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Recordamos la “Masacre de París”

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Hoy, con motivo de sus 55 años, recordamos la  denominada “Masacre de París”, en donde perdieran la vida, a manos de la policía francesa, más de un centenar de ciudadanos congregados en una manifestación pacífica por las calles del Barrio Latino.

Muchos fueron los intentos por ocultar dicho acontecimiento, el que sólo fue reconocido tras cinco décadas durante el gobierno del Presidente Hollande, quien de una vez aceptó publicamente la responsabilidad del gobierno francés en la matanza.

Los hechos ocurrieron durante la noche del día 17 de octubre, cuando un grupo de ciudadanos de origen argelino, se manifestaba en contra del toque de queda impuesto por el gobierno francés a la comunidad argelina, como consecuencia de los recientes atentados producidos en el marco de las luchas independentistas.  En la manifestación, convocada por el Frente de Liberación Nacional (FLN) argelino, no sólo participaron norteafricanos, sino que también un sinnúmeros de ciudadanos de diversas nacionalidades, entre ellos, miembros de la izquierda francesa, quienes fueron testigos presenciales de la violencia con que las fuerzas policiales operaron, bajo las órdenes del prefecto de la Policía de París, Maurice Papon.

Según refiere el periódico español La Vanguardia, “los argelinos no fueron las únicas víctimas, porque la policía interpelaba basándose en los rasgos físicos de los transeúntes, ello significó que cualquier persona de aspecto mediterráneo fuera detenida, golpeada y asesinada.  Algunas de las víctimas fueron tiradas al río Sena, mientras que otras muertes fueron disimuladas de manera burocrática. Las víctimas fueron detenidas en el Palacio de Deportes y en el Estadio Pierre de Coubertin, donde sufrieron un trato brutal.”

Uno de los eventos que contribuyó con el ocultamiento de esta masacre, y que imposibilitó los juicios en contra de los presuntos culpables, fue una ley de amnistía promulgada el 17 de junio de 1966, por Charles De Gaulle, en la que se condonaba a los culpables de  ” actos cometidos en el marco de operaciones policiales administrativas o judiciales”.

Maurice Papon, que negó hasta sus últimos días la veracidad de los hechos, sólo llegó a ser condenado por crímenes cometidos durante la Segunda Guerra Mundial, en concreto, por colaboración en “la deportación de miles de franceses en la Francia de Vichy ocupada por las tropas de Hitler”.

Fuente: La Vanguardia

El futuro de África y el futuro de la humanidad.

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Por Kalaf Epalanga* (Rede Angola)

de saltos¿Qué lugar es ese, que nosotros los negros ocupamos en la mente de la humanidad? Para muchos no pasamos de datos estadísticos, esto es, somos un número abstracto con el cual nadie sabe muy bien cómo lidiar, ni nosotros mismos. Somos millones, sin rostro, sin nombre, una masa de gente desesperada a la deriva en el mar mediterráneo de camino al infierno.  Unas decenas, unas centenas, en una villa remota, en una sala de clases, en cualquier ciudad de este vasto continente que aparentemente nadie ve, ni siquiera los que habitan en él.  Somos millares de cuerpos en una tierra bendecida, forzados a lidiar con su propia invisibilidad.  Incapaces de reconocer tanto el cuerpo que habitamos como el de aquellos que nos son próximos, a escasos metros inclusive, curvado en el suelo y a gritos, ojos salientes y a la espera del último golpe de catana que el brazo igual al suyo irá a despedir.   Aquel golpe fatal, no sólo mutila, mata, anula toda o cualquier resto de esperanza en la humanidad.

Si miramos de cerca, la diferencia entre víctima y victimario es tan ínfima, que si nos distrajésemos seríamos capaces de concluir que el número de tragedias e injusticias que hemos venido a catalogar, por lo menos, desde el fin de la colonización europea hasta el día de hoy, podrían ser entendidas como fruto de una serie de caprichos geográficos y religiosos. Pero no, el problema es que nadie sabe qué hacer con nosotros, ni los que nos guían espiritualmente ni los que nos gobiernan, ni muchos menos nosotros como grupo.  No sabemos o que se espera de nosotros.  África parece ser una de aquellas novelas con potencialidad pero inconsistente.  Todo porque el protagonista principal, por más bien intencionado que sea, no consigue traducir de forma clara sus motivaciones, mientras que todos los otros personajes secundarios, luego n las primeras páginas, nos revelan a lo que vienen.  Europeos, americanos, rusos, chinos y hasta los cubanos, siempre fueron claros en cuanto sus motivaciones, sólo nosotros, los africanos, tartamudeamos cuando nos preguntan que esperamos de este continente.

La historia de los negros, así como la historia de la humanidad, no es bonita.  Algunos de nuestros líderes pensadores más iluminados, valerosos, audaces o incluso alucinados, si lo prefieren, fueron incapaces de esclarecer lo que significa ser africano, ser negro y en algunos de los casos, para los más equivocados, lo que significa tener una tez más clara, o ser blanco en el continente cuna de la humanidad.  Si dejásemos de lucrar con la ceguera colectiva a la que nos sujetamos, aun en algunos casos de forma inconsciente, podríamos aprovechar el fuego que nos quema por dentrocuando nos vemos delante de más de una tragedia africana.  Y comenzar, quien sabe, a examinar los mitos que hemos venido perpetuando voluntaria o involuntariamente sobre África y su pueblo a la luz de los nuevos pilares ideológicos que servirán para sustentar el futuro de la humanidad.

Kalaf Epalanga.  BENGUELA, 1978.  Musico de Buraka Som Sistema.  Publicó “Estórias de Amor para Meninos de Cor” y crónicas en varios periódicos.

Traducción: Bárbara Igor (MisosoAfrica)