Archivo de la categoría: República Saharaui

Muere líder de la República Saharaui MOHAMED ABDELAZIZ

Estándar

DW – DZC (EFE, Reuters, AFP)

 

 

MOHAMED ABDELAZIZ FALLECIÓ EL DÍA 31 DE MAYO DE 2016

  MOHAMED ABDELAZIZ 

Lea también en Misosoafrica: La República Árabe Saharaui Democrática y su lucha por la libertad

Lideró durante casi cuatro décadas el movimiento independentista de la República Árabe Saharaui Democrática (RASD) a través del Frente Polisario y como presidente del autoproclamado Estado. Mohamed Abdelaziz es más que un ícono para quienes buscan consolidar la independencia de ese territorio disputado con Marruecos. Por ello su deceso este martes (31.05.2016) fue recibido como un duro golpe.

Abdelaziz falleció por un cáncer de pulmón a los 68 años, en un lugar que no ha sido revelado, justo cuando Sahara Occidental y Marruecos viven un difícil momento, luego de que a comienzos de 2016 este último país expulsara a parte de la misión de paz de Naciones Unidas de ese territorio, después de un desacuerdo entre las autoridades marroquíes y el secretario general de la ONU, Ban Ki-moon.

El Frente Polisario impuso 40 días de luto nacional, período tras el cual se elegirá a un nuevo secretario general de la entidad. De forma interina, el cargo de presidente de la RASD quedará en manos del jefe del Consejo Nacional Saharaui (Parlamento), Jatri Adduh. Esto, de acuerdo con el artículo 49 de la ley fundamental del Polisario, según confirmó la secretaría nacional del Frente Polisario en un comunicado.

“Todos somos Mohamed”

Tras la salida de España, entonces potencia colonizadora, Marruecos invadió los territorios que el Frente Polisario demanda como propios en 1976, comenzando una guerra tras la cual Marruecos consiguió apoderarse de buena parte de la zona en disputa. Tras el cese de las hostilidades acordado con la ONU en 1991, el Polisario se instaló en Argelia. Desde esa fecha se vive una tirante situación sobre la realización de un referéndum para determinar el futuro de los territorios.

Cabe recordar que Marruecos expulsó a parte del equipo de la ONU en la región luego de que Ban Ki-moon utilizara la palabra “ocupación” para referirse a la situación en la zona, tras visitar un campo de refugiados para habitantes de Sahara Occidental en Argelia.

Mohamad Hama, jefe del gabinete del primer ministro saharahui, Abdelkader Taleb Omar, aseguró que la muerte de Abdelaziz es una noticia “muy dura”, pero que no influirá en la determinación de los saharauis de proseguir con su lucha. “Vamos a seguir luchando. Vamos a seguir persiguiendo nuestro objetivo. Todos somos Mohamed y mañana todos seremos el nombre” de nuestro nuevo líder, afirmó.

DZC (EFE, Reuters, AFP)

Anuncios

El mito de Al-Ándalus y el norte de África

Estándar

Por José María Lizundia* (España)

josemarializundiaSer país limítrofe con África, puede determinar, y de hecho en España ocurre, lazos muy curiosos entre dos continentes, dos civilizaciones y dos o más países. La historia es una ciencia que avanza tanto en la investigación como en las interpretaciones que se dan de fenómenos históricos. Pudiera ser que la invasión musulmana de España en 711 no fuera una invasión como tal, sino una incursión puntual militar o de exploración. Los habitantes de la península aún no son españoles sino hispano visigodos y antes hispano romanos, y su religión tampoco es la ortodoxa cristiana sino una herejía de ella: el arrianismo. Los musulmanes que penetran, tampoco forman un pueblo homogéneo, porque quienes lo hacen son árabes y bereberes del norte de África, eso sí, unidos por el islam.

Desde luego las dos partes en la que queda dividida la península, no serán homogéneas, estables y estáticas durante los ocho siglos de presencia musulmana. Lo mismo ocurre con la población y su religión. Los musulmanes no tomarán de una vez por todas la Península, sino que a lo largo de siglos y muchos vaivenes; habrá presencia de ejércitos pero no para combatir contra los cristianos, que desde luego lo hacen, sino también para luchar contra los propios musulmanes y deponer linajes u ocupar reinos. Así tenemos en el siglo X a los almorávides que provienen del Sáhara y Mauritania y fundan Marrakech y con ello el origen del reino de Marruecos. Los almorávides son muy piadosos, hombres del desierto, y se les llama morabitum o morabitos, santones ascéticos del islam sahariano y mauritano aunque llegan a los actuales Níger y Malí. Su hegemonía en lo que ya se llama Al-Ándalus durará un siglo, porque en el XI/XII serán reemplazados por los almohades.

Al-Ándalus ya es una realidad muy floreciente y un referente en la cultura u civilización islámica, pero también en la occidental. Con el Califato de Córdoba (el primer gran poder musulmán) tiene un papel predominante en aquella civilización. Es donde consigue trasplantarse los Omeyas de Damasco, aniquilados allí, hegemonía que ostentarán a partir de entonces los abasís de Bagdad.

Al- Ándalus irradiará saberes, cultura, arte, pensamiento, literatura y tecnologías agrícolas, mientras que la población no deja de fusionarse. Pero también hay una forma de vida muy hedonista, basada en los placeres, la sensibilidad y el arte. Averroes introduce el pensamiento griego en Occidente, precisamente por el otro extremo de Europa, y será en árabe. No será ni con mucho el único sabio, que viajará a El Cairo; la Meca o Bagdad. Como Ibn Hzam. Es el primer árabe que entiende la epistemología aristotélica contaminada hasta él, de neoplatonismo. En definitiva el mundo cristiano no posee nada que pueda compararse a la suntuosidad y grandeza arquitectónica de la Alhambra, la Mezquita de Córdoba o la Giralda de Sevilla. Sin contar la mítica y desaparecida Medina Sidonia.

Las lealtades políticas islámicas como ocurría con la b,aia saharaui con el sultán de Marruecos, son de índole personal, por lo que el islam andalusí no antepone la unidad religiosa. Una familia o un linaje pueden estar adscritos a religiones diferentes. Un monarca navarro cristiano pedirá ayuda militar a sus familiares sarracenos de Murcia, quienes se la prestarán. Cristianos y hebreos han de pagar el dhimmi, el impuesto dal andaluse protección del islam, las lenguas se mezclan, pero la lingua franca es el árabe y luego será el español. En el escalafón social y político, el elemento árabe está por encima del bereber, lo que supondrá una fuente de conflictos. Al-Ándalus dependerá no solo del Magreb, también de Túnez o de califas lejanos, pero también será autónoma e independiente. O más difícil y que se viene produciendo desde siglos atrás, habrá reinos musulmanes como los reinos de Taifas que serán vasallos de reyes cristianos, y al revés.

Los musulmanes llegaron alcanzar el norte de Francia siendo derrotados por Carlos Martel en Tours. La España cristiana no toma conciencia de que está embarcada en una Reconquista hasta el siglo XIII en el que se toman Córdoba y Sevilla. Dos siglos y medio tardará el reino nazarí de Granada en caer. El crisol de culturas que supone al- Álandalus, determina que se pueda identificar una cultura andalusí, con los elementos que definen una cultura material ( tecnológica, arquitectónica…) como una espiritual que comprende también una forma de vida, de poesía, de música, danzas o zambras moriscas.

Hay distintos elementos poblacionales: hispanos, visigodos, árabes, bereberes, orientales, hebreos. Los cristianos en territorio de Al—Ándalus serán mozárabes o mulaidines, los musulmanes de los reinos cristianos serán mudéjares, se llamarán como la arquitectura de estilo andalusí que seguirá inspirando muchos edificios especialmente en Andalucía.

El reino nazarí de Granada será finalmente vasallo del reino cristiano antes de que sea tomado con los Reyes Católicos en 1492. El mismo año en que Cristóbal Colón llega a América Por supuesto, se escribe en aljamiado, por eso los mozárabes que hablan español lo escribirán en árabe.

Se da desde la conquista cristiana de Toledo emigraciones a África de andalusíes, donde se asentarán, emigraciones que no se conforman con Marruecos y el Magreb pues llegan a Túnez sino que llegarán a la curva del Níger y en concreto en Tombuctú. En Mali estos musulmanes de origen español al mezclarse mudan del color pero seguirán considerándose de origen andalusí y godo.

Los Reyes Católicos ofrecen a los mudéjares andalusíes un estatuto muy favorecedor, porque en principio podrán conservar todo su modo de vida. Los judíos no tendrán esa suerte: o conversión o expulsión. Años después el cardenal Cisneros revocará ese decreto, y desencadenará la guerra contra los moriscos (como se llama ahora a los mudéjares) que finalizara en 1609 con la expulsión de todos. En el norte de África no serán bien aceptados estos musulmanes españoles. Son alógenos. Este es el último flujo.

Granada y Fez están hermanadas, Fez es una de las ciudades imperiales de Marruecos, donde habitan los fasi, una casta de eficientes comerciantes y elite burguesa, que mantiene vivas sus particularidades y solidaridad de grupo o clase. Al igual que los árabes que despreciaban a los bereberes, los fasi asientan su particularidad elitista en sus orígenes andalusíes. La Curva del Niger, será invadido en el S XVI por un ejército marroquí de Al-Mansur compuestos por moriscos y renegados andalusíes conquistarán el imperio songhai de Malí.

Tombuctú, la ciudad de los 330 santones guarda una biblioteca de inestimable valor del legado andalusí. La cultura material andalusí pero también el mito andalusí han pervivido hasta hoy tanto en España como África.

*Sobre el autor:  

José María Lizundia (Bilbao, 1951)Ensayista, Escritor y Abogado. Vive en Santa Cruz de Tenerife. Columnista de El Día, periódico de esa Capital, Secretario del Círculo de Bellas Artes, Articulista de Diario de Avisos, Miembro de número de la Real Sociedad Económica de Amigos del País de Tenerife, Director de la Revista IUS del Colegio de Abogados de la Capital tinerfeña, Directivo de la Asociación Canaria de Escritores ACAE.

Especialista en el Sáhara, ha publicado dos libros sobre ese territorio y dado conferencias.

Ha publicado trece libros. Ensayo, narrativa y diarios. Parte de su obra ha sido referenciada y comentada en libros y prensa en inglés y francés. Libros  suyos figuran en  La Biblioteca del Congreso de EE.UU., en las universidades estadounidenses  de Stanford, Yale e Illinois, en muchas españolas, así como en el Tribunal Constitucional de España.

El Sáhara, perspectiva de revisión – Prólogo

Estándar

Prólogo al nuevo Libro de José María Lizundia Zamalloa

por MANUEL VIDAL

Josemarializundia José María Lizundia representa la provocación intelectual que todos necesitamos alguna vez, como aire fresco, cuando algunos asuntos de debate, como el del Sáhara, se muestran mortecinos a base de repetir los mismos prejuicios y los mismos argumentos caducos. Hasta ahora, una gran parte de la opinión pública española se movía cómoda en este espacio trillado del sentimiento anti marroquí, la supuesta culpa del abandono del Sáhara y la solidaridad con el Frente Polisario.

El autor no se va al otro bando, el pro marroquí, para establecer una nueva tesis del conflicto del Sáhara, sino que entra en el propio terreno que pisa a diario la sociedad española, más sensibilizada con la herencia de la antigua provincia española, para preguntarse por qué hemos llegado a esta situación en que repetimos los mismos argumentos sobre el Sáhara, con temor a repensar.

La rebeldía de Lizundia ante el adoctrinamiento y la pereza intelectual ya le llevó a concebir la cuestión del Sáhara como un metarrelato, que de forma clarividente plasmó en su anterior libro, El Sáhara como Metarrelato.

Lizundia no es un historiador, pero tiene la habilidad de leer entre líneas en los principales hechos que rodean a la historia del Sáhara, desde que España dejara el territorio en manos de Naciones Unidas con el Acuerdo Tripartido de Madrid entre Mauritania y Marruecos, en 1975.

Su línea de trabajo rompe con lo que hasta ahora se ha escrito sobre el Sáhara, que ya decía que se movía entre defender la tesis del Frente Polisario o la de Marruecos, más como propaganda política y de buenas intenciones. Incluso los más sesudos análisis que se han pretendido hacer sobre el conflicto del Sáhara tienden a caer en un compromiso mal entendido y peor explicado, salvo los estudios antropológicos, que no suelen caer en esa tentación.

Lizundia percibió enseguida, en sus primeros acercamientos, que había una nueva posibilidad de hablar del Sáhara sin entrar, precisamente, en la retórica del discurso único, sino en desarmarlo para ver con qué piezas se había construido este rompecabezas. Le resultó tan apasionante este reto intelectual que le ha llevado a escribir el libro que hoy tiene en sus manos: El Sáhara perspectiva de revisión.

 ¿Cuáles son las aportaciones de este nuevo ensayo acerca de la cuestión del Sahara, aparte de provocar el pensamiento crítico y la revisión de los viejos prejuicios sobre el Sáhara?

 “Sólo hay algo que no ha cambiado absolutamente nada en todas estas décadas, que es el discurso ético político de los amigos del Sáhara españoles yPEXC29 el discurso político del Frente Polisario, que no su praxis.

Los partidarios de la Causa han de estar plenamente convencidos de moverse en los fértiles valles de la ética, o de la conducta que promueve con intensidad: el eticismo”

Lizundia, como hombre de izquierda que ha luchado contra el Franquismo y contra otros ismos, tiene un gran bagaje empírico que le permite detectar las propuestas dogmáticas y el discurso dialéctico de la vieja izquierda.  Esa mirada crítica es de gran ayuda para entender qué ha hecho la sociedad española militante con la cuestión del Sáhara, desde los movimientos de solidaridad a los nacionalistas surgidos del colonialismo paternalista.

Porque Lizundia se declara hostil a los metarrelatos y a la hipocresía como forma de vida, muy característico de lo español.  Para él, la “deuda histórica” de España con el Sáhara es una construcción imaginaria sobre la que “se cimienta todo el edificio de la solidaridad española”, sin que haya contribuido esta a buscar una salida del conflicto. Entiende que se ha propiciado su dilatación desde la postura cómoda del que no tiene su vida en juego en la hamada de Tinduf o en las “provincias del Sur” de Marruecos.

Como abogado, Lizundia se atreve con los aspectos legales — las resoluciones y declaraciones de Naciones Unidas y del Tribunal de la Haya sobre el Sáhara– con una visión original y perspicaz. Lizundia nos provoca para que repensemos de forma crítica con la perspectiva que da el tiempo pasado.

También tiene ocasión de tocar algunos de los puntos menos atractivos del Frente Polisario y a los que el primer mundo solidario es muy sensible, como la esclavitud y el terrorismo. Pone en contradicción las ideas con los hechos y el silencio cómplice que acompaña la marcha fúnebre de los pescadores canarios.

Sin duda hay que destacar como un descubrimiento de su ensayo el acercamiento que hace a la bibliografía sobre el Sáhara e Ifni, que en su mayor parte se nutre de los libros escritos por militares españoles, “preparados para el sacrificio y el combate”, como José Ramón Diego Aguirre.  Este militar de la Inteligencia española, que vivió los últimos meses de la ocupación española del Sáhara y que luego se hizo historiador, es la muestra que escoge Lizundia para tratar de explicarnos cómo podía pensar ese núcleo castrense y el porqué de su nacionalismo saharaui.

Diego Aguirre fue una figura destacada de apoyo al Frente Polisario y algunos de sus miembros reconocen que ha hecho más por la Causa que muchos de los importantes dirigentes saharauis. Lizundia destaca en su medida la importancia de Diego Aguirre y descubre la mezcla que hace de historia con ideología nacionalista, con el mismo entusiasmo que podrían hacerlo Louis Aragon y Pablo Neruda de Stalin, los vietnamitas y los cubanos de Castro.

“No conocemos ningún otro ámbito o causa en que tantos militares, provenientes de un ejército colonial de una dictadura, hayan coincidido con bases izquierdistas como en la cuestión del Sáhara”, reflexiona Lizundia sobre unos militares que pensaron más en entrar en guerra que en la sociedad civil española de la época. Es decir, la deuda histórica del deber no cumplido parece ser de los militares, no de la sociedad civil.

El Frente Polisario escogió el enfrentamiento con el Gobierno colonial español, sin dar ninguna opción a la negociación, sino luchando en el terreno de las armas. Lizundía se pregunta cómo se puede traicionar a alguien que no es ni amigo ni aliado. Cómo se pide responsabilidad a España sobre el Sáhara cuando el Polisario no le reconocía ningún derecho, salvo el abandono del territorio y la pérdida de vidas españolas frente a la Marcha Verde marroquí.

Muy críticos son los capítulos dedicado a la solidaridad española y a lo que denomina “frente lúdico”, más lúdico que frente y más político que esencialmente solidario.

Lizundía nos incomoda con este libro porque nos saca de esa modorra que se había convertido el asunto del Sáhara. Con su ímpetu y originalidad nos hace un favor, pero no lo podremos apreciar hasta que nos despertemos del todo y nos atrevamos a pensar por si mismos. Yo ya se lo agradezco.

Prólogo – El Sáhara como metarrelato – LIBRO

Estándar

Prólogo de Eguiar Lizundia


Pocas causas generan en España tanta adhesión y unanimidad como el conflicto saharaui. Ni siquiera la animadversión a Israel es equiparable a la solidaridad con la ex colonia, una vez que la derecha española ha abandonado casi por completo su secular antisemitismo. En el caso del Sáhara, no hay duda de quiénes son los buenos y malos, quiénes los culpables y cuál la solución. Existe poca o nula discrepancia en el diagnóstico y la prescripción de recetas, y la habitual confrontación patria que caracteriza cualquier análisis de la realidad es disipada por una comunión de juicios inédita en nuestro país. Periodistas, ex militares, historiadores, novelistas y comentaristas de toda condición cuentan la misma historia de oprobiosa cesión e incumplimiento de obligaciones internacionales por parte de España, y de ominosa ocupación marroquí. El Frente Polisario es idealizado y presentado exclusivamente como una víctima de la traición española y el colonialismo de Marruecos y Mauritania, sin ser casi objeto de revisión o crítica. Los saharauis son ensalzados como un valiente y resistente pueblo embarcado en una épica lucha contra el invasor extranjero y la negligente comunidad internacional.

Quizá más sorprendente es el hecho de que esta narrativa ha sido asumida y legitimada internacionalmente por los estudiosos del Sáhara en tanto que “última colonia africana” o ejemplo de conflicto “estancado”. Y no solamente en el romantizante ámbito francófono, pero también en el mundo—mucho más científico y empirista—anglosajón. Los autores de los dos libros más relevantes en lengua inglesa sobre el Sáhara que se han publicado recientemente, Toby Shelly y Erik Jensen, no disputan el marco totalizador establecido por los que han escrito al respecto en español. Más centrados en cuestiones de derecho internacional y humanitarias los primeros que los segundos—muchos tan embebidos de la epopeya saharaui que ni siquiera disimulan cientificidad alguna—, todos presentan un enfoque similar y tratan la cuestión de manera semejante. Al listado pormenorizado de los hechos históricos, les siguen conclusiones que parecen inevitables. Como si la Historia se tratase de una ciencia exacta cuyos resultados pudiesen ser verificados en laboratorios, estos estudiosos citan y repasan acontecimientos hasta el hastío en lugar de analizarlos en profundidad. ¿Para qué cuestionar, plantear contrafactuales, indagar en las motivaciones y opciones de los actores implicados, si el estudio de los hechos pasados ofrece una respuesta cómoda y absoluta, una narración coherente y aparentemente convincente del conflicto saharaui que explica de manera simple los acontecimientos y fija las condiciones de víctimas y verdugos, amigos y cómplices?

El presente ensayo de José María Lizundia constituye una impugnación de este discurso multiabarcador y universalizante. El Sáhara como metarrelato recupera para el análisis del conflicto saharaui las categorías históricas y políticas, los marcos ideológicos y conceptuales que el caso merece. La idea de nacionalismo, la descolonización del Norte de África, las especificidades objetivas del “pueblo saharaui”, el derecho de autodeterminación y las dinámicas particulares del tardofranquismo español son solo algunas de las variables con las que juega el autor, quien hace interactuar estos factores libremente, sin prejuicios, con miras a ofrecer una visión esta vez sí crítica, no preconcebida, de la cuestión saharaui.

La consecuencia de ese ejercicio intelectual es la refutación de la panoplia de lugares comunes que rodean el discurso oficial sobre el Sáhara. Desde el alcance de la responsabilidad de España en el actual estatus de la ex colonia, hasta la supuesta larga historia independentista de los saharauis, pasando por el carácter democrático y fraternal de la RASD, Lizundia cuestiona la “Arcadia feliz” descrita por los estudiosos de ese territorio africano, que no sería en realidad sino la enésima epopeya travestida y manipulada para satisfacer los anhelos de los héroes de causas ajenas.

Sin la beligerancia a la que nos tiene acostumbrados, Lizundia sacrifica la ortodoxia académica y el puntillismo documental en aras de la argumentación y la enhebración de ideas, que esta vez más que nunca son presentadas de manera sucinta, pero con una claridad deslumbrante que deja al lector con la sensación de que el estudio del Sáhara había sido hasta ahora patrimonio exclusivo de una colección de propagandistas o ignorantes, pues no es posible que lo que es cristalino haya sido empañado con el humo de las hogueras de los campamentos de Tinduf durante tanto tiempo, por tantos. Quizá tenga que ver el hecho de que hasta la fecha el conflicto saharaui apenas haya sido objeto de estudio por profesores de universidad españoles y extranjeros—a los que se les presume cierto espíritu crítico—, pero considerando la dimensión internacional del caso, ¿cómo explicarse el escaso interés académico que ha suscitado el tema tanto en España como en el resto del mundo?

La clave, una vez más está en el metarrelato. Un metarrelato que “cuenta la historia de los saharauis como alguna vez quedó explicada para siempre”. Un metarrelato que una vez más presenta una narración maniquea, simplista, archiconocida y, si se me permite, hasta aburrida. Que sitúa a los saharauis como un sujeto pasivo y dependiente de sus patrocinadores españoles e internacionales. Que rezuma, bajo la excusa del arrepentimiento y propósito de enmienda, un tufillo plañidero e hipócrita. Y que no persigue entender las razones del conflicto, sino atribuir culpas y méritos.
El Sáhara como metarrelato es una rebelión contra todo esto.

Septiembre de 2011, Washington, DC

La República Árabe Saharaui Democrática y su lucha por la libertad

Estándar

Por MISOSOAFRICA

Con los movimientos gestados este último tiempo en Libia, Egipto y Yemen, ha salido nuevamente a la luz la ocupación ilegal de Marruecos sobre la República Saharaui. Aquí, en MISOSOAFRICA, intentaremos explicar las claves de este conflicto así como también para quienes nada saben de la existencia de esta nación, puedan ser introducidos en el tema.

Imágenes – Michelle Iturbe

Aspectos Generales

La República Árabe Saharaui Democrática es una nación sin Estado que limita al norte con Marruecos y al sur con Mauritania, al Este con el océano Atlántico y al Oeste con Algeria. Parte de su territorio está formado por el desierto del Sahara y constituye la zona más rica en fosfatos y recursos pesqueros, siendo la plataforma continental sahariana una de las zonas pesqueras más ricas del planeta. Su lengua oficial es el Árabe, y si bien el uso del español es extendido, no es considerado una lengua oficial.

Su actual capital es la ciudad de Bir Lehlu, ya que Aaiún, su antigua capital y ciudad más poblada del territorio, está ocupada por las fuerzas marroquíes.

La población saharaui es de tradición nómada y está constituida por alrededor de un millón de personas, muchas de la cules viven en los territorios ocupados o exiliados en el desierto de Argelia como consecuencia de la invasión Marroquí. Su cultura es el resultado de la mezcla de influencias africanas, árabe-berebere y española, lo que la vuelve única en sus expresiones artísticas tales como el canto, la danza y la poesía.


Situación política actual

La República Saharaui tuvo un proceso de descolonización tardío, siendo colonia española hasta los años 1975 y 1976, cuando logran su independencia en plena dictadura de Franco. Poco después de su independencia, miles de soldados fuertemente armados invaden el territorio Saharaui intentando extenderse hasta Mauritania. Este hecho tiene hasta hoy a Marruecos expulsado de la Organización de la Unidad Africana (OUA).

Entre 1980 y 1987 Marruecos levantó en seis fases un muro defensivo, conocido como el Muro de la Vergüenza, con cinco pasillos de entrada y salida a lo largo de unos 2,500 kilómetros, que vigila con más de 100.000 soldados (la mitad de su ejército) y que está flanqueado por 5 millones de minas antipersonales. El proceso de colonización en territorio saharaui continuó y se calcula que al menos 200,000 personas con ciudadanía marroquí se han instalado en el Sáhara Occidental. (1)

Los enfrentamientos entre el pueblo saharaui representados en el Frente Polisario(2) y las fuerzas de la ocupación, alertaron en 1991 a las Naciones Unidas para proponer un alto al fuego que se ha respetado hasta ahora. Lamentablemente aun no se ha llevado a cabo la totalidad del plan de paz propuesto por las Naciones Unidas, que incluía la liberación de prisioneros políticos, repatriación de refugiados y retiro de tropas del territorio saharaui. Desafortunadamente todas las posibles sanciones que se han intentado aplicar sobre Marruecos, habrían sido apeladas por Francia, su aliado en el Consejo de seguridad y las Naciones Unidas.

Del mismo modo y pese a la ilegalidad de la invasión, Marruecos ha usufructuado de las costas saharauianas, arreglándoselas para conseguir compradores.

Mientras tanto, la población saharaui sobrevive en los campamentos cercanos a Tinduf, Argelia, o sometida a la ocupación marroquí en el Sáhara Occidental. En ambos casos su situación es dura e inhumana: la vida en los campamentos depende por completo de la ayuda internacional y las condiciones geográficas y climáticas hacen que los aspectos más elementales de la cotidianidad representen un reto, y que la vida en los territorios ocupados esté marcada por la persecución política, la represión de toda manifestación saharaui por pacífica que sea, la tortura y las desapariciones forzadas. Inmerso en la adversidad en los dos lados del Muro de la Vergüenza, este pueblo ha levantado un Estado y una organización social de resistencia pacífica. (3)

Los Estados amigos de la República Saharaui

Desde el año 1975 que este país sin nación espera que el derecho y los tratados internacionales le devuelvan su territorio ocupado y su libertad. Hasta ahora el gobierno de la República se encuentra en el exilio, pero pese a esto cuentan con el reconocimiento de 82 países y pertenecen a la Organización para la Unidad Africana desde 1984.

La RASD en Chile

En Chile hasta el año pasado nuestra situación respecto al pueblo saharaui, según las palabras de su embajador para latinoamérica Hach Ahmed, era la siguiente:

Desgraciadamente, en Chile el apoyo que hemos tenido de los sucesivos gobiernos de la Concertación ha sido prácticamente nulo. Se olvida, incluso, que la dictadura de Pinochet, en medio de su aislamiento, ofreció darnos el reconocimiento y que nosotros nos negamos por razones éticas. Nos duele especialmente el comportamiento de algunos dirigentes del Partido Socialista, a quienes les consta el apoyo que -dentro de nuestros medios- les prestamos para la lucha contra la dictadura. Entre otras cosas esto les facilitó el contacto con nuestros amigos y hasta la entrega de pasaportes de nuestro país. Para ellos, nosotros representamos un pasado que quieren olvidar. Quisieran que ya no existiéramos porque les avergüenza que sigamos luchando. La gesta de Salvador Allende no es motivo de vergüenza para los chilenos ni los demás pueblos del mundo. Es, sin duda, motivo de orgullo y grandeza. Nuestros amigos de la Concertación se han ido del gobierno y se van, para nosotros, sin poder recordar un solo gesto que nos haga sentirnos orgullosos de haberlos conocido y ayudado en el pasado” (4)

Sin embargo este año, las actividades de la II Semana de África y Latinoamérica en Chile tuvieron como invitado de honor a la República Democrática Saharaui. Esperamos que este tipo de iniciativas sirva para dar a conocer al menos en nuestro país, la triste situación en la que este pueblo está sumido y que de una manera concreta y definitiva, se respalde el legítimo derecho a la libertad y la autonomía que este país aun hoy reclama.

(1) Fuente: http://www.mexicoporelsahara.org

(2) El 20 de mayo de 1973 se creó el Frente Popular de Liberación de Saguia el Hamra y Río de Oro, Frente POLISARIO, movimiento de liberación nacional que encabezaría la lucha en el plano popular, militar, político y diplomático.

(3) Fuente: http://www.mexicoporelsahara.org

(4) Fuente: Punto Final

MISOSOAFRICA: Bárbara Igor Ovalle (1982), natural de Santiago de Chile. Es Licenciada en Artes, actualmente coordina las publicaciones en el presente espacio.