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Kony 2012: Pastelón Occidental.

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Por Marcio Pessôa (*)

Porque todos saben que los EEUU pretenden hace algún tiempo aumenar su presencia militar en África Central y estaba sufriendo la oposición de algunos “líderes africanos, principalmente el coronel Gadhafi. Se vuelve evidente que la muerte del dictador libio, de influencia incuestionable junto a otros gobiernos del continente, y el apoyo internacional a la campaña facilitan las cosas.

La campaña instalada a nivel global por la captura del warlord ugandés Joseph Kony, calzó como un guante para la política externa norte-americana en África. Es legítima la iniciativa de la organización “Invisible Children” de movilizar la opinión pública de su país y usar los canales institucionales que la sociedad norteamericana tiene para exigir y presionar por medida a nivel de Estado contra una causa que defiende.

Se puede hasta discutir si es legítimo el hecho de que la organización presionase por una intervención militar fuera de su país, pero la ONG está en su derecho al exigir una medida del gobierno. El hecho es que la campaña interna dio resultado y el Congreso Norteamericano aprobó la captura de Kony en noviembre de 2011. Discuto, sin embargo, si los parlamentarios realmente estaban pensando en los niños soldado cuando aprobaron la “beneficencia”. Al final, si es para hacer una acción efectiva contra los niños soldados, que sea una acción global. ¿Por qué solamente contra Kony?

Porque todos saben que los EEUU pretenden hace algún tiempo aumenar su presencia militar en África Central y estaban sufriendo la oposición de algunos “líderes africanos, principalmente el coronel Gadhafi. Se vuelve evidente que la muerte del dictador libio, de influencia incuestionable junto a otros gobiernos del continente, y el apoyo internacional a la campaña facilitan las cosas.

El incremento del AFRICOM, Comando Militar de los EEUU en África, en un escenario de conmoción nacional e internacional y con eventuales opositores “suavizados”, gana, por tanto, señal verde. Una casi legimitidad necesaria en tiempos del fracaso en Afganistán y creciente inestabilidad en Iraq, cuando Obama tiene que calcular cada paso bélico por motivos electorales.

Visible y embarazoso

Bien visible fue el video divulgado por “Invisible Children”, cuyo mensaje y formato siguen una vieja receta, aquella de la canción “We Are the World” que, en los años 80, movilizó a Occidente y países periféricos contra el hambre en Etiopia. Pero ahora, el modelo es el audiovisual y la plataforma mucho más rápida, “pulverizante”, en las redes sociales.

Hoy se sabe que los recursos occidentales que alivianarían el hambre en el país del Cuerno de África, fueron desviados para equipar y mantener la guerrilla que derrumbaría la dictadura marxista de Mengistu Haile Mariam en 1991, después de más de 15 años de guerra civil. Una dictadura marxista substituida por gobiernos más alineados con Occidente, pero extremamente represores.

No sorprende, pero asusta bastante el hecho de que ciudadanos norteamericanos todavía piensen que sus fuerzas armadas pueden servir como “súper héroes” en cualquier lugar del planeta. El video expone, sin ningún cuidado, niños víctimas de violencia, como los outdoors de las ONGs alemanas, que insisten en exponer niños negros en brazos gordos de monjas y de bellas muchachas rubias. Todo eso para sensibilizar a los donadores.

La prensa británica martilló bastante encima de la campaña por la cabeza de Kony, sin mayor contenido crítico, apoyando la causa. Brasileños postearon en Facebook apoyo y desconfianza sobre el tema.

En fin, “Invisible Children” consiguió lo que quería. Hizo al buscado número uno de la Corte Penal Internacional aparecer para todos los continentes, aunque la opinión pública africana y el promotor argentino Jose Luis Moreno Ocampo supiesen que Kony está en suelo africano, probablemente no en Uganda, pero en la República Democrática del Congo, donde ha barbarizado con sus reclamados mil hombres.

Lo Evidente.

Más interesante es la manifestación de la joven ugandesa Rosebell Kagumiri exigiendo que los organizadores de la campaña esclarezcan sobre la situación actual del país, según ella, más pacífica y sin actividad del Ejército de Resistencia del Señor (LRA), una guerrilla de mezcla extremismo cristiano y misticismo. “Este es otro vídeo donde yo veo un extranjero intentando ser un héroe, rescatando niños africanos. Nosotros ya vimos esto en Etiopía. Celebridades viniendo a Somalia”, dice Kagumiri.

El AFRICOM es el mayor emprendimiento militar norteamericano en el continente. Fue instalado en Uganda por ser un país estratégico tanto en el acceso a riquezas de la región central y del Cuerno de África, como para contener los avances de las milicias radicales. O sea, forma parte de un proyecto de estabilización a favor de los intereses económicos y de seguridad de los “Estados Unidos post Afganistán”.

Uganda es el corazón del continente africano, el nuevo puesto de policía de la región. El empleo de cualquier acción militar en Kenia y en Somalia contra piratas y Al Shabaab y las envestidas ya anunciadas contra los grupos armados AQMI, en el Magreb Islámico, y Boko Haram, en actividad en Nigeria, está ahora bastante facilitado.

El LRA ya estaba con sus días contados. Hace algunos meses el ejército norteamericano entrena militares congoleños para acciones contra el grupo armado de Kony. La única duda en esta historia es la siguiente: ya que la creación de la Corte Penal Internacional se basa en una resolución de la ONU, por qué los llamados “cascos azules” no trabajan en la captura de Kony y de otros de la lista de Ocampo? ¿Por qué dejar al AFRICOM tomar cuenta de esta situación? Preguntas obvias que necesitan ser hechas también a nivel global.

Traducción Bárbara Igor (MISOSOAFRICA)

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(*)Marcio Pessôa natural de Brasil, es Master en Sociedad Civil y Gobernanza Democrática por la Universidad de Osnabrueck, Alemania. Reside actualmente entre Bonn, donde desarrolla su labor como investigador y periodista colaborador de la Deutche Welle, y Londres, donde cursa su PhD en la Facultad de Ciencias Sociales en la London Metropolitan University. Su área de investigación es Desarrollo, Democratización y Sociedad civil en la África Austral.

Con este artículo inauguramos en MISOSOAFRICA la colaboración de este premiado investigador con más de 15 años de trayectoria.

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Nigeria y Sudáfrica, enemigos íntimos.

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“Esta noticia, presentada en Guinguinbali en el mes de marzo, cobra especial vigencia tras la elección de la sudafricana Nkosazana Dlamini-Zuma como nueva presidenta de la Unión Africana”

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Las relaciones entre las dos grandes potencias africanas, Nigeria y Sudáfrica, se han deteriorado de manera notable en los últimos meses. La gota que ha colmado el vaso ha sido la expulsión, el pasado 2 de marzo, de 125 ciudadanos nigerianos cuando intentaban entrar en el país sudafricano. La respuesta no se hizo esperar: Nigeria ha rechazado la entrada a un centenar de sudafricanos desde entonces. Detrás de este conflicto se esconde una pugna sorda por el liderazgo africano.

Nigeria y Sudáfrica son las dos grandes locomotoras africanas. Dos países de gran población (Nigeria, unos 160 millones de habitantes, es el país más poblado del continente; Sudáfrica ocupa el quinto lugar con 50 millones), economía poderosa (Nigeria sobre todo basada en el petróleo y Sudáfrica minería, turismo y comercio) y capacidad de liderazgo en sus respectivas subregiones, África occidental y África austral. Sin embargo, entre ellas algo no va bien y toda África puede sufrir las consecuencias.

El pasado 2 de marzo, el régimen de Pretoria expulsaba a su país a 125 ciudadanos nigerianos que habían aterrizado en el aeropuerto de Johanesburgo. Y la respuesta de Abuja fue inmediata: desde entonces, ha rechazado la entrada en el país de un centenar de sudafricanos, todos ellos con sus papeles en regla para entrar en el país. El ministro nigeriano de Asuntos Exteriores, Oulgbenga Ashiru, ha ido incluso más allá y ha amenazado con tomar medidas contra las empresas sudafricanas establecidas en Nigeria.

La tensión subió tanto que el Gobierno sudafricano se vio obligado, la pasada semana, a elaborar un comunicado público de disculpas por el “desafortunado incidente” del 2 de marzo, lo que parece haber calmado un poco los ánimos, al menos en la superficie.

Sin embargo, lo que se esconde detrás de esta minicrisis de los expulsados es la batalla sorda entre los dos pesos pesados africanos por extender su influencia más allá de sus regiones naturales y ejercer un mayor control sobre las decisiones que se adoptan en el continente africano. Algunos acontecimientos de los últimos meses son reveladores.

En primer lugar está el papel jugado por Sudáfrica en la crisis marfileña. El gobierno presidido por Jacob Zuma fue uno de los pocos que mostró su apoyo al ex presidente Laurent Gbagbo, frente al cerrado sostén a Alassane Ouattara del gobierno que preside Goodluck Jonathan. En ese contexto, la Unión Africana envió una misión de mediación a Abidjan encabezada por el ex presidente sudafricano Thabo Mbeki, amigo declarado de Gbagbo, misión que, por cierto, fracasó por completo en su intento de hacer recapacitar a Ouattara y que se produjera un nuevo recuento de votos de las elecciones marfileñas celebradas en noviembre de 2010. Como es sabido, la situación acabó degenerando y estalló un conflicto que costó la vida a más de 3.000 personas y se cerró con la intervención militar francesa y de la ONU para derrocar a Gbagbo y situar a Ouattara en el sillón presidencial.

A Nigeria no le gustó nada esta posición sudafricana y vivió como una injerencia en los asuntos de África occidental aquel apoyo a Gbagbo y la mediación de Mbeki. Durante la crisis libia se vivió una situación parecida, con posturas encontradas entre ambas diplomacias.

Este conflicto se ha trasladado al terreno de los organismos internacionales, del que ha sido claro ejemplo en las últimas semanas el intento de Sudáfrica por quedarse con el puesto de presidente de la Comisión de la Unión Africana. Rompiendo una regla no escrita por la que ningún representante de un país “grande” debe ocupar este cargo, Pretoria presentó a su ministra del Interior, Nkosazana Dlamini-Zuma, en la última cumbre de la UA frente al candidato “francófono” Jean Ping. Al final, fue imposible alcanzar el consenso necesario y la decisión se ha pospuesto hasta el próximo mes de junio.

En realidad, lo que Sudáfrica pretende es extender su influencia más allá de África austral y jugar un papel preponderante en las decisiones a adoptar por la Unión Africana, lo que ha sentado mal en Nigeria.

El otro escenario donde se está viviendo este conflicto es Naciones Unidas, donde Nigeria y Sudáfrica han presentado sus credenciales para ocupar un sillón permanente en el Consejo de Seguridad en el caso de que salga adelante la ampliación de este organismo y se reserve un puesto al continente africano.