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20 años del Genocidio en Ruanda: “Los acreedores del genocidio de 1994”

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El impacto social catastrófico de las políticas dictadas por el BM/FMI y de la caída del precio del café en el mercado mundial (caída que se debe relacionar con las políticas de las instituciones de Breton Woods y de Estados Unidos que lograron hacer saltar el cártel de los productores de café en la misma época) tuvo un papel clave en la crisis de Ruanda

Por  Éric Toussaint(*)

A partir del 7 de abril de 1994, en un intervalo de menos de tres meses, cerca de un millón de ruandeses —la cifra exacta queda por determinar— fueron exterminados porque eran tutsis o se suponía que lo eran. Pero también hay que agregar el asesinato de decenas de miles de hutus moderados. Por supuesto, hubo un genocidio, es decir, la destrucción planificada de una colectividad entera por el asesinato masivo, cuyo objetivo era impedir su reproducción biológica y social.

En ese contexto, es fundamental interrogarse sobre el papel de los prestamistas internacionales. Todo hace pensar que las políticas impuestas por las instituciones financieras internacionales, principales proveedores de fondos del régimen dictatorial del general Juvenal Habyarimana, aceleraron el proceso que condujo al genocidio.

GENOCIDIO EN RUANDAGeneralmente, la incidencia negativa de estas políticas no se tuvo en cuenta en la explicación del desenlace dramático de la crisis ruandesa. Solamente algunos autores pusieron en evidencia la responsabilidad de las instituciones de Bretón Woods |1|, que, por otro lado, rechazan cualquier crítica al respecto.

A comienzos de los años 1980, cuando estalló la crisis de la deuda del Tercer Mundo, Ruanda, como su vecino Burundi, estaban muy poco endeudados. Mientras que en otros lados del mundo, el Banco Mundial y el FMI abandonaban su política activa de préstamos y pregonaban la abstinencia, estas mismas instituciones adoptaron una actitud diferente con Ruanda y se encargaron de concederle generosos préstamos. La deuda externa de Ruanda se multiplicó por veinte entre 1976 y 1994. En 1976, se elevaba a 49 millones de dólares, en 1994 llegaba a cerca de los 1.000 millones de dólares. La deuda, sobre todo, aumentó a partir de 1982. Los principales acreedores fueron el Banco Mundial, el FMI y las instituciones relacionadas (a las que llamaremos IFI, instituciones financieras internacionales). El BM y el FMI tuvieron el papel más activo en el endeudamiento. En 1995, las IFI poseían el 84 % de la deuda externa ruandesa.

El régimen dictatorial instalado desde 1973 garantizaba que no se iba a producir un vuelco hacia políticas de cambios estructurales progresistas. Y por eso el régimen tenía el apoyo activo de las potencias occidentales: Bélgica, Francia y Suiza. Además, podía constituir una muralla respecto a algunos Estados de la región que mantenían todavía veleidades de independencia y de cambios progresistas (Por ejemplo: Tanzania con el presidente progresista Julios Nyerere, quien era uno de los líderes africanos del movimiento de los no-alineados).

Durante la década de 1980 y hasta 1994, Ruanda recibió muchos préstamos, pero la dictadura de Habyarimana se apropiaba de una parte considerable de la misma. Los préstamos concedidos debían servir para mejorar la inserción de la economía ruandesa en la economía mundial, desarrollando sus capacidades de exportación de café, de té y de estaño (sus tres principales productos de exportación), en detrimento de los cultivos destinados a la satisfacción de las necesidades locales. El modelo funcionó hasta mediados de los años ochenta, momento en el que los precios, del estaño primero, luego del café, y por último del té, se desplomaron. Ruanda, cuyo café constituía su principal fuente de divisas se vio total y gravemente afectada por la ruptura del cártel del café provocado por Estados Unidos, a comienzos de los años noventa.

Utilización de los préstamos internacionales para preparar el genocidio

Algunas semanas antes del desencadenamiento de la ofensiva del Frente Patriótico Ruandés (FPR) en octubre de 1990, las autoridades ruandesas firmaron con el FMI y el BM en Washington un acuerdo para poner en marcha un programa de ajuste estructural (PAE).

Este PAE se comenzó a aplicar en noviembre de 1990: el franco ruandés se devaluó un 67 %. En contrapartida, el FMI concedía créditos en divisas de desembolso rápido para permitir que el país mantuviera el flujo de las importaciones. Las sumas así prestadas permitían equilibrar la balanza de pagos. El precio de los bienes importados aumentó de manera vertiginosa: por ejemplo, el precio de la gasolina aumentó en un 79 %. El producto de la venta en el mercado nacional de los bienes importados permitía al Estado pagar los sueldos a los militares, cuyos efectivos aumentaban velozmente. El PAE preveía una disminución de los gastos públicos: hubo, por supuesto, congelación de salarios y despidos en la función pública pero también transferencia de una parte de los gastos en beneficio del ejército.

Mientras que el precio de los bienes importados aumentaba, el precio de compra del café a los productores estaba congelado, y esto fue exigido por el FMI. En consecuencia la ruina para centenares de miles de pequeños productores de café |2| que, con las capas más empobrecidas de la población, fueron desde entonces un reservorio permanente de reclutas para las milicias Interahamwe y para el ejército.

Entre las medidas impuestas por el BM y el FMI, mediante el PAE, hay que señalar, además del aumento de impuestos al consumo y la reducción de los impuestos a las sociedades, el aumento de los impuestos directos a las familias populares por reducción de las exoneraciones fiscales por familia numerosa, la reducción de las facilidades de crédito a los campesinos, etc.

Para justificar la utilización de los préstamos de la pareja BM/FMI, el BM autorizó a Ruanda a presentar facturas antiguas que cubrían la compra de bienes importados. Este sistema permitió a las autoridades ruandesas financiar la compra masiva de armas para el genocidio. Los gastos militares se triplicaron entre 1990 y 1992 |3|. Durante este período, el BM y el FMI enviaron varias misiones de expertos, quienes subrayaron algunos aspectos positivos de la política de austeridad aplicada por Habyarimana, pero, no obstante, amenazaron con cortar los pagos si los gastos militares continuaban creciendo. Las autoridades ruandesas pusieron a punto algunos montajes para disimular los gastos militares: los camiones comprados para el ejército se imputaron al ministerio de Transportes, una parte importante de la gasolina utilizada para los vehículos de las milicias y del ejército era imputada al ministerio de Sanidad. Finalmente el BM y el FMI cerraron el grifo de la ayuda financiera a comienzos de 1993, pero no denunciaron la existencia de cuentas bancarias que las autoridades ruandesas poseían en el extranjero en grandes bancos y en las que seguían disponibles importantes sumas de dinero para la compra de armas. Podemos considerar que el BM y el FMI fallaron en su deber de control sobre la utilización del dinero prestado. Debieron cortar sus préstamos desde comienzos de 1992, cuando supieron que el dinero era utilizado para la compra de armas. En ese momento debieron haber alertado a la ONU. Al continuar otorgando préstamos hasta comienzos de 1993, ayudaron a un régimen que preparaba un genocidio. Las organizaciones de defensa de los derechos humanos habían denunciado desde 1991 unas masacres preparatorias del genocidio. El Banco Mundial y el FMI sistemáticamente ayudaron al régimen dictatorial, aliado de Estados Unidos, de Francia y de Bélgica.

El aumento de las contradicciones sociales

Para que el proyecto genocida pudiera llevarse a cabo no sólo hacía falta un régimen para concebirlo y dotarse de los instrumentos para su realización, sino también la presencia de una masa empobrecida, presta a realizar lo irreparable. En ese país, el 90 % de la población vivía en el campo, y el 20 % de la población campesina disponía de menos de media hectárea por familia. Entre 1982 y 1994, se asistió a un proceso masivo de empobrecimiento de la mayoría de la población rural, mientras, en el extremo opuesto de la sociedad, se producía un enriquecimiento impresionante de algunos pocos. Según el profesor Jef Maton, en 1982, el 10 % más rico retenía el 20 % del ingreso rural, en 1992, acaparaba el 41 %, en 1993 el 45 % y a comienzos de 1994 el 51 % |4|. El impacto social catastrófico de las políticas dictadas por el BM/FMI y de la caída del precio del café en el mercado mundial (caída que se debe relacionar con las políticas de las instituciones de Bretón Woods y de Estados Unidos que lograron hacer saltar el cártel de los productores de café en la misma época) tuvo un papel clave en la crisis de Ruanda. El enorme descontento social fue canalizado por el régimen de Habyarimana hacia la ejecución de un genocidio.

Traducido por Griselda Pinero y Raúl Quiroz y publicada su versión  en español en  “El Economista de Cuba”

(*) Éric Toussaint doctor en Ciencias Políticas de la Universidad de Liège –Bélgica- y de la Universidad Paris VIII – Francia-, Maître de conférences en la Universidad de Liège (Bélgica), presidente del Comité para la Anulación de la Deuda del Tercer Mundo (red internacional basada en Liège, Bélgica) CADTM, miembro del Consejo Internacional del Foro Social Mundial desde su fundación en 2001, miembro de la CAIC-Ecuador (Comisión presidencial de Auditoría Integral del Crédito público).

notes articles:

|1| Chossudovsky, Michel, Rwanda, Somalie, ex Yougoslavie : conflits armés, génocide économique et responsabilités des institutions de Bretton Woods, Dossier CADTM GRESEA, Bruselas, 1995 ; Chossudovsky, Michel y Galand, Pierre, Le Génocide de 1994, L’usage de la dette extérieure du Rwanda (1990-1994). La responsabilité des bailleurs de fonds. Analyse et recommandations, informe preliminar, Ottawa y Bruselas, 1996. Véase también: Duterme, Renaud, Rwanda: une histoire volée, Editions Tribord y CADTM, 2013

http://livre.fnac.com/a6103644/Rena

|2| Maton, Jef. 1994. Développement économique et social au Rwanda entre 1980 et 1993. Le dixième décile en face de l’apocalypse.

|3| Nduhungirehe, Marie-Chantal. 1995. Les Programmes d’ajustement structurel. Spécificité et application au cas du Rwanda.

|4| Maton, Jef. 1994. Op. Cit.

Cabinda: en la Búsqueda de sí Mismo – Los Resultados del Memorándum de Entendimiento de 2006

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Mesa Redonda sobre la Situación de Paz en Angola del 14 al 15 de Enero de 2013 en Windhoek,  Namibia.

Traducción: Bárbara Igor (MISOSOAFRICA)

Orador: José Marcos Mavungo
(Activista de Derechos Humanos y Miembro de la Sociedad Civil de Cabinda)

0. Introducción

Señoras, señores, amigos,

Con un saludo muy cordial a los participantes de esta Mesa Redonda y mis mayores felicitaciones a sus promotores, festejo el poder estar aquí hoy, pese al clima de intolerancia política en Angola (donde el debate sobre Cabinda continúa siendo un asunto prohibido en órganos de comunicación oficial), para disertar sobre el tema: Cabinda en la  Búsqueda de sí mismo – Los Resultados del Memorándum de Entendimiento de 2006.

Como tema, podemos considerarlo en el centro de las preocupaciones de los organizadores de esta Mesa Redonda, resaltando de manera particular, la afirmación del Dr. Francisco Kapalu Ngongo, según la cual «Angola se encuentra en una encrucijada: o aborda los actuales dilemas y conflictos latentes desde el punto de vista político, social, económico y cultural, el que podría profundizar y garantizar una paz duradera y un desarrollo sustentable, o ignora los indicadores de alerta de existencia de conflictos, y prepara un futuro lleno de aprehensiones».

Así, en comparación con la realidad del territorio de Cabinda, la mantención de la actual relación del Estado angoleño con la población de Cabinda será siempre un verdadero barril de pólvora, a punto de explotar. A la luz de esta situación, la sociedad Civil de Cabinda siente sobre sus hombros el peso enorme de los desafíos de nuestro presente. Es por esto que tenía que honrar mi compromiso, ya muy antiguo, de estar aquí para hablarles del proceso de Paz para Cabinda.

En esta perspectiva, el transcurso de esta reflexión va a comenzar por abordar los límites del conflicto y los esfuerzos emprendidos hasta ahora para su resolución. En seguida, haré una revisión del Memorándum de Entendimiento. Y finalmente, examinaré las perspectivas de una paz duradera para Cabinda. La conclusión nos dará los resultados de la reflexión y recomendaciones.

1. El Conflicto en Cabinda: Orígenes y Esfuerzos de Resolución.

cabindapoliciaestadodesitioLa «cuestión de Cabinda», no surge, desde el principio y de una vez por todas, como un problema socioeconómico, o como el contradictorio esfuerzo del Derecho internacional. Al contrario, su producción, en lo que tiene de esencial, se constituye en la problemática en torno del derecho de los Pueblos  a disponer de si mismos; pues si es que la “Carta Colonial” hacía una distinción nítida entre Cabinda y Angola, siendo aquello colocado bajo el Nº 39 “Estado a descolonizar” y este bajo el Nº 35, ¿Cómo explicar que Cabinda sea una excepción a las consecuencias lógicas derivadas de este hecho durante el proceso de descolonización?

Más que un problema jurídico, la tensión entre cabindas y angoleños se evidencia también como el resultado de una identidad impuesta por la fuerza de las bayonetas, y no el resultado del consentimiento mutuo entre los pueblos, lo que levanta el problema de la legitimidad de tal imposición.

La manera de asumir esta problemática por las partes se cristalizó en la expresión elocuente de un conflicto y de una ruptura, la “cuestión de Cabinda”. Se trata de una cuestión, como decía Francisco Luemba, cuya génesis situamos “en su historia remota, enraizándose en ella y aprehendiendo las metamorfosis que sufrió a lo largo de su evolución histórica”. Tres hechos fundamentales marcaron esta evolución:

• La Especificidad de Cabinda, que adviene de la historia – mucho antes de las invasiones de los bakongo, ya el territorio era habitado por pueblos bantú, que, en contacto con la tierra y los otros pueblos que llegaron a la región a lo largo de la historia, acabaron por constituirse en tres reinos : Macongo, Mangoio y Maloango – con una identidad histórica propia y una voluntad de vida en común.

• El Tratado de Simulambuco y la colonización portuguesa: con la firma del tratado del 1 de Febrero de 1885, Cabinda se torna Protectorado portugués. El tratado aparecerá en las Cabindas como garantía de su independencia, de su soberanía e identidad, y de la unidad e integridad de su territorio; un fundamento inequívoco para su autodeterminación e independencia.  Pero, luego, después de firmarse el acuerdo, las expectativas de los cabindas se traducirán en ilusión con la implementación de la política colonialista, incluso cuando la Constitución Portuguesa de 1933, que tuvo vigencia hasta la descolonización, hacía una distinción nítida entre Cabinda y Angola.

• Los Acuerdos de Alvor, firmados el 15 de Enero de 1975, en los cuales las partes estipularon en el artículo 3º in fine que Cabinda es parte integrante e inalienable del territorio angoleño, sin el previo consentimiento de los autóctonos del Enclave. En palabras de Francisco Luemba, el ” pos-Alvor sería prácticamente el pos-Simulambuco: esperanzas frustradas y días amargos, de tristeza, luto y dolor – en el más absoluto aislamiento y en el más completo abandono”.

El desastre de la descolonización portuguesa, en especial la firma de los Acuerdos de Alvor, marcará la etapa de un conflicto de grandes proporciones, con la ofensiva del 8 de  Noviembre de 1975 y la eclosión de escenarios estratégicos que llegaron al nivel de guerrilla, oponiendo las tropas gubernamentales de Luanda y la resistencia armada de Cabinda (organizada en el seno de la FLEC – Frente de Liberación del Enclave de Cabinda).

Con la escalada de violencia, la mayoría de los cabindas se refugió sobre todo en el Congo – Brazzaville, Congo-Kinshasa y Gabón – Libreville. La intensidad del conflicto provocó la degradación de la situación de los derechos humanos y de las libertades fundamentales, destruyó el tejido social y las infraestructuras económicas, ocasionando la pobreza generalizada  y constante clima de represión y de terror.

Nótese que muchas veces, los actuales gobernantes de Cabinda han fingido encontrarse con la FLEC, las poblaciones y las elites de Cabinda, y jugado a enaltecerlos con buenas palabras y a escucharlos, para después mostrarles los límites de su política para Cabinda.

Por ejemplo, luego de la independencia de Angola, el 16 de Febrero de 1976, Agostinho Neto asume el compromiso de solucionar el problema de Cabinda por la vía del diálogo. El 28 de Febrero de 1976, Agostinho Neto y Mobuto Sese Seko se reunieron en Brazaville, bajo los auspicios de Marien Ngouabi. El primero, después de forzar al segundo a renegar de la FLEC y el FNLA y a reconocer la angolanidad de Cabinda, proclamó por su parte la especificidad de Cabinda (el particularismo de Cabinda) y prometió solemnemente encontrar para éste una fórmula de administración. Sin embargo, nada fue hecho hasta hoy…

Además de prometer una conversación  en Febrero de 1991, el presidente José Eduardo dos Santos consideró, en Febrero de 2002, que Cabinda sería también “una cuestión a tratar en el ámbito de la reforma constitucional”. Así será posible “saber qué es lo que los angoleños quieren, cuál es su opinión sobre Cabinda”. “Se trata de una consulta popular dirigida a todos los angoleños”, afirmó el Presidente. Cabe destacar que el Presidente de Angola prometió a los Cabindas, en Septiembre de 1992, negociaciones destinadas a determinar si Cabinda es o no Angola.

Pasaron años, y la realidad probó que las hipotéticas negociaciones prometidas contra su voluntad, no pasaban de simple oportunismo, maniobra de diversión o  manipulación. Cierto, la historia de la lucha del pueblo de Cabinda registró canales de diálogo con el Estado angoleño, pero los resultados de los encuentros se revelaron poco palpables, después de tantos años de “guerra-continua” en que el Poder político dominante sólo pretendió movilizar una gran máquina de guerra para aniquilar a los oponentes.

La historia de la lucha del pueblo de Cabinda está llena de estos encuentros desde los años 1984: Negociaciones de Sáfica, entre 1984 y 1985, que culminaron con un cese al fuego el 16 de Febrero de 1985 con las FAPLA, bajo la mediación cubana; De Junio a Julio de 1992, el Gobierno angoleño inicia contactos con la FLEC de Luís Ranque Franque y la UNLC de Lumimgu Gimby Carneiro, habiendo llegado a un acuerdo de negociaciones que deberían tener lugar en Ginebra; el 25 de Febrero de 1994, Eduardo dos Santos se encuentra con Nzita Tiago, propone un cese al fuego «para iniciar negociaciones conducentes a una solución al desacuerdo que nos opone sobre el territorio de Cabinda»; Negociaciones entre la FLEC Renovada y el Gobierno Angoleño, en los años 1995 y 1996, que acabarán por extenderse al FLEC/FAC.

En todos estos encuentros, la controversia sobre la paz está siempre ligada a juegos divisionistas que en todos estos años sirvieron a los dirigentes de Luanda, además de que el principio del respeto a la Constitución es en todas estas negociaciones ilegítimamente empleado, sucede casi siempre que el gobierno angoleño busca expedientes y pretextos tales como la falta de un interlocutor válido y/o la desunión de los cabindas. Por todas estas razones los encuentros y negociaciones organizadas hasta ahora no tuvieron avances en dirección a la Paz.

Aparentemente, la sociedad civil de Cabinda despertó tarde para los esfuerzos de pacificación de Cabinda, por lo menos como institución organizada; pues sólo fue en 2003 que se creó una institución de Sociedad Civil, la “Mpalabanda – Asociación Cívica de Cabinda”, cuya vocación es, entre otras, participar de los esfuerzos tendientes a encontrar una paz duradera para Cabinda.

Entre sus compromisos,  Mpalabanda alertará al mundo sobre la existencia del conflicto en Cabinda y pedirá a los beligerantes el cese de las hostilidades y el inicio de negociaciones conducentes a la solución del diferendo; se esforzará por ser el puente entre el pueblo y los políticos; tomará parte en los encuentros de Helvoirt, en Holanda, un esfuerzo de aproximación entre las fuerzas de la resistencia cabindesa; marcará presencia en el encuentro preparatorio de la Inter – Cabindesa (Octubre de 2009), en París/Francia, bajo los auspicios del Reverendo Pastor Daniel Ntoni-Nzinga, con vistas a la creación de una plataforma de negociación del conflicto; e intentará monitorear los derechos humanos (el corolario de la cuestión de Cabinda), publicando tres informes – «Un Año de Dolor en Cabinda» (2003), «Cabinda, Reino de la Impunidad» (2004) y «Cabinda, entre la Verdad y la Manipulación» (2005).

Sin embargo, esa misma buena voluntad fracasará. La maldad en todo esto proviene de un hecho radical: el no haber una voluntad seria del gobierno de Luanda de encajarse en el proprio destino del pueblo de Cabinda. Y el Memorándum de Entendimiento para la Paz y la Reconciliación de la Provincia de Cabinda es un ejemplo de esta perversión.

2. El Memorándum de Entendimiento

Los principios fundamentales del “Memorándum de entendimiento” consagran el respeto a la ley Constitucional y las obligaciones legales en vigor en Angola; afirman la aceptación indudable, por las partes, por el hecho de que Angola es un Estado unitario e indivisible según la ley; afirman que las partes reconocen que, en el contexto nacional de la República de Angola, la Provincia de Cabinda tiene una especificidad que obliga a que, en el ámbito de las disposiciones legales sobre la administración de las provincias, sea adoptado “un estatuto especial” para la Provincia de Cabinda.

Las partes concluyeron que se llegó a la paz y a la reconciliación nacional en Cabinda (la Paz llegó para quedarse), desarrollando un discurso sobre “triunfo de la victoria sobre todos aquellos que todavía resistían al acuerdo de Namibe. Para tales efectos, movilizaron el apoyo de la masa a su cruzada contra los espíritus reticentes y los gobiernos liberales, con el apoyo de la poderosa prensa estatal, que dota el acuerdo de una naturaleza arquitectónica bien delineada. Pero la cuestión de Cabinda no es así tan simple. El campo de batalla se prolonga hasta hoy, y probablemente por un período largo y sinuoso.

Reconozco el cuidado con que las partes del memorándum intentaron analizar la cuestión de Cabinda, al reconocer la especificidad del pueblo de Cabinda, señal de que el tema interpela al intelecto humano, en particular aquel del político. Creo, aunque extraño, que, después de discusiones sobre el asunto, hayan ignorado, entre otros, los siguientes aspectos: el objeto principal (protectorado portugués) de la “especificidad” del territorio de Cabinda; el significado político y jurídico del Tratado de Simulambuco, el Protectorado portugués; y el error de los Acuerdos de Alvor, lo que habría permitido abordar las verdaderas diferencias entre Angola y Cabinda.

La palabra “especificidad” de un pueblo está registrada, en buenos diccionarios, como significando lo mismo que “particularidad”, “identidad” que condensa una metafísica a la altura de lo intangible, habiendo encontrado efectividad histórica en los diversos estadios culturales vividos por ese mismo pueblo. En este sentido, no se puede hablar del pueblo de Cabinda sin referencia a su alma e historia, en especial de las condiciones de su integración en la nación Portuguesa y de sus derechos como pueblo.

De esto se concluye que la aporía en el contexto del Memorándum de Entendimiento es clara: la especificidad del pueblo de Cabinda es propuesta como indispensable para la paz, pero el fundamento aducido para la naturaleza del pueblo que se pretende defender, es excéntrico. Es de recordar que, en Julio de 2003, el presidente José Eduardo dos Santos se declaró sensible a las especificidades históricas de Cabinda y a las «reivindicaciones básicas». Pero, la «Vox Popoli» no revela en absoluto a los caudillos de Luanda el derecho del que el pueblo de Cabinda es portador como pueblo, ni cualquier disposición general o particular que defina lo que vendrá a ser la nueva personalidad política, jurídica y administrativa de Cabinda.

De este modo, al imponer el principio de que sólo existe un pueblo, el pueblo angoleño de Cabinda a Cunene, y de hacer del modelo de integración la única base de diálogo, el pacto firmado el 1 de Agosto en Namibe es, como dirá Carlos Pacheco, «erigido sobre las tablas ideológicas de la arrogancia centralista y del desprecio por los oponentes».

A este respecto, es importante subrayar que el Gobierno angoleño siempre optó por la lógica de perjudicar a los oponentes por la fuerza bruta. Por esta razón, tenemos la incorporación de las fuerzas aliadas a Bento Bembe en las Fuerzas Armadas Angoleñas (FAA), de entre las prioridades del acuerdo. La aspiración inmediata del régimen era asegurar esa fuerza para, apoyado en ella, llegar a una victoria militar sobre aquellos que todavía se constituirían en «estado de guerra» contra «la voluntad de las autoridades de Luanda».

La fragilidad del acuerdo se refleja también en el ostracismo al que fue votado: la expulsión de instituciones y personalidades claves y prestigiosas ligadas al propio proceso de paz, o que, por lo menos se comprometieron a ofrecer su ayuda al proceso. Pero la expresión más elocuente de este ostracismo está sobre todo en el hecho de que el Líder Supremo habría confiscado para sí mismo el monopolio de la «cuestión de Cabinda» – como una especie de secreto de estado – y negando la posibilidad al pueblo de Cabinda de pronunciarse sobre su destino.  Pero lo plantea como si fuese algo necesario, y no con la ceguera dogmática que rige a los otros. Siendo una herencia colonial a conservar, el Gobierno angoleño considera que todo lo que pudiese traspasar los impases de un diálogo auténtico sobre Cabinda es una afronta a los propios dioses de la actual figura sociopolítica y jurídica heredada de una descolonización desastrosa.

Es de referir la problemática relacionada con la persona que negoció el acuerdo por el lado de Cabinda. La faceta oscura de las peripecias de su evasión de Holanda, después que fue detenido en razón del mandato de captura internacional expedido por las autoridades norteamericanas, tuvo un efecto fatal sobre el proceso de paz para Cabinda. Intentando sacar ventaja de la situación, como el navegante a vela, perito en vientos y sus sorpresas, el Gobierno angoleño conseguirá arrastrar Bento Bembe por las espirales de su discurso demagógico e inevitablemente forzado a seguir adelante, abrazando la sombra del «único interlocutor válido de Angola en el dossier Cabinda».

Notemos que el Memorándum de Entendimiento para la paz en Cabinda sufre de una contradicción interna desde su nacimiento – por un lado el acuerdo se presenta como la liberación de la última esclavitud, aquella del largo conflicto por el Estatuto especial; pero también en reacción contra los derechos y libertades fundamentales, la paz de Namibe se extendió a consideraciones que impiden opinar sobre ella, instaurando de este modo una nueva era de persecuciones republicanas contra todos quienes osasen cuestionar sus clausulas.

El mayor escándalo provocado por el régimen a este respecto es el drama de los activistas de derechos humanos en 2010: fueron apresados so pretexto de terrorismo, por denunciar atropellos a la justicia, a la libertad y a los derechos de las personas y por participar en el proceso de Paz para Cabinda, en una época en que el propio concepto de denuncia de las violaciones a los derechos humanos y de defensa de una cultura de paz constituyen deberes de todo ciudadano, y, por consiguiente, deben merecer el apoyo y la protección de los poderes políticos.

Por otro lado, las partes en las negociaciones de Namibe asumieron el compromiso de crear condiciones para acelerar el desarrollo de Cabinda, permitiendo que sus populaciones disfruten de todas sus potencialidades, teniendo en cuenta el presupuesto de la paz, estabilidad, reconciliación y democracia. No obstante, de acuerdo con los términos no.1, del artículo 7, de la Ley n. 26/10 del 28 de Diciembre, el ejecutivo angoleño acabará por decretar la suspensión de la transferencia mensual  de los recursos financieros (diez por ciento de los ingresos petrolíferos) a favor del Gobierno Provincial de Cabinda, que se venía realizando en los términos de la resolución nº 11/92, del 21 de Octubre. Además, la Provincia de Cabinda, que ocupó el segundo lugar en la atribución del Presupuesto General del Estado en 2007, aparece hoy en el 10º lugar.

Desde aquí se ve claramente, un seudo-proceso de paz que, enviciado por prejuicios ideológicos e intereses petroleros, se estructura en la búsqueda de una síntesis en torno del status quo, dejando espacio a una visión poco realista de la “cuestión de Cabinda”, con una escasa aceptación popular del Memorándum de Entendimiento; la afirmación de un activismo oposicionista, que condenó y rompió el acuerdo como una imposición arbitraria de Luanda;  y el recrudecimiento de los enfrentamientos armados en el interior de Cabinda.

Así, Angola deja la situación en suspenso e invierte en la solución militarista, convencida, dentro de su propia lógica belicista, que el tiempo trabaja a su favor; olvidándose, ciertamente, del efecto boomerang.  Además, la historia nos enseña que la fuerza no hace al derecho, y que los guerrilleros casi nunca son derrotados, que a largo plazo esos «Davids» derrotaron «Goliats» por la estrategia de saturación.

Hoy, la paz en Cabinda es una paz de los cementerios, de los rendidos y mutilados (físicos y espirituales). El diagnóstico de la violencia y de la cultura del miedo en Cabinda se traduce en una psicosis colectiva, cada uno de los cabindas tienen una historia de terrorismo de Estado, particular, para contar sobre la brutalidad del régimen contra las populaciones indefensas: prisiones, violaciones, golpizas, asesinatos y la deportación de algún familiar, prohibición de asistir a las labras y a la caza, de legalizar asociaciones de derechos humanos o de organizar manifestaciones.

La sinfonización (mención al sinfo) y militarización del espacio vital de los Cabindas continúa afectando al aparato judicial, estando este corroído por el autoritarismo del poder político, donde resulta frecuente el encarcelamiento arbitrario y los asesinatos. Ejemplo cabal de esto: el día 12 de Diciembre de 2011, el cuerpo de António Zau fue encontrado inmóvil en un sitio eriazo con señales visibles de tortura, por el simple hecho de haber tenido la osadía de ir a la labra, desobedeciendo así a las prohibiciones de las instancias superiores; Venâncio Chicumbo y Cornélio Sambo estuvieron bajo detención en el Comando de la Región Militar de Cabinda durante dos meses, entre Septiembre y Noviembre de 2012, por el simple delito de leer y distribuir panfletos que condenaban las elecciones en Cabinda.

Por otro lado, el salto extrajudicial dado por el Gobierno, aquel que accionó la ilegalización de Mpalabanda en Julio de 2006, se inscribe en esta lógica del autoritarismo del poder político sobre la razón jurídica – puesto que el Tribunal Provincial de Cabinda no habría osado formular la hipótesis de la extinción de esta asociación, si en la conciencia del Juez no hubiese encontrado su realización viva como siendo una orden de las instancias superiores.

En el plano socioeconómico, el desarrollo tan propagado por el régimen no pasa de ser una mala imitación del Plano Calabube, indebidamente gestionado por los sucesivos gobiernos que pasaron por Cabinda desde los años noventa.

En efecto, apenas un gobernador llega a Cabinda cae adormecido en negocios locales y se dedica a aterrorizar por medio de la fuerza de las bayonetas a los negociadores y activistas locales que manifiestan su disconformidad.

El malestar que provoca esta situación es enorme. La industria petrolífera genera millones en Cabinda; pero la mayoría de la población vive en la pobreza abyecta. Cabinda se está asfixiado, con una rigurosa tempestad que causa mucha crisis; obstáculos a se desarrollo industrial y comercial; los servicios de infraestructuras básicas de agua potable, electricidad y saneamiento mal funcionan; y el empobrecimiento de la población autóctona. El empresariado local se encuentra empobrecido por la irracionalidad de una gobernación que lo discrimina. El sector de salud se queja de casi todo (material gastable, medicamentos para primeros auxilios, sueros, etc.), además del salario miserable de los agentes de salud.

Al nivel de la comunidad internacional, como dice Orlando Castro: «la pasividad también es plena, además de atávica, sólo Manuel Monteiro tuvo el coraje de decir, en relación a Cabinda, que “en el plano de las relaciones internacionales reina el primado del cinismo” y que ” las consideraciones sobre lo justo o lo injusto dependen de las épocas, de las circunstancias y hasta de los intereses materiales”».

Se nota aquí la dimensión histórica y cultural de la cuestión de Cabinda, en su compromiso con los intereses sociales, políticos y de poder, el posible carácter alienante de la petro-cultura como síntoma de la patología de las instituciones sociopolíticas de nuestros estados minados por los intereses petrolíferos. En el pasado, era la esclavitud colonial, hoy no hay más negros para comercializar en el mercado de Malembo, pero existe el petróleo de alta calidad, que emana profusamente de las plataformas de Cabinda.

Es así como el petróleo alimentó en Angola todos los vicios políticos posibles: belicismo cultural, corrupción y falta de transparencia en la gestión pública, despotismo y estrategias escudadas en el simulacro del diálogo y la paz.

Donde, la necesidad supera los obstáculos y las contradicciones del Memorándum de Namibe.

3. Más Allá del Memorándum: Exigencias de una Paz Duradera

Si es que la cuestión de Cabinda surgida en 1885 aquando de la conferencia de Berlín no encontró solución hasta hoy, es porque las políticas de su gestión a lo largo de estos ciento treinta y ocho años a las cuales ella se ataca permanecieron siempre pobres al reprimir el testimonio de la consciencia moral, revelándose así incapaces de cultivar la cultura de paz y, por consiguiente, de hacer justicia a las populaciones de Cabinda.

El discurso político nunca estuvo en condiciones de ir al encuentro de las disposiciones legítimas de las poblaciones de Cabinda o, por el menos, de instaurar una sociedad democrática y de derecho, en el cual se respete el  Derecho y las libertades fundamentales, se acepta opinión contraria y la identidad del pueblo de Cabinda.

El diálogo tan difundido por el régimen desde la ascensión de Angola a la independencia ha sido duramente abalado por la violencia política – ola de detenciones, fusilamientos, torturas y desapariciones con que el régimen intenta combatir toda la oposición a su política en Cabinda.

El gobierno angoleño presentó su mensaje al mundo, pareciendo de cierta forma enmarcarlo en los estrechos límites de sus intereses políticos y económicos sobre Cabinda. Es el conflicto del derecho con lo político, en un ser político sacudido entre los apetitos suscitados por un laberinto rico en materias primas, sobre todo petróleo, y las exigencias del humanismo jurídico. Es por eso que en el Memorándum de Entendimiento de 2006, así como en los Acuerdos de Alvor, la sociedad cabindesa, de hecho, se desnudó totalmente de «su soberanía como pueblo».

Hoy, el conflicto es una realidad. El actual malogro del pueblo de Cabinda tal como se constituyó desde la firma de los Acuerdos de Alvor – e igualmente, en cierta medida, desde la colonización portuguesa – provoca la necesidad de la nueva figura socio-política para Cabinda que todos esperan, unos con angustia, otros llenos de esperanza.

Las políticas seguidas hasta aquí no sirven, es necesario otra generación de políticos y de políticas, que piensen más en el bien de las poblaciones de Cabinda que en su propio bien, que abandone las políticas centralistas-estalinistas; que reconozca la legitimidad de las fuerzas de la resistencia de Cabinda; que abdica de restricciones en la mesa de negociaciones; y que se comprometa en un proceso de paz para Cabinda fundado en la justicia y dignidad de los pueblos.

El respeto por esta dignidad comienza por el reconocimiento y por la tutela del estatuto ontológico-jurídico del pueblo de Cabinda, de su derecho a vivir como pueblo y de hacer elecciones sobre el futuro de sus hijos. Por lo que no se puede continuar reprimiendo el testimonio de la propia conciencia moral, renegando la Libertad y la Dignidad de todo un pueblo.

De esto sigue finalmente, que no se puede continuar haciendo guerra en Cabinda para quedarse con el petróleo, ahogando los legítimos deseos de las poblaciones de este territorio. El pueblo de Cabinda debe ser privilegiado para vivir normalmente como pueblo.

El problema actual consiste en encontrar principios sólidos conformes con la verdad sobre Cabinda, sobre el sentido de la vida y de los destinos de sus poblaciones, y adoptar consensos a partir de los cuales se acabará con el conflicto armado y se hará justicia al pueblo de Cabinda. De aquí la necesidad de Angola de tener una actitud de constricción frente al “fraude” contenido en los Acuerdos de Alvor que estipuló la apropiación del enclave de Cabinda y  su integración en el “espacio-territorio” de Angola al alero de la Constitución portuguesa de 1933.

Finalmente, la paz en Cabinda precisa de un fundamento estable, en lo relativo, y no rebajado. Y la única solución sensata para construir la paz autentica para Cabinda es un diálogo franco y abierto, ese diálogo que, partiendo del real subyacente a la “cuestión de Cabinda” va al encuentro de reconciliación, de fraternidad y de justicia, de dignidad para las poblaciones de Cabinda.

Conclusión y Recomendaciones:

Y, para terminar, debo decir que la cuestión de Cabinda es inevitable y irreprimible; envuelve cada hombre en particular que no renuncie a pensar. Y si es que este problema reaparece en este debate, es porque existe. «No es porque se hable poco de ello que deja de existir», decía Orlando Castro.

Mientras no haya política que instaure una verdadera justicia para Cabinda, no se puede poner fin al conflicto todavía reinante, pues la actual gestión de la especificidad de Cabinda tendrá siempre el mismo valor semántico que «alienación», «colonización». En este contexto, Cabinda será  siempre un verdadero barril de pólvora: el número de aquellos que en nuestro medio  se llaman FLECs va a aumentar.

Ante esta situación, recomiendo:

1) La auscultación de las Poblaciones de Cabinda y promoción de un debate franco y abierto en torno a su causa, constituyendo para el efecto, una comisión independiente integrando elementos de las Naciones Unidas y de la Unión Africana para conducir el proceso de auscultación;

2) El envolvimiento de la ONU y de la Unión Africana en la resolución de la cuestión de Cabinda. Es necesario que la Comunidad internacional asuma  sus responsabilidades en esta cuestión;

3) La elaboración de una Agenda de Paz para Cabinda, informe producido por una Comisión Independiente de Auscultación de las Poblaciones de Cabinda y que describe la situación actual en Cabinda, los contornos de la cuestión de Cabinda, la evolución de las perspectivas de solución del conflicto y definir procedimientos susceptibles de establecer una paz duradera para Cabinda.

4) La instauración de un clima susceptible de pacificar las conciencias, a través del respeto por los derechos humanos y de las libertades fundamentales, de justa repartición de la producción y de la riqueza acumulada de la comunidad y de la permanente búsqueda de consensos sobre la cuestión de Cabinda. Este clima permitiría la reaproximación de los beligerantes, lo que por si sólo constituiría un éxito de realce;

5) La organización de negociaciones constructivas e inclusivas sobre el futuro estatuto político y Jurídico de Cabinda.

¡Muchas gracias!

Windhoek, 14 de Enero de 2013.

En Etiopía las tribus pasan hambre cuando usurpan sus tierras

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Por Guinguinbali Noticias

Mientras el mundo se prepara para concienciar sobre las cuestiones relacionadas con la pobreza y el hambre en el Día Mundial de la Alimentación,  “Etiopía continúa poniendo en riesgo la seguridad alimentaria y los medios de subsistencia de 200.000 indígenas tribales, hasta el momento autosuficientes”. Es la denuncia de la ONG Survival, atenta siempre a la situación de las poblaciones indígenas en el continente.

La usurpación violenta de tierras en el valle del Bajo Omo, en Etiopía, está haciendo que algunas tribus se vean desplazadas y no puedan cultivar su tierra, dejando a miles de personas  hambrientas y “esperando a morir”.

Tribus como los suris, mursis, bodis y kwegus están siendo violentamente expulsados de sus comunidades para dar paso al lucrativo proyecto de plantaciones en el valle promovido por el Gobierno etíope, según denuncia con motivo del Día Mundial de la Alimentación la ONG Survival.

Las fuerzas de seguridad están despejando brutalmente la zona para los enormes campos de algodón, palma de aceite y caña de azúcar, que privarán a las tribus de sus más valiosas tierras de cultivo y pasto. Confiscan ganado, destruyen almacenes de comida y ordenan a las comunidades que abandonen sus hogares y se trasladen a las zonas de reasentamiento designadas.

Un hombre mursi ha descrito a Survival International cómo el proceso de “aldealización” está destruyendo a su familia: “El Gobierno está tirando el sorgo al río. Ha cogido los cultivos y los ha tirado al río. Solo me quedan unos pocos sacos… Estamos esperando a morir. Estamos llorando. Cuando el Gobierno reúna a toda la gente en una aldea no habrá sitio para los cultivos y mis hijos pasarán hambre, no tendrán comida”.

Un hombre suri también ha relatado: “Despejaron la tierra. ¿Por qué ha vendido el Gobierno nuestra tierra? No hay pastos para el ganado. La gente tiene hambre… Estamos preocupados por el forraje. Estamos indignados y no tenemos esperanza”.

La polémica presa Gibe III en Etiopía es un elemento esencial del programa de plantaciones. Una vez completada, la presa pondrá fin a la crecida anual del río Omo e impedirá que las tribus usen sus fértiles orillas para plantar sus valiosos cultivos y alimentar al ganado.

Etiopía no ha consultado con ninguna comunidad indígena acerca de la construcción de Gibe III ni sobre sus agresivos proyectos de plantaciones en el valle, que es un lugar Patrimonio de la Humanidad de la UNESCO.

El director de Survival, Stephen Corry, ha declarado hoy: “En el Día Mundial de la Alimentación, la gente tiene que conocer la decisión de Etiopía de arrebatar a las tribus del valle del Bajo Omo de repente y su modo de vida autosuficiente. Durante generaciones estos pueblos han utilizado su tierra para cultivos y pastos para su ganado con el objetivo de alimentar a sus familias. Ahora les han quitado este derecho básico de una forma brutal, dejándolos hambrientos y asustados.

“Buenas Noches, Ouma” – Documental sobre los niños soldados del Ejercito del Señor

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Desde 1986, El Ejercito de Resistencia del Señor, mantiene una guerra de oposición contra el gobierno de Uganda. Más de 150.000 personas han muerto y casi 2 millones han sido forzadas a vivir en campos de desplazados.

Miles de niños han sido secuestrados y obligados a combatir.

De noche muchos buscan aún protección en los refugios de las ciudades, lejos de la República Centroafricana.

Este es uno de los 5 documentales que conforman “Invisibles”, producción a cargo del español Javier Bardem, y que cuenta con la participación de directores como Wim Wenders, Mariano Barroso, entre otros.

“Buenas Noches, Ouma”, del Director Fernando León de Aranoa, cuenta la historia de los Night commuters de Uganda, niños que, temiendo ser secuestrados de noche por los rebeldes, se refugian en “El Arca de Noé” un centro especialmente habilitado para su protección en las horas de mayor vulnerabilidad.

Un imperdible para este fin de semana, especialmente para los amigos que deseen escaparse del oscurantismo de la televisión de nuestro país.

Parte 1

Parte 2

Parte 3

Parte 4

Parte 5

CABINDA, la codiciada provincia de Angola

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Por MISOSOAFRICA

Cabinda es un protectorado portugués situado en África central. Tiene 12.283 kilómetros cuadrados. Comparte fronteras, al oeste, con el Océano Atlántico; con la República del Congo al norte, y con la República Democrática del Congo al sur y al este.  Gran parte de su territorio se encuentra cubierto por la floresta del Mayombe.

La población que cuenta aproximadamente con  300.000 habitantes, sobrevive a través de la caza, la pesca, la agricultura de subsistencia y la explotación de la madera.  Un gran porcentaje de los cabindos vive en las vecinas República Popular del Congo y Zaire, donde buscan trabajar lejos de la guerra y la ocupación de las FAA de Angola.

Respecto de su lengua,  90% de los cabindeses habla francés y sólo un 10% portugués, esto debido a que Cabinda es un enclave pequeño prácticamente inmerso entre dos grandes estados francófonos.

Mapa de Angola incluyendo Cabinda

Un poco de Historia.

El Tratado de Simulambuco, firmado entre las Autoridades Tradicionales locales y la Corona Portuguesa el 1 de febrero de 1885,  reconocía por primera vez a las poblaciones de la región como entidades políticas. Dicho Tratado garantizaba la protección de Portugal sobre las poblaciones de la región, como medida contra la expansión colonial en el Congo del rey Leopoldo II de Bélgica.

Hacia esa fecha Portugal ya había establecido colonias en la costa, entre los ríos Congo y Cunene.  Dichas localidades, 17 en su totalidad,  fueron incorporadas a la colonia de Angola.  Cabinda en cambio fue administrada separadamente de Angola como protectorado de la corona Portuguesa.

Es en los años treinta que el dictador portugués Oliveira Salazar, pasa a ejercer mayor control sobre las posesiones de ultramar, declarando así a Angola como provincia ultramarina pasando así Cabinda  a ser administrada por la misma estructura que Angola.

Ya hacia 1956 se manifiestan las primeras reivindicaciones independentistas por parte de los cabindeses, tras la unión administrativa de Cabinda y Angola impuesta por los portugueses.  A raíz de esto se crea en 1960 el movimiento de liberación del Estado de Cabinda (MLEC), y hacia 1963 el Comité de Acción de Unión Nacional de los Cabindeses (CAUNC) y la Alianza del Maiombe (ALLIAMA).

En los años 60 vientos de cambio corrían en el mundo.  Muchas de las colonias existentes en el mundo estaban ad portas de su independencia, concedidas por sus propios colonizadores.  No siendo este el caso de Portugal, que se negaba a conceder la independencia. Dicha actitud por parte de Portugal preparó el terreno para el surgimiento de movimientos independentistas armados.  Mientras que FNLA, MPLA y UNITA luchaban por Angola, el FLEC se levantó en armas para luchar por la independencia de Cabinda.

En abril de 1974, Portugal inicia el proceso de independencia de sus colonias, apurando negociaciones  con el FNLA, MPLA y UNITA, de Angola, omitiendo al FLEC.  Es de este modo como el MPLA, toma el poder de Angola en la celebración de su independencia el 11 de noviembre de 1975 y extiende su control sobre el protectorado de Cabinda.

Desde esa fecha y pese ser un territorio anexo al de Angola, Cabinda ha sido administrada como una Provincia más, y como es lógico no permitiendose la elección de gobernadores propios, ni administradores y ni la elección de estructuras a nivel  local.

En noviembre 1975,  CABINDA es ocupado por las fuerzas armadas del régimen del MPLA de Angola con ayuda de las milicias sovietico-cubanas y en complicidad con el Portugal. Es así como CABINDA quedó ocupada por la FAA Angolana, la que según la opinión de algunos, “continua aplicando sin escrúpulos una política de empobrecimiento, de extermio y de purificación étnica del pueblo Cabindés, con la indiferencia casi general de la opinión internacional”. 1

Poblados desaparecidos.

Varios poblados cabindeses fueron arrasados y sus pobladores obligados a buscar refugio en la selva o en los Congos durante las acciones militares del año 2003.

Tal fue el caso de Khoyi, en el municipio de Belize, donde sus pobladores fueron diezmados.

Según fuentes, la lista de  aldeas des pobladas y/o desaparecidas sería la siguiente:  Municipio de Belize: Miconje Velho, Kicocolo, Kimbede, Seke Banza, Kimbama, Khoyi, Vako II (comuna de Miconje). En la zona de Mombo Pena, desaparecieron las poblaciones de Mongolu, Khengue y Mbata-Banga. En la zona de Nsaka desaparecieron las poblaciones  de Mazinga, Kindamba y Nkandikila. En la zona de Luali, desaparecieron las poblaciones de Ntaca y Ditadi. Municipio de Buco-Zau: Tsaka, Viedi, Thando, Kissungo, Kingubi, Tsuka-Kingubi, pertenecientes a la comuna de Necuto. (2)

Recursos Naturales que no se perciben.

En la costa de Cabinda, están localizados algunos de los pozos petroleros más productivos del mundo. La región produce actualmente más de 970.000 barriles de petróleo por día, generando más del 70% de los beneficios que Angola obtiene de la industria del petróleo. (3)

Sin embargo la gran riqueza que alberga en sus costas, no se traduce necesariamente en beneficios para Cabinda.  Este sería uno de los motivos por el que la lucha por la autonomía e independencia de este protectorado seguiría hasta nuestros días en pie.

Fuentes: http://www.cabinda.net/ 

Fuentes: http://www.cabinda.org/


 

MISOSOAFRICA: Bárbara Igor Ovalle (1982), natural de Santiago de Chile. Es Licenciada en Artes, actualmente coordina las publicaciones en el presente espacio.