Por Bárbara Igor (MISOSOAFRICA)

“… la alimentación es un derecho, pero lamentablemente en la actualidad no pasa de ser más que un negocio que, en la mayoría de los casos, ha derivado en un triste vicio, que no se ha querido reconocer como tal…”

Hay quienes no tienen más alternativa que la de alimentarse de la luz solar.

Revuelo ha causado estos últimos días, la noticia de la muerte de una mujer suiza, víctima de inanición voluntaria, y si se quiere, ideológica.  No estamos hablando de las ya tan comunes a nosotros “huelgas de hambre”, sino que de un particular caso en donde la figura de la espiritualidad, se vuelve materia de discusión.  Dicha mujer, la que curiosamente perdiera la vida hacia febrero del año 2011, según indican las fuentes periodísticas, sólo ha hecho noticia esta última semana.

Su decisión de renunciar a la comida habría estado avalada por un video documental en el que dos hombres, un místico indio y un científico occidental, aseguraban que era posible la subsistencia sólo por medio de un recurso que, si bien sabemos es fundamental para cualquier expresión de vida, nunca llegaríamos a considerar como a un único componente de nuestra dieta: la luz del sol.

El miércoles pasado, sin ir más lejos, NAT GEO exhibía por su señal de cable, Tabú Brasil, un programa especialmente dedicado a, como su nombre bien lo indica, los tabúes alimentarios de dicho país.   De entre varios reportajes, era posible acompañar la experiencia de dos personas que habían decidido en un determinado momento de sus vidas, dejar de considerar la comida como necesaria para su subsistencia.   De este modo, una mujer decía haber pasado cerca de 3 meses sin probar bocado, mientras que, un joven aseguraba que desde el año 2010 sólo se alimentaba de la energía solar y de jugos naturales que ingería sólo cuatro veces por semana.

Sin mostrar mayor pérdida de energía ni debilidad, había renunciado a todo tipo de alimento sólido sin ver por esto mellada su capacidad deportiva ni intelectual.  En términos simples, el vivía una vida como cualquier otra, con la absoluta conciencia de que su decisión no era perjudicial para su propia salud, hecho que le llevaba, inclusive, a difundir su estilo de vida por medio de charlas y de pasquines.

Ha sido también esta semana que nos hemos enterado de una nueva dieta que está revolucionando el mercado de la estética: la alimentación por sondas.  La seguridad que este sistema garantiza a quienes la prueban y la efectiva pérdida de peso, la ha convertido en la dieta favorita de europeos y norteamericanos, siendo posible perder 10 kilos en 10 días.

Pero a que viene toda esta introducción.  Mucho se ha cuestionado por parte de las ciencias médicas la irresponsabilidad frente a las dietas que intentan reemplazar productos que parecen fundamentales para la dieta humana, como lo son la carne, la leche y los vegetales.  El boom del vegetarianismo y en su versión extrema, el veganismo, ha puesto en tela de juicio muchas de las teorías alimentarias occidentales.  No es secreto para nadie que la dieta de un hombre como Gandhi sólo se basaba en el consumo de sumos frutales, vegetales crudos y legumbres, y que aun así vivió una larga vida, interrumpida sólo por su lamentable asesinato.  Pero tenemos también su contraparte, jóvenes intentando imitar su ejemplo, víctimas de anemia o sin ir más lejos, el caso que mencionáramos al principio, de una inanición que desembocó en la muerte.

Nuestra pregunta entonces va por las siguientes directrices:  en una sociedad donde la comida parece un bien de consumo de acceso indiscutible al menos para aquellos que se deciden por prescindir de ella, y si la información sobre una buena alimentación es material de cabecera para cualquiera de nosotros, ¿cómo es que surgen estos ejemplos que en una primera instancia, no podemos más que considerar rayanos en la autodestrucción?

Entendemos el ayuno como una tradición a la que muchas culturas echan mano por los más diversos motivos, los que van desde la idea de la austeridad hasta el castigo del cuerpo y la penitencia.  Pero ¿quién se ha preguntado una vez, cómo es que el bombardeo alimentico del que estamos siendo víctimas en la actualidad, nos está influyendo?

El boom de los programas de televisión que tienen como protagonista la cocina, el surgimiento diario de productos que garantizan ser más saludables que los ya conocidos, y más aun, de desarrollo sostenible.  La aparición constante de nuevas dietas, productos extra vitaminizados capaces de mejorar nuestro aspecto, incluso nuestro color, nuestra memoria, regular nuestro colesterol y otros que simplemente, al ser consumidos, elevan nuestro estatus en términos sociales.

No tengo los antecedentes de cuándo esto comenzó, pero dando una vuelta una noche cualquiera por la televisión, resulta posible encontrarnos con realizaciones que van desde lo más simple, como es el caso de un amigable chef enseñando las más variadas recetas, hasta los más cosmopolitas, donde generalmente un sujeto carismático va “descubriendo la cultura de cada país” probando en un día todos los manjares que su estómago le permite.  También los hay aquellos de fábricas de tortas, en donde enormes equipos de gente cumplen tu sueño por medio de la realización de una torta de cumpleaños espectacular, como también aquellos otros en los que cierto chef estrella, capacita a otros tantos en una suerte de reallity de la humillación; y por supuesto, su infaltable versión para niños.  Ya en su expresión más desenfadada y sincera tenemos al hombre que compite con la propia cocina, desafiando a cantidades ingentes de comida chatarra a ser devoradas.  ¡Buena Salud a todos estos programas! que en buena medida se atreven a darnos un pequeño indicio de lo que estamos haciendo con nosotros mismos y si se me permite decirlo, nos dan una respuesta a la existencia de fenómenos como el de aquella mujer de 50 años,  muerta por inanición voluntaria, en un país como Suiza, en pleno siglo XXI.

Comencemos por preguntarnos, – y muchas de las preguntas que nos hagamos probablemente no tendrán una respuesta en esta entrega, pero por ahora nos basta con plantearlas- ¿en qué momento la alimentación y por ende la comida, dejaron de ser la base de la subsistencia humana, cuyo valor yacía en su capacidad de perpetuar la vida, para convertirse en un valor de mercado, en simple mercancía; en lo que actualmente conocemos como el “agronegocio”?

Muchas veces nos jactamos de nuestra dieta balanceada, de nuestra capacidad de reconocer lo que es beneficioso para nuestro cuerpo y lo que no lo es, y también, muchas otras veces hacemos alarde de nuestra contribución con el medio ambiente, al escoger unos productos por sobre otros.  Pero antes de comprar, ¿quién realmente se pregunta sobre la cadena de producción que permitió que dichos productos, todos saludables y capaces de hacer de nuestra vida una verdadera fiesta de sabores, llegaran hasta nosotros?

Muchas otras veces y aprovechando la reciente Semana Santa para ejemplificar, ¿no nos hemos visto acaso sentados a la mesa agradeciendo a Dios y a la vez, implorando por aquellos que no tienen nada para llevarse a la boca en ese mismo momento?  Ciertamente no hay nada de malo en esto, pero me parece que más que agradecer nuestra buena fortuna y la posibilidad de acceder a nuestros sofisticados platos marinos, podríamos preguntarnos ¿cómo es que por ejemplo en África la crisis alimentaria no ha podido ser paliada, si no que más bien sólo se ha visto acrecentada?  Y probablemente no nos preguntemos esto, porque sabemos que una de las posibles respuestas en los manjares que estamos próximos a disfrutar.

No es novedad para nadie que la costa africana está siendo constantemente arrasada para que en nuestras mesas “no falte el pan de cada día”.  También es cierto que las tierras a muchos campesinos les han sido compradas a precios irrisorios o simplemente expropiadas por el estado para ser vendidas a empresas extranjeras, reduciendo así la posibilidad del cultivo de subsistencia para sus naturales.  A esto podemos agregar la novedad de la privatización de las aguas y los suelos más productivos de muchos de los países del continente.  No es muy diferente la situación en América Latina, pero como África continua siendo un continente con una mayoría de población rural significativa, no podemos dejar de considerarlo.  Para que decir de todos aquellos terrenos expropiados para el cultivo de la materia prima de los bio combustibles “no contaminantes” y de última generación.  La enumeración de estos eventos no tendría fin.  Y nuestro objetivo es instalar una problemática para ser desarrollada gradualmente.

Las estadísticas indican que en la actualidad serían mujeres y niñas las principales víctimas de la hambruna en el continente africano, así como también, que el problema de la hambruna sería particular de las regiones rurales, motivo por el cual se subentiende una necesidad de replanteamiento de las políticas agrícolas y por ende, del agronegocio.

Y porque el problema no pasa solamente por la carestía, podemos revisar las siguientes cifras manejadas por la FAO y hechas públicas en uno de los tantos informes de Veterinarios Sin Fronteras:

“El estado de la inseguridad alimentaria en el mundo” de 2010 cifraba en 925 millones las personas subnutridas en el mundo. La inseguridad alimentaria, entendida como la falta de acceso a una alimentación suficiente, nutritiva, inocua y culturalmente adaptada, afecta a otros 1.300 millones de personas que sufren “deficiencias nutritivas” además de a otros 1.000 millones de personas que sufren de obesidad (ibíd.)

Porque no está de más decirlo: la alimentación es un derecho, pero lamentablemente en la actualidad no pasa de ser más que un negocio que en la mayoría de los casos ha derivado en un triste vicio, que no se ha querido reconocer como tal.

Frente a todo esto, al bombardeo que existe sobre la alimentación, no es ilegítimo cuestionarnos si acaso realmente necesitamos las cinco frutas y las cinco verduras diarias que los programas del gobierno promueven, o los dos vasos de leche, la proteína animal y por cierto, el omega tres de los salmones y el atún, y ya siendo más extremistas, si realmente necesitamos esas 4 refacciones diarias que nos han enseñado a tomar desde niños, tan ricas en vitaminas y minerales.  Cuando pienso en esa mujer que últimamente ha muerto en Suiza como consecuencia de inanición y luego en todos esos jóvenes, en su mayoría, que juran de pies juntos que una taza de arvejas puede suplir a dos vasos de leche, me pregunto si todo esto no es más que nuestra nueva manera de resistir a un mercado que se muestra violento, amenazante e incluso aun más nocivo para nuestra salud, que la propia dieta de la luz.

Los invito entonces a sacar sus propias conclusiones.

IMÁGENES: PITBOX   / LA HIPNOTERAPEUTA

REF: Veterinarios sin Fronteras

REF: NATIONAL GEOGRAPHIC

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Este post está dedicado a mi gran amigo Cristián Vergara, gracias a quien MISOSOAFRICA fue posible.

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