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“El ratón y el cazador” – Cuentos Africanos II

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Fue a partir de ese momento, que el ratón pasó a vivir en la casa del hombre, royendo todo lo que existe…

Antiguamente había un cazador que usaba trampas, abriendo cuevas en el suelo.  El tenía una mujer que era ciega y con la que tuvo tres hijos.

Un día, cuando visitaba sus trampas, se encontró con el león:

-¡Buen día señor! ¿Qué haces por aquí en mi territorio?

– Ando viendo si mis trampas atraparon alguna cosa, respondió el hombre.

– Tú tienes que pagar un tributo, pues esta región me pertenece.  El primer animal que agarres, es tuyo, el segundo es mío, y así sucesivamente.

El hombre concordó y convidó al león a visitar las trmapas, uno de los cuales tenía una presa: una gacela.  Conforme lo acordado, el animal quedó para el dueño de las trampas.

Pasado algún tiempo, el cazador fue a visitar a sus familiares y no volvió el mismo día.  La mujer, necesitando de carne, resolvió ir a ver si alguna de las trampas tenía alguna presa.  Al intentar encontrar las trampas, cayó en una de ellas con el hijo que traía en los brazos.

El león que estaba  espiando de  entre los arbustos, vio que la presa era una persona y quedó a la espera de que el cazador viniese para entregarle el animal, según  el contrato.

Al día siguiente, el hombre llegó a su casa y no encontró ni a la mujer, ni a su hijo más pequeño.  Decidió entonces seguir las pisadas que la mujer había dejado, que lo guiaron hasta la zona de las trampas.  Cuando llegó allí, vio que la presa del día era su mujer y su hijo.  El león de lejos, exclamó al ver al hombre aproximarse:

-¡Buen día amigo! ¡Hoy es mi turno! Tu trampa agarró dos animales al mismo tiempo.  ¡Ya tengo los dientes afilados para comerlos!

–  Amigo león-dijo el hombre- conversemos sentados.  La presa es mi mujer y mi hijo.

–  No quiero saber nada- protestó el león-  Hoy la caza es mía, como rey de la selva y según lo que hemos acordado.

De súbito apareció el ratón

-¡Buen día! ¿Qué sucede?, dijo el pequeño animal.

– Este hombre se rehúsa a pagar su tributo que habíamos acordado.

-Hombre, si acordaron eso, entonces ¿por qué no cumples?  Puede ser tu mujer o tu hijo, pero debes entregarlos.  Deja eso y márchate- dijo el ratón al hombre.

Muy confundido, el cazador se retiró de la conversación, quedando el ratón, la mujer, el hijo y el león.

-Oiga tío león, nosotros ya convencimos al hombre de darte las presas.  Ahora debes explicarme cómo es que la mujer fue atrapada.  Tenemos que recrear como es que esta mujer cayó en la trampa (y llevó al león cerca de otra trampa)

Al recrear la experiencia, el león cayó en la trampa.

Entonces, el ratón salvó a la mujer y al hijo, mandándolos a casa.

La mujer, viéndose fuera de peligro, invitó al ratón a vivir en su casa y comer todo lo que ella y su familia comían.  Fue a partir de ese momento, que el ratón pasó a vivir en la casa del hombre, royendo todo lo que existe…

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Fuente: Cuentos de Apoyo Pedagógico, Salvador de Bahía, Brasil.

Traducción: Bárbara Igor (MISOSOAFRICA)

Gentileza de nuestro amigo y colaborador Carlos Souza (Brasil/RJ)

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“Los secretos de nuestra casa” – Cuentos Africanos

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Cierto día, una mujer estaba en la cocina y al avivar el fuego, dejó caer ceniza encima de su perro.

El perro se quejó:

— ¡Señora por favor no me queme!

Ella quedó espantada: ¡un perro hablando! Hasta parecía mentira….

Asustada, decidió pegarle con el cucharón con que revolvía la comida.  Pero el cucharón también habló:

— El perro no me hizo nada malo, ¡no quiero pegarle!

La mujer ya no sabía que hacer y resolvió contarle a sus vecinas lo que había pasado con el perro y el cucharón.  Pero cuando iba a salir de la casa, la puerta, con un aire irritado le advirtió:

— No salgas de aquí y piensa en lo que sucedió.  Los secretos de nuestra casa no deben ser repartidos entre los vecinos.

La mujer prestó atención al consejo de la puerta.  Pensó que todo comenzó porque trató mal a su perro.  Entonces, le pidió disculpas y compartió el almuerzo con el.

Comentario: es fundamental saber convivir los unos con los otros, garantizar el respeto mutuo, aunque a veces sea muy difícil…

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Cuento extraído de “Eu conto, tu contas, ele conta… Estórias africanas”, org. de Aldónio Gomes, 1999

Traducción: Bárbara Igor (MISOSOAFRICA)

Gentileza de nuestro amigo y colaborador Carlos Souza (Brasil/RJ)