Por Nicole Rademacher (Desde Kenia)

–¿Así que él es su esposo? pregunto. Asiente con la cabeza que sí.

¿Cuántos años llevan casados? Elijo mis palabras con cuidado; su inglés es bastante limitado (notan, por favor, que mi swahili todavía se trata de cortesías y mi kikuyu sólo sucede por casualidad), y si he aprendido algo de tanto tiempo de enseñar inglés y vivir al extranjero, he aprendido a simplificar mis palabras y formar frases que resultan más en comunicación y menos en ¿¿??.

–Diez años, responde.

Anne* es una mujer menuda y la verdad es que al conocerla el día anterior pensé que era un nieto mayor de la familia. No me había fijado en la larga falda que usaba bajo su ondulada chomba de varón. Dado su pelo corto, y el hecho que en este pueblo de altitud extrema todos usan gorros de invierno, muchas veces resulta que una falda es el único indicio del sexo de los niños… y mujeres muy menudas.

Diez años me parece mucho. Me he dado cuenta que los kenianos no suelen representar sus edades (mencioné esto en mi primer post desde Kenia). Ella también me dijo que tiene 28 años, que el mayor de sus dos hijos tiene nueve años, y que viene de un pueblo muy lejano así que nunca ve a su familia. Aun así diez años me parece mucho.

La leche ya está hirviendo fuerte, y ella añade el té y lo revuelve.

–Sí, diez años, repite riéndose. Parece una persona alegre y cuando estoy presente casi todo lo que hago y digo le da risa. A veces su propia respuesta le da risa.

Quita la olla del fuego con pedacitos de cartón como guantes para proteger sus dedos no tan delicados. Baja la olla al piso de barro y pone otra olla en el fuego y la llena con el agua fresca que por la mañana trajo del pozo. La familia tiene la suerte de tener el pozo en su parcela. He visto a muchas mujeres y niñas con grandes jarras de diez galones de agua en la espalda (creo que son de diez galones) con una correa por la frente que sustenta el cargo. A pesar de lo que mis ojos occidentales ven como pobres condiciones, parece que a la familia le va bastante bien.

Agarra una tetera y un colador del armario aparte con puertas que no hacen juego, y vierte el chai de la olla sin mucho cuidado por el colador a la tetera. Mientras avisa a los otros que vengan que el chai de la tarde está listo, tira la loza sucia y unos platillos del almuerzo a la futura agua de fregar calentando sobre el fuego.

*Nombre cambiado para privacidad de su protagonista.

Nicole Rademacher se encuentra en Kenia hasta el principio de mayo, haciendo investigaciones por su proyecto actual que trata sobre los rituales dométicos (patrocinado por el North Carolina Arts Council, EEUU, y muchos donantes privados).

Traducción:  Daniel Bloch

LEER ORIGINAL EN INGLÉS

¡Anímate! y déjanos tu comentario

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s