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20 años del Genocidio en Ruanda: “Los acreedores del genocidio de 1994”

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El impacto social catastrófico de las políticas dictadas por el BM/FMI y de la caída del precio del café en el mercado mundial (caída que se debe relacionar con las políticas de las instituciones de Breton Woods y de Estados Unidos que lograron hacer saltar el cártel de los productores de café en la misma época) tuvo un papel clave en la crisis de Ruanda

Por  Éric Toussaint(*)

A partir del 7 de abril de 1994, en un intervalo de menos de tres meses, cerca de un millón de ruandeses —la cifra exacta queda por determinar— fueron exterminados porque eran tutsis o se suponía que lo eran. Pero también hay que agregar el asesinato de decenas de miles de hutus moderados. Por supuesto, hubo un genocidio, es decir, la destrucción planificada de una colectividad entera por el asesinato masivo, cuyo objetivo era impedir su reproducción biológica y social.

En ese contexto, es fundamental interrogarse sobre el papel de los prestamistas internacionales. Todo hace pensar que las políticas impuestas por las instituciones financieras internacionales, principales proveedores de fondos del régimen dictatorial del general Juvenal Habyarimana, aceleraron el proceso que condujo al genocidio.

GENOCIDIO EN RUANDAGeneralmente, la incidencia negativa de estas políticas no se tuvo en cuenta en la explicación del desenlace dramático de la crisis ruandesa. Solamente algunos autores pusieron en evidencia la responsabilidad de las instituciones de Bretón Woods |1|, que, por otro lado, rechazan cualquier crítica al respecto.

A comienzos de los años 1980, cuando estalló la crisis de la deuda del Tercer Mundo, Ruanda, como su vecino Burundi, estaban muy poco endeudados. Mientras que en otros lados del mundo, el Banco Mundial y el FMI abandonaban su política activa de préstamos y pregonaban la abstinencia, estas mismas instituciones adoptaron una actitud diferente con Ruanda y se encargaron de concederle generosos préstamos. La deuda externa de Ruanda se multiplicó por veinte entre 1976 y 1994. En 1976, se elevaba a 49 millones de dólares, en 1994 llegaba a cerca de los 1.000 millones de dólares. La deuda, sobre todo, aumentó a partir de 1982. Los principales acreedores fueron el Banco Mundial, el FMI y las instituciones relacionadas (a las que llamaremos IFI, instituciones financieras internacionales). El BM y el FMI tuvieron el papel más activo en el endeudamiento. En 1995, las IFI poseían el 84 % de la deuda externa ruandesa.

El régimen dictatorial instalado desde 1973 garantizaba que no se iba a producir un vuelco hacia políticas de cambios estructurales progresistas. Y por eso el régimen tenía el apoyo activo de las potencias occidentales: Bélgica, Francia y Suiza. Además, podía constituir una muralla respecto a algunos Estados de la región que mantenían todavía veleidades de independencia y de cambios progresistas (Por ejemplo: Tanzania con el presidente progresista Julios Nyerere, quien era uno de los líderes africanos del movimiento de los no-alineados).

Durante la década de 1980 y hasta 1994, Ruanda recibió muchos préstamos, pero la dictadura de Habyarimana se apropiaba de una parte considerable de la misma. Los préstamos concedidos debían servir para mejorar la inserción de la economía ruandesa en la economía mundial, desarrollando sus capacidades de exportación de café, de té y de estaño (sus tres principales productos de exportación), en detrimento de los cultivos destinados a la satisfacción de las necesidades locales. El modelo funcionó hasta mediados de los años ochenta, momento en el que los precios, del estaño primero, luego del café, y por último del té, se desplomaron. Ruanda, cuyo café constituía su principal fuente de divisas se vio total y gravemente afectada por la ruptura del cártel del café provocado por Estados Unidos, a comienzos de los años noventa.

Utilización de los préstamos internacionales para preparar el genocidio

Algunas semanas antes del desencadenamiento de la ofensiva del Frente Patriótico Ruandés (FPR) en octubre de 1990, las autoridades ruandesas firmaron con el FMI y el BM en Washington un acuerdo para poner en marcha un programa de ajuste estructural (PAE).

Este PAE se comenzó a aplicar en noviembre de 1990: el franco ruandés se devaluó un 67 %. En contrapartida, el FMI concedía créditos en divisas de desembolso rápido para permitir que el país mantuviera el flujo de las importaciones. Las sumas así prestadas permitían equilibrar la balanza de pagos. El precio de los bienes importados aumentó de manera vertiginosa: por ejemplo, el precio de la gasolina aumentó en un 79 %. El producto de la venta en el mercado nacional de los bienes importados permitía al Estado pagar los sueldos a los militares, cuyos efectivos aumentaban velozmente. El PAE preveía una disminución de los gastos públicos: hubo, por supuesto, congelación de salarios y despidos en la función pública pero también transferencia de una parte de los gastos en beneficio del ejército.

Mientras que el precio de los bienes importados aumentaba, el precio de compra del café a los productores estaba congelado, y esto fue exigido por el FMI. En consecuencia la ruina para centenares de miles de pequeños productores de café |2| que, con las capas más empobrecidas de la población, fueron desde entonces un reservorio permanente de reclutas para las milicias Interahamwe y para el ejército.

Entre las medidas impuestas por el BM y el FMI, mediante el PAE, hay que señalar, además del aumento de impuestos al consumo y la reducción de los impuestos a las sociedades, el aumento de los impuestos directos a las familias populares por reducción de las exoneraciones fiscales por familia numerosa, la reducción de las facilidades de crédito a los campesinos, etc.

Para justificar la utilización de los préstamos de la pareja BM/FMI, el BM autorizó a Ruanda a presentar facturas antiguas que cubrían la compra de bienes importados. Este sistema permitió a las autoridades ruandesas financiar la compra masiva de armas para el genocidio. Los gastos militares se triplicaron entre 1990 y 1992 |3|. Durante este período, el BM y el FMI enviaron varias misiones de expertos, quienes subrayaron algunos aspectos positivos de la política de austeridad aplicada por Habyarimana, pero, no obstante, amenazaron con cortar los pagos si los gastos militares continuaban creciendo. Las autoridades ruandesas pusieron a punto algunos montajes para disimular los gastos militares: los camiones comprados para el ejército se imputaron al ministerio de Transportes, una parte importante de la gasolina utilizada para los vehículos de las milicias y del ejército era imputada al ministerio de Sanidad. Finalmente el BM y el FMI cerraron el grifo de la ayuda financiera a comienzos de 1993, pero no denunciaron la existencia de cuentas bancarias que las autoridades ruandesas poseían en el extranjero en grandes bancos y en las que seguían disponibles importantes sumas de dinero para la compra de armas. Podemos considerar que el BM y el FMI fallaron en su deber de control sobre la utilización del dinero prestado. Debieron cortar sus préstamos desde comienzos de 1992, cuando supieron que el dinero era utilizado para la compra de armas. En ese momento debieron haber alertado a la ONU. Al continuar otorgando préstamos hasta comienzos de 1993, ayudaron a un régimen que preparaba un genocidio. Las organizaciones de defensa de los derechos humanos habían denunciado desde 1991 unas masacres preparatorias del genocidio. El Banco Mundial y el FMI sistemáticamente ayudaron al régimen dictatorial, aliado de Estados Unidos, de Francia y de Bélgica.

El aumento de las contradicciones sociales

Para que el proyecto genocida pudiera llevarse a cabo no sólo hacía falta un régimen para concebirlo y dotarse de los instrumentos para su realización, sino también la presencia de una masa empobrecida, presta a realizar lo irreparable. En ese país, el 90 % de la población vivía en el campo, y el 20 % de la población campesina disponía de menos de media hectárea por familia. Entre 1982 y 1994, se asistió a un proceso masivo de empobrecimiento de la mayoría de la población rural, mientras, en el extremo opuesto de la sociedad, se producía un enriquecimiento impresionante de algunos pocos. Según el profesor Jef Maton, en 1982, el 10 % más rico retenía el 20 % del ingreso rural, en 1992, acaparaba el 41 %, en 1993 el 45 % y a comienzos de 1994 el 51 % |4|. El impacto social catastrófico de las políticas dictadas por el BM/FMI y de la caída del precio del café en el mercado mundial (caída que se debe relacionar con las políticas de las instituciones de Bretón Woods y de Estados Unidos que lograron hacer saltar el cártel de los productores de café en la misma época) tuvo un papel clave en la crisis de Ruanda. El enorme descontento social fue canalizado por el régimen de Habyarimana hacia la ejecución de un genocidio.

Traducido por Griselda Pinero y Raúl Quiroz y publicada su versión  en español en  “El Economista de Cuba”

(*) Éric Toussaint doctor en Ciencias Políticas de la Universidad de Liège –Bélgica- y de la Universidad Paris VIII – Francia-, Maître de conférences en la Universidad de Liège (Bélgica), presidente del Comité para la Anulación de la Deuda del Tercer Mundo (red internacional basada en Liège, Bélgica) CADTM, miembro del Consejo Internacional del Foro Social Mundial desde su fundación en 2001, miembro de la CAIC-Ecuador (Comisión presidencial de Auditoría Integral del Crédito público).

notes articles:

|1| Chossudovsky, Michel, Rwanda, Somalie, ex Yougoslavie : conflits armés, génocide économique et responsabilités des institutions de Bretton Woods, Dossier CADTM GRESEA, Bruselas, 1995 ; Chossudovsky, Michel y Galand, Pierre, Le Génocide de 1994, L’usage de la dette extérieure du Rwanda (1990-1994). La responsabilité des bailleurs de fonds. Analyse et recommandations, informe preliminar, Ottawa y Bruselas, 1996. Véase también: Duterme, Renaud, Rwanda: une histoire volée, Editions Tribord y CADTM, 2013

http://livre.fnac.com/a6103644/Rena

|2| Maton, Jef. 1994. Développement économique et social au Rwanda entre 1980 et 1993. Le dixième décile en face de l’apocalypse.

|3| Nduhungirehe, Marie-Chantal. 1995. Les Programmes d’ajustement structurel. Spécificité et application au cas du Rwanda.

|4| Maton, Jef. 1994. Op. Cit.

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Campaña: Petición a favor de la paz de Mozambique

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“Esta es una petición dirigida a los presidentes de Mozambique Armando Emílio Guebuza y del Partido RENAMO, Afonso Dlakhama, para que de inmediato y sin condiciones, se reunan y discutan lo que tengan que discutir, de una vez por todas, sin vencidos ni vencedores, y que el único ganador, de una paz definitiva sea el pueblo de Mozambique”

Esta campaña intenta por medio del uso de las redes sociales, llamar la atención de comunidad internacional respecto de la ola de violencia que se ha desatado en Mozambique.

Mozambique sufrió una guerra civil de quince años, entre 1977 y 1992, que costó la vida de aproximadamente 1 millón de personas, la cual se resolvió con el acuerdo de paz firmado por el entonces presidente Joaquim Chissano, y Afonso Dhlakama, líder de la Resistencia Nacional Mozambiqueña (Renamo).

En 1990 fue aprobada una nueva constitución que transformó el estado en una República multipartidista. El Frelimo permanece en el poder hasta hoy, habiendo ganado tres veces las elecciones multipartidistas realizadas en 19941999 y 2004. La Renamo es el principal partido de la oposición. (wikipedia)

Esperamos que nuestros amigos lectores puedan contribuir con esta noble causa, sólo tomará 2 minutos de tu tiempo:

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FIRME AQUI

Petición por la Paz.

Esta petición de paz se enmarca dentro sucesivos ataques a vehículos de transporte de pasajero, en los que se cuentan alrededor de 10 muertos entre militares y civiles, y un sinnúmero de heridos.

El gobierno mozambiqueño de la Resistencia Nacional Mozambiqueña, (RENAMO), retomó hoy las negociaciones políticas, centradas sobre todo en la alteración a la ley electoral, en circunstancias en que la crisis político militar se agravó por los recientes ataques.

Desde diciembre, las partes intentaron alcanzar un consenso en torno de la legislación electoral aprobada en el parlamento por el FRELIMO, partido en el poder, apoyada por el Movimiento Democrático de Mozambique (MDM), tercera bancada parlamentar que tiene ocho diputados.

 La ley prevé una presencia menor de los representantes de los partidos en la CNE y mayor representación de la sociedad civil en el órgano de gestión de las elecciones generales (presidenciales y legislativas), previstas para 2014, y de las autárquicas agendadas para 20 de noviembre próximo.

Las cuestiones económicas, tanto como la despartidización del Aparato del Estado y de las fuerzas Armadas de Defensa Nacional también constituyen puntos de discusión con el ejecutivo de Maputo, dijo hoy a los periodistas el responsable por la delegación del principal partido de oposición mozambiqueña, Saimone Mcuiane.

Sin embargo, el jefe de la delegación gubernamental, José Pacheco, que es también ministro de Agricultura, dijo que las partes tienen “una agenda ya definida” por lo que los recientes episodios de violencia podrán no ser materia de discusión.

**Informaciones extraídas de diversos medios de comunicación, gracias a la ayuda del periodista Orlando Castro (Porto – Portugal).

***Edición y traducciones: Bárbara Igor Ovalle (Santiago – Chile)

El Sáhara, perspectiva de revisión – Prólogo

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Prólogo al nuevo Libro de José María Lizundia Zamalloa

por MANUEL VIDAL

Josemarializundia José María Lizundia representa la provocación intelectual que todos necesitamos alguna vez, como aire fresco, cuando algunos asuntos de debate, como el del Sáhara, se muestran mortecinos a base de repetir los mismos prejuicios y los mismos argumentos caducos. Hasta ahora, una gran parte de la opinión pública española se movía cómoda en este espacio trillado del sentimiento anti marroquí, la supuesta culpa del abandono del Sáhara y la solidaridad con el Frente Polisario.

El autor no se va al otro bando, el pro marroquí, para establecer una nueva tesis del conflicto del Sáhara, sino que entra en el propio terreno que pisa a diario la sociedad española, más sensibilizada con la herencia de la antigua provincia española, para preguntarse por qué hemos llegado a esta situación en que repetimos los mismos argumentos sobre el Sáhara, con temor a repensar.

La rebeldía de Lizundia ante el adoctrinamiento y la pereza intelectual ya le llevó a concebir la cuestión del Sáhara como un metarrelato, que de forma clarividente plasmó en su anterior libro, El Sáhara como Metarrelato.

Lizundia no es un historiador, pero tiene la habilidad de leer entre líneas en los principales hechos que rodean a la historia del Sáhara, desde que España dejara el territorio en manos de Naciones Unidas con el Acuerdo Tripartido de Madrid entre Mauritania y Marruecos, en 1975.

Su línea de trabajo rompe con lo que hasta ahora se ha escrito sobre el Sáhara, que ya decía que se movía entre defender la tesis del Frente Polisario o la de Marruecos, más como propaganda política y de buenas intenciones. Incluso los más sesudos análisis que se han pretendido hacer sobre el conflicto del Sáhara tienden a caer en un compromiso mal entendido y peor explicado, salvo los estudios antropológicos, que no suelen caer en esa tentación.

Lizundia percibió enseguida, en sus primeros acercamientos, que había una nueva posibilidad de hablar del Sáhara sin entrar, precisamente, en la retórica del discurso único, sino en desarmarlo para ver con qué piezas se había construido este rompecabezas. Le resultó tan apasionante este reto intelectual que le ha llevado a escribir el libro que hoy tiene en sus manos: El Sáhara perspectiva de revisión.

 ¿Cuáles son las aportaciones de este nuevo ensayo acerca de la cuestión del Sahara, aparte de provocar el pensamiento crítico y la revisión de los viejos prejuicios sobre el Sáhara?

 “Sólo hay algo que no ha cambiado absolutamente nada en todas estas décadas, que es el discurso ético político de los amigos del Sáhara españoles yPEXC29 el discurso político del Frente Polisario, que no su praxis.

Los partidarios de la Causa han de estar plenamente convencidos de moverse en los fértiles valles de la ética, o de la conducta que promueve con intensidad: el eticismo”

Lizundia, como hombre de izquierda que ha luchado contra el Franquismo y contra otros ismos, tiene un gran bagaje empírico que le permite detectar las propuestas dogmáticas y el discurso dialéctico de la vieja izquierda.  Esa mirada crítica es de gran ayuda para entender qué ha hecho la sociedad española militante con la cuestión del Sáhara, desde los movimientos de solidaridad a los nacionalistas surgidos del colonialismo paternalista.

Porque Lizundia se declara hostil a los metarrelatos y a la hipocresía como forma de vida, muy característico de lo español.  Para él, la “deuda histórica” de España con el Sáhara es una construcción imaginaria sobre la que “se cimienta todo el edificio de la solidaridad española”, sin que haya contribuido esta a buscar una salida del conflicto. Entiende que se ha propiciado su dilatación desde la postura cómoda del que no tiene su vida en juego en la hamada de Tinduf o en las “provincias del Sur” de Marruecos.

Como abogado, Lizundia se atreve con los aspectos legales — las resoluciones y declaraciones de Naciones Unidas y del Tribunal de la Haya sobre el Sáhara– con una visión original y perspicaz. Lizundia nos provoca para que repensemos de forma crítica con la perspectiva que da el tiempo pasado.

También tiene ocasión de tocar algunos de los puntos menos atractivos del Frente Polisario y a los que el primer mundo solidario es muy sensible, como la esclavitud y el terrorismo. Pone en contradicción las ideas con los hechos y el silencio cómplice que acompaña la marcha fúnebre de los pescadores canarios.

Sin duda hay que destacar como un descubrimiento de su ensayo el acercamiento que hace a la bibliografía sobre el Sáhara e Ifni, que en su mayor parte se nutre de los libros escritos por militares españoles, “preparados para el sacrificio y el combate”, como José Ramón Diego Aguirre.  Este militar de la Inteligencia española, que vivió los últimos meses de la ocupación española del Sáhara y que luego se hizo historiador, es la muestra que escoge Lizundia para tratar de explicarnos cómo podía pensar ese núcleo castrense y el porqué de su nacionalismo saharaui.

Diego Aguirre fue una figura destacada de apoyo al Frente Polisario y algunos de sus miembros reconocen que ha hecho más por la Causa que muchos de los importantes dirigentes saharauis. Lizundia destaca en su medida la importancia de Diego Aguirre y descubre la mezcla que hace de historia con ideología nacionalista, con el mismo entusiasmo que podrían hacerlo Louis Aragon y Pablo Neruda de Stalin, los vietnamitas y los cubanos de Castro.

“No conocemos ningún otro ámbito o causa en que tantos militares, provenientes de un ejército colonial de una dictadura, hayan coincidido con bases izquierdistas como en la cuestión del Sáhara”, reflexiona Lizundia sobre unos militares que pensaron más en entrar en guerra que en la sociedad civil española de la época. Es decir, la deuda histórica del deber no cumplido parece ser de los militares, no de la sociedad civil.

El Frente Polisario escogió el enfrentamiento con el Gobierno colonial español, sin dar ninguna opción a la negociación, sino luchando en el terreno de las armas. Lizundía se pregunta cómo se puede traicionar a alguien que no es ni amigo ni aliado. Cómo se pide responsabilidad a España sobre el Sáhara cuando el Polisario no le reconocía ningún derecho, salvo el abandono del territorio y la pérdida de vidas españolas frente a la Marcha Verde marroquí.

Muy críticos son los capítulos dedicado a la solidaridad española y a lo que denomina “frente lúdico”, más lúdico que frente y más político que esencialmente solidario.

Lizundía nos incomoda con este libro porque nos saca de esa modorra que se había convertido el asunto del Sáhara. Con su ímpetu y originalidad nos hace un favor, pero no lo podremos apreciar hasta que nos despertemos del todo y nos atrevamos a pensar por si mismos. Yo ya se lo agradezco.

Cabinda: en la Búsqueda de sí Mismo – Los Resultados del Memorándum de Entendimiento de 2006

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Mesa Redonda sobre la Situación de Paz en Angola del 14 al 15 de Enero de 2013 en Windhoek,  Namibia.

Traducción: Bárbara Igor (MISOSOAFRICA)

Orador: José Marcos Mavungo
(Activista de Derechos Humanos y Miembro de la Sociedad Civil de Cabinda)

0. Introducción

Señoras, señores, amigos,

Con un saludo muy cordial a los participantes de esta Mesa Redonda y mis mayores felicitaciones a sus promotores, festejo el poder estar aquí hoy, pese al clima de intolerancia política en Angola (donde el debate sobre Cabinda continúa siendo un asunto prohibido en órganos de comunicación oficial), para disertar sobre el tema: Cabinda en la  Búsqueda de sí mismo – Los Resultados del Memorándum de Entendimiento de 2006.

Como tema, podemos considerarlo en el centro de las preocupaciones de los organizadores de esta Mesa Redonda, resaltando de manera particular, la afirmación del Dr. Francisco Kapalu Ngongo, según la cual «Angola se encuentra en una encrucijada: o aborda los actuales dilemas y conflictos latentes desde el punto de vista político, social, económico y cultural, el que podría profundizar y garantizar una paz duradera y un desarrollo sustentable, o ignora los indicadores de alerta de existencia de conflictos, y prepara un futuro lleno de aprehensiones».

Así, en comparación con la realidad del territorio de Cabinda, la mantención de la actual relación del Estado angoleño con la población de Cabinda será siempre un verdadero barril de pólvora, a punto de explotar. A la luz de esta situación, la sociedad Civil de Cabinda siente sobre sus hombros el peso enorme de los desafíos de nuestro presente. Es por esto que tenía que honrar mi compromiso, ya muy antiguo, de estar aquí para hablarles del proceso de Paz para Cabinda.

En esta perspectiva, el transcurso de esta reflexión va a comenzar por abordar los límites del conflicto y los esfuerzos emprendidos hasta ahora para su resolución. En seguida, haré una revisión del Memorándum de Entendimiento. Y finalmente, examinaré las perspectivas de una paz duradera para Cabinda. La conclusión nos dará los resultados de la reflexión y recomendaciones.

1. El Conflicto en Cabinda: Orígenes y Esfuerzos de Resolución.

cabindapoliciaestadodesitioLa «cuestión de Cabinda», no surge, desde el principio y de una vez por todas, como un problema socioeconómico, o como el contradictorio esfuerzo del Derecho internacional. Al contrario, su producción, en lo que tiene de esencial, se constituye en la problemática en torno del derecho de los Pueblos  a disponer de si mismos; pues si es que la “Carta Colonial” hacía una distinción nítida entre Cabinda y Angola, siendo aquello colocado bajo el Nº 39 “Estado a descolonizar” y este bajo el Nº 35, ¿Cómo explicar que Cabinda sea una excepción a las consecuencias lógicas derivadas de este hecho durante el proceso de descolonización?

Más que un problema jurídico, la tensión entre cabindas y angoleños se evidencia también como el resultado de una identidad impuesta por la fuerza de las bayonetas, y no el resultado del consentimiento mutuo entre los pueblos, lo que levanta el problema de la legitimidad de tal imposición.

La manera de asumir esta problemática por las partes se cristalizó en la expresión elocuente de un conflicto y de una ruptura, la “cuestión de Cabinda”. Se trata de una cuestión, como decía Francisco Luemba, cuya génesis situamos “en su historia remota, enraizándose en ella y aprehendiendo las metamorfosis que sufrió a lo largo de su evolución histórica”. Tres hechos fundamentales marcaron esta evolución:

• La Especificidad de Cabinda, que adviene de la historia – mucho antes de las invasiones de los bakongo, ya el territorio era habitado por pueblos bantú, que, en contacto con la tierra y los otros pueblos que llegaron a la región a lo largo de la historia, acabaron por constituirse en tres reinos : Macongo, Mangoio y Maloango – con una identidad histórica propia y una voluntad de vida en común.

• El Tratado de Simulambuco y la colonización portuguesa: con la firma del tratado del 1 de Febrero de 1885, Cabinda se torna Protectorado portugués. El tratado aparecerá en las Cabindas como garantía de su independencia, de su soberanía e identidad, y de la unidad e integridad de su territorio; un fundamento inequívoco para su autodeterminación e independencia.  Pero, luego, después de firmarse el acuerdo, las expectativas de los cabindas se traducirán en ilusión con la implementación de la política colonialista, incluso cuando la Constitución Portuguesa de 1933, que tuvo vigencia hasta la descolonización, hacía una distinción nítida entre Cabinda y Angola.

• Los Acuerdos de Alvor, firmados el 15 de Enero de 1975, en los cuales las partes estipularon en el artículo 3º in fine que Cabinda es parte integrante e inalienable del territorio angoleño, sin el previo consentimiento de los autóctonos del Enclave. En palabras de Francisco Luemba, el ” pos-Alvor sería prácticamente el pos-Simulambuco: esperanzas frustradas y días amargos, de tristeza, luto y dolor – en el más absoluto aislamiento y en el más completo abandono”.

El desastre de la descolonización portuguesa, en especial la firma de los Acuerdos de Alvor, marcará la etapa de un conflicto de grandes proporciones, con la ofensiva del 8 de  Noviembre de 1975 y la eclosión de escenarios estratégicos que llegaron al nivel de guerrilla, oponiendo las tropas gubernamentales de Luanda y la resistencia armada de Cabinda (organizada en el seno de la FLEC – Frente de Liberación del Enclave de Cabinda).

Con la escalada de violencia, la mayoría de los cabindas se refugió sobre todo en el Congo – Brazzaville, Congo-Kinshasa y Gabón – Libreville. La intensidad del conflicto provocó la degradación de la situación de los derechos humanos y de las libertades fundamentales, destruyó el tejido social y las infraestructuras económicas, ocasionando la pobreza generalizada  y constante clima de represión y de terror.

Nótese que muchas veces, los actuales gobernantes de Cabinda han fingido encontrarse con la FLEC, las poblaciones y las elites de Cabinda, y jugado a enaltecerlos con buenas palabras y a escucharlos, para después mostrarles los límites de su política para Cabinda.

Por ejemplo, luego de la independencia de Angola, el 16 de Febrero de 1976, Agostinho Neto asume el compromiso de solucionar el problema de Cabinda por la vía del diálogo. El 28 de Febrero de 1976, Agostinho Neto y Mobuto Sese Seko se reunieron en Brazaville, bajo los auspicios de Marien Ngouabi. El primero, después de forzar al segundo a renegar de la FLEC y el FNLA y a reconocer la angolanidad de Cabinda, proclamó por su parte la especificidad de Cabinda (el particularismo de Cabinda) y prometió solemnemente encontrar para éste una fórmula de administración. Sin embargo, nada fue hecho hasta hoy…

Además de prometer una conversación  en Febrero de 1991, el presidente José Eduardo dos Santos consideró, en Febrero de 2002, que Cabinda sería también “una cuestión a tratar en el ámbito de la reforma constitucional”. Así será posible “saber qué es lo que los angoleños quieren, cuál es su opinión sobre Cabinda”. “Se trata de una consulta popular dirigida a todos los angoleños”, afirmó el Presidente. Cabe destacar que el Presidente de Angola prometió a los Cabindas, en Septiembre de 1992, negociaciones destinadas a determinar si Cabinda es o no Angola.

Pasaron años, y la realidad probó que las hipotéticas negociaciones prometidas contra su voluntad, no pasaban de simple oportunismo, maniobra de diversión o  manipulación. Cierto, la historia de la lucha del pueblo de Cabinda registró canales de diálogo con el Estado angoleño, pero los resultados de los encuentros se revelaron poco palpables, después de tantos años de “guerra-continua” en que el Poder político dominante sólo pretendió movilizar una gran máquina de guerra para aniquilar a los oponentes.

La historia de la lucha del pueblo de Cabinda está llena de estos encuentros desde los años 1984: Negociaciones de Sáfica, entre 1984 y 1985, que culminaron con un cese al fuego el 16 de Febrero de 1985 con las FAPLA, bajo la mediación cubana; De Junio a Julio de 1992, el Gobierno angoleño inicia contactos con la FLEC de Luís Ranque Franque y la UNLC de Lumimgu Gimby Carneiro, habiendo llegado a un acuerdo de negociaciones que deberían tener lugar en Ginebra; el 25 de Febrero de 1994, Eduardo dos Santos se encuentra con Nzita Tiago, propone un cese al fuego «para iniciar negociaciones conducentes a una solución al desacuerdo que nos opone sobre el territorio de Cabinda»; Negociaciones entre la FLEC Renovada y el Gobierno Angoleño, en los años 1995 y 1996, que acabarán por extenderse al FLEC/FAC.

En todos estos encuentros, la controversia sobre la paz está siempre ligada a juegos divisionistas que en todos estos años sirvieron a los dirigentes de Luanda, además de que el principio del respeto a la Constitución es en todas estas negociaciones ilegítimamente empleado, sucede casi siempre que el gobierno angoleño busca expedientes y pretextos tales como la falta de un interlocutor válido y/o la desunión de los cabindas. Por todas estas razones los encuentros y negociaciones organizadas hasta ahora no tuvieron avances en dirección a la Paz.

Aparentemente, la sociedad civil de Cabinda despertó tarde para los esfuerzos de pacificación de Cabinda, por lo menos como institución organizada; pues sólo fue en 2003 que se creó una institución de Sociedad Civil, la “Mpalabanda – Asociación Cívica de Cabinda”, cuya vocación es, entre otras, participar de los esfuerzos tendientes a encontrar una paz duradera para Cabinda.

Entre sus compromisos,  Mpalabanda alertará al mundo sobre la existencia del conflicto en Cabinda y pedirá a los beligerantes el cese de las hostilidades y el inicio de negociaciones conducentes a la solución del diferendo; se esforzará por ser el puente entre el pueblo y los políticos; tomará parte en los encuentros de Helvoirt, en Holanda, un esfuerzo de aproximación entre las fuerzas de la resistencia cabindesa; marcará presencia en el encuentro preparatorio de la Inter – Cabindesa (Octubre de 2009), en París/Francia, bajo los auspicios del Reverendo Pastor Daniel Ntoni-Nzinga, con vistas a la creación de una plataforma de negociación del conflicto; e intentará monitorear los derechos humanos (el corolario de la cuestión de Cabinda), publicando tres informes – «Un Año de Dolor en Cabinda» (2003), «Cabinda, Reino de la Impunidad» (2004) y «Cabinda, entre la Verdad y la Manipulación» (2005).

Sin embargo, esa misma buena voluntad fracasará. La maldad en todo esto proviene de un hecho radical: el no haber una voluntad seria del gobierno de Luanda de encajarse en el proprio destino del pueblo de Cabinda. Y el Memorándum de Entendimiento para la Paz y la Reconciliación de la Provincia de Cabinda es un ejemplo de esta perversión.

2. El Memorándum de Entendimiento

Los principios fundamentales del “Memorándum de entendimiento” consagran el respeto a la ley Constitucional y las obligaciones legales en vigor en Angola; afirman la aceptación indudable, por las partes, por el hecho de que Angola es un Estado unitario e indivisible según la ley; afirman que las partes reconocen que, en el contexto nacional de la República de Angola, la Provincia de Cabinda tiene una especificidad que obliga a que, en el ámbito de las disposiciones legales sobre la administración de las provincias, sea adoptado “un estatuto especial” para la Provincia de Cabinda.

Las partes concluyeron que se llegó a la paz y a la reconciliación nacional en Cabinda (la Paz llegó para quedarse), desarrollando un discurso sobre “triunfo de la victoria sobre todos aquellos que todavía resistían al acuerdo de Namibe. Para tales efectos, movilizaron el apoyo de la masa a su cruzada contra los espíritus reticentes y los gobiernos liberales, con el apoyo de la poderosa prensa estatal, que dota el acuerdo de una naturaleza arquitectónica bien delineada. Pero la cuestión de Cabinda no es así tan simple. El campo de batalla se prolonga hasta hoy, y probablemente por un período largo y sinuoso.

Reconozco el cuidado con que las partes del memorándum intentaron analizar la cuestión de Cabinda, al reconocer la especificidad del pueblo de Cabinda, señal de que el tema interpela al intelecto humano, en particular aquel del político. Creo, aunque extraño, que, después de discusiones sobre el asunto, hayan ignorado, entre otros, los siguientes aspectos: el objeto principal (protectorado portugués) de la “especificidad” del territorio de Cabinda; el significado político y jurídico del Tratado de Simulambuco, el Protectorado portugués; y el error de los Acuerdos de Alvor, lo que habría permitido abordar las verdaderas diferencias entre Angola y Cabinda.

La palabra “especificidad” de un pueblo está registrada, en buenos diccionarios, como significando lo mismo que “particularidad”, “identidad” que condensa una metafísica a la altura de lo intangible, habiendo encontrado efectividad histórica en los diversos estadios culturales vividos por ese mismo pueblo. En este sentido, no se puede hablar del pueblo de Cabinda sin referencia a su alma e historia, en especial de las condiciones de su integración en la nación Portuguesa y de sus derechos como pueblo.

De esto se concluye que la aporía en el contexto del Memorándum de Entendimiento es clara: la especificidad del pueblo de Cabinda es propuesta como indispensable para la paz, pero el fundamento aducido para la naturaleza del pueblo que se pretende defender, es excéntrico. Es de recordar que, en Julio de 2003, el presidente José Eduardo dos Santos se declaró sensible a las especificidades históricas de Cabinda y a las «reivindicaciones básicas». Pero, la «Vox Popoli» no revela en absoluto a los caudillos de Luanda el derecho del que el pueblo de Cabinda es portador como pueblo, ni cualquier disposición general o particular que defina lo que vendrá a ser la nueva personalidad política, jurídica y administrativa de Cabinda.

De este modo, al imponer el principio de que sólo existe un pueblo, el pueblo angoleño de Cabinda a Cunene, y de hacer del modelo de integración la única base de diálogo, el pacto firmado el 1 de Agosto en Namibe es, como dirá Carlos Pacheco, «erigido sobre las tablas ideológicas de la arrogancia centralista y del desprecio por los oponentes».

A este respecto, es importante subrayar que el Gobierno angoleño siempre optó por la lógica de perjudicar a los oponentes por la fuerza bruta. Por esta razón, tenemos la incorporación de las fuerzas aliadas a Bento Bembe en las Fuerzas Armadas Angoleñas (FAA), de entre las prioridades del acuerdo. La aspiración inmediata del régimen era asegurar esa fuerza para, apoyado en ella, llegar a una victoria militar sobre aquellos que todavía se constituirían en «estado de guerra» contra «la voluntad de las autoridades de Luanda».

La fragilidad del acuerdo se refleja también en el ostracismo al que fue votado: la expulsión de instituciones y personalidades claves y prestigiosas ligadas al propio proceso de paz, o que, por lo menos se comprometieron a ofrecer su ayuda al proceso. Pero la expresión más elocuente de este ostracismo está sobre todo en el hecho de que el Líder Supremo habría confiscado para sí mismo el monopolio de la «cuestión de Cabinda» – como una especie de secreto de estado – y negando la posibilidad al pueblo de Cabinda de pronunciarse sobre su destino.  Pero lo plantea como si fuese algo necesario, y no con la ceguera dogmática que rige a los otros. Siendo una herencia colonial a conservar, el Gobierno angoleño considera que todo lo que pudiese traspasar los impases de un diálogo auténtico sobre Cabinda es una afronta a los propios dioses de la actual figura sociopolítica y jurídica heredada de una descolonización desastrosa.

Es de referir la problemática relacionada con la persona que negoció el acuerdo por el lado de Cabinda. La faceta oscura de las peripecias de su evasión de Holanda, después que fue detenido en razón del mandato de captura internacional expedido por las autoridades norteamericanas, tuvo un efecto fatal sobre el proceso de paz para Cabinda. Intentando sacar ventaja de la situación, como el navegante a vela, perito en vientos y sus sorpresas, el Gobierno angoleño conseguirá arrastrar Bento Bembe por las espirales de su discurso demagógico e inevitablemente forzado a seguir adelante, abrazando la sombra del «único interlocutor válido de Angola en el dossier Cabinda».

Notemos que el Memorándum de Entendimiento para la paz en Cabinda sufre de una contradicción interna desde su nacimiento – por un lado el acuerdo se presenta como la liberación de la última esclavitud, aquella del largo conflicto por el Estatuto especial; pero también en reacción contra los derechos y libertades fundamentales, la paz de Namibe se extendió a consideraciones que impiden opinar sobre ella, instaurando de este modo una nueva era de persecuciones republicanas contra todos quienes osasen cuestionar sus clausulas.

El mayor escándalo provocado por el régimen a este respecto es el drama de los activistas de derechos humanos en 2010: fueron apresados so pretexto de terrorismo, por denunciar atropellos a la justicia, a la libertad y a los derechos de las personas y por participar en el proceso de Paz para Cabinda, en una época en que el propio concepto de denuncia de las violaciones a los derechos humanos y de defensa de una cultura de paz constituyen deberes de todo ciudadano, y, por consiguiente, deben merecer el apoyo y la protección de los poderes políticos.

Por otro lado, las partes en las negociaciones de Namibe asumieron el compromiso de crear condiciones para acelerar el desarrollo de Cabinda, permitiendo que sus populaciones disfruten de todas sus potencialidades, teniendo en cuenta el presupuesto de la paz, estabilidad, reconciliación y democracia. No obstante, de acuerdo con los términos no.1, del artículo 7, de la Ley n. 26/10 del 28 de Diciembre, el ejecutivo angoleño acabará por decretar la suspensión de la transferencia mensual  de los recursos financieros (diez por ciento de los ingresos petrolíferos) a favor del Gobierno Provincial de Cabinda, que se venía realizando en los términos de la resolución nº 11/92, del 21 de Octubre. Además, la Provincia de Cabinda, que ocupó el segundo lugar en la atribución del Presupuesto General del Estado en 2007, aparece hoy en el 10º lugar.

Desde aquí se ve claramente, un seudo-proceso de paz que, enviciado por prejuicios ideológicos e intereses petroleros, se estructura en la búsqueda de una síntesis en torno del status quo, dejando espacio a una visión poco realista de la “cuestión de Cabinda”, con una escasa aceptación popular del Memorándum de Entendimiento; la afirmación de un activismo oposicionista, que condenó y rompió el acuerdo como una imposición arbitraria de Luanda;  y el recrudecimiento de los enfrentamientos armados en el interior de Cabinda.

Así, Angola deja la situación en suspenso e invierte en la solución militarista, convencida, dentro de su propia lógica belicista, que el tiempo trabaja a su favor; olvidándose, ciertamente, del efecto boomerang.  Además, la historia nos enseña que la fuerza no hace al derecho, y que los guerrilleros casi nunca son derrotados, que a largo plazo esos «Davids» derrotaron «Goliats» por la estrategia de saturación.

Hoy, la paz en Cabinda es una paz de los cementerios, de los rendidos y mutilados (físicos y espirituales). El diagnóstico de la violencia y de la cultura del miedo en Cabinda se traduce en una psicosis colectiva, cada uno de los cabindas tienen una historia de terrorismo de Estado, particular, para contar sobre la brutalidad del régimen contra las populaciones indefensas: prisiones, violaciones, golpizas, asesinatos y la deportación de algún familiar, prohibición de asistir a las labras y a la caza, de legalizar asociaciones de derechos humanos o de organizar manifestaciones.

La sinfonización (mención al sinfo) y militarización del espacio vital de los Cabindas continúa afectando al aparato judicial, estando este corroído por el autoritarismo del poder político, donde resulta frecuente el encarcelamiento arbitrario y los asesinatos. Ejemplo cabal de esto: el día 12 de Diciembre de 2011, el cuerpo de António Zau fue encontrado inmóvil en un sitio eriazo con señales visibles de tortura, por el simple hecho de haber tenido la osadía de ir a la labra, desobedeciendo así a las prohibiciones de las instancias superiores; Venâncio Chicumbo y Cornélio Sambo estuvieron bajo detención en el Comando de la Región Militar de Cabinda durante dos meses, entre Septiembre y Noviembre de 2012, por el simple delito de leer y distribuir panfletos que condenaban las elecciones en Cabinda.

Por otro lado, el salto extrajudicial dado por el Gobierno, aquel que accionó la ilegalización de Mpalabanda en Julio de 2006, se inscribe en esta lógica del autoritarismo del poder político sobre la razón jurídica – puesto que el Tribunal Provincial de Cabinda no habría osado formular la hipótesis de la extinción de esta asociación, si en la conciencia del Juez no hubiese encontrado su realización viva como siendo una orden de las instancias superiores.

En el plano socioeconómico, el desarrollo tan propagado por el régimen no pasa de ser una mala imitación del Plano Calabube, indebidamente gestionado por los sucesivos gobiernos que pasaron por Cabinda desde los años noventa.

En efecto, apenas un gobernador llega a Cabinda cae adormecido en negocios locales y se dedica a aterrorizar por medio de la fuerza de las bayonetas a los negociadores y activistas locales que manifiestan su disconformidad.

El malestar que provoca esta situación es enorme. La industria petrolífera genera millones en Cabinda; pero la mayoría de la población vive en la pobreza abyecta. Cabinda se está asfixiado, con una rigurosa tempestad que causa mucha crisis; obstáculos a se desarrollo industrial y comercial; los servicios de infraestructuras básicas de agua potable, electricidad y saneamiento mal funcionan; y el empobrecimiento de la población autóctona. El empresariado local se encuentra empobrecido por la irracionalidad de una gobernación que lo discrimina. El sector de salud se queja de casi todo (material gastable, medicamentos para primeros auxilios, sueros, etc.), además del salario miserable de los agentes de salud.

Al nivel de la comunidad internacional, como dice Orlando Castro: «la pasividad también es plena, además de atávica, sólo Manuel Monteiro tuvo el coraje de decir, en relación a Cabinda, que “en el plano de las relaciones internacionales reina el primado del cinismo” y que ” las consideraciones sobre lo justo o lo injusto dependen de las épocas, de las circunstancias y hasta de los intereses materiales”».

Se nota aquí la dimensión histórica y cultural de la cuestión de Cabinda, en su compromiso con los intereses sociales, políticos y de poder, el posible carácter alienante de la petro-cultura como síntoma de la patología de las instituciones sociopolíticas de nuestros estados minados por los intereses petrolíferos. En el pasado, era la esclavitud colonial, hoy no hay más negros para comercializar en el mercado de Malembo, pero existe el petróleo de alta calidad, que emana profusamente de las plataformas de Cabinda.

Es así como el petróleo alimentó en Angola todos los vicios políticos posibles: belicismo cultural, corrupción y falta de transparencia en la gestión pública, despotismo y estrategias escudadas en el simulacro del diálogo y la paz.

Donde, la necesidad supera los obstáculos y las contradicciones del Memorándum de Namibe.

3. Más Allá del Memorándum: Exigencias de una Paz Duradera

Si es que la cuestión de Cabinda surgida en 1885 aquando de la conferencia de Berlín no encontró solución hasta hoy, es porque las políticas de su gestión a lo largo de estos ciento treinta y ocho años a las cuales ella se ataca permanecieron siempre pobres al reprimir el testimonio de la consciencia moral, revelándose así incapaces de cultivar la cultura de paz y, por consiguiente, de hacer justicia a las populaciones de Cabinda.

El discurso político nunca estuvo en condiciones de ir al encuentro de las disposiciones legítimas de las poblaciones de Cabinda o, por el menos, de instaurar una sociedad democrática y de derecho, en el cual se respete el  Derecho y las libertades fundamentales, se acepta opinión contraria y la identidad del pueblo de Cabinda.

El diálogo tan difundido por el régimen desde la ascensión de Angola a la independencia ha sido duramente abalado por la violencia política – ola de detenciones, fusilamientos, torturas y desapariciones con que el régimen intenta combatir toda la oposición a su política en Cabinda.

El gobierno angoleño presentó su mensaje al mundo, pareciendo de cierta forma enmarcarlo en los estrechos límites de sus intereses políticos y económicos sobre Cabinda. Es el conflicto del derecho con lo político, en un ser político sacudido entre los apetitos suscitados por un laberinto rico en materias primas, sobre todo petróleo, y las exigencias del humanismo jurídico. Es por eso que en el Memorándum de Entendimiento de 2006, así como en los Acuerdos de Alvor, la sociedad cabindesa, de hecho, se desnudó totalmente de «su soberanía como pueblo».

Hoy, el conflicto es una realidad. El actual malogro del pueblo de Cabinda tal como se constituyó desde la firma de los Acuerdos de Alvor – e igualmente, en cierta medida, desde la colonización portuguesa – provoca la necesidad de la nueva figura socio-política para Cabinda que todos esperan, unos con angustia, otros llenos de esperanza.

Las políticas seguidas hasta aquí no sirven, es necesario otra generación de políticos y de políticas, que piensen más en el bien de las poblaciones de Cabinda que en su propio bien, que abandone las políticas centralistas-estalinistas; que reconozca la legitimidad de las fuerzas de la resistencia de Cabinda; que abdica de restricciones en la mesa de negociaciones; y que se comprometa en un proceso de paz para Cabinda fundado en la justicia y dignidad de los pueblos.

El respeto por esta dignidad comienza por el reconocimiento y por la tutela del estatuto ontológico-jurídico del pueblo de Cabinda, de su derecho a vivir como pueblo y de hacer elecciones sobre el futuro de sus hijos. Por lo que no se puede continuar reprimiendo el testimonio de la propia conciencia moral, renegando la Libertad y la Dignidad de todo un pueblo.

De esto sigue finalmente, que no se puede continuar haciendo guerra en Cabinda para quedarse con el petróleo, ahogando los legítimos deseos de las poblaciones de este territorio. El pueblo de Cabinda debe ser privilegiado para vivir normalmente como pueblo.

El problema actual consiste en encontrar principios sólidos conformes con la verdad sobre Cabinda, sobre el sentido de la vida y de los destinos de sus poblaciones, y adoptar consensos a partir de los cuales se acabará con el conflicto armado y se hará justicia al pueblo de Cabinda. De aquí la necesidad de Angola de tener una actitud de constricción frente al “fraude” contenido en los Acuerdos de Alvor que estipuló la apropiación del enclave de Cabinda y  su integración en el “espacio-territorio” de Angola al alero de la Constitución portuguesa de 1933.

Finalmente, la paz en Cabinda precisa de un fundamento estable, en lo relativo, y no rebajado. Y la única solución sensata para construir la paz autentica para Cabinda es un diálogo franco y abierto, ese diálogo que, partiendo del real subyacente a la “cuestión de Cabinda” va al encuentro de reconciliación, de fraternidad y de justicia, de dignidad para las poblaciones de Cabinda.

Conclusión y Recomendaciones:

Y, para terminar, debo decir que la cuestión de Cabinda es inevitable y irreprimible; envuelve cada hombre en particular que no renuncie a pensar. Y si es que este problema reaparece en este debate, es porque existe. «No es porque se hable poco de ello que deja de existir», decía Orlando Castro.

Mientras no haya política que instaure una verdadera justicia para Cabinda, no se puede poner fin al conflicto todavía reinante, pues la actual gestión de la especificidad de Cabinda tendrá siempre el mismo valor semántico que «alienación», «colonización». En este contexto, Cabinda será  siempre un verdadero barril de pólvora: el número de aquellos que en nuestro medio  se llaman FLECs va a aumentar.

Ante esta situación, recomiendo:

1) La auscultación de las Poblaciones de Cabinda y promoción de un debate franco y abierto en torno a su causa, constituyendo para el efecto, una comisión independiente integrando elementos de las Naciones Unidas y de la Unión Africana para conducir el proceso de auscultación;

2) El envolvimiento de la ONU y de la Unión Africana en la resolución de la cuestión de Cabinda. Es necesario que la Comunidad internacional asuma  sus responsabilidades en esta cuestión;

3) La elaboración de una Agenda de Paz para Cabinda, informe producido por una Comisión Independiente de Auscultación de las Poblaciones de Cabinda y que describe la situación actual en Cabinda, los contornos de la cuestión de Cabinda, la evolución de las perspectivas de solución del conflicto y definir procedimientos susceptibles de establecer una paz duradera para Cabinda.

4) La instauración de un clima susceptible de pacificar las conciencias, a través del respeto por los derechos humanos y de las libertades fundamentales, de justa repartición de la producción y de la riqueza acumulada de la comunidad y de la permanente búsqueda de consensos sobre la cuestión de Cabinda. Este clima permitiría la reaproximación de los beligerantes, lo que por si sólo constituiría un éxito de realce;

5) La organización de negociaciones constructivas e inclusivas sobre el futuro estatuto político y Jurídico de Cabinda.

¡Muchas gracias!

Windhoek, 14 de Enero de 2013.

Mbuyi Kabunda: “Lo que ha fracasado en África no es la cooperación sino la occidentalización”

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En MISOSOAFRICA, queremos destacar este artículo de valiosísimo interés, a manos de la periodista SILVIA ARJONA MARTÍN, publicado originalmente en la revista electrónica Guinguinbali.

Mbuyi Kabunda.

Alegre, cercano y directo. Mbuyi Kabunda transmite una mezcla de sabiduría amable cuando imparte sus conocimientos sobre África, su continente, a personas que desconocen las realidades del mismo. Su altura, cerca de dos metros, y su intensa mirada detrás de unas grandes gafas con patillas doradas no imponen apenas cuando se aproxima a preguntar a su atento público, a modo de profesor en el colegio, datos y fechas que bailan a buen ritmo en su discurso.

Hablar de la realidad africana es complicado si tenemos en cuenta que la forman 54 países, todos ellos muy diversos entre sí y divididos en dos zonas geográficas totalmente distintas e incomunicadas por el desierto del Sáhara: el África del Norte o Árabe y el África Subsahariana o Negra. Es por ello que Kabunda se indigna, a través de sonrisas, cuando le proponen desgranar y acercar su continente en apenas unas horas en las charlas y coloquios que ofrece por el mundo.

Natural de República Democrática del Congo (RDC), es politólogo e internacionalista y especializado en los problemas de integración regional, desarrollo y conflictos de África. En sus numerosas charlas, ponencias y clases en las muchas Universidades en las que trabaja y colabora, apuesta por un discurso afro-realista persiguiendo una visión más o menos objetiva de las realidades africanas, frente a ideas afro-pesimistas ligadas a culpabilizar a los y las africanas de toda su pobreza, hambruna, enfermedades y conflictos armados. Esta pensamiento negativo se debe al “gran desconocimiento” acerca del continente negro “extendido por todas partes”, explica, por lo que anima a que nos adentremos en él para ir eliminando las ideas del discurso primermundista, ligadas a siglos pasados.

LA COOPERACIÓN EN ÁFRICA 

El profesor congoleño es pesimista cuando se le pregunta por la cooperación al desarrollo en África. Asegura que se han conseguido muy pocos resultados significantes en relación a los fondos y las energías recibidas y argumenta que, a pesar de ser el continente que más ayuda ha obtenido es el que más subdesarrollado está, por lo que “algo falla”, se lamenta. Lo relaciona tanto a los propios donantes, que se han dedicado más a realizar operaciones comerciales, económicas y geoestratégicas, como a los beneficiarios que, además de no tener capacidades institucionales para un correcto ejercicio de la ayuda, “han invertido las donaciones a otras cosas distintas al desarrollo como la corrupción”. En este sentido, Kabunda asegura que desde 1960 hasta la actualidad se han desviado unos 300.000 millones de dólares de cooperación al desarrollo en África para la corrupción, lo que representa cinco o seis veces su monto.

Aún así, considera que el problema africano no ha venido ligado a la cooperación sino a la occidentalización, y una de las primeras ideas que encaja aquí es la consolidación de los Estados como estructura institucional instaurados en África después, sobre todo, de la Guerra Fría. Estos se consideraron como único modelo de desarrollo por parte de los países soviéticos y europeos “trayendo el mal al continente”, por lo que propone una desestructuración y una reestructuración a través de la africanización del Estado donde se mezclen las tradiciones, aniquiladas durante la colonización, y la modernidad.

En cuanto a la ayuda externa y para evitar seguir fracasando, el profesor habla de realizar una ayuda reducida pero de calidad concentrándola en la lucha contra la pobreza y en trabajar con los africanos y no para los africanos, “como se ha hecho hasta ahora”. Cree que tanto la cooperación oficial centralizada como la descentralizada, a través de las ONGDs, se encuentra en un callejón sin salida ya que éstas, se lamenta, “han sido meros instrumentos de la política exterior y comercial de  los países del Norte”. Su crítica va dirigida también a la visión occidental que ofrece y a que tanto su estructura, objetivos y fines son etnocentristas, sin dejar espacio a otras
formas de trabajar posibles en el mundo. El mismo Índice de Desarrollo Humano (IDH) estudia criterios del Norte, así como los órganos que forman parte del Banco Mundial (BM) y del Fondo Monetario Internacional (FMI) que persiguen un desarrollo económico, principalmente, ligado siempre a los intereses particulares de los países
más ricos.

A pesar de resistirse a ver la cooperación internacional como algo positivo para los pueblos del Sur, por la mirada occidental que presenta y demuestra, reitera, sí cree que se hayan hecho importantes avances en el continente africano aunque “queda mucho por hacer”. Señala la idea de una cooperación entre países africanos y una cooperación Sur-Sur, hecha y ejecutada según las características y necesidades de cada territorio sin intermediarios ligados a intereses particulares y concretos. “Tenemos que tener esperanzas en otras relaciones posibles porque ningún país en el mundo se ha desarrollado con la cooperación”, explica. Kabunda estima que ésta es “paliativa” cuando debería servir para fortalecer las capacidades internas institucionales de los países y no utilizarla como un objetivo en sí mismo que genera dependencia y rompe con el dinamismo interno de África.

Pero además de una cooperación entre los estados del Sur es tiempo de pensar en otro tipo de relaciones Norte-Sur (y Sur-Norte) a partes iguales que persigan verdaderamente una justicia social y que con ellas se reparta democracia. En un momento donde la Ayuda Oficial al Desarrollo (AOD) del Estado Español se ha reducido en más de un 70% entre 2011 y 2012 (lo que ha supuesto el recorte más importante realizado en la historia de la cooperación de este país), es fundamental pensar en las consecuencias de estos ejercicios para millones de mujeres y hombres desprotegidos ante la falta de políticas sociales coherentes y analizar qué modelos y acciones hay que crear para conseguir resultados positivos en todo el mundo.

En España los primeros recortes a la ayuda externa tuvieron lugar en el año 2010, incumpliendo así con los objetivos planteados en el III Plan Director 2009-2012, y provocando un desajuste para alcanzar el 0,7% del PIB para el desarrollo. Pero para algunos y algunas son estos periodos de crisis los que más esperanzan aguardan para optar por oportunidades de transformación y cambios de paradigma en el orden mundial, reflexiones en las que instituciones, universidades, centros de estudios y ONGD españolas ya están trabajando.

ELEMENTOS AFRICANOS COMO ÍNDICES DE DESARROLLO

Mbuyi Kabunda también es optimista en cuanto al futuro de África, aunque apuesta por la necesidad de cambio estructurales internos y externos en todo el sistema vinculado a la ayuda externa. El 80% de su población tiene menos de 20 años y el 33% de los recursos naturales del mundo están en el continente olvidado, dos aspectos primordiales para reconsiderar el próspero camino que le espera por delante. Pero para conseguir buenos resultados de todo esto explica que es necesario educación y formación para esa joven ciudadanía y políticas de autoconsumo para la explotación de los recursos naturales a través de usos locales y comunitarios, al puro estilo de las tradiciones africanas y obviando la propiedad privada. “Es así como se permitiría a África un nuevo desarrollo”, afirma con serenidad.

Por otro lado, considera como alternativa viable acabar con el Estado centralizado “de tipo napoleónico” e implantar un afro federalismo, ya que asegura que “el Estado desarrollista ha sido un fracaso”. Apuesta también por el autodesarrollo de cada uno de los pueblos africanos, teniendo en cuenta sus valores y lenguas, que son propias y únicas, así como dar más prioridad a la agricultura por considerarse aún hoy una de las más importantes fuentes económicas de la comunidad africana. Eso sí, otorgando primacía a los cultivos que se consumen en el territorio africano y evitando aquellos que sólo se producen para la exportación hacia otros países del mundo, explica como de memoria cuando se le pregunta por las soluciones a los problemas en África como si los tuviera más que asimilados.

Defensor absoluto de la multitud de peculiaridades históricas, culturales, lingüísticas y de valores que conviven en África, Kabunda no olvida las esperanzas y cambios futuros que se avistan en el mundo con respecto al continente negro. Considera de vital importancia tener cada vez más presentes los aspectos sociales, ecológicos y humanos para contabilizar los avances de los países, en contraposición al sagrado capital. Por ello, cree con firmeza que ha llegado la hora de introducir elementos africanos para computar el desarrollo, tales como el derecho a la fiesta, a vivir alegremente o la primacía de lo social frente a lo económico. “Si estos aspectos se tuviesen en cuenta África dejaría de ocupar los últimos rankings mundiales en cuanto a desarrollo y pasaría a tomar los primeros puestos”.

Y así, convencido y convenciendo de que pronto llegarán transformaciones en el orden del mundo, avisa con una sonrisa de esperanza que en ese momento “habrá sorpresas” en su África natal.

* Mbuyi Kabunda es doctor en Relaciones Internacionales por la Universidad Complutense de Madrid, profesor del Instituto Internacional de Derechos Humanos de Estrasburgo y profesor de Relaciones Internacionales y Estudios Africanos del Máster de la Universidad Autónoma de Madrid (UAM). Es Director de la revista África América Latina Cuadernos de SODEPAZ y Director del Observatorio de Estudios sobre la Realidad Social Africana de la UAM. También es autor de un centenar de publicaciones en revistas especializadas y de divulgación sobre África.

2012 – Las Nuevas crisis Militarizadas

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Por Eugénio Costa Almeida.

Imagen: REUTERS

Ha habido momentos en la Historia de la Humanidad que crearon sangrientos e incalificables conflictos  político-militares de consecuencias descomunales.

En tiempos recientes, fueron los casos de la primera y segunda guerra mundial, las que se juntan a las luchas de liberación, a las guerras de secesión y a las contiendas por la redemarcación de fronteras.

Actualmente, los principales factores de desestabilización político militar, dejaron de ser cuestiones territoriales y/o “lavadas de sangre”” para pasar de ser disputas sociales y políticas, a auténticas y sangrientas guerras abiertas entre poderes instituidos y nuevos movimientos de liberación política.

Movimientos que defienden más libertad política, más humanización de la gestión pública, más libertad humana, o sea, más y mejores Derechos Humanos.

La mayoría tuvo su génesis en la autoinmolación de un joven tunecino, Mohamed Bouazizi, ocurrida en la ciudad de Sidi Bouzid, que rápidamente degeneró en una revuelta popular por más y mejores condiciones humanas y de cuyas manifestaciones resultó la caída del autócrata tunecino Zine El Abidine Ben Ali.

Recordemos que fue a partir de este hecho que las manifestaciones se expandieron, posteriormente, por todo el Norte de África y por otros países africanos.

Recapitulemos lo que pasó en Egipto – eso en escala muy elevada – y en Marruecos, o de forma menos evidente en Costa de Marfil, Uganda, Argelia, Yibutí, Sahara Occidental, en África o en Iraq, Omán, Líbano, Jordania, Arabia Saudita, en Asia (Medio Oriente).  Algunas alteraciones políticas, tal vez menos de lo esperado por sus mentores, acabaron por ser evidentes o reforzadas.

Pero revivamos, principalmente, las crisis político-militares en Libia, en Yemen – con la caída de los respectivos dictadores, después de un largo período de conflicto armado – y sobre todo, ahora, en Siria y, en menor escala, en Sudán.

En relación a Sudán – y consideremos no sólo al país, si no que el territorio en su totalidad – persiste la disputa fronteriza entre Sudán del Norte y su secesión del Sur –  por obra y gracia de los angloamericanos – todo por causa del petróleo y de sus rendimientos.  Mientras el sur carece de las vías que atraviesan el Norte y desaguan en el Mediterráneo, y mientras el territorio esté bajo la “protección” política y económica de su principal importador, China, la comunidad internacional continuará silbando para el lado, y, para decir que no se olvida, irá lanzando algunas mukandas (*) al éter….

Si en el caso de Libia, de Sudán y de Yemen estaba – está – el crudo (petróleo) que permitía a la Comunidad Internacional tener una “razón” para intervenir o cuestionar los poderes instituidos y apoyar las respectivas oposiciones, aun siendo militarizadas – y bien, en el caso libio, al punto de que las nuevas autoridades tengan dificultades en desarmar a los grupos armados, – en el caso Sirio sólo hay voluntad por parte de los opositores, que incluso armados, no decanta.  Oficialmente no hay petróleo en territorio Sirio.

Y aliado a la falta de esa materia importante para la sobrevivencia del mundo occidental – el crudo – está el hecho de que hay dos potencias que apoyan o “soportan” al régimen de Bashar al-Assad: Rusia y China.

En el caso de China, es el principio de la “no injerencia” en los asuntos internos, tan cara a Beijing, que prevalece en los rechazos a las eventuales intervenciones internacionales.

En el caso ruso, el hecho de que todavía se sientan engañados en relación a Libia, donde, en principio y de acuerdo con las resoluciones de Naciones Unidas, las hipotéticas intervenciones armadas serían para mantener la defensa de los derechos humanos en el país.  Lo que sucedió después fue una intervención pura para expulsar al líder dictatorial, incómoda para ciertas capitales occidentales.

A pesar de eso, y después de muchos rechazos, Rusia resolvió dar un paso a favor del “bien común” y votar en el Consejo de Seguridad de la ONU por el envío de un grupo internacional de observadores que supervisen el alto al fuego, instituido entre los rebeldes y las fuerzas de al-Assad, mediada por el antiguo secretario general de las Naciones Unidas, Koffi Annan.

Pero mostraron las evidencias de que esa contrata acabaría en un sangriento fracaso.  Los continuados reencuentros entre el Ejército sirio y los rebeldes sólo hicieron confirmar el escepticismo de los Estados Unidos y de los aliados en cuanto al grado de compromiso de los sirios – y aquí englobo a las dos partes – en relación al acuerdo de alto al fuego.

Refuerzan este claro escepticismo los recientes reencuentros militares en la frontera sirio-turca, con alguna escalada de violencia.

A quien le interesa este salto en la escalonada bélica entre una de las potencias militares de la OTAN, el aliado preferencial de los EEUU en la Región  y un pequeño estado como Siria.

No me parece que sea del interés de Damasco despertar un indolente y peligroso Jacaré adormecido en sus márgenes.

Si no es de su interés, es evidente que el mismo sólo podrá ser de los rebeldes, apenas soportados y apoyados por Irán, queriendo llevar hacia la guerra a Turquía, visando el derrumbe del régimen de Al-Assad.

Hasta aquí, todo parece meras estrategias político-diplomáticas con soportes bélicos.

Todo parecería meras estrategias si Turquía no fuese un prominente miembro de la OTAN y en el seno de esta organización no hubiese una cláusula que indica que un ataque a su miembro es un ataque a todos los miembros de la organización.

Y me parece, que está más que implícito lo que desean los mentores de los ataques, casi quirúrgicos, en la frontera turca…

Fue de cierta forma que comenzó la primera guerra mundial con el asesinato de un heredero del imperio austrohúngaro, en Bosnia, por un estudiante serbio.  Y una de las consecuencias fue que el fin del Imperio Otomano de cual resultaron algunos de los actuales Estados árabes…

mukandas (*) palabra Mbundo (de la región angoleña Ovibundo do Planalto Central) que significa:   palabras, conversaciones, decires.

El régimen angoleño suma un nuevo “éxito”

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Por Orlando Castro (Portugal)

Cerca de 28 millones de personas del CPLP son desnutridas, siendo Angola, Mozambique, Guinea-Bissau y Timor Oriental los países más problemáticos, con 44%, 37%, 31% y 23% de desnutrición respectivamente.

Y como se sabe, con excepción de Angola, todos los otros países referidos son ricos, muy ricos.  ¿O será al revés?

“No basta aprobar leyes y estrategias.  Es necesario ir al origen del problema. Es necesario que produzcamos comida suficiente para alimentar a nuestros pueblos”, dijo la directora de la organización mozambiqueña Mujer Género y Desarrollo (MuGeDe), Saquina Mucavele, hablando en nombre de la Red de Organizaciones para la Soberanía Alimentaria (ROSA).

Tiene razón.  Pero está claro, es necesario dar tiempo al tiempo y comprender que en el caso de Angola, por ejemplo, el MPLA sólo está en el poder desde 1975, que el país sólo está en paz total hace diez años, y que el presidente de la República en el cargo – sin nunca haber sido electo – hace 33 años.

Ahora, para que dejen de existir cerca de un 70% de pobres en Angola, es necesario que el MPLA se mantenga en el poder ahí durante unos 30 años.

Mucavele dijo también que la seguridad alimentaria y nutricional depende, en gran medida, de inversión en agricultura, particularmente en los países pobres, donde la producción de alimentos  aun es muy baja, apelando a los gobiernos para que realicen más inversión para la producción de comida.

Esa recomendación, como es obvio, no tiene cabida en Angola.  Las preocupaciones del régimen están puestas en otras latitudes.  Entonces, el pueblo puede alimentarse muy bien de la mandioca que encuentre en las labranzas o de sus sobras.

A su vez, la Coordinadora de la Organización Mundial de la Agricultura y Alimentación (FAO) para el derecho a la Alimentación, Bárbara Ekwall, dijo que la pregunta que se instala es que la producción mundial de comida aumentó en los últimos años, pero que paradojamente, hay cada vez más personas padeciendo hambre.

Angola es uno de los países lusófonos con la mayor tasa de mortalidad infantil y materna y de embarazo adolescente, según las Naciones Unidas.

Pero eso qué importa? Importante es saber el hecho de que la hija del presidente, Isabel dos Santos, suma y sigue, incluso cuando se sabe que el régimen es uno de los más corruptos del mundo. ¿O será por eso mismo?

Sin embargo, muchos de los angoleños que raramente saben lo que es una refacción, podrán ciertamente alimentarse con el hecho de que la hija del presidente vitalicio es también dueña de los antiguos colonizadores.

La inversión pública y el aumento de la producción de petróleo (además robado de la colonia de Cabinda) va a permitir a los angoleños, o sea, al régimen, o sea al clan de José Eduardo dos Santos, crecer más de un 8% este año.

Los pobres también van a aumentar, pero ellos no cuentan en el análisis del Banco Mundial ni para las estadísticas de los países que tienen relaciones con Angola.  Lo que cuenta es, ahora y siempre, que Angola, el segundo mayor productor petrolífero de la África Subsahariana, va a crecer este año y a muy buen ritmo.

Todo, ciertamente, gracias al oro negro.  De hecho, el petróleo representa más del 50% del producto Interno Bruto de Angola, 80% de las recetas estatales y más del 90% de las exportaciones.

Es claro que, según los estándares generados por occidente, hay buenos y malos dictadores.  Muammar Gadhafi pasó a ser malo y Eduardo dos Santos continúa siendo bueno.  Mañana se verá.

Portugal continúa de rodillas delante del régimen de Luanda, tal como estaba en relación a Muammar Gadhafi que, citando a José Sócrates, era “un líder carismático”.  Tal vez un día llegue a la conclusión de que, finalmente, Eduardo dos Santos también es un dictador. No se, sin embargo, si alguna vez el lo va a decir.  Todo porque, diariamente el clan del presidente angoleño se vuelve dueño de las occidentales playas lusitanas.

¿Alguien todavía recuerda, por ejemplo, que en Marzo de 2009, en el Palacio de Belém, sólo dos periodistas de cada país tuvieron derecho a hacer preguntas a Cavaco Silva y a Eduardo dos Santos?

¿Se acuerdan que uno de ellos, ciertamente en el cumplimento de su profesión, pero claramente, revelándose contra las reglas de los dueños de los periodistas y de los dueños de los dueños de los periodistas, cuestionó a Cavaco Silva sobre ese eufemismo al que se llama “democracia” en Angola?

¿Se acuerdan que Cavaco Silva se limitó a… no responder?

¿Se recuerdan que el día 3 de septiembre de 2008, cuando el mismo Cavaco Silva hablaba en Polonia a propósito de las elecciones en Angola, dijo lo obvio (una de sus especialidades): “Deseo que las elecciones ocurran con toda la paz, sin ninguna perturbación, justas y libres como acostumbran decir las Naciones Unidas en los procesos electorales”?

¿Se recuerdan que, en esa época, como siempre Cavaco Silva nada dijo sobre el hecho de que cuatro organismos de comunicación social portuguesa – SIC, Expresso, Público y Visão – hubieran sido impedidos de entrar en Angola a cubrir las elecciones que fueron todo, menos justas y libres?

Finalmente, hoy, Cavaco Silva, aunque más comedido, continúa pensando de la misma forma que José Sócrates, Passos Coelho o Paulo Portas, para quien Angola nunca estuvo tan bien, incluso teniendo a un 70% de los angoleños en la miseria.

De hecho, como hace ya algunos años decía Rafael Marques, los portugueses sólo están mal informados porque quieren, o porque tienen intereses eventualmente legítimos pero poco ortodoxos y mucho menos humanitarios.

Cuesta creer, pero es verdad, que los políticos, los empresarios y los (supuestos) periodistas portugueses (hay excepciones, por supuesto) hacen un esfuerzo tremendo (si se quiere, bien remunerado) para intentar legitimar lo más equivocado que sucede con las autoridades angolanas, las que están en el poder desde 1975.

¿Alguien, pregunto yo, escuchó a Cavaco Silva recordar que el 70% de la población angoleña está afectada por la pobreza, que la tasa de mortalidad infantil es la tercera más alta del mundo con 250 muertes por cada 1000 niños? No, nadie pregunta, incluso porque él no responde.

¿Alguien lo oyó recordar que apenas el 38% de la población tiene acceso al agua potable y solamente el 44% dispone de saneamiento básico?

¿Alguien lo oyó recordar que apenas un cuarto de la población angoleña tiene acceso a servicios de salud, que en la mayoría de los casos, son de mala calidad?

¿Alguien lo escuchó recordar que el 12% de los hospitales, 11% de los centros de salud y el 85% de los puestos de salud existentes en el país presentan problemas a nivel de sus instalaciones, de la falta de personal y de carencia de medicamentos?

¿Alguien lo escuchó recordar que la tasa de analfabetos es bastante elevada, especialmente entre las mujeres, una situación que es agravada por el gran número de niños y jóvenes que todos los años quedan fuera del sistema educativo?

¿Alguien alguna vez lo oirá decir que el 45% de los niños angoleños sufren de desnutrición crónica, siendo que uno de cada cuatro (25%) muere antes de cumplir los cinco años?

¿Alguien alguna vez lo oirá decir que la dependencia socio económica en base a favores, privilegios y bienes es el método utilizado por el MPLA para amordazar a los angoleños?

¿Alguien alguna vez lo escuchará decir que el 80% del Producto Interno Bruto angoleño es producido por extranjeros; que más del 90% de la riqueza nacional privada es sustraída de las arcas públicas y está concentrada en menos de un 0,5% de la población; que el 70% de las exportaciones angoleñas de petróleo tienen origen en su colonia de Cabinda?

¿Alguien alguna vez lo escuchará decir que el acceso a la buena educación, a los condominios, al capital accionista de los bancos y de las aseguradoras, a los grandes negocios, a las licitaciones de los bloques petrolíferos, está limitado a un grupo muy reducido de familias ligadas al régimen en el poder?

No.  El silencio (o cobardía) es de oro para todos aquellos que existen para servirse y no para servir.  Y ese silencio dará, obviamente, derecho a ser convidado a pasar las vacaciones en la casa flotante (de la foto) de Isabel dos Santos, la hija del presidente.

 Vea el Yate de Isabel dos Santos (Artículo)

Orlando Castro es Angoleño-portugués. Reside actualmente en Portugal donde desarrolla su trabajo como periodista independiente y Escritor.

Traducción: Bárbara Igor (MISOSOAFRICA)

VIVIMOS AFRICA – 1 / Entrevista con Orlando Castro

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Por Bárbara Igor (MISOSOAFRICA)

 

Orlando Castro, es en la actualidad una de las voces críticas más implacables contra el gobierno de José Eduardo dos Santos.  Establecido en Portugal desde el año 1975, su labor como periodista no ha estado exenta de inconvenientes, lo que ciertamente, no ha sido una limitante para continuar con lo que define como  “el deber sagrado de dar voz a quienes no tienen voz”.

Autor de libros como «Cabinda – ontem protectorado, hoje colónia, amanhã Nação» (2011) y «Alto Hama – Crónicas (diz)traídas» (2006), libro con prólogo de Eugénio Costa Almeida, donde da cuenta de su trayectoria en el portal Alto Hama, espacio informativo en clave crítica,  dedicado a la actualidad del Conjunto de Países de Lengua Portuguesa.

Es con esta primera entrevista y con la particular visión de Orlando Castro, que damos inicio a nuestra serie “Vivimos África” donde los más diversos actores, conformarán un único testimonio: el de su relación y responsabilidad para con el continente cuna de la humanidad.

ORLANDO CASTRO, PERIODISTA.

Bárbara Igor: Para muchos, Orlando Castro representa una de las caras visibles de la lucha contra el gobierno de José Eduardo dos Santos.  Más allá de su responsabilidad como periodista, ¿qué le hace insistir diariamente en esta tarea, muchas veces poco reconocida y hasta “ingrata”?

Orlando Castro: Es, efectivamente, una misión muy ingrata y hasta peligrosa.  No faltan las amenazas de todo tipo, algunas hasta de muerte.  Pero como angoleño y como periodista, tengo el deber (para mi sagrado) de dar voz a quien no tiene voz.  Y el 70% de los angoleños son gestados con hambre, nacen con hambre y mueren después con hambre.  Y todo esto en un país muy rico.  Por tanto, mientras haya un angoleño con hambre por culpa de un presidente y de un gobierno que sólo trabaja para los pocos que tienen millones y no para los millones que tienen poco, mi conciencia exige que continúe luchando.

BI: Poco se sabe en el exterior sobre la situación de los opositores al gobierno de José Eduardo dos Santos.  ¿Podría hablarnos un poco de su experiencia, en un país con lazos muy importantes con Angola, como es el caso de Portugal?

OC: Es principalmente después de la muerte, hace diez años, del líder de la UNITA, Jonas Savimbi, que terminó efectivamente la oposición al régimen de José Eduardo dos Santos.  Y si internamente, o sea, dentro de Angola, todos los que piensan de forma diferente del MPLA son culpables hasta que se pruebe lo contrario, también en el exterior (en Portugal por ejemplo) los que no son favorables al régimen, sufren la persecución propia de países que no quieren que el actual dueño de Angola se enfade.  Eduardo dos Santos, directa e indirectamente, es dueño de grandes empresas portuguesas, principalmente de comunicación social.  Y por esa razón hay cada vez menos periodistas hablando de lo que sucede en Angola.  Y también por eso, los partidos que en Angola luchaban contra el régimen, tienen poco tiempo de visibilidad en el exterior y todavía menos en el interior.

Salí de Angola, oficialmente hacia fines de 1975.  Durante los años de guerra civil, volví varias veces, entrando en el país de forma clandestina, según el régimen instaurado en Luanda, y de forma natural, de acuerdo con el partido que luchaba contra el régimen, la UNITA.  Hoy estoy impedido, en la práctica, de entrar en mi país.  Todas las tentativas de entrada legal, son boicoteadas y aplazadas “sine die”.

BI: Según lo que podemos leer diariamente en sus artículos, su trabajo además de ser informativo, intenta reforzar la ética periodística.  ¿Cómo es que surge este interés por ejemplificar el trabajo del periodista?

OC: ¡Bueno!  Cada vez más, sobre todo tomando como referencia Portugal y Angola, el periodismo dejó de tener reglas deontológicas y éticas, pasando apenas a seguir las  leyes de la oferta y de la demanda, transformándose en un mero producto comercial, en una mera mercadería.  Ahora, para mí, el periodismo debe ser una actividad en que la verdad sea el objetivo esencial y único.  De hecho, la verdad puede doler mucho, pero sólo ella puede curar.  Es, además, esto lo que el público (y es finalmente nuestro único patrón) exige de nosotros.   No obstante, cuando el “periodista” escribe sólo lo que le mandan, lo que da dinero, no pasa de ser un mercenario.  Aprendí que si el periodista no procura saber lo que sucede, es un imbécil.  Y que cuando sabe lo que sucede pero se calla, es un criminal.  Y por eso es que hay cada vez más imbéciles y criminales.

BI: ¿Tiene alguna explicación para la falta de rigor o de ética periodística de la que hace diariamente denuncia?

OC: Los periodistas, más que informar, más que formar, tienen que vender.  Vender, vender y vender siempre más.  Los periodistas son los montadores que, de acuerdo con el mercado, alinean las piezas de un crimen, de un mitin, de un atentado o de un hoyo en la calle.  Si lo que vende es dar una ayuda al partido del Gobierno para que este gane en las próximas elecciones, son esas las piezas que tienen que montar, nada contando la teoría de la exención que es tan de nuestro teórico agrado.  Si lo que vende es divulgar los productos de la empresa “X”, son esas las piezas que tienen que montar, pasando por encima del hecho de que esa empresa eventualmente no paga los salarios a sus trabajadores, promueve criminales despidos o apuesta al trabajo infantil.  Si lo que vende es dar cobertura a las dictaduras (sean las de Robert Mugame o José Eduardo dos Santos), son esas piezas las que tienen que montar, calibrándolas de forma que parezcan de los mejores ejemplos democráticos.

ORLANDO CASTRO Y ANGOLA

BI: en mi experiencia, muchos angoleños que dicen ser “apolíticos”, explican no tener reparo alguno contra el gobierno de su país, ni mucho menos haber visto represión hacia los periodistas.  ¿Cómo puede explicar esto?

OC: Para ver no basta mirar.  Es necesario querer ver.  Además, el peor ciego es exactamente aquel que no quiere ver.  Tal como en los tiempos de la Unión Soviética, con la cual el régimen angoleño aprendió todo lo que sabe, o en el tiempo de la dictadura portuguesa de Salazar, existe en Angola una cortina de fierro que separa a los hijos de los hijastros.  Y quien quiera ser hijo, quien quiera tener empleo, tener casa, tener asistencia médica… tiene que ser “ciego”.  Esto es, tiene que saber que el MPLA es Angola y que Angola es el MPLA.  No pueden, por eso, ver lo que pasa.  No pueden defender la igualdad de derechos y, mucho menos, el derecho a una opinión diferente.  La situación está cambiando, las manifestaciones de los jóvenes son prueba de eso.  Pero, aun así, por una cuestión de sobrevivencia, los angoleños sólo consiguen ver lo que el régimen quiere que ellos vean.

BI: Hablando en su propio lenguaje, podemos decir que existen dictaduras fuertes y dictaduras blandas, así como también dictaduras que representan un beneficio para las potencias económicas y culturales.  En la actualidad, ¿cómo es que el mundo ve el hecho de que el MPLA sea el único partido político en el poder desde la independencia de Angola?

OC: El mundo, en un sistema hipócrita, sólo mira hacia las riquezas de Angola.  Y mientras el régimen continúe negociando, vendiendo petróleo y comprando armas, va a mantener el estatuto de bestial.  Siempre fue así.  Fue así con Túnez, con Libia, con Egipto.  Si un día el régimen cae (y va a caer), las potencias internacionales van a decir finalmente que, Eduardo dos Santos era un terrorista y pasarán a negociar con quien esté en el poder.  Reconozco con todo, que es  más fácil al mundo negociar con dictadores que con democracias.  Es más fácil negociar con un régimen que tiene al mando desde hace más de 30 años a la misma persona, que con uno que sea democrático y que por esto va alternando a sus dirigentes.  En otras palabras, es más fácil corromper siempre a los mismos.

BI: no sería novedad una nueva victoria del MPLA en las elecciones de Agosto.  En su opinión, ¿cuáles deberían ser las nuevas directrices del gobierno en cuanto al desarrollo del país, en asuntos como: infraestructura, superación de la pobreza, mortalidad infantil y libertad de expresión?.

OC: No, no es novedad que el MPLA va a ganar.  Con los años que está en el poder, volverá, tal como en el año 2008, a poner a los muertos a votar.  Será difícil creer que el régimen alguna vez va a poner el interés del pueblo encima de sus intereses.  Como cualquier dictadura, Angola tendrá siempre dos caras.  Una de lujo y una de miseria.  Hasta por razones étnico-históricas, el MPLA nunca estará interesado en desarrollar las zonas del país donde viven pueblos que históricamente pertenecen a otra sociedad.  Fue además, esa elitista política de segregación en que los pueblos del Norte, principalmente de la región de Luanda, son valorados como pertenecientes a una casta superior, lo que llevó a que la UNITA nunca desistiese de luchar.  Los pueblo ovimbundos y bailundos siempre fueron considerados por el régimen como seres inferiores.  Sus regiones van, por este motivo, a continuar siendo las menos desarrolladas.  Por alguna razón el día 24 de Febrero de 2002 alguien dijo: “sekulu wafa, kalye wendi k’ondalatu! v’ukanoli o café k’imbo lyamale!”.  O sea, murió el más viejo (Jonas Savimbi), ahora iréis a apañar café a las tierras del norte como contratados”.

BI: ¿Cuál es su previsión para el futuro de Angola como un Estado Director? ¿Y en relación al Palop?

OC: Angola, sobre todo porque es una potencia económica y militar, acabará por tener un futuro sonriente.  Y creo que no tardará mucho.  La población está cansada de las malas acciones del régimen y va, espero pacíficamente, a apostar por el cambio democrático y por la verdadera creación de un estado de Derecho.  Y cuando esto suceda, aliando el poder económico a la credibilidad democrática, Angola será la locomotora del desarrollo de los Países Africanos de Lengua Oficial Portuguesa.  En esa altura, como se vio por su reciente interferencia en Guinea- Bissau, los resultados no fueron los esperados porque Luanda no se presentó como un estado democrático, hecho que le restó todo margen a la maniobra.

BI: Continuando con lo sucedido en Guinea Bissau, ¿cómo ve la presencia de la MISSANG y su salida hacia el reciente golpe de Estado?

OC: Como dije en la respuesta anterior, la MISSANG fue vista, y con toda razón, como un acto de colonialismo.  Si fuese Angola un régimen democrático y un verdadero Estado de Derecho, o sea, un ejemplo de buena gobernanza (como sucede con Cabo Verde), las autoridades guineanas no tendrían problemas en aceptar su presencia.  Por alguna razón los guineanos preguntaban: ¿quién es Angola para mandar una misión militar a Guinea-Bissau? Y tenían razón.  Al factor militar propiamente dicho de Angola, faltó la legitimidad que sería total si el régimen fuese democrático.

 

ORLANDO CASTRO Y EL CONTEXTO AFRICANO

BI: Podría explicarnos cómo entiende la actualidad africana, cuáles son sus mayores problemáticas a resolver, y cuáles de estas problemáticas tienen alguna posibilidad real de ser resueltas por los propios africanos.

OC: Todos los problemas africanos, y son muchos, deben ser resueltos, en primer lugar, por los africanos.  África tiene (casi) todo para ser un gran continente y hasta, de aquí a algunas generaciones, un gran espacio de desarrollo económico, humano y social, de armonía más o menos estable.  Dios, sea Él quien sea, dio a África todo lo que era preciso para ser uno de los continentes más prósperos.  Infelizmente, este espacio fue criminalmente dividido a regla y escuadra por los colonizadores europeos que, por considerarse superiores, se limitaron (con pocas excepciones, entre las cuales – a pesar de todo – Portugal) a explotar sus riquezas.  Es esta división la que originó, y origina, las endémicas guerras.  El mismo pueblo fue, por ejemplo, dividido por varios países y obligado a convivir con razas totalmente diferentes.  Ahora esto es algo que, en el contexto africano, genera guerras fronterizas.  Si a esto se junta el hecho de que las grandes potencias quieren vender armas a cambio de las riquezas naturales…

 

BI: Más allá de los problemas más urgentes que algunos de los países de África presentan, el problema de la inestabilidad política y la falta a la democracia, así como los constantes golpes de estado, parecen ser la génesis de las dificultades.  ¿Cómo es que este tipo de situaciones todavía no se pueden controlar o evitar?

OC: Es necesario que la Comunidad Internacional tenga el coraje, que yo creo que no tiene, de reconsiderar la división territorial de muchos países, creando nuevas fronteras y procurando juntar lo que es posible de ser juntado.  Con el tiempo, con la imprescindible colaboración de los africanos, será posible ver que las actuales fronteras fueron heredadas de los regímenes coloniales (recientes en términos históricos) y no corresponden a la verdad de los pueblos que ocupan esas regiones.  En muchos casos, más que querer instaurar la democracia, es urgente reinventar la geografía de África.

BI: Mucho se ha hablado de un Renacimiento del continente africano, y poco a poco vemos un creciente interés por los asuntos relativos a África.  ¿Cómo entiende esta situación?

OC: África está de moda, pero no siempre por las mejores razones. Son pocos los que, por ejemplo, se atreven a defender la tesis de que las fronteras africanas deben ser reestructuradas si se quiere pacificar el continente.  La mayoría sólo pretende explotar las riquezas y, como si esto no bastase, vender armas.  Esto porque los africanos van matándose unos a otros… pero las riquezas continúan allá, a la espera de quien las vaya a explotar.

BI: En la época de las independencias, países como Angola, Sierra Leona y Sudáfrica,  parecían ver en América Latina un ejemplo a seguir.  Hoy se habla de un África que mira con creciente interés hacia China.  ¿Cuál es su visión sobre esto?

OC: Creo que América Latina es, desde el punto de vista de la convivencia política y del rejuvenecimiento económico, un ejemplo considerado por muchos países africanos.  Lamentable que sean los chinos quienes toman cuenta de los países africanos.  Está claro que China, desde luego también por el apoyo que dio a los movimientos de liberación, está sacando dividendos de la apuesta que hizo en África.  De cualquier modo, pienso que las nuevas generaciones de africanos quieren acabar con ese dominio y enfocarse en los países que, a pesar de todo, son referencias más importantes.  Sin considerar el aspecto de que China sea  un enorme mercado consumidor y productor, América Latina puede desempeñar un papel relevante tanto en África como en Europa, pero no puede perder el tren (*).

BI: Para concluir, podría hacer una reflexión en relación a su trabajo como periodista y su interés y/o responsabilidad para con África.

OC: Hay ciertamente razones profundas para que yo crea (sin gran éxito, destáquese), que es preferible ser salvado por la crítica que asesinado por el elogio.  Hay con toda certeza razones profundas para que yo crea (sin gran éxito, destáquese) que es preferible andar todos los días, a toda hora, con la columna vertebral, en vez de dejarla en casa.  Y esas razones profundas nacieron en Angola, nacieron en África.  ¿Ha sido una tarea complicada? Ha sido y continuará siendo.  ¿Por qué? Porque es muy fuerte la presión de los que nos quieren acéfalos, autómatas y como si esto no bastase, invertebrados también.  Fue en las calles de la ciudad de Huambo que aprendí valores que, o se tienen, o no se tienen.  No se compran.  Aprendí que, tal como Angola, África no se define, se siente.

(*) Perder o comboio.  América Latina, para constituir un verdadero ejemplo para África, no puede perder el rumbo que ha tomado hasta ahora.

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Prólogo – El Sáhara como metarrelato – LIBRO

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Prólogo de Eguiar Lizundia


Pocas causas generan en España tanta adhesión y unanimidad como el conflicto saharaui. Ni siquiera la animadversión a Israel es equiparable a la solidaridad con la ex colonia, una vez que la derecha española ha abandonado casi por completo su secular antisemitismo. En el caso del Sáhara, no hay duda de quiénes son los buenos y malos, quiénes los culpables y cuál la solución. Existe poca o nula discrepancia en el diagnóstico y la prescripción de recetas, y la habitual confrontación patria que caracteriza cualquier análisis de la realidad es disipada por una comunión de juicios inédita en nuestro país. Periodistas, ex militares, historiadores, novelistas y comentaristas de toda condición cuentan la misma historia de oprobiosa cesión e incumplimiento de obligaciones internacionales por parte de España, y de ominosa ocupación marroquí. El Frente Polisario es idealizado y presentado exclusivamente como una víctima de la traición española y el colonialismo de Marruecos y Mauritania, sin ser casi objeto de revisión o crítica. Los saharauis son ensalzados como un valiente y resistente pueblo embarcado en una épica lucha contra el invasor extranjero y la negligente comunidad internacional.

Quizá más sorprendente es el hecho de que esta narrativa ha sido asumida y legitimada internacionalmente por los estudiosos del Sáhara en tanto que “última colonia africana” o ejemplo de conflicto “estancado”. Y no solamente en el romantizante ámbito francófono, pero también en el mundo—mucho más científico y empirista—anglosajón. Los autores de los dos libros más relevantes en lengua inglesa sobre el Sáhara que se han publicado recientemente, Toby Shelly y Erik Jensen, no disputan el marco totalizador establecido por los que han escrito al respecto en español. Más centrados en cuestiones de derecho internacional y humanitarias los primeros que los segundos—muchos tan embebidos de la epopeya saharaui que ni siquiera disimulan cientificidad alguna—, todos presentan un enfoque similar y tratan la cuestión de manera semejante. Al listado pormenorizado de los hechos históricos, les siguen conclusiones que parecen inevitables. Como si la Historia se tratase de una ciencia exacta cuyos resultados pudiesen ser verificados en laboratorios, estos estudiosos citan y repasan acontecimientos hasta el hastío en lugar de analizarlos en profundidad. ¿Para qué cuestionar, plantear contrafactuales, indagar en las motivaciones y opciones de los actores implicados, si el estudio de los hechos pasados ofrece una respuesta cómoda y absoluta, una narración coherente y aparentemente convincente del conflicto saharaui que explica de manera simple los acontecimientos y fija las condiciones de víctimas y verdugos, amigos y cómplices?

El presente ensayo de José María Lizundia constituye una impugnación de este discurso multiabarcador y universalizante. El Sáhara como metarrelato recupera para el análisis del conflicto saharaui las categorías históricas y políticas, los marcos ideológicos y conceptuales que el caso merece. La idea de nacionalismo, la descolonización del Norte de África, las especificidades objetivas del “pueblo saharaui”, el derecho de autodeterminación y las dinámicas particulares del tardofranquismo español son solo algunas de las variables con las que juega el autor, quien hace interactuar estos factores libremente, sin prejuicios, con miras a ofrecer una visión esta vez sí crítica, no preconcebida, de la cuestión saharaui.

La consecuencia de ese ejercicio intelectual es la refutación de la panoplia de lugares comunes que rodean el discurso oficial sobre el Sáhara. Desde el alcance de la responsabilidad de España en el actual estatus de la ex colonia, hasta la supuesta larga historia independentista de los saharauis, pasando por el carácter democrático y fraternal de la RASD, Lizundia cuestiona la “Arcadia feliz” descrita por los estudiosos de ese territorio africano, que no sería en realidad sino la enésima epopeya travestida y manipulada para satisfacer los anhelos de los héroes de causas ajenas.

Sin la beligerancia a la que nos tiene acostumbrados, Lizundia sacrifica la ortodoxia académica y el puntillismo documental en aras de la argumentación y la enhebración de ideas, que esta vez más que nunca son presentadas de manera sucinta, pero con una claridad deslumbrante que deja al lector con la sensación de que el estudio del Sáhara había sido hasta ahora patrimonio exclusivo de una colección de propagandistas o ignorantes, pues no es posible que lo que es cristalino haya sido empañado con el humo de las hogueras de los campamentos de Tinduf durante tanto tiempo, por tantos. Quizá tenga que ver el hecho de que hasta la fecha el conflicto saharaui apenas haya sido objeto de estudio por profesores de universidad españoles y extranjeros—a los que se les presume cierto espíritu crítico—, pero considerando la dimensión internacional del caso, ¿cómo explicarse el escaso interés académico que ha suscitado el tema tanto en España como en el resto del mundo?

La clave, una vez más está en el metarrelato. Un metarrelato que “cuenta la historia de los saharauis como alguna vez quedó explicada para siempre”. Un metarrelato que una vez más presenta una narración maniquea, simplista, archiconocida y, si se me permite, hasta aburrida. Que sitúa a los saharauis como un sujeto pasivo y dependiente de sus patrocinadores españoles e internacionales. Que rezuma, bajo la excusa del arrepentimiento y propósito de enmienda, un tufillo plañidero e hipócrita. Y que no persigue entender las razones del conflicto, sino atribuir culpas y méritos.
El Sáhara como metarrelato es una rebelión contra todo esto.

Septiembre de 2011, Washington, DC

Abebe Gellaw activa el debate sobre el papel de los periodistas bajo las dictaduras

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Un vídeo que muestra cómo interrumpen al Primer Ministro etíope Meles Zenawi en el Simposio 2012 de Seguridad Alimentaria del G8 en Washington, D.C. ha encendido un debate sobre el papel de los periodistas en los regímenes autoritarios. En el vídeo, se ve al periodista y activista etíope Abebe Gellaw gritando «libertad, libertad, Meles Zenawi es un dictador, está cometiendo crímenes contra la humanidad». Zenawi, que en su país suele disfrutar de una prensa aduladora, parece sorprendido e irritado.

La invitación que el presidente Barack Obama hizo al primer ministro etíope, Meles Zenawi, a la reunión sobre seguridad alimentaria del pasado 19 de mayo levantó mucha polémica en Etiopía, siendo interpretada como un insulto ante las acciones que está llevando a cabo el líder. No obstante, una vez Zenawi confirmó su asistencia a la reunión, el periodista y activista etíope Abebe Gellaw, interpretó el escenario como una ocasión única para transmitir, ante todos los líderes políticos presentes, la difícil situación que viven los periodistas etíopes en su país que, a principios del mes pasado, fue denunciada por Amnistía Internacional.

Un vídeo muestra como, en medio del discurso de Meles Zenawi, éste es interrumpido al grito de “Libertad, libertad, Meles Zenawi es un dictador, está cometiendo crímenes contra la humanidad”. En las imágenes se puede ver al primer ministro etíope, acostumbrado en su país a disfrutar de una prensa sometida a un gran control que evita la difusión de voces críticas con su trabajo, algo sorprendido (por ver al periodista allí presente y por estar siendo increpado en público) e intentando controlar su indignación con la situación mientras sube la voz para intentar silenciar a Gellaw con su discurso, algo que no consigue.

Estas imágenes, evidentemente, han sido comentadas y evaluadas por mucha gente, sobre todo profesionales de la comunicación etíope. A través de Facebook, Abiye Teklemariam compara al líder etíope con Ceausescu, el último dictador rumano. “Meles Zenawi parecía realmente desconcertado y furioso. Su reacción tiene un extraordinario parecido con aquel famoso momento en el que Ceausescu, por primera vez desde su ascenso al poder, durante un discurso fue abucheado por la multitud, que siempre se había mostrado impecablemente obediente. ¡Este vídeo dice mucho!”

Debate en las calles

La situación ha trasladado un nuevo debate a la calle. Otras firmas, como Hallelujah Lulie, no creen que esta sea la mejor manera de de combatir la situación. “Creo que la frustración empujó a Abebe a hacer lo que hizo, pero cualquier esfuerzo para racionalizar el hecho desde una perspectiva periodística es ser un hipócrita y pretender manipular y torcer las reglas y principios que afirmamos defender para que se ajusten a nuestros propios objetivos políticos. Apoyar la acción de Abebe a Meles y justificarla en términos periodísticos para que parezca profesional me induce a preguntarme si está mal cuestionar y examinar la profesionalidad y la precisión de los periodistas en los regímenes autoritarios. ¿Cómo puede una audiencia supuestamente neutral o desinformada creer cualquier cosa que Abebe u otros periodistas de su estilo digan sobre Etiopía?”, ha argumentado.

En cambio, Abiye, otro periodista etíope, ha respondido a su compañero Lulie asegurando que en una dictadura, debido al control del gobierno sobre la información que se publica, es imposible encontrar periodismo de calidad. “Se supone que los periodistas son los que nos proporcionan información exacta, y la posibilidad de que la oposición abierta y vocal a un grupo pueda afectar a esta labor puede ser un tema razonable de debate. Pero este debate sobre los límites del buen periodismo –es decir, la investigación imparcial de la verdad– comienza con la presunción de que hay lugar para el buen periodismo. Es un debate de segundo orden. En las dictaduras, esta presunción no tiene validez. El periodismo en estos sistemas es un camelo que se utiliza para justificar un resultado amañado. Sin un nivel razonable de libertad de expresión e información, reglas y prácticas contra la censura y un entorno cómodo para los periodistas, es imposible la investigación imparcial de la verdad. Esto plantea una disyuntiva fundamental a los que quieren practicar un buen periodismo: ¿Deben seguir su labor como si existiera un espacio real para trabajar (lo que es falso) o deben luchar para que este espacio cambie (lo que exige un considerable grado de activismo político)? Para mí, la respuesta es evidente. El activismo político contra el régimen que ejercen los periodistas en una dictadura es lo que hacen para que sea posible un buen periodismo”, ha razonado.

Fuente: Guinguinbali noticias.

Obama anuncia su estrategia para “un continente más importante que nunca”

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Que África es actualmente “un continente más importante que nunca”, lo es.

Que “África es más importante que nunca par la prosperidad de la comunidad internacional y para Estados Unidos en particular”, claramente lo es.

Que Obama (con un sólo viaje a la África subsahariana y al final de su mandato) y los Estados Unidos puedan hacer algo por África sin caer en sus recurrentes, lamentables y muchas veces premeditados “errores” … no lo sabemos… pero cumplimos con Informar.

(misosoafrica)

Por José Naranjo

El presidente estadounidense, Barack Obama, dio a conocer  su estrategia a favor del desarrollo en África, “un continente más importante que nunca”, con el objetivo de favorecer el crecimiento económico y reforzar la seguridad y la democracia.

“Al mirar hacia el futuro, aparece claramente que África es más importante que nunca para la seguridad y la prosperidad de la comunidad internacional y para Estados Unidos en particular”, declaró el presidente estadounidense en un comunicado.

Este plan apunta a alentar el potencial económico “sensacional” del continente en materia de crecimiento, para sacar a millones de africanos de la pobreza, en una región azotada por la miseria y los conflictos, declaró a la AFP una autoridad estadounidense bajo anonimato.

La Casa Blanca se concentrará en cuatro puntos: reforzar las instituciones democráticas, estimular el crecimiento y las inversiones, dar prioridad a la paz y la seguridad y promover el desarrollo.

Esta estrategia es anunciada cerca de tres años después de que Barack Obama, cuyo padre era keniata, se refiriera a las prioridades para ese continente durante un viaje a Ghana, el único de su mandato en África subsahariana.

La información ha sido extraída de Guinguinbali, mientras que el comentario de entrada es de nuestra autoría y respectiva responsabilidad.

Qué día de África

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Por Eugénio C. Almeida (Portugal)

25 de mayo y se celebró un día más del heterogéneo mosaico etnocultural del continente africano.

Un 25 de mayo más, lleno de promesas que como siempre, se verificará que  son en vano, ¡poco simbióticas y estériles!, tal como ha sido en los últimos 49 años…

Un continente rico en tierras arables fértiles pero que continua, preferentemente, consumiendo lo que viene de afuera.

Un continente con los mayores mantos freáticos e hidrográficos para producción de energía que podrían ayudar  a África a ser  más limpia y menos contaminada, pero que continua consumiendo excesivamente productos fósiles, la mayoría explotados y producidos en África, pero transformados en el exterior y reimportados con los consecuentes costos para el continente.

Un continente que proyecta a sus principales riquezas subterraneas para ser explotadas casi hasta su agotamiento y, a cambio de esto, recibir cualquier producto final, ni siempre el mejor y a precios absurdos y especulativos.

Madre África donde las crisis territoriales, 49 años después, continuan perdurando por intereses y voluntades externas, con gobernantes coludidos y políticos sin escrúpulos que sólo consiguen vislumbrar la mantención de sus cuentas offshore

Una inmensa y bella región terrestre donde todavía sobreviven autócratas, dictadores y semejantes, que ejercen el poder y blasonan fortunas que nadie sabe esclarecer cómo fueron obtenidas.

Un continente donde los Coup d’ Etats continuan y, más grave aun, que siendo sancionados por una parte importante de la comunidad africana, la Unión Africana parece no tener la capacidad de impedir.

Recordemos los casos recientes de Mali y Guinea-Bissau, donde la CDEAO, un subproducto de las organizaciones africanas, en donde quien realmente manda viene de afuera, no sólo no impuso un claro afrontamiento a los golpistas si no que acabó más tarde “acogiéndolos” con la colocación de presidentes próximos a los golpistas o incluso a los propios golpistas, como fue en el caso de Mali.

Y que decir de la constante escisión entre el Norte y el Sur africanos debido a la divergencia al colocar en la presidencia de la Comisión de la UA un nombre consensual. Persiste la disputa entre Jean Ping, el aun presidente apoyado por los Estados centro meridionales, y la señora Nkozasana Dlamini-Zuma, sustentada por los Estados del SADC.

Resumiendo, un año más que pasa y un año más que África continua viendo algunos de sus Estados en convulsiones poco agradables.  Cómo sería bueno que África padeciese de agitaciones provocadas por un crecimiento económico consistente que resultase en una conmoción social victoriosa.  Tristemente descubrimos que los Objetivos del Milenio para 2015 están peligrosamente próximos de su fecha límite y aquellos para los cuales la ONU batalló y que el continente acogió, parecen cada vez más remotos.

Todavía, y a pesar de todo, quiero continuar creyendo y soñando que África todavía será un continente más humanizado, menos epidémico, más libre, menos corrupto, más justo y fraterno y menos despótico, donde los Hombres, los verdaderos Hombres, gobiernan a los Hombres con sabiduría y sensatez.

Quiero una África tal como algunos Humanistas y visionarios como Senghor, Cabral, Nkrumah, Mandela, Kenniata, Nyerere, entre otros, la soñaran, una África grande y altiva, nuestra “Big África”.

Quiero continuar soñando, y ver rápido, esta mía, nuestra África.

La África que debemos ser nosotros quienes se preocupen de levantar, aunque con la ayuda de Dios:

BaNto na Hosi Sikê-léla Afrikaa” (más o menos “Dios ayudará a los africanos a levantar África”).

¡¡¡África aiué!!!

Eugénio C. Almeida, natural de Lobito, Angola, es Doctor en Ciencias Sociales y Relaciones Internacionales.

Traducción: Bárbara Igor (MISOSOAFRICA)

Sólo de vez en cuando el narcotráfico parece preocupar a los dueños de la ONU, de la UE y del CPLP

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Por Orlando Castro (Portugal)

Por lo visto, las autoridades portuguesas, al igual que Europa, sólo ahora descubrieron que el narcotráfico está amenazando la existencia de algunos países africanos, principalmente lusófonos.

De las dos una.  O andan durmiendo en la fila, lo que no sería novedad, o se benefician de esta situación.  Sólo así se comprende el silencio, la ineptitud y la constante cobardía de que hacen uso.

La inestabilidad socio-política en los países de la África Occidental, está dejándolos a merced de narcotraficantes y de “extremismos”, incluyendo el terrorismo islámico, volviéndose una amenaza sobre todo para Europa, lo que exige una intervención de la comunidad internacional.

Esta tesis fue defendida por los investigadores Victor Ângelo y Rui Flores, por ese entonces técnicos de la ONU,  en un estudio publicado por el Instituto Portugués de Relaciones Internacionales de la Universidad Nova de Lisboa en Agosto de … 2007.

En el estudio “La mezcla explosiva de la expansión demográfica, desempleo y narcotráfico en África Occidental”, los dos investigadores destacan que la actual explosión demográfica – la población de la región deberá aumentar en 100 millones de personas hacia el 2020 – no está siendo acompañado por el crecimiento económico y la creación de empleos, “llevando a que los jóvenes no tengan perspectiva de futuro” y vivan en la pobreza.

“Este cuadro demográfico social y económico es propicio al desarrollo del extremismo, sea de tipo terrorista, como Al Qaeda, o de otros, que tienen en la juventud un ejército de reserva radical a la espera de un lider”, indican los investigadores.

“Presionados por el desempleo y por el hambre, pesimistas en relación a las perspectivas de futuro, (los jóvenes) ven en la adhesión a un grupo paramilitar o integrista, un viaje sin fin hacia su única salida – y por eso desaguan todas las semanas centenas de inmigrantes ilegales en las costas de las Canarias o en el Sur de España, en Malta o en la “bota italiana”, afirman.

Entre los 15 países de la Comunidad Económica de los Estados de l África Occidental (CEDEAO) están dos Estados lusófonos: Cabo Verde y Guinea-Bissau.

Del grupo también forman parte Benin, Burkina Faso, Costa de Marfil, Gambia, Gana, Guinea, Liberia, Mali, Níger, Nigeria, Senegal, Sierra Leona y Togo.  De estos países, sólo Cabo Verde, Gana y Senegal no sufrieron golpes de Estado en las últimas décadas  y 12 de ellos están en el grupo de los 31 Estados más pobres del mundo, en el indice de desarrollo de las Naciones Unidas.

Victor Ângelo y Rui Flores destacan la ineficiencia del general de los Estados, que se encuentran minados por los “virus de la corrupión”, visible en el “funcionario público que recibe dinero por debajo de la mesa”  y en el “alto gobernante que garantiza para si mismo un porcentaje de cualquiera de los contatos establecidos por el Estado, y una compañía que también se apropia de recursos provenientes de la cooperación internacional”.

La causa, defienden, está en la legislación “opaca, de dificil comprensión y aplicación”, muchas veces copiada “sin ninguna consideración por los contextos históricos y sociales de cada país”, pero también por el Estado “pagar poco y a más horas”, ejemplo de lo que pasa en Guinea-Bissau.

Todo esto, afirman los dos investigadores, convierten a estos países particularmente vulnerables al crimen organizado y en prticular, al narcotráfico que, hace de países como Guinea-Bissau plataformas giratorias en las rutas internacionales de la droga entre America del Sur y Europa.

“Hay una mezcla explosiva que puede hacer de África Occidental una especie de “cóctel molotov” de dimensión regional, cuyos daños afectarán sobremanera a la Unión Europea.  Sus efectos, inclusive, ya comenzaron a hacerse sentir”.

“Este aumento exponencial en el tráfico de droga en la región se debe no sólo a la fragilidad de los Estados, si no que también al hecho de que el negocio de los estupefacientes es extremadamente lucrativo, en particular el tráfico de cocaína y heroína”, comentan Victor Ângelo y Rui Flores.

A modo de ejemplo, se referían en ese estudio del 2007 que en Guinea-Bissau, el decomiso de 635 kilogramos de cocaína en Abril, equivaldría a unos 8.5 millones de euros en el mercado de la región; vendida en España, la droga generaría un lucro de 11 millones de euros, valor que equivale al 20% del total de la ayuda internacional de Guinea-Bissau, 14% de todas las exportaciones del país y casi 400 veces el total de la inversión internacional directa en el país.

La disponibilidad creciente de cocaína en la región llevó al establecimiento de almacenes por toda la costa, lo que vino a facilitar el aumento del tráfico hecho por locales y la existencia de redes estructuradas capaces de adquirir y redistribuir centenares de kilos”, argumentan.

Los dos investigadores destacan que el problema “no es sólo la ausencia de medios”, si no que también “una cierta resistencia crónica del poder político en tomar medidas que combatan eficazmente el tráfico”.

“Es en este escenario que surgen los narco-estados.  Al final hay quien vea en la asociación a los grupos del crimen organizado sólo una tentativa de asegurar un modo de sustentar a su familia”, dicen.

Para atacar este problema, “que tiene todas las condiciones para poner en riesgo la estabilidad internacional”, los investigadores sugieren la asistencia de la comunidad internacional, apuntando hacia más cooperación policial y al fortalecimiento de las instituciones nacionales, con especial atención en la reforma de seguridad, sobre todo cuando se acumulan sospechas sobre militares y de agentes de seguridad involucrados en el narcotráfico”.

El problema, señalan, exige todavía medidas para disminuir el impacto de la explosión demográfica y del desempleo, y la revisión de las políticas de la Unión Europea sobre inmigración y aduanas, “abandonando medidas proteccionistas, para permitir que otras regiones se desarrollen y consigan entrar con sus productos de manera competitiva en Europa”.

Concluyendo, apuntan a la necesidad de la comunidad internacional y las Naciones Unidas de definir el narcotráfico como crimen contra la Humanidad, aun asumiendo que “podrá no ser fácil de conseguir”

 Orlando Castro es Angoleño-portugués. Reside actualmente en Portugal donde desarrolla su trabajo como periodista y Escritor

Traducción: Bárbara Igor (MISOSOAFRICA)

27 de mayo y ya son 35 años…

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Por Eugénio C. Almeida (Portugal)

Han transcurrido 35 años desde que aconteció una de las páginas más negras de la historia político-social de Angola.

Hace 35 años ocurría el nunca esclarecido fratricidio del 27 de mayo entre militantes del MPLA, en ese entonces MPLA-Partido de los Trabajadores.

Por un lado, partidarios de Agostinho Neto, en esa época, presidente de la entonces República Popular de Angola, y del entonces Mayor José Eduardo dos Santos, relator del proceso a Nito Alves.

Del otro lado, precisamente Nito Alves – a quien se atribuye la autoría de la famosa carta que contendría las no menos famosas “13 Tesis de Nito Alves”, aunque se crea que las mismas habrían sido escritas por un militante y comisario político en Cabinda de nombre Pedro Santos (*) – y de otras personalidades que fomentarían el “fraccionismo”, como fue descrito por los colaboradores de Neto, como Zita Valle, Ademar Valles o José Van-Dunem.

Es cierto que hubieron, esos son por lo menos los diversos testimonios más o menos creíbles, una enorme cantidad de muertos y centenares de detenidos, algunos de los cuales continúan desaparecidos.  Oficialmente, sólo han sido referidos como “muertos oficiales” 7 angoleños partidarios y adversarios: los 4 arriba citados del “fraccionismo”, Saydi Mingas, Helder Neto y Eugénio Veríssimo da Costa “Nzaji”.

Esta fue una crisis que traspasó el canal del MPLA. En ella, intervinieron directa e indirectamente soviéticos y cubanos.  Con la particularidad de que cada uno apoyaba una de las facciones.  Según algunos autores y analistas habría sido aquí que comenzaron a enfriarse las relaciones entre la antigua URSS y Cuba.

Hay quien también afirma que fue aquí que Neto comenzó a perder la “simpatía” de Moscú y…

35 años después, todavía hay familias a las que les gustaría hacer el debido luto.

Sólo que las autoridades angolanas, o mejor, las cúpulas del MPLA mantienen un absurdo mutismo sobre el 27M y sus consecuencias.

Es hora de que el MPLA se abra, de una vez a la comunidad y cree internamente o incluso a través del Gobierno Nacional, en la línea de lo que hizo, y muy bien, Sudáfrica y recientemente Brasil: una comisión de Verdad donde todo pudiese ser transmitido a la comunidad para liberar a los fantasmas.

No creo que eso venga a crear nauseas al partido minoritario, por el contrario.  La transparencia es el mejor remedio y las familias respirarían finalmente.

Mientras esto ocurra, muchos angoleños continuarán mirando el 27M y esperando…

(*)Esta materia puede ser leida en el Libro “Angola: potencia regional emergente”

Eugénio C. Almeida, natural de Lobito, Angola, es Doctor en Ciencias Sociales y Relaciones Internacionales.

Traducción: Bárbara Igor (MISOSOAFRICA)

Lo que no sabemos: qué está pasando en Egipto.

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Por Sebastián Arena (MISOSOAFRICA)

“Occidente” se ha convertido en un poco confiable conglomerado que, cuando no puede o no quiere negociar, es capaz de botar un régimen… sus prácticas diplomáticas se ven opacadas por las prácticas propias de un grupo mafioso, capaz de deshacerse y de hacerse de quien sea necesario..”

Nos invaden las preguntas respecto de Egipto, ¿cómo eran allá las cosas? Y ¿En qué han derivado? ¿Qué se esconde detrás de la denominación “primavera Árabe”? Serían las lógicas preguntas que debiésemos tener resueltas para interpretar que es lo que “realmente está sucediendo allá”, después de todo, el Egipto de Mubarak era algo así como una “dictadura normal” para occidente, similar a la Libia de Gadaffi en su abominable normalidad. Una dictadura más funcional a occidente, de esas que aún abundan en la geografía del tercer mundo.

Según Julian Assange, editor de Wikileaks, en el Cairo, solo fuera de las reparticiones diplomáticas y los lugares “estratégicos” de instituciones nacionales e internacionales, legítimas e ilegítimas, podía sentirse una cierta normalidad. Pero ¿qué pasaba en el interior del poder egipcio y del poder en Egipto? Las cosas parecían andar bastante menos “normales”, la militarización y la paranoia que por lo general se asocia a las zonas altamente conflictivas, era alta. Quizás altísima. Esto tiene que llevarnos a ciertos razonamientos básicos, entre ellos el que nos permita dilucidar por que ciertas situaciones abiertamente no-democráticas persisten en un mundo, en donde se nos dice insistentemente que la lucha ideológica ha terminado y que se ha impuesto una especie de pax, ¿No es acaso esta interpretación “liviana” y funcional de una antigua dictadura “(ideo)lógica” en sí misma?

Occidente es proclive a negociar con cualquier tipo de régimen mientras las decisiones de estos sean favorables a los intereses de la coalición triunfante de la guerra fría, liderada indiscutiblemente por Estados Unidos. Porque es evidente que en eso se ha transformado “occidente”, ya no más en el heredero directo de la Democracia representativa, acá las obras buenas ya no alcanzan a tapar el daño. “Occidente” se ha convertido en un poco confiable conglomerado que, cuando no puede o no quiere negociar, es capaz de botar un régimen… a condición de que este sea débil, la mayor parte de las veces sus prácticas diplomáticas se ven opacadas por las prácticas propias de un grupo mafioso, capaz de deshacerse y de hacerse de quien sea necesario, en el lugar en que estime de conveniencia para sí y sus intereses.

¿Puede acaso la situación específica de Egipto desligarse un solo instante de la situación general de oriente medio y las planificaciones estratégicas que han trazado para esta zona del mundo, los nuevos y viejos poderosos aliados de OTAN? Antes recapitulemos un poco, puesto que es necesario hacerse cargo de un pequeño detalle: La eclosión de la URSS no se llevó consigo a la OTAN, más bien podría incluso decirse que esta última fue absorbida por la organización atlántica, por lo que, fuera del fin de la bipolaridad, el sistema mundial quedó absolutamente cargado hacia un lado. Quizás pueda acusársenos de inmediatistas, por que ciertamente esta región de límites borrosos ha sido históricamente y sobre todo después de la primera guerra mundial, un constante foco de inestabilidad y conflicto. Pero el mundo post-ideológico que se nos ha plantado a fuerza de repetición acepta como paradigma positivo la disolución de la Unión Soviética y con ella del “nudo” de la guerra fría. Detenemos la machina de la revisión histórica y nos centramos en un periodo histórico que transita de la fase bipolar, a la unipolar, que según muchos no es sino presagio de la multipolaridad mundial, o sea una distribución del poder no – polar o multipolar.

¿Podemos dejar fuera del análisis, más de una década del proceso de invasión de Afganistán o el desmembramiento del país que alguna vez fue Irak? ¿es acaso explicable la sucesión de relevos de regímenes totalitarios, por regímenes no – democráticos designados a dedo y mucho menos, representativos, sin atenderse a un conflicto que cada vez parece más la repartija de un botín? el proyecto de un “Gran medio oriente” anunciado como doctrina norteamericana respecto de la región, y la actuación militar unilateral de la OTAN, oblicua acción humanitaria, que es también repartición de armas para grupos que ayer eran contrarios y quitándole el apoyo a sus clientes; haciendo añicos el derecho internacional, ¿son acaso cosas que podríamos o deberíamos pasar por alto?

La instalación masiva de la guerra como sustituto y no como continuación de la política, la acusación de salvajismo político – cultural es en sí misma enceguecedora de la naturaleza política de todos los conflictos actuales, si existe la predisposición hacia la guerra dentro de la especie, esta es por lo general una inclinación de los poderosos ante cualquier merma o amenaza respecto de su poder, los pueblos son en general más pacíficos. Atribuir causas, incluso religiosas a la violencia política, es un error salvaje y muchas veces deliberado de los “expertos”, los políticos y sus primos hermanos, los politólogos para inducir en nosotros la sensación de seguridad por medio de una respuesta clara. Las respuestas claras, son por lo general el atributo más frecuente del fundamentalismo, seguido por cierto de la violencia.

Lo cierto es que seguimos sin comprender lo que en esencia sucede en Egipto, y lo que es peor, la zona de inestabilidad se extiende a países que hasta hace muy poco no eran noticias por sus antiguas dictaduras…Siria, el Irán de la revolución, el relevo de un régimen dictatorial, por otro régimen militar, las multitudinarias marchas populares, el movimiento político no esperado de sus ciudadanías y las luchas populares llevadas a cabo en el último año, dicen ciertamente que existe una voluntad popular creciente, “indignada” y exasperada por cambiar las cosas, sin embargo, estas no parecen cambiar para mejor, ¿será el pueblo egipcio capaz de sobreponerse al diseño estratégico y las modificaciones que en escritorios y bajo frías luces, se llevan a cabo ante cada contingencia? Las opiniones están divididas y no existen hasta el momento indicios de que esto se esté llevando a cabo, sin embargo algo está pasando en Egipto, algo se está moviendo allá y también en el mundo. Egipto quizás sea una buena metáfora, la “primavera árabe” quizás una mejor, pero la historia primero debe suceder. Occidente a veces no es sino la autorrealización de una idea que parece nefasta y agotada por la realidad.

IMAGEN: AGENCIA EFE

Sebastián Arena es Licenciado en Historia y Master en Estudios Internacionales por la Universidad de Chile.  Colabora periodicamente con Misosoafrica por medio de traducciones y artículos de su autoría.

“Evento del año en Angola y la Diáspora” – Informativo

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Por medio de Alto Hama no hemos enterado de la existencia del movimiento “Juventude Angolana”, que en estos momentos organiza vía internet una manifestación contraria al gobierno de José Eduardo dos Santos.  Nos parece importante darla a conocer, respetuosamente, como una muestra legítima del derecho a la democracia y a la libertad de expresión.

 

Los días 25, 26 y 27 de Mayo de 2012 a las 13 horas, en Angola y en la Diáspora, en conjunto viviremos las más bonitas emociones del año y el fin del reino del dictador José Eduardo dos Santos, así como el fin del JES/MPLA régimen del  terror anti-democrático y conservador del poder colonial.

 

ASUNTOS  DEL DÍA

1- confirmamos : 5-11-11 día de la libertad y 11-11-11 día de la independencia y día de la juventud,  día de nuestra independencia nacional, y ¡nuestra independencia total ! ¡Angola, nuestra Angola, es nuestra tierra !

2-apoyamos : Querella criminal contra el dictador José Eduardo dos Santos, exigimos que presente todas sus cuentas bancarias en el extranjero y el dinero robado al Pueblo.

Querella criminal contra la humanidad, crimenes cometidos por sus generales “DIAMANTES DE SANGRE”

3-acusamos : al presidente en ejercicio de la Republica de Angola José Eduardo dos Santos por diversas causas, incluyendo su incapacidad de salvar Angola de la hipoteca colonial.  JES usa el dinero de los fondos del Petróleo, Diamantes y otras riquezas para su propio beneficio, el de su familia, del MPLA/JES, de sus amigos y seguidores. JES es un presidente ilegítimo, nunca fue electo democráticamente.  El Gobierno de JES/MPLA es ejemplo de una gobernación mafiosa, asamblea nacional de corruptos, regimen del terror autoritario y anti-democrático, conservador del poder colonial

4- exigimos : la dimisión inmediata e incondicional del presidente de la República de Angola, ingeniero José Eduardo dos Santos. Apertura de los procesos de Querella criminal en el Tribunal Supremo de Angola (TSA). Y liberación de todos los presos políticos en todo el territorio nacional.  La prisión es el lugar para los criminales.

5- determinamos : el Fin del reino del dictador Dos Santos y el fin del régimen dictatorial en Angola, ¡nuestra Angola y nuestra tierra !

Para ver la información original  PRESSKING

“EL REY EDUARDO Y SU ORO NEGRO” – Angola

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Por Orlando Castro (Portugal)

¿Angola es uno de los países más corruptos del mundo? Sí, es.  ¿Es uno de los países con peores prácticas democráticas? Sí, es.  Es un país con enormes desigualdades sociales? Sí, es.

A pesar de todo esto, el régimen continúa siendo adulado por medio mundo, estando el otro medio a la espera de oportunidades para también adularlo.   Todo porque Angola tiene petróleo y este oro negro está en las manos de media  docena de elementos del clan del presidente.

Recientemente el jefe de división del departamento africano del Fondo Monetario Internacional, Mauro Mecagni, elogió el desempeño positivo de la economía angoleña, debido a las buenas políticas que están implementándose por parte del Ejecutivo angoleño.

Si eso en nada contribuye para el bien estar de los angoleños o para la transparencia del régimen, o para la democraticidad, o para el respeto por los derechos humanos, poco importa.

Nótese que las compañías petrolíferas Total y Petrobras, hicieron de eso un motivo de festejo internacional, al firmar con la empresa del régimen (la Sonangol) acuerdos de producción de petróleo en el Presal angoleño.

La compañía francesa Total firmó con la Sonangol tres contratos de participación en la producción que le confieren, en  calidad de operadora, una participación de 50% en el bloque 40 y otra de 35%, en el bloque 25. Un tercer contrato da a la compañía francesa una participación del 15% por ciento en el bloque 39, pero en calidad de asociada.  Y lo que importa es exactamente eso.  Además de que, es más fácil negociar con una dictadura en que son siempre los mismos que están en el poder. En cuanto al pueblo que muere en la miseria, ese no es un problema ni de Total ni de Petrobras porque, de hecho, no son ciudadanos franceses ni brasileños.

El director de investigaciones de Total declaró recientemente la satisfacción de la compañía francesa con los resultados de la licitación y reafirmó el compromiso del grupo petrolífero en mantenerse como uno de los principales inversores y operadores petrolíferos de Angola.

“Estamos satisfechos con los resultados de la licitación, que ilustran el compromiso de Total de continuar siendo uno de los principales inversores y operadores petrolíferos en Angola y de asumir un papel destacado en la investigación de esta prometedora cuenca del offshore profundo, un sector donde el grupo ya demostró competencia y su know-how”, declaró Marc Blaizot.

A su vez, el director de la división internacional del Grupo Petrobras anunció, en Río de Janeiro, que la compañía inicia este año pozos de prospección en el bloque 26 del Presal angoleño, localizado a lo largo de la cuenca de Benguela.

Jorge Zelada mencionó la existencia de algunos proyectos en la costa occidental del continente africano, en países como  Benin y Gabón, y proyectos de producción de bio combustibles en Mozambique.

Apesar de todo,  Francia continua jugando bien en diversos tableros africanos. En el caso de Angola, de vez en cuando el régimen acusa a los franceses de estar involucrados en conspiraciones contra los países, principalmente contra la democracia que (no) existe, contra la legitimidad de un presidente (no) electo, contra las reglas del Estado de Derecho que Angola (no) es.

El régimen del MPLA acusa sobre todo a  la Agencia Francia Press de hacer campaña contra Angola, sugiriendo inclusive (a través de su órgano oficial – el Jornal de Angola) que – por ejemplo – han habido conexiones entre  Francia y el ataque a la escolta militar angoleña contra la selección togolesa de fútbol, en la colonia de Cabinda.

Todo estaría bien si, como hizo el presidente portugués, Anibal Cavaco Silva, Nicolás Sarkozy hubiese dicho que el territorio de Angola va de Cabinda a Cunene. No lo dijo y por eso el régimen angoleño, que ocupa militarmente Cabinda, no perdona.  Pero ciertamente que ahora François Hollande va a corregir la puntaría.

No se porqué, pero creo que, viendo bien las cosas, los franceses saben más de la Historia de Portugal que los propios portugueses.  Siendo cierto que para las actuales autoridades de Lisboa parece que esa misma Historia sólo comenzó a ser escrita en Abril de 1974.

París sabe muy bien que el régimen que desgobierna Angola desde 1975 es una dictadura y que, por eso, entiende que quien piensa de manera diferente es obligatoriamente enemigo.

“Quedé triste con este artículo (del Jornal de Angola) que sugiere que Francia debe ser acusada de fomentar una conspiración contra Angola a través del FLEC.  Es absurdo, en primer lugar, y también extraño,” dijo en la ocasión Francis Blondet, entonces embajador de Francia en el reino de José Eduardo dos Santos.  Pero, viéndolo detenidamente, no tiene nada de extraño.  Además la ira del dueño de Angola, José Eduardo dos Santos, tiene otros orígenes, siendo el más conocido el del caso “Angolagate”.

Además de eso, Hollande – tal como hasta ahora Sarkozy – no puede olvidar que más de 70 empresas francesas están establecidas en Angola, inclusive – ¡pues claro! – la gigante del petróleo Total, que es el segundo mayor productor de petróleo en el país, después de Chevron…

Título original: “Sarkozy, Hollande e o Rei Eduardo”

Traducción: Bárbara Igor (MISOSOAFRICA)

 Orlando Castro es Angoleño-portugués. Reside actualmente en Portugal donde desarrolla su trabajo como periodista y Escritor

¿La tolerancia Cero en África?

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Por Eugénio C. Almeida (Portugal)

El Golpe en Guinea-Bissau y la intolerancia de los golpistas para aceptar devolver el poder a la clase política electa (o deficientemente electa) por voto popular, lleva – llevó al CEDEAO/ECOWAS a un desafío primordial: hacer equivaler el nivel de sus decisiones “a la proclamada toletancia cero” ante situaciones de alteración del orden constitucional por vía de fuerza.

En realidad el CEDEAO se limita a ser un mero reflejo de lo que pasa con la Unión Africana (UA).

¿Dónde está la tolerancia cero tan pregonada por la UA cuando se verifica que Malí continúa bajo el poder de los golpistas y de la secesión del país por los tuareg?

¿Dónde está la UA que continúa viendo, impávida y serena, el desmembramiento de Somalía?

¿Qué hace la UA con la crisis del Norte de África, principalmente en Egipto, o con la crisis sudanesa?

¡Los africanos comienzan a estar hartos de tanta “(in)tolerancia cero” mal encaminada!

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Eugénio C. Almeida, natural de Lobito, Angola, es Doctor en Ciencias Sociales y Relaciones Internacionales.

Traducción: Bárbara Igor (MISOSOAFRICA)

Gadhafi, Sarkozy y otros, ¡qué tal!

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Por Orlando Castro (Portugal)

Al parecer, el régimen de Muammar Gadhafi aceptó en 2006 financiar con 50 millones de Euros la campaña de Sarkozy en las presidenciales del 2007.


El día 29 de noviembre escribí aquí (donde más iba a ser) que la muerte de Muammar Gadhafi, así como la de sus principales colaboradores, sería una “bendición para los dueños del mundo”.

Esto porque -contaba-, con tales muertes nadie llegaría a saber de los negocios del líder libio con algunos de sus grandes amigos que, como José Sócrates, lo consideraba “un líder carismático”.

También no dejaba de parecer gracioso que la familia de Muammar Gadhafi (la que queda), presentase, como dijo que haría, una queja en el Tribunal Penal Internacional contra la OTAN por “crímenes de guerra”.

Independientemente de que Gadhafi lo mereciera, en mi opinión morir no una sino que una docena de veces, lo que la OTAN hizo en Libia (pero que no hará en otros países con dictadores bastante más facinerosos) fue el ejemplo acabado de que los dueños del mundo conocen la razón de la fuerza pero nunca oyeron hablar de la fuerza de la razón.

El antiguo líder libio de 69 años que huyera de Trípoli hacia finales de agosto del año pasado, fue capturado vivo, bien vivo además, cerca de Sirte (a 360 kilómetros de la capital) y asesinado a tiros.

Que se sepa, aunque no se tenga la certeza, no fue la OTAN quien dió el tiro de misericordia a Gadhafi, aunque todos hayan lucrado con el silencio definitivo del líder libio.

Cierto es que fueron los aviones de la OTAN que dispararon contra la columna de vehículos en la que iba Gadhafi.

Aunque el homicidio voluntario sea un crimen de guerra previsto por el artículo 8 del Estatuto de Roma del Tribunal Penal Internacional, la OTAN siempre dirá que en aquella situación Gadhafi continuaba constituyendo una amenaza para Libia, es más, hasta para África, o quien sabe, para el mundo entero.

Inicialmente se decía que la OTAN estaría en la región para además de tirar la piedra y esconder la mano, proteger a la población, excluyendo siempre el objetivo de derribar al régimen.

Como luego se vio, era una treta como cualquier otra.  Algunos países de la OTAN inundaron a los rebeldes con todo tipo de armas, les dieron instrucciones, planearon los ataques y coordinaron las acciones con la Fuerza Aerea de la Alianza Atlántica.  Todo, claramente, para defender a las poblaciones y nunca derribar al régimen.

Del lado de la OTAN están como siempre sucede con los vencedores, una serie de países, ni todos de forma sincera.  No será el caso de los europeos pero es, con toda seguridad, el caso de muchos estados árabes que, con miedo de los perros raviosos, aceptaron (aunque contrariados) la ayuda del león.

Cuando se den cuenta (ya algunos se habían dado cuenta), el león habrá derrotado al perro y se preparará para comérselos.  El león, como una vez más se confirma, no tendrá que contar necesariamente con nacionalidad norteamericana.

Sin embargo, los hombres del tío Sam son especialistas en criar leones donde más les convenga.  En cierta medida, Osama Bin Laden, tal como Saddam Hussein, o como Muammar Gadhafi, fueron leones “made in USA”.  Al contrario de lo que piensan los ilustres funcionarios de la OTAN,  del FBI, de la CIA, o de cualquier cosa de ese tipo, ninguno tienen en este planeta (por lo menos en este) autoridad y poder ilimitados.

Los malos de la película, según los realizadores de la OTAN, podrán no tener la misma capacidad bélica que los EEUU y sus aliados.  Van a ser y continúan siendo, humillados, sobre todo por el número de muertos que el único error que cometieron fue el de haber nacido.

¿Son las leyes de la Razón? No.  Son las leyes del instinto.  Instintos que van mucho más allá de las leyes de la sobrevivencia.  Entran claramente (tal como entró Bin Laden o Muammar Gadhafi) en la ley de la selva en que el más fuerte es, durante algún tiempo, pero nunca durante todo el tiempo, el gran vencedor.

Sea como sea, el Mundo Árabe sólo está del lado de los países de la OTAN por cuestiones estratégicas, por opciones instintivas.  Bien o mal, en materia de razón, los árabes están con los suyos… y esos no son los nuestros.

Por lo menos desde la Guerra de los Seis días, el aprendizaje de los árabes ha sido notable.  Aceptan lo que los dueños del mundo definen como enemigos, ahorcan hasta a sus pares con la cuerda abastecida por occidente, pero en la mejor oportunidad, van a ahorcar a americanos y europeos con la cuerda enviada desde Nueva York, París o Londres.

Traducción: Bárbara Igor (MISOSOAFRICA)

Angola: Potencia Regional en Emergencia – Libro – Eugénio da Costa Almeida

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Por Rodrigues Vaz

Las Oportunidades de Angola.

Lo que le falta a Angola para ser una potencia regional completa es, antes que todo, la capacidad tecnológica, destaca el sociólogo angoleño Eugénio da Costa Almeida.

Enfatiza el autor, “Angola tiene poder militar, proyecta política e ideológicamente su visión organizacional, o sea, es casi un hard power, además de ser una clara potencia emergente económicamente, aunque naturalmente todavía sientan los naturales problemas de crecimiento de quien recientemente salió de una guerra”.

Basado en la tesis “La Unión Africana y la Emergencia de Estados-Directores en África:  El caso de Angola” elaborada para su doctorado en Ciencias Sociales en el área de Relaciones Internacionales, Eugénio da Costa Almeida (ECA), intenta a lo largo de este ensayo, presentar una perspectiva sobre como será posible relacionar la existencia de potencias regionales en África, con las lineas programáticas que nortean a la Unión Africana, enfatizando en la potencia emergente: Angola.

En el ensayo son abordados, entre otros, la contribución de los movimientos de negritud norteamericanos para el surgimiento de las acciones panafricanistas, la problemática histórica de la independencia angoleña y todo lo que condicionó los años siguientes hasta la paz en 2002, sin olvidar todos los condicionalismos externos que ayudaron a amoldar la historia angoleña, y finalmente de ésta hasta la etapa actual de potencia regional emergente, aliada a las relaciones de Angola con el continente africano y con sus principales socios estratégicos en las regiones donde se inserta como una emergente potencia regional y, simultáneamente, una potencia con tendencias para ser un instrumentality power en ciertas regiones.

Otra falta apuntada por el autor es la debilidad, hasta ahora, de la Marina angoleña, común al resto de los protagonistas africanos, que continúan sin presentar una fuerza marítima a la altura de su imagen, hecho que está finalmente siendo enfrentado, como es el caso de Angola, que creó recientemente una Escuela Naval de Guerra y encomendó también en los últimos años, varias fragatas para reforzar la vigilancia de sus aguas marítimas, unas obtenidas en China y otras “ofertadas” por Alemania.

Pero, destaca el autor, “un desarrollo estructural de unas Fuerzas Armadas, implica un fuerte, sustentado y diversificado crecimiento económico que aun no sucede en Angola, ya que continúa apoyando su floreciente economía en el petróleo y en los diamantes, aunque, se reconoce que el gobierno angoleño ha intentado, todavía de una manera mínima, alterar la estructura económica del País”.

Se registra como muy positivo, que una gran mayoría de los economistas africanos y el propio gobierno, defienden la diversificación de los diferentes medios sustentables de la economía y la focalización de los planos estratégicos apuntando a diversificar la base económica del país a través de la creación de polos de desarrollo industrial – ya hay cuatro por ser implantados en Viana (Luanda), Catumbela (Benguela), Lubango y Matala (Huila), y dos en fase de ejecución en la provincia del Kwanza Norte (Dondo y Lucala)- y de las Zonas Económicas Especiales.

De cierto modo, en algunos conflictos regionales africanos, rival de Nigeria y de Sudáfrica, sus antiguos partidarios,  aunque ocasionalmente ínter colaboren, como fue en el caso del conflicto de la región de los Grandes Lagos, ECA señala que “si Angola muestra su influencia en el SADC como en el CEEAC, también es verdad que en el CPLP esa influencia es cada vez más efectiva, como prueba su preponderancia en la secuencia de la resolución del conflicto político de Guinea-Bissau con la presencia de observadores e instructores militares para planificación y re estructuración de las fuerzas militares guineanas, y cimentar la ayuda y apoyo a los guineanos con miras a encontrar rápidamente los caminos de la paz, de la estabilidad y del desarrollo socio económico del País”.  Y no olvidar la participación muy activa de Angola en los Servicios de Seguridad e Inteligencia de África (CISSA), cuyos principales desafíos pasan por la alerta de la existencia de conflictos que puedan amenazar la paz y la seguridad de los Estados signatarios, por el refuerzo de los mecanismos de actuación, de las líneas de comunicación y por la atribución de tecnología original en la Unión Africana.

A decir verdad, reconoce el autor, “Angola ha canalizado a su provecho todas las oportunidades que se le deparan para ser reconocida como una potencia regional emergente, principalmente en la África Central, sin nunca descuidar algunos países meridionales que con ella bordean o que socialmente más cerca estén de ella, como son los casos de Zimbabue y de Mozambique, o aunque más distantes, no dejan de ser considerados como países a tener en cuenta, como es el caso de Guinea-Bissau”. Y en casos como este, Angola surge más como una emergente potencia con tendencias para ser lo que se llama intrumentality power. No debemos olvidar, por ejemplo, que Angola hasta llegó a ser convidada a participar como una de las potencias gestoras y militares para la resolución de la crisis somalí, lo que vino a declinar con gran sagacidad y diplomacia.

Según el autor, lo que hace que Angola surja en la cuestión muy hablada en los últimos años de la creación de los Estados Unidos de África – ahora que desapareció Kadhafi, que tenía de este problema una visión muy inmediatista-,  como una de las potencias que mejor estarán posicionadas para ascender a la presidencia de la futura organización continental en una etapa inmediatamente anterior, debido a su reconocido empeño en la seguridad continental, en una resolución y pacificación de muchas de las crisis ocurridas en la región centro austral de África.

Capacidad Proyectora de Angola

Porque es cada vez más evidente la capacidad de proyección de Angola en la región y en África, bien como su capacidad de negociación de cara a sus principales socios económicos.  “Pero si Angola comienza a gozar de acuerdos preferenciales con Occidente, incluido EEUU, (…) también no es menos cierto que Angola nunca descuidó las relaciones políticas, económicas y no pocas veces, militares con sus vecinos, la mayoría miembros del SADC, con particular énfasis en su principal potencia económica, la República de Sudáfrica”.

Concluyendo, el autor es perentorio: “Angola parece estar en el mejor camino, pero, hasta alcanzar un nivel exigible, tendrá que mejorar algunas de sus políticas y visiones estratégicas.  Sin dejar, sin embargo, de continuar contando con sus principales socios regionales y continentales, sobre todo aquellos que globalmente podrán ayudar a cimentar esa proyección, principalmente en Brasil y los EEUU”.

Pero recuerda, “mientras los Estados africanos consideren el país como el ejemplo de Paz y Desarrollo, aunque aun persista un elevado número de pobres y un limitado númerode técnicos calificados, u Occidente y China necesiten del petróleo angoleño (…) o que los problemas sociales resultantes de algunos indicios de crisis de secesión (Cabinda y Lundas),  es natural que el Gobierno angoleño procure mantener y solidificar su actual status quo, quiérase en el seno del CPLP o principalmente en la Unión Africana y en sus departamentos”.

Si sobre la explicación y la argumentación, ambas claras y objetivas, habrá apenas que contraponer puntos de vista igualmente subjetivos como son, obligatoriamente los del autor, y por lo tanto, naturales y deseables,  no podemos decir lo mismo de la revisión que se presenta algo descuidada con lamentables faltas de concordancia y algunas erratas, lo que no debería suceder en trabajos de esta responsabilidad.  Esperamos que todo esto sea mejorado en una nueva edición.

Sólo un reparo: el empleo de la palabra emancipadora en lo que a los movimientos políticos respecta, en vez de liberación. Conceptualmente, emancipación tiene un sentido que no es de ningún modo coincidente con liberación, razón porque el régimen colonial la utilizaba preferentemente.

Sobre el autor.  Investigador y analista político.

Nació en Lobito, Angola, en noviembre de 1956.  Concluyó sus estudios secundarios y complementarios en Luanda.  Se licenció en Ciencias Sociales (1991) en la Universidade Lusiada, y aprobó su maestría en febrero de 2001, con la nota máxima en el Instituto Superior de Ciencias Sociales y Políticas (ISCSP), de la Universidade Técnica de Lisboa, con su tesis “Fundamentalismo y tolerancia político-religiosa en África: Repercusiones en las Relaciones Externas del Continente Africano”.

Doctor en Ciencias Sociales, en el área de Relaciones Internacionales, su tesis “La Unión Africana y la Emergencia de Estados-Directores en África:  El caso de Angola”,  ha servido de base para el presente libro.

Investigador, analista político y columnista en varios portales y periódicos, principalmente angoleños.  Autor de los libros África, Trayectos Políticos, Religiosos y Culturales, y Fundamentalismo Islámico, la Ideología y el Estado, publicados bajo el sello de Autonomía 27, así como también de prefacios, de dos ensayos y de poemas incluidos en una antología poética y en una obra sobre Angola.  Es igualmente autor de los blogs político-social Pululu y cultural, Malmbas.  Profesionalmente fue bancario por más de dos decadas, encontrándose actualmente jubilado.  Fue miembro de la Dirección de la Casa de Angola, donde coordinó la sección de Cultura y Comunicación.

Traducción: Bárbara Igor (Misoso África)