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Prólogo – El Sáhara como metarrelato – LIBRO

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Prólogo de Eguiar Lizundia


Pocas causas generan en España tanta adhesión y unanimidad como el conflicto saharaui. Ni siquiera la animadversión a Israel es equiparable a la solidaridad con la ex colonia, una vez que la derecha española ha abandonado casi por completo su secular antisemitismo. En el caso del Sáhara, no hay duda de quiénes son los buenos y malos, quiénes los culpables y cuál la solución. Existe poca o nula discrepancia en el diagnóstico y la prescripción de recetas, y la habitual confrontación patria que caracteriza cualquier análisis de la realidad es disipada por una comunión de juicios inédita en nuestro país. Periodistas, ex militares, historiadores, novelistas y comentaristas de toda condición cuentan la misma historia de oprobiosa cesión e incumplimiento de obligaciones internacionales por parte de España, y de ominosa ocupación marroquí. El Frente Polisario es idealizado y presentado exclusivamente como una víctima de la traición española y el colonialismo de Marruecos y Mauritania, sin ser casi objeto de revisión o crítica. Los saharauis son ensalzados como un valiente y resistente pueblo embarcado en una épica lucha contra el invasor extranjero y la negligente comunidad internacional.

Quizá más sorprendente es el hecho de que esta narrativa ha sido asumida y legitimada internacionalmente por los estudiosos del Sáhara en tanto que “última colonia africana” o ejemplo de conflicto “estancado”. Y no solamente en el romantizante ámbito francófono, pero también en el mundo—mucho más científico y empirista—anglosajón. Los autores de los dos libros más relevantes en lengua inglesa sobre el Sáhara que se han publicado recientemente, Toby Shelly y Erik Jensen, no disputan el marco totalizador establecido por los que han escrito al respecto en español. Más centrados en cuestiones de derecho internacional y humanitarias los primeros que los segundos—muchos tan embebidos de la epopeya saharaui que ni siquiera disimulan cientificidad alguna—, todos presentan un enfoque similar y tratan la cuestión de manera semejante. Al listado pormenorizado de los hechos históricos, les siguen conclusiones que parecen inevitables. Como si la Historia se tratase de una ciencia exacta cuyos resultados pudiesen ser verificados en laboratorios, estos estudiosos citan y repasan acontecimientos hasta el hastío en lugar de analizarlos en profundidad. ¿Para qué cuestionar, plantear contrafactuales, indagar en las motivaciones y opciones de los actores implicados, si el estudio de los hechos pasados ofrece una respuesta cómoda y absoluta, una narración coherente y aparentemente convincente del conflicto saharaui que explica de manera simple los acontecimientos y fija las condiciones de víctimas y verdugos, amigos y cómplices?

El presente ensayo de José María Lizundia constituye una impugnación de este discurso multiabarcador y universalizante. El Sáhara como metarrelato recupera para el análisis del conflicto saharaui las categorías históricas y políticas, los marcos ideológicos y conceptuales que el caso merece. La idea de nacionalismo, la descolonización del Norte de África, las especificidades objetivas del “pueblo saharaui”, el derecho de autodeterminación y las dinámicas particulares del tardofranquismo español son solo algunas de las variables con las que juega el autor, quien hace interactuar estos factores libremente, sin prejuicios, con miras a ofrecer una visión esta vez sí crítica, no preconcebida, de la cuestión saharaui.

La consecuencia de ese ejercicio intelectual es la refutación de la panoplia de lugares comunes que rodean el discurso oficial sobre el Sáhara. Desde el alcance de la responsabilidad de España en el actual estatus de la ex colonia, hasta la supuesta larga historia independentista de los saharauis, pasando por el carácter democrático y fraternal de la RASD, Lizundia cuestiona la “Arcadia feliz” descrita por los estudiosos de ese territorio africano, que no sería en realidad sino la enésima epopeya travestida y manipulada para satisfacer los anhelos de los héroes de causas ajenas.

Sin la beligerancia a la que nos tiene acostumbrados, Lizundia sacrifica la ortodoxia académica y el puntillismo documental en aras de la argumentación y la enhebración de ideas, que esta vez más que nunca son presentadas de manera sucinta, pero con una claridad deslumbrante que deja al lector con la sensación de que el estudio del Sáhara había sido hasta ahora patrimonio exclusivo de una colección de propagandistas o ignorantes, pues no es posible que lo que es cristalino haya sido empañado con el humo de las hogueras de los campamentos de Tinduf durante tanto tiempo, por tantos. Quizá tenga que ver el hecho de que hasta la fecha el conflicto saharaui apenas haya sido objeto de estudio por profesores de universidad españoles y extranjeros—a los que se les presume cierto espíritu crítico—, pero considerando la dimensión internacional del caso, ¿cómo explicarse el escaso interés académico que ha suscitado el tema tanto en España como en el resto del mundo?

La clave, una vez más está en el metarrelato. Un metarrelato que “cuenta la historia de los saharauis como alguna vez quedó explicada para siempre”. Un metarrelato que una vez más presenta una narración maniquea, simplista, archiconocida y, si se me permite, hasta aburrida. Que sitúa a los saharauis como un sujeto pasivo y dependiente de sus patrocinadores españoles e internacionales. Que rezuma, bajo la excusa del arrepentimiento y propósito de enmienda, un tufillo plañidero e hipócrita. Y que no persigue entender las razones del conflicto, sino atribuir culpas y méritos.
El Sáhara como metarrelato es una rebelión contra todo esto.

Septiembre de 2011, Washington, DC

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Sahara nómade – Música

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Por Francisco MF. (Chile)

“… En ella no vemos rastros de estabilidad ni permanencia, ya que se mantiene en constante cambio. Fuertemente basada en repeticiones, sus frases son tan irregulares y veloces que parecieran haber sido cortadas y pegadas en una secuencia caótica …”

Agali “Ali” Ag Amoumine es un músico proveniente de Tombuctú, ciudad ubicada en Mali, centro de la expansión musulmana por todo el continente africano. No sabemos mucho acerca de él y, probablemente, nunca sabremos más de lo que podamos inferir de su música. Por su vestimenta y la zona donde habita, sabemos que es un músico Tuareg, tribu en su mayoría nómade que viaja itinerantemente por la zona del Sahara.

La música de Ali Ag Amoumine avanza a paso rápido y en direcciones múltiples, como una tribu Tuareg avanzando por el desierto en busca de un próximo lugar donde asentarse. En ella no vemos rastros de estabilidad ni permanencia, ya que se mantiene en constante cambio. Fuertemente basada en repeticiones, sus frases son tan irregulares y veloces que parecieran haber sido cortadas y pegadas en una secuencia caótica.

Estamos demasiado lejos para comprender de qué se trata esta grabación –si es música de ritual, sagrada o de entretención- pero por lo menos podemos dar algunas nociones musicales acerca de ella.

Sin afán de sobreetiquetar esta música, esto es verdadera música minimalista ya que consta con una limitación extrema de recursos pero tiene una riqueza musical interminable. Consideremos que Ali Ag toca con un Tehardent, instrumento de 3 cuerdas que se pulsa como una guitarra. Lo acompaña Alhassane Maiga en las percusiones que, con una calabaza muy grande y unas “challas” pegadas a esta para darle más brillo, va tocando secuencias irregulares. La mezcla de estos dos instrumentos es tan compleja que las repeticiones simplistas de Philip Glass parecen un juego de niños en comparación a este disco. Las canciones van pasando pero la sonoridad siempre es la misma. Cambian un poco las melodías pero es difícil percibir muy bien las diferencias, sobre todo en las primeras escuchas de este disco. Eso sí, poco a poco, la percusión te va llevando a un estado de movimiento interior que, complementado con el Tehardant distorsionado de Ali Ag Amoumine, es una experiencia única.

Los grandes pilares rítmicos que afirman la mayoría de la música occidental se basan en el 4/4, 3/4, o variaciones de estos. Sin ánimo de entrar en la teoría musical, estas fracciones representan, básicamente, cómo está dividido el tiempo. Por ejemplo, en un ritmo regular basado en 4/4, podemos tener que cada 4 segundos, el primer golpe será fuerte, acentuado. Así, creamos una estabilidad perceptible desde el primer momento. Todos los ritmos conocidos en occidente se pueden agrupar en estas fracciones –llamadas cifras- regulares o bien, aproximar a estas.

Hoy en día hay una cierta inquietud, sobre todo en los músicos DIY (do it yourself), en crear música a partir de ritmos irregulares. Esta es una tendencia muy ligada a experimentaciones caseras con máquinas de samplers y drum machines, que se ha manifestado como una cierta búsqueda por la inestabilidad sonora. En el caso de Ali Ag, es inestabilidad pura (por lo menos para nuestra percepción occidental), de hecho, representa muy bien lo que significa ser nómade. Pretender que su música sea estable es como pretender que las tiendas donde viven lo sean también. En los campamentos tuareg no encontramos grandes pilares de mármol, piedra o madera dispuestos en forma simétrica en el espacio, sino, refugios irregulares dispuestos para capear el sol y las tormentas de arena. Por lo mismo, su música no consta de grandes pilares ni menos es simétrica. En cuanto a las cifras, se hace inconcebible asociar esta música a un 4/4 o un 3/4 ya que, tanto el Tehardent como la percusión van llevando cifras distintas al mismo tiempo, similar a lo que pasa en la música clásica de la India. Además, lo que hace el Tehardent es tan irregular que parece imposible agruparlo bajo una categoría rítmica.

Como lo dijimos anteriormente, esta es una música que avanza rápido, pero a tropezones y hacia múltiples direcciones. No existe clímax ni final épico en esta música, ya que es un viaje sonoro que no necesita de estos recursos dialécticos. El contraste entre la monotonía de recursos pero la habilidad con que estos son manejados hace que sea música en constante transformación, sin más ejes ni referentes que la percusión y la nota pedal del Tehardent que, a veces cambia y otras veces no está. Imaginamos así también el desierto del Sahara, monótono pero inestable a la vez.

Hemos omitido completamente comentarios sobre la relación con la voz pero ustedes podrán sacar sus propias conclusiones.

Recomendadísimo este LP, que viene además con un EP anexo. Para los buscadores de sonidos y formas musicales nuevas, no se van a arrepentir.

Francisco MF., natural de Chile, es músico y actualmente está a cargo del proyecto Needle Active Listening.