Archivo de la categoría: República democrática del Congo

Henri Lopes – RD del Congo – Literatura

Estándar

Henri Lopes nació en el año 1937 en Léopoldville (actual Kinshasa) y creció en Brazzaville (actual República Democrática del Congo, ex Congo belga).  Estudia literatura en La Soborna, Francia,  para regresar posteriormente a trabajar como profesor en la Ecole Normale Supérieure d’Afrique Centrale, en Brazzaville el año 1965.

Miembro fundador del Partido Socialista, su carrera política le llevó a ocupar varios ministerios y a ser primer ministro desde 1973 a 1975. Posteriormente ha ocupado cargos de diversa responsabilidad en la Unesco (subdirector general de Cultura) y en la diplomacia.

Como escritor es autor de “Tribaliques” (1971), “Sans tamtam” (1977); “Le Pleurer-Rire” (1982); “Le Lys et le Flamboyant” (1997) y “Ma grand-mère bantoue et mes ancêtres les Gaulois” (2003). Ha conseguido por dos veces el Gran Premio de Literatura de África Negra, como también el Gran Premio de la Francofonía de la Academia Francesa por su obra completa, además de otros premios y distinciones académicas.

A continuación les dejamos con una entrevista concedida para Fundación Sur por el autor, el año 2008.

Rafael Sánchez: Cuando en Occidente hablamos de literatura africana, englobamos literatura subsahariana como un todo, mientras que se pueden definir literaturas diferentes. ¿Para usted hay una o diversas literaturas africanas?

Henri Lopes: La literatura africana fue un todo durante la época del colonialismo, porque todos los escritores de una manera u otra tenían como meta describir o criticar la colonización y específicamente la manera en la que los hombres no eran respetados. Ahora, con la Independencia, hay diferentes literaturas africanas o más bien hay diferentes escritores africanos. Cada uno tiene su individualidad propia. Lo que es común a todos los escritores es que todos tratamos de poner en el panorama mundial un mundo que estaba ausente. Creo que desde todos los puntos de vista nosotros estábamos ausentes porque la escritura es una cosa muy reciente en África.

R.S.: Usted pertenece a una generación de escritores con una visión crítica. Hasta entonces todo el movimiento de negritud reivindicaba con orgullo la tradición frente al colonialismo. Ustedes empiezan a hacer una autocrítica a la sociedad africana que cuestiona si esa tradición sirve verdaderamente para seguir hacia delante.

H.L.: Es verdad, pero yo creo que hay una continuación. Durante la colonización lo que los escritores, Senghor, Cesaire y otros, criticaban era la falta de respeto a los Derechos Humanos de las personas negras. Después de la colonización se sigue también con la denuncia, no en términos de política automáticamente, sino actuando como espejo de la realidad. Yo creo que es la continuación, pero la continuación en un entorno diferente.

R.S.: ¿Es el humor que usted utiliza la mejor forma de hacer autocrítica, de denunciar el nepotismo de los gobernantes africanos, las ‘pseudodictaduras’ o ‘democraturas’?

H.L.: No sé… un escritor es como un cantante. Los hay que tienen la voz grave, otros tiene una voz aguda y… bueno, el humor es uno de los utensilios que yo empleo. Cada uno tiene su estilo y yo me siento bien con ese estilo.

R.S.: La mayoría de escritores que utilizan la escritura como medio de crítica o denuncia tienen la ventaja de que nunca llegan a ejercer el poder y no tendrán que autocensurarse. Usted ha sido Primer Ministro de su país ¿Cómo se ha reflejado esa paradoja en su vida?

H.L.: Yo creo que eso depende de lo que haces en el poder. Para mí el poder era un medio para la construcción nacional. En ciertos momentos sentí que tenía problemas con el poder y me alejé de él. Ahora no pienso que estoy en el poder. Ser embajador es diferente. Se es un representante, un hombre que tiene que explicar, ayudar y ser un vínculo, por ejemplo durante la última guerra civil en nuestro país. Yo he tratado, y quizás he tenido éxito en cierto sentido, de crear un diálogo entre los que tenían las armas y los que tenían el poder. Creo que el poder más importante es el de la escritura, porque los escritores no hacemos un trabajo para mañana, sino a largo plazo, que es más difícil, pero la inversión más importante.

R.S.: En las literaturas africanas unos se expresan en la lengua materna mientras que otros, como usted, se expresan en una lengua adquirida. ¿Eso crea alguna dificultad? ¿Piensa que habría que recuperar las lenguas originales o maternas?

H.L.: Yo pienso que un escritor debe escribir en la lengua en la que él se sienta más confortable. En nuestros países, al contrario que en los países árabes por ejemplo, no teníamos una tradición de escritura, sino una tradición oral. Yo no fui alfabetizado en mi lengua materna, el lingala, sino en francés y me siento más confortable con el francés. Además, el francés, como el portugués, o el español, son lenguas africanas. Si yo hubiera escrito en el lingala, no todos los congoleños hubieran podido leerme y el resto de los africanos hubieran sido incapaces. Escribiendo en francés tengo más lectores. Eso no crea una jerarquización entre las lenguas. Quizá debamos imaginarnos que hay dos idiomas, el oral y el escrito. Los africanos somos el primer ejemplo con una cultura en dos idiomas diferentes, el escrito y el oral.

R.S.: Usted es escritor tanto de narración como de poesía, pero sus primeras líneas fueron dentro del campo poético.

H.L.: Sí, empecé escribiendo poesía, pero cambié. Yo tengo un principio que dice que sólo debo utilizar la poesía cuando no puedo expresarme de otra manera. Por eso ahora soy un escritor de prosa, un novelista.

R.S.: ¿Se acerca más la poesía al mundo africano que la narrativa?

H.L.: Yo no lo creo.

R.S.: Por ejemplo Senghor, una de las máximas expresiones literarias africanas utilizaba principalmente la poesía…

H.L.: En esa época los autores estaban gritando, la poesía de la negritud era una poesía de gritos, de reivindicación, de fuerza. Nosotros somos pintores, somos cirujanos, somos personas que cuentan lo que pasa, pero lo hacemos a través del dictamen de nuestra cultura. De cada cultura individual.

R.S.:¿Cuál sería para usted la situación de la literatura africana en general, en estos momentos?

H.L.: Creo que no tenemos la distancia necesaria porque es una literatura muy joven. Este es el primer siglo que tenemos una literatura. No sé cuáles son los autores que van a ser olvidados y cuáles van a durar. Debemos ser muy modestos.

Y para complementar, la entrevista concedida a El digital de Canarias, el año 2009.

Pregunta: Se percibe cierta tensión en el discurso de los escritores africanos que abogan por recuperar las lenguas naturales y los que defienden aceptar y normalizar el uso de las lenguas llamadas coloniales (francés, inglés, portugués y español).

Respuesta: “Esta contradicción no es entre escritores porque estos en su mayoría han comprendido que la preservación de las lenguas y la escritura en el mundo moderno son dos cosas distintas. De otro lado, tenemos a quienes han defendido los puntos de vista sobre la lengua con argumentos válidos y a quienes lo han hecho de una manera un poco confusa y exagerada. En este último grupo estarían los sociólogos, los pedagogos, pero no los escritores. Boubacar Boris Diop en Senegal decidió escribir en wolof y posteriormente él mismo tradujo estas obras al francés porque constató que en wolof tenían menos difusión. Un escritor está en su derecho a usar en sus obras las lenguas nacionales, no es criticable; simplemente les pido que tengan apertura de espíritu. En cuanto a mí, que escribo en francés, esa cuestión no tiene vuelta de hoja, es muy clara”.

P: Se ha dicho que su literatura aborda el juego de identidades diferentes en la heterogénea cultura africana ¿está de acuerdo con esta definición?

R: “No hay ninguna identidad homogénea y fijada; y en todo caso, un escritor tiene la obligación de ver la realidad como algo dinámico y en movimiento, no como algo monolítico y fijo. Mis obras son de cuestionamiento, de preguntas sobre esa identidad”.

P: En la novela Reír y llorar aborda el tema de la dictadura, ¿puede considerarse este un subgénero narrativo en África?

R: “En realidad Reír y llorar no es una descripción de la dictadura sino del extraño fenómeno de la relación entre el dictador y quienes lo padecen. Es una relación malsana porque a menudo el dictador utiliza recursos de la cultura tradicional para llegar a la población, para conocerla mejor, acercarse y utilizarla. El mejor ejemplo que se puede dar de esto es el concepto de autenticidad”.

P: ¿Podría explicarlo?

R: “Se trataba de decir que para ser africano (en Zaire, Chad…) había que regresar a lo tradicional. Esto ponía a los intelectuales en una situación difícil porque había cierto componente de involución. El ejemplo de Chad es gráfico: obligaron a los funcionarios a volver a celebrar el rito de iniciación en sus pueblos. En Reír y llorar hay una escena fundamental en la que el dictador, después de celebrar su nombramiento en una instalación moderna se traslada de noche a donde está su familia y su clan y repite su investidura, haciendo un llamamiento a la fuerza oculta de lo tradicional. Esto lo liga con la población en una relación que tiene un marcado componente irracional”.

P: Ha comentado que no tiene posibilidad de leer a los autores de Guinea Ecuatorial o a los de habla inglesa porque no existen traducciones.

R: “Ese es el gran drama de nuestra literatura. Traducir es muy caro, aunque instituciones como Casa África están contribuyendo a darle un lugar importante a las lenguas de gran difusión. Durante mucho tiempo, la relación de los africanos con la edición era muy similar a la relación establecida con los medios de transporte. Salvo en los grandes países como Marruecos o Egipto, cuando los africanos nos movemos, lo debemos hacer utilizando las grandes compañías. Así, los escritores africanos son conocidos en su país en la medida en que son publicados por editoriales extranjeras. La situación de la edición en África es totalmente embrionaria por lo que es absolutamente indispensable ese trabajo de traducción. Yo puedo escribir un libro en mi lengua natural pero si la crítica no lo reseña, si no se distribuye… El libro está ahí, publicado, pero no se mueve, no va a ninguna parte”.

P: Así que el impulso que necesita la literatura africana debe venir de fuera.

R: “Actualmente sí, sin ninguna duda”.

Anuncios

Genocidio en el Congo

Estándar

Por MISOSOAFRICA

“El único cambio a través de las décadas ha sido qué recursos naturales se buscan para consumo occidental: caucho bajo los belgas, diamantes bajo Mobutu y ahora coltán y casiterita”. Lo más cruel es que los medios no dicen nada de que estos conflictos han llevado a la población africana a una vida inhumana.” (Johann Hari)

Mucho se ha escrito y dicho sobre la gran tragedia que el Coltán, ese mineral tan preciado para las empresas de telefonía móvil y electrónica, ha traído sobre la República Democrática del Congo.  Sin embargo, poco se ha hablado de nuestra responsabilidad como consumidores ávidos de tecnología.  A continuación, MISOSOAFRICA hará un recorrido por el “genocidio congolés”, esperando como siempre, que todos aquellos que no estaban al tanto, puedan introducirse en el tema y de paso, logren tomar conciencia de que tras aquellos aparatos que tan felices nos hacen y tanto estatus nos dan, millones de muertes son calladas y olvidadas.

Hacia el año 2006, se calculaba que unos 4 millones de personas habían muerto, tras los distintos conflictos que se venían desarrollando en la R.D. del Congo, desde 1998.

Los conflictos que se iniciaran con la invasión del Congo por parte de Ruanda y Uganda, y con el objetivo de derrocar  la dictadura de Mobutu, se han disfrazado de un genocidio que supuestamente tendría como raíz la eterna rivalidad étnica entre Hutus y Tutsis.   Sin embargo, la historia parece tener otros responsables, así como también otros objetivos que van mucho más allá de la simple disputa étnica.

Esta primera guerra del Congo, con una duración de 6 meses y que fuera comandada por el líder guerrillero Laurent-Désiré Kabila, quien posterior al derrocamiento de Mobutu se declarara presidente, fue sólo un breve preámbulo para lo que sería luego una de las guerras más sangrientas registradas después de la segunda guerra mundial.

La Segunda Guerra del Congo

En el año 1997, ya al mando del país, Kabila se enfrentó con graves problemas, que iban desde divisiones entre sus propios partidarios, deuda externa, hasta la negativa de las tropas ugandesas y ruandesas que lo llevaron al poder, de abandonar el país ocupado.

Esta guerra que ha sido peleada por grupos militares no organizados se caracterizó como es de suponerse, por la desorganización de sus facciones, divisiones, y con esto, los insufribles niveles de violencia manifestados a través de torturas, violaciones masivas a mujeres y niños y asesinatos amparados en el ideal de limpieza étnica.

Probablemente sea este uno de los motivos por los que ha sido tan difícil controlar y mantener el cese al fuego, ya que grupos armados continúan funcionando impunemente, ocultos en la selva y acechando a las comunidades más desamparadas.  Cabe señalar que de los 3.8 millones de muertos que registra esta guerra, sólo una pequeña fracción cayó a manos de las milicias, mientras que una gran mayoría murió víctima de la hambruna o de alguna enfermedad.

El coltán

El coltán tal y como muchos piensan, no es un mineral en sí, si no que es un término que se usa para contraer los nombres de dos minerales: la columbita y la tantalita.  Ambos “óxidos” que son escasos en la naturaleza constituyen la solución sólida que conocemos por Coltán, fundamental en el desarrollo de nuevas tecnologías, como la fabricación de computadoras y teléfonos portátiles, televisores plasma, videojuegos, armamento, implantes, etc.

Su explotación en África está sin lugar a dudas ligada a los conflictos bélicos, originados en la lucha por mantener el control de este preciado material.  Más allá de los conflictos armados, la extracción del coltán ha significado para muchos trabajadores la total vulnerabilidad de sus derechos, condiciones de trabajo esclavizantes y que atentan contra la salud, además del sinnúmero de desastres medioambientales que han repercutido  en la fauna, incluso entre especies y zonas protegidas.

El mineral que es extraído de las minas del Congo, es transportado hasta Ruanda donde es tratado en las instalaciones de la Sociedad Minera de Ruanda Somirwa, antes de ser exportado. Los últimos destinatarios son Estados Unidos, Alemania, Holanda, Bélgica y Kazajstán.  Si bien se sabe que Rusia también es poseedor de este preciada solución, no se tiene certeza de que esté siendo explotado.  Aun así, el Congo continua siendo el territorio en el que se concentra cerca del 80% del coltán existente en el mundo.

La pesadilla en que esta preciada solución mineral y la ambición de algunos, ha sumido al Congo, es claramente descrita por el periodista y escritor Alberto Vázquez Figueroa:

“Los niños, de entre siete y diez años, son grandes víctimas de la lucha por el coltán. Son terriblemente explotados, y se les “paga” 25 centavos de euro al día. ¿Estamos ante la esclavitud del siglo XXI? El coltán lo extraen niños porque se encuentra en yacimientos a muy baja profundidad, y con sus pequeños cuerpos  son los que caben mejor por los recovecos.

Muchos de estos niños mueren víctimas de horribles desprendimientos de tierra. Y se quedan ahí enterrados. Lo que no han querido las empresas que fabrican aparatos con coltán es que eso se supiera. Yo he vivido dos décadas en África y algo había oído. Hay fotos de esa barbaridad: niños semiesclavos respirando polvo mientras llueve a mares o se los lleva la riada. Eso es un infierno. Han llegado cientos de miles de refugiados y aquello es un desastre.

Yo me pregunto: ¿cómo en el siglo XXI toda nuestra tecnología depende de que haya un niño dando martillazos a una piedra y a un pedazo de tierra que se le viene encima? ¡Esto es de locos!

Todos recordamos a tutsis y hutus matándose a machetazos, no olvidamos las iglesias quemadas con toda la gente dentro, ni a los niños perseguidos, con los brazos y narices cercenados. 700,000 desplazados y ya casi cinco millones de muertos ¡por el maldito coltán y para que nosotros tengamos una vida más cómoda!

Según investigaciones realizadas, la guerra del Congo habría sido planificada con inversión de corporaciones multinacionales alemanas, estadounidenses, chinas y japonesas.  Compañías involucradas serían la Cabot Corporation y al OM Group, de Estados Unidos; la HC Starck de Alemania; y Nigncxia, de China, las que desafortunadamente, nunca son mencionadas en relación a este tema.

En relación a la supuesta participación de EEUU en el conflicto, existen pruebas de que personajes ligados al negocio del coltán, tuvieron importantes cargos:  en la administración Bush, como fue Sam Bodman, llamado el 2004 para convertirse en el Secretario de Energía, y   Nicole Seligman consejera legal de Bill Clinton.  Posteriormente, varios que consiguieron puestos de poder en el gobierno de Clinton, pasaron a ser parte de los altos cargos de la Sony Corporation.

En el negocio participan distribuidores norteamericanos de armas, como Simax, y las compañías que fabrican material de guerra para el Pentágono, llamadas “proveedores de Defensa”, Lockheed Martin, Halliburton, Northrop Grumman, GE, Boeing, Raytheon y Bechtel. Incluso organizaciones pseudo humanitarias como CARE, el Comité de Rescate Internacional; “Conservation”, empresas de relaciones públicas y grandes medios de comunicación como The New York Times. (1)

Una crisis sin un definitivo final

Si bien la segunda guerra del Congo iniciada en 1998, tuvo formalmente su fin en julio del año 2003, con la llegada de un gobierno de transición, lo cierto es que muchas de las regiones de este país aun sufren las consecuencias de la guerra, así como también ocasionales enfrentamientos armados. Hacia el 2004 se estimaba que cien personas en promedio morían diariamente como consecuencia de la violencia esporádica o por falta de los servicios básicos.

Este conflicto en el que estuvieron involucrados nueve naciones, es considerado uno de los mayores conflictos armados de África, inclusive siendo denominado como la Guerra Mundial Africana.

A la fecha, y pese al cese al fuego del año 2003, aun se registran enfrentamientos armados principalmente en las provincias orientales de Kivu, en donde el ejercito nacional, no más organizado que las facciones independientes, intenta combatir a los grupos de insubordinados para conseguir el completo control del territorio.

(1) Según el informe de Jon Sobrino

Fuentes 1: FP EN ESPAÑOL

Fuentes 2: “ El Congo es un pueblo activamente crucificado” Jon Sobrino

Fuentes 3: Wikipedia

Imágenes: 1 rtve / 2 Correo del Orinoco /3 Tierra Rendiris/4 El País.com


MISOSOAFRICA: Bárbara Igor Ovalle (1982), natural de Santiago de Chile. Es Licenciada en Artes, actualmente coordina las publicaciones en el presente espacio.