Cierto día, una mujer estaba en la cocina y al avivar el fuego, dejó caer ceniza encima de su perro.

El perro se quejó:

— ¡Señora por favor no me queme!

Ella quedó espantada: ¡un perro hablando! Hasta parecía mentira….

Asustada, decidió pegarle con el cucharón con que revolvía la comida. Pero el cucharón también habló:

— El perro no me hizo nada malo, ¡no quiero pegarle!

La mujer ya no sabía que hacer y resolvió contarle a sus vecinas lo que había pasado con el perro y el cucharón. Pero cuando iba a salir de la casa, la puerta, con un aire irritado le advirtió:

— No salgas de aquí y piensa en lo que sucedió. Los secretos de nuestra casa no deben ser repartidos entre los vecinos.

La mujer prestó atención al consejo de la puerta. Pensó que todo comenzó porque trató mal a su perro. Entonces, le pidió disculpas y compartió el almuerzo con el.

Comentario: es fundamental saber convivir los unos con los otros, garantizar el respeto mutuo, aunque a veces sea muy difícil…

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Cuento extraído de “Eu conto, tu contas, ele conta… Estórias africanas”, org. de Aldónio Gomes, 1999

Traducción: Bárbara Igor (MISOSOAFRICA)

Gentileza de nuestro amigo y colaborador Carlos Souza (Brasil/RJ)

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