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Adiós a Chinua Achebe, padre de la literatura africana.

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Por Bárbara Igor (MISOSOAFRICA)

Chinua Achebe BY DAILY POST

Con 82 años, ha muerto el escritor nigeriano Chinua Achebe, autor de “Todo se desmorona”, obra con la que ganara el reconocimiento mundial, tras su publicación el año 1958.

Nació el 16 de noviembre de 1930, en la ciudad de Ogidi, hacia la época, autoproclamada como la República de Biafra.  Tras la guerra y sus desastrosos resultados, los que cuentan la perdida de alrededor de 1 millón de vidas y el sueño trunco de independencia de Ogidi, Chinua Achebe se traslada a Masachussets en el año 1972, año en que fija su residencia definitiva en los Estados Unidos de Norteamérica.

Su obra literaria se centró en los problemas políticos comúnes a la mayoría de los países africanos, muchos de ellos resultantes del colonialismo.  Si bien Chinua Achebe nunca ganó el premio Nobel de Literatura, fue reconocido en vida por muchos de sus lectores y colegas como el padre de la literatura africana moderna.

Algunas de sus obras son:

  • Todo se desmorona (1858)
  • La flecha de Dios (1964)
  • Un hombre del pueblo (1966)
  • Chicas en guerra (1971)
  • Navidades en Biafra y otros poemas (1973)

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Henri Lopes – RD del Congo – Literatura

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Henri Lopes nació en el año 1937 en Léopoldville (actual Kinshasa) y creció en Brazzaville (actual República Democrática del Congo, ex Congo belga).  Estudia literatura en La Soborna, Francia,  para regresar posteriormente a trabajar como profesor en la Ecole Normale Supérieure d’Afrique Centrale, en Brazzaville el año 1965.

Miembro fundador del Partido Socialista, su carrera política le llevó a ocupar varios ministerios y a ser primer ministro desde 1973 a 1975. Posteriormente ha ocupado cargos de diversa responsabilidad en la Unesco (subdirector general de Cultura) y en la diplomacia.

Como escritor es autor de “Tribaliques” (1971), “Sans tamtam” (1977); “Le Pleurer-Rire” (1982); “Le Lys et le Flamboyant” (1997) y “Ma grand-mère bantoue et mes ancêtres les Gaulois” (2003). Ha conseguido por dos veces el Gran Premio de Literatura de África Negra, como también el Gran Premio de la Francofonía de la Academia Francesa por su obra completa, además de otros premios y distinciones académicas.

A continuación les dejamos con una entrevista concedida para Fundación Sur por el autor, el año 2008.

Rafael Sánchez: Cuando en Occidente hablamos de literatura africana, englobamos literatura subsahariana como un todo, mientras que se pueden definir literaturas diferentes. ¿Para usted hay una o diversas literaturas africanas?

Henri Lopes: La literatura africana fue un todo durante la época del colonialismo, porque todos los escritores de una manera u otra tenían como meta describir o criticar la colonización y específicamente la manera en la que los hombres no eran respetados. Ahora, con la Independencia, hay diferentes literaturas africanas o más bien hay diferentes escritores africanos. Cada uno tiene su individualidad propia. Lo que es común a todos los escritores es que todos tratamos de poner en el panorama mundial un mundo que estaba ausente. Creo que desde todos los puntos de vista nosotros estábamos ausentes porque la escritura es una cosa muy reciente en África.

R.S.: Usted pertenece a una generación de escritores con una visión crítica. Hasta entonces todo el movimiento de negritud reivindicaba con orgullo la tradición frente al colonialismo. Ustedes empiezan a hacer una autocrítica a la sociedad africana que cuestiona si esa tradición sirve verdaderamente para seguir hacia delante.

H.L.: Es verdad, pero yo creo que hay una continuación. Durante la colonización lo que los escritores, Senghor, Cesaire y otros, criticaban era la falta de respeto a los Derechos Humanos de las personas negras. Después de la colonización se sigue también con la denuncia, no en términos de política automáticamente, sino actuando como espejo de la realidad. Yo creo que es la continuación, pero la continuación en un entorno diferente.

R.S.: ¿Es el humor que usted utiliza la mejor forma de hacer autocrítica, de denunciar el nepotismo de los gobernantes africanos, las ‘pseudodictaduras’ o ‘democraturas’?

H.L.: No sé… un escritor es como un cantante. Los hay que tienen la voz grave, otros tiene una voz aguda y… bueno, el humor es uno de los utensilios que yo empleo. Cada uno tiene su estilo y yo me siento bien con ese estilo.

R.S.: La mayoría de escritores que utilizan la escritura como medio de crítica o denuncia tienen la ventaja de que nunca llegan a ejercer el poder y no tendrán que autocensurarse. Usted ha sido Primer Ministro de su país ¿Cómo se ha reflejado esa paradoja en su vida?

H.L.: Yo creo que eso depende de lo que haces en el poder. Para mí el poder era un medio para la construcción nacional. En ciertos momentos sentí que tenía problemas con el poder y me alejé de él. Ahora no pienso que estoy en el poder. Ser embajador es diferente. Se es un representante, un hombre que tiene que explicar, ayudar y ser un vínculo, por ejemplo durante la última guerra civil en nuestro país. Yo he tratado, y quizás he tenido éxito en cierto sentido, de crear un diálogo entre los que tenían las armas y los que tenían el poder. Creo que el poder más importante es el de la escritura, porque los escritores no hacemos un trabajo para mañana, sino a largo plazo, que es más difícil, pero la inversión más importante.

R.S.: En las literaturas africanas unos se expresan en la lengua materna mientras que otros, como usted, se expresan en una lengua adquirida. ¿Eso crea alguna dificultad? ¿Piensa que habría que recuperar las lenguas originales o maternas?

H.L.: Yo pienso que un escritor debe escribir en la lengua en la que él se sienta más confortable. En nuestros países, al contrario que en los países árabes por ejemplo, no teníamos una tradición de escritura, sino una tradición oral. Yo no fui alfabetizado en mi lengua materna, el lingala, sino en francés y me siento más confortable con el francés. Además, el francés, como el portugués, o el español, son lenguas africanas. Si yo hubiera escrito en el lingala, no todos los congoleños hubieran podido leerme y el resto de los africanos hubieran sido incapaces. Escribiendo en francés tengo más lectores. Eso no crea una jerarquización entre las lenguas. Quizá debamos imaginarnos que hay dos idiomas, el oral y el escrito. Los africanos somos el primer ejemplo con una cultura en dos idiomas diferentes, el escrito y el oral.

R.S.: Usted es escritor tanto de narración como de poesía, pero sus primeras líneas fueron dentro del campo poético.

H.L.: Sí, empecé escribiendo poesía, pero cambié. Yo tengo un principio que dice que sólo debo utilizar la poesía cuando no puedo expresarme de otra manera. Por eso ahora soy un escritor de prosa, un novelista.

R.S.: ¿Se acerca más la poesía al mundo africano que la narrativa?

H.L.: Yo no lo creo.

R.S.: Por ejemplo Senghor, una de las máximas expresiones literarias africanas utilizaba principalmente la poesía…

H.L.: En esa época los autores estaban gritando, la poesía de la negritud era una poesía de gritos, de reivindicación, de fuerza. Nosotros somos pintores, somos cirujanos, somos personas que cuentan lo que pasa, pero lo hacemos a través del dictamen de nuestra cultura. De cada cultura individual.

R.S.:¿Cuál sería para usted la situación de la literatura africana en general, en estos momentos?

H.L.: Creo que no tenemos la distancia necesaria porque es una literatura muy joven. Este es el primer siglo que tenemos una literatura. No sé cuáles son los autores que van a ser olvidados y cuáles van a durar. Debemos ser muy modestos.

Y para complementar, la entrevista concedida a El digital de Canarias, el año 2009.

Pregunta: Se percibe cierta tensión en el discurso de los escritores africanos que abogan por recuperar las lenguas naturales y los que defienden aceptar y normalizar el uso de las lenguas llamadas coloniales (francés, inglés, portugués y español).

Respuesta: “Esta contradicción no es entre escritores porque estos en su mayoría han comprendido que la preservación de las lenguas y la escritura en el mundo moderno son dos cosas distintas. De otro lado, tenemos a quienes han defendido los puntos de vista sobre la lengua con argumentos válidos y a quienes lo han hecho de una manera un poco confusa y exagerada. En este último grupo estarían los sociólogos, los pedagogos, pero no los escritores. Boubacar Boris Diop en Senegal decidió escribir en wolof y posteriormente él mismo tradujo estas obras al francés porque constató que en wolof tenían menos difusión. Un escritor está en su derecho a usar en sus obras las lenguas nacionales, no es criticable; simplemente les pido que tengan apertura de espíritu. En cuanto a mí, que escribo en francés, esa cuestión no tiene vuelta de hoja, es muy clara”.

P: Se ha dicho que su literatura aborda el juego de identidades diferentes en la heterogénea cultura africana ¿está de acuerdo con esta definición?

R: “No hay ninguna identidad homogénea y fijada; y en todo caso, un escritor tiene la obligación de ver la realidad como algo dinámico y en movimiento, no como algo monolítico y fijo. Mis obras son de cuestionamiento, de preguntas sobre esa identidad”.

P: En la novela Reír y llorar aborda el tema de la dictadura, ¿puede considerarse este un subgénero narrativo en África?

R: “En realidad Reír y llorar no es una descripción de la dictadura sino del extraño fenómeno de la relación entre el dictador y quienes lo padecen. Es una relación malsana porque a menudo el dictador utiliza recursos de la cultura tradicional para llegar a la población, para conocerla mejor, acercarse y utilizarla. El mejor ejemplo que se puede dar de esto es el concepto de autenticidad”.

P: ¿Podría explicarlo?

R: “Se trataba de decir que para ser africano (en Zaire, Chad…) había que regresar a lo tradicional. Esto ponía a los intelectuales en una situación difícil porque había cierto componente de involución. El ejemplo de Chad es gráfico: obligaron a los funcionarios a volver a celebrar el rito de iniciación en sus pueblos. En Reír y llorar hay una escena fundamental en la que el dictador, después de celebrar su nombramiento en una instalación moderna se traslada de noche a donde está su familia y su clan y repite su investidura, haciendo un llamamiento a la fuerza oculta de lo tradicional. Esto lo liga con la población en una relación que tiene un marcado componente irracional”.

P: Ha comentado que no tiene posibilidad de leer a los autores de Guinea Ecuatorial o a los de habla inglesa porque no existen traducciones.

R: “Ese es el gran drama de nuestra literatura. Traducir es muy caro, aunque instituciones como Casa África están contribuyendo a darle un lugar importante a las lenguas de gran difusión. Durante mucho tiempo, la relación de los africanos con la edición era muy similar a la relación establecida con los medios de transporte. Salvo en los grandes países como Marruecos o Egipto, cuando los africanos nos movemos, lo debemos hacer utilizando las grandes compañías. Así, los escritores africanos son conocidos en su país en la medida en que son publicados por editoriales extranjeras. La situación de la edición en África es totalmente embrionaria por lo que es absolutamente indispensable ese trabajo de traducción. Yo puedo escribir un libro en mi lengua natural pero si la crítica no lo reseña, si no se distribuye… El libro está ahí, publicado, pero no se mueve, no va a ninguna parte”.

P: Así que el impulso que necesita la literatura africana debe venir de fuera.

R: “Actualmente sí, sin ninguna duda”.

Menú linguístico angoleño

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Por Custódio Fernando (Angola)

Debo confesar: de todos los asuntos de los que me propuse escribir, este es el que más trabajo me dió, dada las variadas opciones del menú lingüístico angoleño.  Este término, cardapio*lingüístico,  que la primera vez que lo lei fue en el e-mail que recibí de un amigo, es el que voy a utilizar para justificar la existencia de varios idiomas que se hablan en Angola, además de la lengua portuguesa, que es la lengua oficial.

En efecto, sería mas fácil describir el asunto si sólo se tratase de un idioma, así como es más fácil escoger qué comer cuando no existen otros sabores en el menú, lo que ciertamente no sucede en este texto, pues, además de correr el riego de ser mal interpretado por algunos compatriotas con ideales regionalistas, corro también el riesgo de recibir varios tirones de orejas de estudiosos de los fenómenos etnolinguísticos de Angola.  Desde ya, debo adelantar que lo que me motiva a estar en este momento delante del computador es tan sólo compartir con otros amigos y hermanos luusófonos los míseros conocimientos que tengo, resultado de la poca información existente sobre este asunto que se consustancia en disertar  sobre los dialectos de mi y nuestra Angola.

Aprendí en historia que de la mayor parte de las lenguas que se hablan en Angola (entiéndanse idiomas o dialectos), siete de ellas promovidas al estatuto de lenguas nacionales en función tal vez de la cantidad de hablantes (Kimbundo, Umbundo, Kikongo, Kwanhama, Fiote, Kokwe e Ynhaneka Umbi), tienen como origen la lengua de los pueblos Bantú, nómades que durante varios años “zumbaran” por este inmenso territorio donde comparten, pacíficamente o no, con los Koisans y los Bosquimanos, también conocidos como Camussequeles.  Las lenguas nacionales se juntan a otras llamadas regionales, donde, para evitar que sean muchos mis errores, cabe apenas resaltar dos que efectivamente son habladas en mi tierra natal, Malanje, y también en el Kwanza Sur, Kwanza Norte y una por las Luandas que son el Mbangala y el Songo.

Recuerdo que a los doce años y porque la vida en Luanda en época de guerra era lo más cara posible, mis padres me enviaron a Namibe donde además de aprender a hablar inglés, encontré el incentivo de aprender una lengua nacional.  Por increible que parezca, el incentivo partió de una empleada que tuvimos, que cuando descubrió que era posible oir su idioma en la Televisión, me preguntó si yo sabia hablar tal idioma.   Claramente ella notó que yo no sabía hablar, finalmente vió que me levanté del sofá cuando el programa comenzó (para mi eran los treinta minutos más tediosos de la televisión) pero aun así esperó mi respuesta que era nada más y nada menos que NO, a lo que luego agregó: “entonces el mano no puede ser comisario.  ¿Cómo le va a hablar al pueblo?”.

Me chocó saber que el pueblo, aquel que tiene el poder de escoger a sus gobernantes, estima a los que pueden oir y resolver sus problemas usando el lenguaje que entendían, y que yo, aunque tuviese a penas poco más que una década de vida en aquel año, no estaba apto para ser líder de este pueblo del que formo parte.  Y como dice un proberbio en mi lengua materna, el Kimbundo: “Kala Wenda”(#)!  Sólo andando aprendí la lección de que necesitaba comenzar la búsqueda de los ingredientes para degustar uno de los platos del menú lingüístico angoleño.

Y ahora que creo que este texto no va a la carpeta de los borradores, permítanme hablar del miedo que siento cuando imagino que la cantidad de hablantes de las lenguas nacionales está disminuyendo.  Hoy nos admiramos más cuando vemos un niño de siete u ocho años hablando inglés que cuando oímos a un niño de cinco años hablando Umbundo por ejemplo.  La idea que se tiene es que el niño que habla inglés es “inteligente” porque ya habla una lengua extranjera, mientras el niño que habla Umbundo es “atrasado” porque habla la lengua del mato*.  El fenómeno se debe al bombardeo de otras culturas que comenzó con la llegada del navegante Diogo Cão en 1482, a la desembocadura del río Zaire, territorio en esa época perteneciente al Reino del Congo, cuya capital se encontraba exactamente en la provincia que hoy es conocida como Zaire.

Esta mañana oí de un sociólogo entrevistado en un programa de TV que las primeras relaciones entre los portugueses y angoleños eran pacíficas, pero que con el correr del tiempo el cuadro cambió, con el principio de la colonización.  A partir de ahí los angoleños eran obligados a dejar sus costumbres y a pasar a adoptar hábitos occidentales en caso de que quisiesen ser considerados civilizados.  Una vez más me arriesgo a ser reprendido y/o mal interpretado al decir que uno de los más conocidos ejemplos es el Bautismo de uno de los personajes más conocidos de la lucha contra el dominio portugués, la Reina Njinga Mbandi, que pasó a ser llamada D. Ana de Souza(*).

Después de más de quinientos años todavía se siente este impedimento si consideramos que los niños que hoy nacen en las ciudades no son incentivados a aprender a comunicarse en los idiomas maternos, por ser considerados lengua de los analfabetos.

Custódio Fernando, es angoleño, natural de Malanje. Es periodista, locutor de radio y escritor. Actualmente vive en São Paulo-Brasil, donde estudia audiovisual y es co-productor y animador del programa Zwela! África como nunca ouviu!

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(#) “Kala Wenda”! Según los más viejos, detentores de la sabiduría, sólo descubrimos las cosas si salimos en su búsqueda.  Kala Wenda literalmente significa: anda para ver, anda y sabrás.

(*) Todavía son controversiales las razones del bautismo de la reina Njinga Mbandi (soberana del reino del Ndongo y de la Matamba).  Muchos creen que se trató de una estrategia usada por ella con la intención de establecer relaciones diplomáticas con los portugueses para poner fin al yugo colonial mediante el diálogo, mientras otros (inclusive su hermano el Rey Ngola Kiluanji) lo consideran una traición al reino.

Cardápio lingüístico*  Original en Português.  Cardápio: menú, lista de platos.

Publicado en Portugués por la Revista O Patifundio! quien nos cedió gentilmente, junto a Custódio Fernando, los permisos para su traducción y publicación en español.

Traducción: Bárbara Igor (MISOSOAFRICA)