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Aniversario del “maestro Tamoda” – UANHENGA XITU

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Si estuviese vivo, el escritor completaría 90 años, el  pasado 29 de Agosto. De feliz memoria, Agostinho André Mendes de Carvalho o mejor Uanhenga Xitu dejó un legado que se va a transferir a  través de varias generaciones,  destacando en el ámbito político como figura de proa del nacionalismo angoleño y en el ámbito cultural, como uno de los escritores de mayor relevancia en nuestro panorama literario.

Por João Papelo en Folha 8

uanhenga“Maestro” Tamoda fue uno de los primeros libros de Uanhenga Xitu.  Este personaje de ficción angoleña es también el motivo del libro Os Discursos do “Mestre” Tamoda.  El maestro Tamoda, viaja de la zona rural a la ciudad, a la casa de personas de la sociedad colonial, donde aprende a leer y escribir, además de los vocablos más difíciles que encuentra en diccionarios.  Todo lo aprendido,  lo transportará después consigo de regreso a la aldea. Así, con su nuevo lenguaje, proyecta en aquel seno rural su intelectualidad, enseñando a los jóvenes el poder de la palabra, incluso de palabras inventadas por él mismo y con las cuales eran desafiadas las autoridades coloniales  (el profesor oficial y el administrador). Sin embargo, el Maestro Tamoda no llegará a saber de memoria los diccionarios, o a hablar como el colono para liberarse de la condición de ser uno más de los nativos subyugados.

BIOGRAFÍA

Uanhenga Xitu (Agostinho André Mendes de Carvalho) nació en 1924 en Calomboloca (Icolo y Bengo). En 1959 fue apresado por la policía política portuguesa y enviado al campo de concentración de Tarrafal, en Cabo Verde, donde permaneció varios años y donde comenzó a escribir sus primeros cuentos.  Después de la independencia de Angola, fue Gobernador de Luanda, Ministro da Salud, Embajador en Alemania y Diputado de la Asamblea Nacional.  Falleció un jueves, el 13 de Febrero del presente año, víctima de una enfermedad.

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Wole Soyinka, en sus propias palabras.

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Compilación de textos a cargo de Maximiliano Vega.

Cuando hablo de Nigeria como país, no hablo de ese constructo artificial que incluso se nos impuso sin nuestro consentimiento cuando el Imperio británico dividió el continente.

Wole Soyinka, primer premio nobel de literatura africano

En Nigeria muchos cristianos y musulmanes siguen creyendo que las máscaras son un indicio de fetichismo y paganismo. El fundamentalismo religioso envuelve la comprensión cultural y limita los horizontes de la gente.

Para un temperamento como el mío nunca ha sido posible evitar una sensación de reproche por todo lo que se pierde, se desperdicia o se degrada día a día, todo lo que se vuelve irrecuperable o se daña irreparablemente al mantener esa posición de cómoda altivez del purista: la distancia innegociable. Sin embargo hay que trazar una línea. Al otro lado de la mía se encuentran los regímenes asesinos: el de Idi Amín, el del emperador Bokassa, el del sargento Doe, el de Mobutu Sese Seko y por supuesto el del general Sani Abacha.

Los seres humanos, sobre todo en la época moderna, son seres viajeros. Pero creo que si pudiera elegir, el 90% del tiempo lo pasaría en mi casa.

Básicamente, si tuviera que elegir, todo lo que haría sería escribir y enseñar; creo que tengo buen instinto para ser profesor. Me gusta dar clase en la universidad y abrirles la mente a los estudiantes; disfruto dando clase.

Yo conocí a García Márquez en Cuba un año después de ganar el Nobel, a él se lo habían concedido unos años antes. Y me preguntó: “¿Qué tal te va, hermano?”. Y yo le contesté: “Es un infierno. Espero que acabe pronto”. Y me dijo: “No, no se acaba nunca”. Ojalá le hubiera creído en esa época, porque habría tomado ciertas precauciones. Pero pensé: “Está exagerando”. Y no exageraba. Tenía toda la razón.

En los últimos meses he visto que cuando estás débil y expuesto al ataque de un cáncer, ya sea un cáncer fisiológico o político, ocupado en actividades que destruyen lo que realmente quieres hacer, es una cuestión moral y de voluntad decir: “Me retiro”. No hace falta esperar a sufrir un cáncer. Dices: “Hoy me retiro”. Y desapareces hasta que la gente se olvida de ti.

Dibujaba rayas en la pared, en el suelo… Todo ello me ayudaba a tener la mente ocupada. Más tarde conseguí hacer una pluma y tinta a base de café, y seguí experimentando con el papel higiénico y con el papel de los cigarrillos que nos daban. Al final construí un pequeño escondrijo donde ocultaba el rollo de papel higiénico; también hice un agujero en el suelo. Todo tipo de subterfugios que se me ocurrían y desarrollaba a través de un proceso muy lento.

Cuando hablo de Nigeria como país, no hablo de ese constructo artificial que incluso se nos impuso sin nuestro consentimiento cuando el Imperio británico dividió el continente. Y cuando la gente va a la guerra, como nosotros lo hicimos, para preservar las fronteras nacionales, la circunstancia es de lo más estúpida, porque matas y mueres por el constructo ideado por otra persona.

Estoy convencido de que en algún lugar del mundo, en África o en Asia, en un bote o una granja, en este planeta u otro, tiene que haber alguien, en algún lugar, que esté en la misma longitud de onda en la que yo estoy.


Maximiliano Vega, natural de Chile, es Licenciado en Artes. Aficionado a la música y la literatura, colabora periódicamente con la difusión de la música y la literatura africana en MISOSOAFRICA

Mia Couto obtiene el Premio Eduardo Lourenço

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