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20 años del Genocidio en Ruanda: “Los acreedores del genocidio de 1994”

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El impacto social catastrófico de las políticas dictadas por el BM/FMI y de la caída del precio del café en el mercado mundial (caída que se debe relacionar con las políticas de las instituciones de Breton Woods y de Estados Unidos que lograron hacer saltar el cártel de los productores de café en la misma época) tuvo un papel clave en la crisis de Ruanda

Por  Éric Toussaint(*)

A partir del 7 de abril de 1994, en un intervalo de menos de tres meses, cerca de un millón de ruandeses —la cifra exacta queda por determinar— fueron exterminados porque eran tutsis o se suponía que lo eran. Pero también hay que agregar el asesinato de decenas de miles de hutus moderados. Por supuesto, hubo un genocidio, es decir, la destrucción planificada de una colectividad entera por el asesinato masivo, cuyo objetivo era impedir su reproducción biológica y social.

En ese contexto, es fundamental interrogarse sobre el papel de los prestamistas internacionales. Todo hace pensar que las políticas impuestas por las instituciones financieras internacionales, principales proveedores de fondos del régimen dictatorial del general Juvenal Habyarimana, aceleraron el proceso que condujo al genocidio.

GENOCIDIO EN RUANDAGeneralmente, la incidencia negativa de estas políticas no se tuvo en cuenta en la explicación del desenlace dramático de la crisis ruandesa. Solamente algunos autores pusieron en evidencia la responsabilidad de las instituciones de Bretón Woods |1|, que, por otro lado, rechazan cualquier crítica al respecto.

A comienzos de los años 1980, cuando estalló la crisis de la deuda del Tercer Mundo, Ruanda, como su vecino Burundi, estaban muy poco endeudados. Mientras que en otros lados del mundo, el Banco Mundial y el FMI abandonaban su política activa de préstamos y pregonaban la abstinencia, estas mismas instituciones adoptaron una actitud diferente con Ruanda y se encargaron de concederle generosos préstamos. La deuda externa de Ruanda se multiplicó por veinte entre 1976 y 1994. En 1976, se elevaba a 49 millones de dólares, en 1994 llegaba a cerca de los 1.000 millones de dólares. La deuda, sobre todo, aumentó a partir de 1982. Los principales acreedores fueron el Banco Mundial, el FMI y las instituciones relacionadas (a las que llamaremos IFI, instituciones financieras internacionales). El BM y el FMI tuvieron el papel más activo en el endeudamiento. En 1995, las IFI poseían el 84 % de la deuda externa ruandesa.

El régimen dictatorial instalado desde 1973 garantizaba que no se iba a producir un vuelco hacia políticas de cambios estructurales progresistas. Y por eso el régimen tenía el apoyo activo de las potencias occidentales: Bélgica, Francia y Suiza. Además, podía constituir una muralla respecto a algunos Estados de la región que mantenían todavía veleidades de independencia y de cambios progresistas (Por ejemplo: Tanzania con el presidente progresista Julios Nyerere, quien era uno de los líderes africanos del movimiento de los no-alineados).

Durante la década de 1980 y hasta 1994, Ruanda recibió muchos préstamos, pero la dictadura de Habyarimana se apropiaba de una parte considerable de la misma. Los préstamos concedidos debían servir para mejorar la inserción de la economía ruandesa en la economía mundial, desarrollando sus capacidades de exportación de café, de té y de estaño (sus tres principales productos de exportación), en detrimento de los cultivos destinados a la satisfacción de las necesidades locales. El modelo funcionó hasta mediados de los años ochenta, momento en el que los precios, del estaño primero, luego del café, y por último del té, se desplomaron. Ruanda, cuyo café constituía su principal fuente de divisas se vio total y gravemente afectada por la ruptura del cártel del café provocado por Estados Unidos, a comienzos de los años noventa.

Utilización de los préstamos internacionales para preparar el genocidio

Algunas semanas antes del desencadenamiento de la ofensiva del Frente Patriótico Ruandés (FPR) en octubre de 1990, las autoridades ruandesas firmaron con el FMI y el BM en Washington un acuerdo para poner en marcha un programa de ajuste estructural (PAE).

Este PAE se comenzó a aplicar en noviembre de 1990: el franco ruandés se devaluó un 67 %. En contrapartida, el FMI concedía créditos en divisas de desembolso rápido para permitir que el país mantuviera el flujo de las importaciones. Las sumas así prestadas permitían equilibrar la balanza de pagos. El precio de los bienes importados aumentó de manera vertiginosa: por ejemplo, el precio de la gasolina aumentó en un 79 %. El producto de la venta en el mercado nacional de los bienes importados permitía al Estado pagar los sueldos a los militares, cuyos efectivos aumentaban velozmente. El PAE preveía una disminución de los gastos públicos: hubo, por supuesto, congelación de salarios y despidos en la función pública pero también transferencia de una parte de los gastos en beneficio del ejército.

Mientras que el precio de los bienes importados aumentaba, el precio de compra del café a los productores estaba congelado, y esto fue exigido por el FMI. En consecuencia la ruina para centenares de miles de pequeños productores de café |2| que, con las capas más empobrecidas de la población, fueron desde entonces un reservorio permanente de reclutas para las milicias Interahamwe y para el ejército.

Entre las medidas impuestas por el BM y el FMI, mediante el PAE, hay que señalar, además del aumento de impuestos al consumo y la reducción de los impuestos a las sociedades, el aumento de los impuestos directos a las familias populares por reducción de las exoneraciones fiscales por familia numerosa, la reducción de las facilidades de crédito a los campesinos, etc.

Para justificar la utilización de los préstamos de la pareja BM/FMI, el BM autorizó a Ruanda a presentar facturas antiguas que cubrían la compra de bienes importados. Este sistema permitió a las autoridades ruandesas financiar la compra masiva de armas para el genocidio. Los gastos militares se triplicaron entre 1990 y 1992 |3|. Durante este período, el BM y el FMI enviaron varias misiones de expertos, quienes subrayaron algunos aspectos positivos de la política de austeridad aplicada por Habyarimana, pero, no obstante, amenazaron con cortar los pagos si los gastos militares continuaban creciendo. Las autoridades ruandesas pusieron a punto algunos montajes para disimular los gastos militares: los camiones comprados para el ejército se imputaron al ministerio de Transportes, una parte importante de la gasolina utilizada para los vehículos de las milicias y del ejército era imputada al ministerio de Sanidad. Finalmente el BM y el FMI cerraron el grifo de la ayuda financiera a comienzos de 1993, pero no denunciaron la existencia de cuentas bancarias que las autoridades ruandesas poseían en el extranjero en grandes bancos y en las que seguían disponibles importantes sumas de dinero para la compra de armas. Podemos considerar que el BM y el FMI fallaron en su deber de control sobre la utilización del dinero prestado. Debieron cortar sus préstamos desde comienzos de 1992, cuando supieron que el dinero era utilizado para la compra de armas. En ese momento debieron haber alertado a la ONU. Al continuar otorgando préstamos hasta comienzos de 1993, ayudaron a un régimen que preparaba un genocidio. Las organizaciones de defensa de los derechos humanos habían denunciado desde 1991 unas masacres preparatorias del genocidio. El Banco Mundial y el FMI sistemáticamente ayudaron al régimen dictatorial, aliado de Estados Unidos, de Francia y de Bélgica.

El aumento de las contradicciones sociales

Para que el proyecto genocida pudiera llevarse a cabo no sólo hacía falta un régimen para concebirlo y dotarse de los instrumentos para su realización, sino también la presencia de una masa empobrecida, presta a realizar lo irreparable. En ese país, el 90 % de la población vivía en el campo, y el 20 % de la población campesina disponía de menos de media hectárea por familia. Entre 1982 y 1994, se asistió a un proceso masivo de empobrecimiento de la mayoría de la población rural, mientras, en el extremo opuesto de la sociedad, se producía un enriquecimiento impresionante de algunos pocos. Según el profesor Jef Maton, en 1982, el 10 % más rico retenía el 20 % del ingreso rural, en 1992, acaparaba el 41 %, en 1993 el 45 % y a comienzos de 1994 el 51 % |4|. El impacto social catastrófico de las políticas dictadas por el BM/FMI y de la caída del precio del café en el mercado mundial (caída que se debe relacionar con las políticas de las instituciones de Bretón Woods y de Estados Unidos que lograron hacer saltar el cártel de los productores de café en la misma época) tuvo un papel clave en la crisis de Ruanda. El enorme descontento social fue canalizado por el régimen de Habyarimana hacia la ejecución de un genocidio.

Traducido por Griselda Pinero y Raúl Quiroz y publicada su versión  en español en  “El Economista de Cuba”

(*) Éric Toussaint doctor en Ciencias Políticas de la Universidad de Liège –Bélgica- y de la Universidad Paris VIII – Francia-, Maître de conférences en la Universidad de Liège (Bélgica), presidente del Comité para la Anulación de la Deuda del Tercer Mundo (red internacional basada en Liège, Bélgica) CADTM, miembro del Consejo Internacional del Foro Social Mundial desde su fundación en 2001, miembro de la CAIC-Ecuador (Comisión presidencial de Auditoría Integral del Crédito público).

notes articles:

|1| Chossudovsky, Michel, Rwanda, Somalie, ex Yougoslavie : conflits armés, génocide économique et responsabilités des institutions de Bretton Woods, Dossier CADTM GRESEA, Bruselas, 1995 ; Chossudovsky, Michel y Galand, Pierre, Le Génocide de 1994, L’usage de la dette extérieure du Rwanda (1990-1994). La responsabilité des bailleurs de fonds. Analyse et recommandations, informe preliminar, Ottawa y Bruselas, 1996. Véase también: Duterme, Renaud, Rwanda: une histoire volée, Editions Tribord y CADTM, 2013

http://livre.fnac.com/a6103644/Rena

|2| Maton, Jef. 1994. Développement économique et social au Rwanda entre 1980 et 1993. Le dixième décile en face de l’apocalypse.

|3| Nduhungirehe, Marie-Chantal. 1995. Les Programmes d’ajustement structurel. Spécificité et application au cas du Rwanda.

|4| Maton, Jef. 1994. Op. Cit.

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Victoire Ingabire y su trunca lucha por la democracia – Ruanda

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Por Bárbara Igor (Misosoáfrica)

 “Queremos una política que proteja a cada ruandés, para que nadie pierda su vida a causa de sus orígenes, de su religión o de sus opiniones políticas” fueron sus palabras durante su corta campaña a la presidencia de Ruanda.

 

Su nombre es VICTOIRE INGABIRE UMUHOZA, nació en Ruanda hacia 1968, pero permaneció exiliada de su país durante 16 años, encontrando su refugio en los Países Bajos.   Fue allí donde se formó en Derecho Comercial y Contable, y se licenció en Ciencias Económicas y Gestión Empresarial.  Su dominio de diversos idiomas, entre los que cuentan el holandés, inglés, francés y el kinyaruanda (su lengua materna), así como su rigor, la llevaron a ocupar un cargo como Gerente de departamento en una prestigiosa empresa Auditora con sede en Holanda.  Casada y con tres hijos, y pese al exilio, Victoire Ingabire nunca olvidó la tragedia que ha asolado por años a su país, ni mucho menos el hecho de que su Ruanda natal aun estuviera sumida en una terrible dictadura a cargo de Paul Kagame, miembro del Frente Patriótico Ruandés.

Al tanto de esta situación, Victoire decide hacerse parte activa de la oposición al régimen dictatorial, formada por los más diversos grupos de la diáspora tanto en América, como Europa y África.  En el transcurso de los años, parte de la diáspora organizada se configuró en las Fuerzas Democráticas Unificadas (FDU-Inkingi), el principal movimiento opositor, que más tarde ella presidiría.

Con su participación activa desde el exterior, Victoire, en su posición de Presidente de las Fuerzas Democráticas Unificadas y en conjunto con su coalición, decide volver a Ruanda para presentarse como candidata en las elecciones presidenciales de agosto 2010, pese a todos los riesgos que esta decisión conllevaba.  Su objetivo,  “trabajar por la democracia, la justicia y la dignidad de todos los rwandeses” se vió rápidamente suprimido a su llegada a Kagali el día 16 de enero, con la inmediata reacción del gobierno.

 El 21 de abril fue detenida bajo la acusación de formar parte de la agrupación terrorista FDLR, así como de negar el genocidio de 1994.  Se le acusó principalmente de segregacionismo y de financiar la formación de grupos armados para desestabilizar al país.  En esta labor que se le imputa, habría estado trabajando a la par con el considerado “héroe del hotel de Ruanda”, Paul Rusesabagina, quien también niega dichas acusaciones.

Victoire Permaneció en arresto domiciliario hasta el 14 de octubre, día en que fue trasladada a la cárcel.   Sólo en septiembre de 2011 se inició un juicio formal en su contra.  En la actualidad, aun se espera el veredicto luego de la suspensión del proceso, que supone la cadena perpetua para esta líder de la oposición.

Fuentes: Fundación Sur / Justicia, Paz, Creación (WordPress)

Imagen: in2eastafrica

Ruanda, historias de un genocidio.

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Se estima que más de 800.000 ruandeses fueron masacrados en sólo 100 días durante el genocidio de 1994. Hasta hoy se siguen llevando a cabo juicios para hacer pagar a sus responsables.

Conoce aquí, algunas de las historias de los sobrevivientes.

Fuente: youtube/7 billion others

Ahora que Charles Ntakirutinka ha sido liberado, se insta a Ruanda a poner fin a la represión de la disidencia

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Charles Ntakirutinka, ex ministro de Obras Públicas de Ruanda fue condenado a 10 años de prisión por incitar a la desobediencia civil y por asociación con elementos delictivos, después de un juicio injusto. Charles Ntakirutinka es preso de conciencia para Amnistía Internacional © Particular

La liberación hoy, tras una década de prisión, de un ex ministro del gobierno ha impulsado a Amnistía Internacional a pedir el fin de la persecución continuada de opositores políticos y periodistas en Ruanda.

“Charles Ntakirutinka pasó 10 años de su vida en prisión por formar un partido político”, ha manifestado Erwin van der Borght, director del Programa para África de Amnistía Internacional.

“Diez años después de su encarcelamiento, los opositores políticos y los periodistas siguen pasando años en prisión por decir lo que piensan”.

“El gobierno de Ruanda debe hacer realidad sus promesas de respetar la libertad de expresión y asociación”.

Charles Ntakirutinka, considerado preso de conciencia por Amnistía Internacional, fue detenido en abril de 2002 como parte de la represión previa a las elecciones presidenciales de 2003, las primeras que se celebraban desde el genocidio de 1994.

Tras ocupar el cargo de ministro en el gobierno posterior al genocidio, en 2001 formó un nuevo partido político, el Partido Democrático por la Renovación (PDR-Ubuyanja), junto con el ex presidente Pasteur Bizimungu.

Después de un juicio injusto celebrado en 2004, Charles Ntakirutinka fue declarado culpable de “incitación a la desobediencia civil” y “asociación con elementos delictivos”.

La fiscalía alegó que había organizado reuniones clandestinas, junto con sus colegas de partido, para alterar el orden público, provocar conflicto civil y planear el asesinato de ciertas autoridades gubernamentales.

Las autoridades ruandesas siguen procesando a opositores políticos y a periodistas por criticar al gobierno, y la represión va en aumento en los periodos previos a las elecciones.

Los meses previos a las elecciones presidenciales de agosto de 2010, en las que el presidente Kagame resultó vencedor con el 93 por ciento de los votos, hubo una oleada de represión de la libertad de expresión y asociación.

A los nuevos partidos de oposición se les impidió presentarse a las elecciones. El Frente Democrático Unido (FDU-Inkingi) y el Partido Democrático Verde no pudieron obtener la autorización de seguridad para organizar los mítines necesarios para poder inscribirse.

El único nuevo partido que consiguió inscribirse, el Partido Social Ideal (PS-Imberakuri), sufrió la infiltración de miembros disidentes y decidió no presentarse.

Bernard Ntaganda, presidente de PS-Imberakuri fue condenado a cuatro años de prisión en febrero de 2011. Había sido declarado culpable de “divisionismo” por pronunciar, antes de las elecciones de 2010, discursos públicos en los que criticaba la política gubernamental. También había sido declarado culpable de amenazar la seguridad del Estado y tratar de planear una “manifestación no autorizada”.

Su procesamiento por divisionismo y por amenazar la seguridad del Estado se basaba exclusivamente en discursos en los que criticaba la política gubernamental. Su caso se encuentra actualmente en proceso de apelación.

Victoire Ingabire, dirigente de las Fuerzas Democráticas Unidas (FDU-Inkingi), está siendo actualmente juzgada por cargos de terrorismo, creación de grupo armado, “ideología del genocidio”, “sectarismo” y propagación intencionada de rumores dirigidos a incitar a la opinión pública contra los dirigentes actuales.

El cargo de “ideología del genocidio” que se le imputa se basa, en parte, en la petición pública realizada por esta dirigente política de que se enjuicien los crímenes de guerra cometidos por el Frente Patriótico Ruandés (FPR).

Ref: Amnistía Internacional.

Alfredo Jaar y Ruanda en la Bienal de São Paulo

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Por Bárbara Igor

Mayor fue nuestra sorpresa cuando caminando por los salones de la Bienal de São Paulo, nos encontramos con la obra de Alfredo Jaar.  Si bien es cierto que la versión 2010 se encargaba de hacer un recorrido por las 29 ediciones anteriores, no dejó de llamar nuestra atención que era precisamente la obra de Jaar la que acaparaba la atención tanto del público como de los jóvenes estudiantes de artes a los que se les encargara la guía a los turistas menos entendidos en la materia.

En términos formales la obra constaba de un pasillo en el que el espectador, por medio de una frase de la extensión de la pared, era introducido en el contexto de la obra: el genocidio en Ruanda de 1994.

Mientras que en el salón, sobre una mesa de luz, miles de diapositivas representando el número de muertos durante el genocidio,  en dicha primavera del 94.

Las diapositivas reproducían la mirada de una joven que vivió en carne propia los horrores del conflicto.  En concreto, sus ojos vieron el asesinato de los miembros de su familia.

Fue una joven afrodescendiente, estudiante de arte, la que orientó nuestro paseo por la Bienal.   Su sorpresa fue saber que compartíamos la misma nacionalidad con el artista, autor de la obra que a su juicio, era la más cautivadora de toda la Bienal.

Pero ¿A qué se debía esta admiración que la obra despertaba?  Según sus propias palabras, a la simpleza con que el mensaje era transmitido a través del simbolismo de las cifras; la observación de una sola mirada que era capaz de representar la de cientos de miles de ruandeses tras el evento que había arrasado con cada uno de ellos, indiscriminadamente.

Indudablemente la obra era conmovedora.  Aun en el desconocimiento absoluto de lo que fuera aquella catástrofe, era posible situarse y comprender.

Resulta inquietante la efectividad de la obra pese al abismo existente entre países como Ruanda y Chile, y más aun entre Ruanda, Chile y Brasil.  Sin embargo, para ser efectiva, la obra no necesitaba de más presentaciones que aquella frase reflejada en la pared y de la intimidad de una sala oscura, llena de miradas cómplices.

Imágenes: MISOSOAFRICA

MISOSOAFRICA: Bárbara Igor Ovalle (1982), natural de Santiago de Chile. Es Licenciada en Artes, actualmente coordina las publicaciones en el presente espacio.

Ruanda: el Genocidio que la ONU no impidió.

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A 17 AÑOS DEL GENOCIDIO EN RUANDA

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