Por Orlando Castro (Portugal)

Al parecer, el régimen de Muammar Gadhafi aceptó en 2006 financiar con 50 millones de Euros la campaña de Sarkozy en las presidenciales del 2007.


El día 29 de noviembre escribí aquí (donde más iba a ser) que la muerte de Muammar Gadhafi, así como la de sus principales colaboradores, sería una “bendición para los dueños del mundo”.

Esto porque -contaba-, con tales muertes nadie llegaría a saber de los negocios del líder libio con algunos de sus grandes amigos que, como José Sócrates, lo consideraba “un líder carismático”.

También no dejaba de parecer gracioso que la familia de Muammar Gadhafi (la que queda), presentase, como dijo que haría, una queja en el Tribunal Penal Internacional contra la OTAN por “crímenes de guerra”.

Independientemente de que Gadhafi lo mereciera, en mi opinión morir no una sino que una docena de veces, lo que la OTAN hizo en Libia (pero que no hará en otros países con dictadores bastante más facinerosos) fue el ejemplo acabado de que los dueños del mundo conocen la razón de la fuerza pero nunca oyeron hablar de la fuerza de la razón.

El antiguo líder libio de 69 años que huyera de Trípoli hacia finales de agosto del año pasado, fue capturado vivo, bien vivo además, cerca de Sirte (a 360 kilómetros de la capital) y asesinado a tiros.

Que se sepa, aunque no se tenga la certeza, no fue la OTAN quien dió el tiro de misericordia a Gadhafi, aunque todos hayan lucrado con el silencio definitivo del líder libio.

Cierto es que fueron los aviones de la OTAN que dispararon contra la columna de vehículos en la que iba Gadhafi.

Aunque el homicidio voluntario sea un crimen de guerra previsto por el artículo 8 del Estatuto de Roma del Tribunal Penal Internacional, la OTAN siempre dirá que en aquella situación Gadhafi continuaba constituyendo una amenaza para Libia, es más, hasta para África, o quien sabe, para el mundo entero.

Inicialmente se decía que la OTAN estaría en la región para además de tirar la piedra y esconder la mano, proteger a la población, excluyendo siempre el objetivo de derribar al régimen.

Como luego se vio, era una treta como cualquier otra.  Algunos países de la OTAN inundaron a los rebeldes con todo tipo de armas, les dieron instrucciones, planearon los ataques y coordinaron las acciones con la Fuerza Aerea de la Alianza Atlántica.  Todo, claramente, para defender a las poblaciones y nunca derribar al régimen.

Del lado de la OTAN están como siempre sucede con los vencedores, una serie de países, ni todos de forma sincera.  No será el caso de los europeos pero es, con toda seguridad, el caso de muchos estados árabes que, con miedo de los perros raviosos, aceptaron (aunque contrariados) la ayuda del león.

Cuando se den cuenta (ya algunos se habían dado cuenta), el león habrá derrotado al perro y se preparará para comérselos.  El león, como una vez más se confirma, no tendrá que contar necesariamente con nacionalidad norteamericana.

Sin embargo, los hombres del tío Sam son especialistas en criar leones donde más les convenga.  En cierta medida, Osama Bin Laden, tal como Saddam Hussein, o como Muammar Gadhafi, fueron leones “made in USA”.  Al contrario de lo que piensan los ilustres funcionarios de la OTAN,  del FBI, de la CIA, o de cualquier cosa de ese tipo, ninguno tienen en este planeta (por lo menos en este) autoridad y poder ilimitados.

Los malos de la película, según los realizadores de la OTAN, podrán no tener la misma capacidad bélica que los EEUU y sus aliados.  Van a ser y continúan siendo, humillados, sobre todo por el número de muertos que el único error que cometieron fue el de haber nacido.

¿Son las leyes de la Razón? No.  Son las leyes del instinto.  Instintos que van mucho más allá de las leyes de la sobrevivencia.  Entran claramente (tal como entró Bin Laden o Muammar Gadhafi) en la ley de la selva en que el más fuerte es, durante algún tiempo, pero nunca durante todo el tiempo, el gran vencedor.

Sea como sea, el Mundo Árabe sólo está del lado de los países de la OTAN por cuestiones estratégicas, por opciones instintivas.  Bien o mal, en materia de razón, los árabes están con los suyos… y esos no son los nuestros.

Por lo menos desde la Guerra de los Seis días, el aprendizaje de los árabes ha sido notable.  Aceptan lo que los dueños del mundo definen como enemigos, ahorcan hasta a sus pares con la cuerda abastecida por occidente, pero en la mejor oportunidad, van a ahorcar a americanos y europeos con la cuerda enviada desde Nueva York, París o Londres.

Traducción: Bárbara Igor (MISOSOAFRICA)

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