las grandes corporaciones a uno de los principales responsables.

El complejo agroalimentario está conformado por corporaciones multinacionales activas en los sectores del comercio, las semillas, los químicos y fertilizantes, grandes procesadoras y cadenas de supermercados (1.) Fue edificado durante la segunda mitad del siglo XX, con fondos públicos para subsidiar los granos y ayuda oficial a la investigación y al desarrollo internacional.

En la década de los 70, los países del tercer mundo en su mayoría, exportaban su sobreproducción agraria por un valor de 7.000 millones de dólares.  Luego de la primera “década del desarrollo” promovida por la ONU, el valor de este excedente se redujo a tan sólo 1.000 millones. En la actualidad, luego de 40 años, vale decir, luego de cuatro décadas de desarrollo y de la expansión del sistema global de producción de alimentos, el déficit en comida se ha incrementado en 11.ooo millones de dólares por año.

En resumidas cuentas, el aumento del déficit de comida en el Tercer Mundo no sería consecuencia directa de la sobrepoblación, ni de las sequías, sino que más bien, el hambre sería el resultado de la  destrucción sistemática de los sistemas alimentarios de los países del Sur, a través de una serie de proyectos de desarrollo impuesto por los países del norte.

Uno de los primeros pasos o acontecimientos de importancia para el aumento de los complejos agroalimentarios tuvo lugar en los años sesenta, por medio de la expansión del modelo industrial de producción de alimentos “Revolución Verde”, que “comerció con paquetes tecnológicos de semillas híbridas, fertilizantes y pesticidas químicos en Asia, África y América Latina.  Proyecto de las Fundaciones Ford y Rockefeller (posteriormente financiado por el sector público), la Revolución Verde aumentó las cosechas por acre utilizando semillas híbridas de arroz, trigo y maíz que podían ser sembradas de manera intensiva, requiriendo irrigación y altas cantidades de fertilizante.  En Occidente, la producción de alimentos per cápita aumentó  un 11%.  Pero la cantidad de población con hambre aumentó en idéntico porcentaje. Esto se debe a que las tecnologías de la Revolución Verde fueron adoptadas más fácilmente por los grandes agricultores, quienes ocuparon las tierras ricas bajas, desplazando a los campesinos”.

Los campesinos desplazados, en su mayoría, encuentran asentamiento en las áreas marginales de las grandes urbes, mientras que otro número de estos, comprando los paquetes tecnológicos de la Revolución Verde,  se abren paso en zonas en las cuales, los cultivos significan necesariamente la destrucción gradual de la  selva tropical o de los suelos de las laderas montañosas.

Con la destrucción de la agro-diversidad, construida durante siglos, destrucción a manos de estos paquetes de la Revolución Verde, los campesinos se vieron en la necesidad de cultivar cada vez más, provocando con esto un daño ambiental masivo.

“La Revolución Verde, un proyecto que pretendía salvar al mundo del hambre, destruyó la habilidad de los pobres de auto alimentarse al desplazarlos de su tierra y al degradar el sistema agroecológico, ellos pasaron de producir a depender de la compra de los alimentos”.

Sin embargo no sólo hubo perdedores en la Revolución verde.  El germoplasma que fue tomado por los científicos de los campesinos de América Latina y Asia, significó una ganancia aproximada de 10.2 millones de dólares por año a EEUU, esto por la producción de maíz y soya entre 1970 y 1980; mientras que un tercio de la producción de semillas del CIMMYT (Centro Internacional de Mejoramiento de Maíz y Trigo), pasó a ser propiedad de empresas privadas de los países del  Norte como Pioneer Hy-Brid y Cargill.   En cuanto a los perdedores, que nunca se mencionan, tenemos a los agricultores y al medio ambiente.  Un ejemplo de ello está en Centroamérica, región que como consecuencia de la Revolución Verde expandió su frontera agrícola, perdiendo así la mitad de la selva tropical y duplicando su emisión de CO2.

 

SEGUNDO PASO:  TRAS LA REVOLUCIÓN VERDE.

Los Programas de Ajuste Estructural (PAEs) implementados entre los años 1980 y 1990, eran programas de préstamos condicionados, respaldados por el Banco Mundial y el FMI, que tenían por objetivo el pago de la deuda que los países del Tercer Mundo, tras veinte años de desarrollo agricola, tenían con los bancos del Norte.  Para recibir los préstamos del Banco Mundial, los países del tercer mundo debían firmar acuerdos con el FMI que consistían en:

1-      Suprimir las barreras tributarias a los productos importados

2-      Privatizar las compañías y servicios estatales

3-      Abrir sus fronteras a los productos importados

Como es de esperarse, esto permitió la entrada casi indiscriminada de productos subsidiados por EEUU y Europa, y que eran, por lo demás, el resultado de la Revolución Verde: su sobreproducción de granos.

Los agricultores del sur, no pudiendo competir con los granos extranjeros vendidos a precios mucho más bajos que el costo de producción local, se vieron obligados a abandonar sus tierras, quedando así a merced de los grandes agricultores, que los contrataban por sueldos miserables en plantaciones de alimentos de bajo costo para la exportación, principalmente de plátano, algodón, tabaco, café, azúcar y carne.

Es así como el abastecimiento de alimentos de consumo básico quedaría a manos de los países del norte, los que siendo subvencionados no permitían una competencia justa con los agricultores de los países del sur.  De esta manera los llamados países del Tercer Mundo pierden su capacidad de autoalimentarse, convirtiéndose así en productores de alimentos de bajo costo destinados casi de manera exclusiva a la exportación.

Como si esto fuera poco, la crisis del petróleo de los años 70 produjo un alza en los costos de producción y una recesión que llevó a los Bancos prestamistas a exigir el pago de las deudas. De esta manera las divisas provenientes de la exportación eran destinadas al pago de deudas, sin siquiera ser suficientes.  Las familias agrícolas de EEUU quebraron y los países del sur ya no pudieron pagar sus deudas, provocándose así  “la crisis de las deudas”

TERCER PASO: El libre comercio y los agrocombustibles.

hambreLa formación de la OMC en 1995, cuyo objetivo primario era fortalecer el desarrollo de la economía dirigida por el mercado, y el surgimiento de nuevos tratados de Libre Comercio (TLC), complicó aún más la seguridad alimentaria mundial.

Es así como tratados como el NAFTA y el CAFTA acarrearon la “destrucción de millones de economías de subsistencia en Latinoamérica, obligando a millones de personas a emigrar a EEUU en busca de trabajo”.  Todo esto debido a los apoyos internos, subsidios de importación, y al sinnúmero de regulaciones que por EEUU y la UE son pasadas por alto.

Hacia el año 2007, el Banco Mundial estimaba que el aumento del precio del maíz se debía “principalmente al programa de etanol de los EEUU, combinado a las fuerzas del mercado”.  Los subsidios a los agrocombustibles en EEUU, hizo que la cantidad de maíz utilizado por las destilerías pasara de 18 a 81 millones de toneladas, lo que provocó que la mitad de la cosecha de maíz de los EEUU fuese destinada a la producción de combustible, y de paso, que la producción tanto de soya como de trigo disminuyera, aumentando así su valor en el mercado.   Ciertamente el sobreconsumo de grano para la producción de combustible destinado al consumo de los países del norte, ha hecho que muchos de los pequeños productores, los que conforman al menos la mitad de la población de los países del Sur, amenazaran aun más la seguridad alimentaria nacional.

Palabras finales.

Por medio de esta breve exposición que sintetiza el informe de Veterinarios sin Fronteras, se intenta ofrecer un panorama esclarecedor de una situación que hasta hoy muestra sus consecuencias, y que afecta a un gran número de países en condición de subdesarrollo, en todo el mundo. Es así como el gran desastre alimentario no sería otra cosa que la consecuencia de políticas económicas y ambientales dolosas, articuladas para satisfacción de las ambiciones de una minoría, en desmedro del bienestar de la población más vulnerable.

En las próximas entregas veremos cómo este tipo de prácticas continúan vigentes, a manos de ONGs inescrupulosas, o de monopolios empresariales que aprovechando la falta de infraestructura e inversión en algunos países africanos, lucran con excedentes de dudosa salubridad, indiscriminadamente.

*Organización Mundial del Comercio

Imagen 1:  Fuente desconocida, por favor de informar.

Imagen 2: EXTRAÍDA DE EL CIUDADANO

Somalia: la hambruna acabó, los refugiados siguen llegando.

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Por MANUEL RUIZ RICO

Addis Abeba (Etiopía)

El pasado 3 de febrero la ONU anunció el final de la hambruna en el Cuerno de África. La hambruna había sido declarada el 20 de julio del año anterior, en principio para las regiones de Bakool y Bajo Shabelle, aunque 15 días más tarde, el 5 de agosto, la declaración se tuvo que ampliar a otras tres áreas más (dos regiones del Shabelle Medio, el corredor de desplazados internos de Afgoye y el campamento de desplazados de Mogadiscio). El balance final de la hambruna sólo se puede calificar de dantesco: cientos de miles de refugiados y decenas de miles de muertos, en su mayoría niños. Sin embargo, el fin de la hambruna declarado el 3 de febrero ha hecho girar las miradas hacia otro lado, pero la situación no ha sido resuelta y la crisis humanitaria en la zona es profunda. El éxodo de refugiados somalíes no cesa y las previsiones apuntan a unas pobres cosechas en junio y julio. En Etiopía, el gobierno y el Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados (Acnur) están buscando ya un emplazamiento para ubicar un nuevo campamento de refugiados en Dollo Ado, el sexto en poco más de medio año, en la frontera con Somalia, después de que el último de los abiertos esté al borde de su capacidad. La soga en torno a los cuellos de cientos de miles de somalíes vuelve a tensarse. “Actualmente, hay más de 17.000 refugiados en Buramino. La capacidad planeada para este campamento es de 26.000 personas”, asegura Natalia Prokopchuk, portavoz de Acnur en Etiopía, quien alerta de que “en la última quincena de marzo la media diaria de llegadas alcanzó las 133 personas. De hecho, la última semana de ese mes se registró el mayor número de llegadas de 2012, con casi 220 personas cada día”, unas cifras que están en los niveles registrados durante muchos de los meses de la hambruna. En apenas medio mes de abril, la cifra roza las 1.100 llegadas, mientras que febrero (con 3.324 llegadas) se mantuvo en las cotas de agosto, septiembre, noviembre y diciembre del año pasado, meses de hambruna declarada.

“La hambruna ha acabado pero no era la única razón que forzaba a la gente a dejar Somalia y convertirse en refugiados en Etiopía. Era una combinación de sequía y también los combates y la inseguridad. Los últimos factores permanecen. La gente huye ahora del conflicto y la violencia”, afirma Prokopchuk. “El motivo principal de estas llegadas a Dollo Ado son las luchas en el interior de Somalia”, aclara Prokopchuk. Se refiere a los combates entre las tropas de Kenia, Etiopía y el Gobierno Federal de Transición (GFT) de Somalia contra las milicias islamistas de Al Shabab, que controlan no pocos territorios somalíes, entre ellos, los más afectados por la hambruna. Una de estas zonas es Gedo, limítrofe con Somalia. “Según nuestros socios en terreno, en marzo se han contabilizado unos 2.000 desplazamientos internos en esa región, de los cuales la mitad tiene como destino los campamentos de refugiados de Dollo Ado”, destaca Andreas Needham, portavoz de Acnur en Somalia, quien añade: “Sin querer señalar lo obvio, si finalmente la media de precipitaciones está por debajo de lo normal, el número de desplazados incrementará sin duda”.

El campamento de Buramino, en Etiopía, está a menos de 9.000 personas de completar su capacidad. Con los datos de llegadas actuales, entre 100 y 200 personas cada día, Acnur y el gobierno etíope tienen entre un mes y medio y dos meses para abrir las puertas del sexto campamento. Buramino fue abierto en noviembre de 2011, cuando la hambruna afrontaba sus últimas semanas, sin embargo, en cinco meses está afrontando el final de su capacidad plena. En Dollo Ado había sólo dos campos antes de que se declarara la hambruna (Bokolmanyo y Melkadida, que acogen a 40.000 personas cada uno). Cuando ésta llegó, se tuvo que abrir Kobe en junio de 2011 (actualmente con 26.000 somalíes); Hilaweyn, en agosto de 2011 (también albergando ya 26.000 personas) y, finalmente, Buramino, en noviembre de ese año. En total, los cinco campamentos de Dollo Ado albergan 150.000 personas, según los datos de Acnur con fecha del 16 de abril.

Etiopía es el país que durante 2012 recibe la gran mayoría de refugiados de Somalia, reemplazando a Kenia, país que durante 2011 vio cómo los campamentos de refugiados de Dadaab superaban las 500.000 personas y se convertían en su tercera ciudad más poblada después de Nairobi y Mombasa. Debido a la incursión de tropas keniatas en Somalia y al cierre de fronteras con este país que esta ofensiva ha supuesto, el grueso de los refugiados somalíes escapan ahora de su país hacia Etiopía, hacia Dollo Ado. Según Acnur, durante 2012, más de 21.000 somalíes llegaron al país etíope y 6.000 cruzaron en patera a Yemen, un destino cada vez más en auge, frente a los apenas 2.000 que han llegado a Kenia. Esta trágica situación actual, además, no cuenta con buenos pronósticos, precisamente. La estación de lluvias que vive ahora el Cuerno de África y que comenzó a finales de marzo o primeros de abril, va a dejar precipitaciones muy por debajo de la media, según las previsiones hechas públicas por la Red de Sistemas de Alerta Temprana contra la Hambruna (FEWS NET, en sus siglas en inglés), el organismo vinculado a la ONU para la declaración de hambrunas. De este modo, las cosechas de junio y julio serán malas. Según fuentes de FEWS NET, “como se destaca en el informe del 3 de abril sobre el Cuerno de África, la estación de lluvias entre marzo y mayo ha comenzado tarde y estará pobremente distribuida en el espacio y el tiempo. Además, sólo dejará entre un 60 y un 85% de la media habitual”. La conclusión, insisten las fuentes, no puede ser más clara: “Las agencias humanitarias deberían implementar inmediatamente programas para proteger los hogares, los medios de subsistencia y el consumo de alimentos en esta región de África”. Si no es así, si la comunidad internacional vuelve a reaccionar tarde, el verano puede ser devastador para la zona. “Y entretanto”, recuerda Needham, “no hay que olvidar que en Somalia sigue habiendo 2,3 millones de desplazados internos, en un país de unos ocho millones de habitantes”. La hambruna terminó, pero la crisis humanitaria está y va a estar durante 2012 tan presente como entonces.

Ref: guinguinbali