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Ángeles blancos: la dramática lucha por salvar vidas en el mar

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“Mientras la UE no defina una política migratoria única para su territorio, este problema continuará siendo de exclusiva responsabilidad de Italia, un peso que indudablemente el Estado italiano no debe cargar solo”.

  • En Italia se menciona a Mare Nostrum como candidata a ganar, mañana, el Nobel de la Paz. Su contribución para limitar las tragedias de inmigrantes ya fue reconocida por la Unión Europea y la ONU.
  • En el drama, también hay clases sociales y racismo entre los inmigrantes: quienes pagan más están en la parte superior de la embarcación (en general los sirios), y quienes pagan menos (subsaharianos), abajo, con poco oxígeno y a merced de gases tóxicos de los motores.
  • “Italia está sola en esta emergencia humanitaria colosal. Pero si no estuviéramos nosotros, habría muchas más desgracias”

Por Elisabetta Piqué  | LA NACION

Abdullah, de 28 años y oriundo de Gambia, es una de las 774 personas que están en cuclillas, con brazaletes numerados, en la inmensa bodega del buque San Giusto. Una nave de guerra italiana que, desde hace un año, no hace operaciones militares, sino que tiene otra tarea: salvar vidas en esa hecatombe del siglo XXI que, entre el silencio y la indiferencia de Europa, se está dando en el mar Mediterráneo.

La misión de la marina italiana se encarga de llevar a inmigrantes rescatados a algún centro de recepción en tierra firme. Se trata de virtuales prisiones que tuvieron que levantarse en toda Italia en los últimos años.

En las aguas idílicas del Mediterráneo, desde principios de este año más de 2500 personas murieron en los denominados “viajes de la esperanza”, según la Organización Internacional de Migrantes (OIM). Desde 2000, murieron ahogadas más de 22.000 personas. Todas huían de la miseria, el hambre, las guerras y la violencia, en busca de una vida mejor.

El barbijo que llevamos militares, enfermeros, médicos, algunos parlamentarios y unos pocos periodistas presentes en el vientre de la San Giusto no impide sentir un olor fuerte. Es a encierro -afuera hace calor-, pero también a adrenalina, emanada desde los cuerpos de las 774 personas rescatadas en cinco naufragios en los últimos tres días.

En todas sus miradas es palpable el infierno que vivieron, pero también el miedo a lo que vendrá, a lo que les espera en una Europa cada vez más parecida a una fortaleza inaccesible, asustada por un fenómeno que crece y que nadie sabe cómo enfrentar. Para evitar el contagio de eventuales enfermedades, llevamos barbijo, un mameluco blanco con capucha, de material sintético especial, dos pares de guantes y protectores de zapatos.

“Aunque al principio los más chicos se asustan, después nos llaman los ángeles blancos”, revela el doctor Domenico Arenoso, mientras revisa la pierna de uno de los inmigrantes. Genovés y experto en enfermedades infecciosas, Arenoso está a cargo de la unidad médica de la San Giusto, que no sólo cuenta con una sala de operaciones, sino también con helicópteros para evacuaciones y dos drones para detectar desde el aire a los mercaderes de la muerte, que hacen negocios con la desesperación de los migrantes.

La San Giusto es una nave inmensa: tiene 133 metros de largo y 25 de ancho, 500 camas, una tripulación de 174 hombres y mujeres, capacidad de 620 toneladas, 34 vehículos acorazados y helipuerto. Es el cerebro de la operación Mare Nostrum, puesta en marcha hace un año por el gobierno italiano para que no vuelva a haber tragedias como la del 3 de octubre del año pasado. Entonces, más de 360 personas murieron en un naufragio cerca de la isla de Lampedusa, al sur de Sicilia, en la peor catástrofe en el Mediterráneo hasta ahora.

En Italia, incluso, se menciona a Mare Nostrum como candidata al ganar, mañana, el Nobel de la Paz. Su contribución para limitar las tragedias de inmigrantes ya fue reconocida por la Unión Europea y la ONU.

Desde que comenzó a funcionar, el operativo salvó 90.061 vidas por sí solo, y más de 138.000 junto a naves mercantiles. El 77% de los rescatados fueron hombres menores de 45 años; el 11%, mujeres, y el 12%, menores de 18 años. Mare Nostrum cuesta nueve millones de euros por mes, que desembolsa la marina italiana. Emplea entre 700 y 1000 militares -aunque también hay civiles- y opera en un área de 71.000 kilómetros cuadrados, equivalente a tres veces el tamaño de Sicilia.

“Hacen falta dos días de navegación para ir de un punto a otro”, explica el comandante Massimo Vianello. “Salvamos personas en cantidades industriales: llegamos a rescatar en dos días a 2500 personas durante el pico de la oleada migratoria, en julio y agosto. Ahora sigue el buen tiempo y el flujo es constante: parten en forma incesante. Calculamos un promedio de siete embarcaciones por día que salen desde Libia, en su mayoría, y desde Egipto”, detalla Vianello.

 

 

En la bodega de la San Giusto, esa marea de desesperados, con sus números identificatorios, es como un puñetazo en el estómago. Detrás de la protección del barbijo, uno no puede dejar de pensar con qué cara se puede mirar a esa gente, que sólo busca tener una vida normal, en paz.

Abdullah, uno de los pocos africanos que habla inglés, sonríe, levanta el pulgar y hace la V de la victoria. Cuenta que es la segunda vez que lo intenta. “Hace dos años me repatriaron a Túnez. Esta vez espero quedarme.” ¿Dónde? “En Italia, Alemania, Inglaterra… donde sea”, dice.

Como muchos otros, se embarcó en Trípoli, la capital de Libia, que desde la caída del régimen de Muammar Khadafy atraviesa una situación anárquica. Desde sus costas -en localidades como Zuwarah y Benghazi- parten la mayoría de las “carretas del mar”. Abdullah pagó 800 dólares para su travesía junto a otros 150 desesperados en un gomón desvencijado, made in China, durante dos días de terror, hasta que fue rescatado.

Para pagar su pasaje, durante un año y medio trabajó como albañil en Libia. Ahí lo pasó mal. “Sufrimos mucho, los árabes no son buenos”, dice. Como otros, no viajó solo. Lo hizo con su hermano menor, Charmo, de 25 años, que viste una musculosa igual a la suya, a rayas. Se las pusieron para no perderse en medio de la odisea. “Vinimos para tener una vida mejor. En Gambia no hay trabajo. Tengo dos hijos y vine por ellos, para poder ayudar a mi familia”, señala Abdullah.

El sirio Salam Ammura, de 24 años, tiene otra historia. Es de Homs, y como muchos otros compatriotas que están en la bodega huyó de la atroz guerra civil de su país. “Primero fui a Argelia, luego a Túnez y después a Libia, de donde salí. Soy ingeniero y quiero irme a Suecia, cuenta.

La San Giusto, que tiene 20 años y es el orgullo de la marina italiana, está por llegar al puerto de Reggio Calabria. Aún no lo saben los 774 inmigrantes -de Eritrea, Sudán, Mali, Gambia y otros países- rescatados en los últimos tres días.

“¿Estamos llegando a Reggio Ca… qué? ¿Eso es Italia? ¡Bien!”, celebra Abdullah, que aprieta la chapita que lo identifica y el papel que indica el número de embarcación de la que fue rescatado. Esa chapita sirve para que, más tarde, los “ángeles blancos” le devuelvan una bolsita numerada en la que guardaron sus pertenencias.

Abdullah, su hermano y los demás recibirán luego un par de zapatillas azules, antes de ser trasladados en ómnibus a algún centro para la acogida de inmigrantes, de los que seguramente luego lograrán escapar, como admiten los parlamentarios presentes (algunos, los de derecha, muy críticos con Mare Nostrum).

Amina Hutel, de 32 años, también es de Gambia. Uno de los “ángeles blancos” de la San Giusto la está ayudando. Intenta calmar el llanto de la beba de un año que lleva en la espalda, envuelta en una tela. “Esta mujer viaja sola, algo que no es normal. Me contó que vio cómo mataban a su hijo de dos años, por eso quiso irse de su tierra”, cuenta la ginecóloga Valeria Songa, que precisa que entre los 774 pasajeros hay tres embarazadas, todas sirias y en buen estado.

Ser rescatados por la San Giusto en plena tempestad o de noche fue para los inmigrantes como llegar a un oasis. Recibieron un chequeo sanitario, fueron censados e identificados, y les dieron un plato de fideos, fruta y agua. Además, pudieron relatar sus odiseas gracias a un equipo de intérpretes, los llamados “mediadores culturales”.

“No esperamos a que naufraguen. Hacemos un trabajo de prevención. Apenas detectamos una embarcación, mandamos helicópteros a ver de qué se trata: si es precaria y está llena de gente sin salvavidas, como siempre pasa, intervenimos inmediatamente”, explica el comandante Mario Mattesi.

El trabajo de los “ángeles blancos” es de 24 horas por día. Y es duro. “Algunos llegan con fracturas porque fueron maltratados, torturados. Estuvieron hacinados, con problemas cardíacos, diabéticos, deshidratados”, cuenta Arenoso, jefe del servicio médico. “Nunca en mi vida olvidaré cuando me tocó subir a una embarcación donde fueron hallados 45 muertos, asfixiados”, dice.

Es que, drama en el drama, también hay clases sociales y racismo entre los inmigrantes: quienes pagan más están en la parte superior de la embarcación (en general los sirios), y quienes pagan menos (subsaharianos), abajo, con poco oxígeno y a merced de gases tóxicos de los motores.

“Las historias de esta gente son iguales a las de la Shoá [el Holocausto]. La diferencia es que estas personas se autodeportan, huyen de situaciones imposibles. Pero lo que yo me pregunto es ¿dónde irán; podrán rehacer sus vidas?”, reflexiona la doctora Songa, que aprovechó sus vacaciones para ser voluntaria durante un mes en la San Giusto.

“Mi hija me hizo leer el discurso del Papa cuando fue a Lampedusa y decidí presentarme -revela-. La experiencia es dura, desgarradora, pero volvería a hacerla.”

El capitán de corbeta Antonio Giummo, otro “ángel blanco”, dice que lo más impresionante es ver a los chicos, que casi nunca viajan solos. “Si esta gente arriesga la vida de sus hijos, significa que realmente huyen de una muerte segura”, dice. Como el resto de la tripulación, Giummo, de 43 años, está orgulloso de su labor, considerada de todos modos insuficiente.

“Para salvar a todos harían falta más medios”, lamenta el comandante Mattesi. “Italia está sola en esta emergencia humanitaria colosal. Pero si no estuviéramos nosotros, habría muchas más desgracias”, advierte.

Fabio Carella, mariscal de la marina, con una cámara registra todo lo que pasa en Mare Nostrum. Confiesa que se conmueve en cada salvataje de desesperados. Su traje de “ángel blanco” le sirve de coraza. “Es mucho sacrificio -dice-. Pero lo hacemos con gusto. Basta una sonrisa.

“La ilusión por lo insignificante nos lleva hacia la indiferencia hacia los otros”

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Pablo Ordaz para diario El País

Más de 200 fallecidos en el incendio de un barco con inmigrantes en Lampedusa

  • Solo unas horas antes había arribado otro barco con 463 personas a bordo
  • El lunes 30 de septiembre, 13 jóvenes de nacionalidad eritrea se ahogaron a solo unos metros de la playa siciliana de Sampieri.
  • En el cementerio ya no hay más tierra para tumbas sin nombre.
  • La actual legislación italiana, aprobada en 2008 por el Gobierno de Silvio Berlusconi ha procesado a pescadores y armadores que han salvado vidas humanas por complicidad con la inmigración clandestina. 

La única novedad es el número. Un número suficientemente alto como para arroparlo con grandes palabras de luto y alarma, una fila interminable de muertos sin nombre al principio del telediario. El resto sucede cada día, por capítulos, sin que merezca el relato trágico de una barcaza con unos 500 inmigrantes a bordo —entre ellos muchos niños y mujeres embarazadas— que, antes del amanecer del jueves, se avería y empieza a hundirse a media milla de la isla italiana de Lampedusa. “Como estábamos cerca de la costa”, cuenta uno de los náufragos, “hemos decidido encender fuego para llamar la atención, pero el puente estaba sucio de gasolina y en pocos segundos el barco quedó envuelto en llamas. Muchos nos hemos lanzado al agua gritando mientras el barco volcaba”. Del medio millar de eritreos y somalíes que intentaban alcanzar suelo europeo, 200 han sido encontrados muertos, alrededor de 150 aún continúan desaparecidos y solo 150 lograron ser rescatados con vida por pesqueros y patrullas de la Guardia Costera. Algunos supervivientes han declarado que tres barcas de pesca pasaron cerca, vieron sus llamadas de auxilio y siguieron su camino.

Lampedusa

Imagenes Dia a Dia.com.ar

El Gobierno ha decretado un día de luto nacional y todas las autoridades, desde el presidente de la República para abajo, han levantado la voz para que Europa les ayude a frenar una tragedia que, desde 1990, ha arrojado a la isla siciliana más de 8.000 cadáveres —de ellos, 2.700 durante 2011, coincidiendo con el conflicto libio—. Pero de todas las palabras pronunciadas, las que tal vez mejor definan la tragedia continua de los fugitivos de África, la rabia ante un desastre conocido y jamás combatido en serio, sean las que, en medio de un discurso escrito, improvisó este jueves el papa Francisco —“se me viene la palabra vergüenza. Es una vergüenza”— o las que, harta de tanta muerte, dirigió la alcaldesa de Lampedusa, Giusi Nicolini, al primer ministro Enrico Letta: “El mar está lleno de muertos. Venga aquí a mirar el horror a la cara. Venga a contar los muertos conmigo”.

La barcaza, como muchas de las que cruzan el Canal de Sicilia, había partido del puerto libio de Misrata. Teniendo en cuenta que Lampedusa se encuentra a 205 kilómetros de Sicilia y a 113 de las costas de África, los viejos pesqueros, tripulados por empleadas de las mafias y abarrotados de inmigrantes, alcanzan suelo europeo en tres o cuatro días de navegación. Los últimos días del verano aumentan además el trasiego. Solo unas horas antes del naufragio, otro barco había arribado a Lampedusa con 463 refugiados sirios a bordo y, el lunes 30 de septiembre, 13 jóvenes de nacionalidad eritrea se ahogaron a solo unos metros de la playa siciliana de Sampieri. Pero solo es cuando se produce un gran naufragio —y este último es uno de los más grandes de los que se tienen noticia— la vista se vuelve a una isla de apenas 5.000 habitantes, cuya alcaldesa —harta de la sordera de las autoridades italianas y europeas— envió el pasado mes de febrero una carta a la Unión Europea en la que se preguntaba exclamando: “¿Cuán grande tiene que ser el cementerio de mi isla?”

La respuesta no oficial le ha llegado. En el cementerio ya no hay más tierra para tumbas sin nombre. Y tampoco en la morgue ni en el pequeño puerto hay espacio para tantos cadáveres de hombres, niños y mujeres embarazadas. Los cuerpos recuperados de las aguas y los localizados, a última hora de la tarde, en el interior del pecio hundido se están trasladando a un hangar del aeropuerto, adonde también llegó a media tarde el vicepresidente del Gobierno y ministro del Interior, Angelino Alfano, quien confirmó los detalles del naufragio —los teléfonos que no funcionaban, los trapos que se prendieron, las cifras cada vez más insoportables de ahogados—, pero no quiso entrar en la cuestión que ensombrecía aún más la jornada. ¿Es verdad que tres barcos pesqueros habían visto la angustia de los inmigrantes y no les habían ayudado? “No los han visto”, respondió el ministro, “si no, habrían intervenido. Los italianos tienen un gran corazón. Hemos salvado la vida a 16.000 náufragos”.

Giusi Nicolini, en cambio, no lo tiene tan claro. La alcaldesa sí dio validez a la denuncia de los inmigrantes, pero atribuyó la supuesta actitud insolidaria de los pescadores a la actual legislación italiana, aprobada en 2008 por el Gobierno de Silvio Berlusconi bajo la inspiración de su entonces ministro del Interior, Roberto Maroni, de la xenófoba Liga Norte. “Si se han ido y no los han ayudado”, explicó Giusi Nicolini, “es porque nuestro país ha procesado a pescadores y armadores que han salvado vidas humanas por complicidad con la inmigración clandestina. Por eso, lo que el Gobierno tiene que hacer hoy mismo es cancelar este delito, cambiar la norma”.

Mientras los equipos de rescate iban aterrizando en la isla para recuperar los cadáveres —ya se descarta encontrar a más inmigrantes con vida—, las declaraciones de los políticos se fueron sucediendo, idénticas a las de la última tragedia. Se resumen muy bien en las palabras del presidente de la República, Giorgio Napolitano: “Es indispensable luchar contra el tráfico criminal de seres humanos en colaboración con los países de procedencia de los flujos de emigrantes y solicitantes de asilo. Son, por tanto, indispensables los controles en los países de procedencia de los emigrantes o de los que solicitan asilo”. Pero no hay que irse muy lejos, solo al 11 de julio de este año, para recordar las palabras —allí en Lampedusa— del papa Francisco e intuir que esta conmoción oficial terminará pronto, muy pronto. “¿Quién es el responsable de la sangre de estos hermanos? Ninguno. Todos respondemos: ‘yo no he sido, serán otros’. ¿Quién de nosotros ha llorado por la muerte de estos hermanos y hermanas, de todos aquellos que viajaban sobre las barcas, por las jóvenes madres que llevaban a sus hijos…? La ilusión por lo insignificante nos lleva hacia la indiferencia hacia los otros”.

Sobre todo si el otro yace bajo una tumba sin nombre en una isla perdida.

2012 – Las Nuevas crisis Militarizadas

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Por Eugénio Costa Almeida.

Imagen: REUTERS

Ha habido momentos en la Historia de la Humanidad que crearon sangrientos e incalificables conflictos  político-militares de consecuencias descomunales.

En tiempos recientes, fueron los casos de la primera y segunda guerra mundial, las que se juntan a las luchas de liberación, a las guerras de secesión y a las contiendas por la redemarcación de fronteras.

Actualmente, los principales factores de desestabilización político militar, dejaron de ser cuestiones territoriales y/o “lavadas de sangre”” para pasar de ser disputas sociales y políticas, a auténticas y sangrientas guerras abiertas entre poderes instituidos y nuevos movimientos de liberación política.

Movimientos que defienden más libertad política, más humanización de la gestión pública, más libertad humana, o sea, más y mejores Derechos Humanos.

La mayoría tuvo su génesis en la autoinmolación de un joven tunecino, Mohamed Bouazizi, ocurrida en la ciudad de Sidi Bouzid, que rápidamente degeneró en una revuelta popular por más y mejores condiciones humanas y de cuyas manifestaciones resultó la caída del autócrata tunecino Zine El Abidine Ben Ali.

Recordemos que fue a partir de este hecho que las manifestaciones se expandieron, posteriormente, por todo el Norte de África y por otros países africanos.

Recapitulemos lo que pasó en Egipto – eso en escala muy elevada – y en Marruecos, o de forma menos evidente en Costa de Marfil, Uganda, Argelia, Yibutí, Sahara Occidental, en África o en Iraq, Omán, Líbano, Jordania, Arabia Saudita, en Asia (Medio Oriente).  Algunas alteraciones políticas, tal vez menos de lo esperado por sus mentores, acabaron por ser evidentes o reforzadas.

Pero revivamos, principalmente, las crisis político-militares en Libia, en Yemen – con la caída de los respectivos dictadores, después de un largo período de conflicto armado – y sobre todo, ahora, en Siria y, en menor escala, en Sudán.

En relación a Sudán – y consideremos no sólo al país, si no que el territorio en su totalidad – persiste la disputa fronteriza entre Sudán del Norte y su secesión del Sur –  por obra y gracia de los angloamericanos – todo por causa del petróleo y de sus rendimientos.  Mientras el sur carece de las vías que atraviesan el Norte y desaguan en el Mediterráneo, y mientras el territorio esté bajo la “protección” política y económica de su principal importador, China, la comunidad internacional continuará silbando para el lado, y, para decir que no se olvida, irá lanzando algunas mukandas (*) al éter….

Si en el caso de Libia, de Sudán y de Yemen estaba – está – el crudo (petróleo) que permitía a la Comunidad Internacional tener una “razón” para intervenir o cuestionar los poderes instituidos y apoyar las respectivas oposiciones, aun siendo militarizadas – y bien, en el caso libio, al punto de que las nuevas autoridades tengan dificultades en desarmar a los grupos armados, – en el caso Sirio sólo hay voluntad por parte de los opositores, que incluso armados, no decanta.  Oficialmente no hay petróleo en territorio Sirio.

Y aliado a la falta de esa materia importante para la sobrevivencia del mundo occidental – el crudo – está el hecho de que hay dos potencias que apoyan o “soportan” al régimen de Bashar al-Assad: Rusia y China.

En el caso de China, es el principio de la “no injerencia” en los asuntos internos, tan cara a Beijing, que prevalece en los rechazos a las eventuales intervenciones internacionales.

En el caso ruso, el hecho de que todavía se sientan engañados en relación a Libia, donde, en principio y de acuerdo con las resoluciones de Naciones Unidas, las hipotéticas intervenciones armadas serían para mantener la defensa de los derechos humanos en el país.  Lo que sucedió después fue una intervención pura para expulsar al líder dictatorial, incómoda para ciertas capitales occidentales.

A pesar de eso, y después de muchos rechazos, Rusia resolvió dar un paso a favor del “bien común” y votar en el Consejo de Seguridad de la ONU por el envío de un grupo internacional de observadores que supervisen el alto al fuego, instituido entre los rebeldes y las fuerzas de al-Assad, mediada por el antiguo secretario general de las Naciones Unidas, Koffi Annan.

Pero mostraron las evidencias de que esa contrata acabaría en un sangriento fracaso.  Los continuados reencuentros entre el Ejército sirio y los rebeldes sólo hicieron confirmar el escepticismo de los Estados Unidos y de los aliados en cuanto al grado de compromiso de los sirios – y aquí englobo a las dos partes – en relación al acuerdo de alto al fuego.

Refuerzan este claro escepticismo los recientes reencuentros militares en la frontera sirio-turca, con alguna escalada de violencia.

A quien le interesa este salto en la escalonada bélica entre una de las potencias militares de la OTAN, el aliado preferencial de los EEUU en la Región  y un pequeño estado como Siria.

No me parece que sea del interés de Damasco despertar un indolente y peligroso Jacaré adormecido en sus márgenes.

Si no es de su interés, es evidente que el mismo sólo podrá ser de los rebeldes, apenas soportados y apoyados por Irán, queriendo llevar hacia la guerra a Turquía, visando el derrumbe del régimen de Al-Assad.

Hasta aquí, todo parece meras estrategias político-diplomáticas con soportes bélicos.

Todo parecería meras estrategias si Turquía no fuese un prominente miembro de la OTAN y en el seno de esta organización no hubiese una cláusula que indica que un ataque a su miembro es un ataque a todos los miembros de la organización.

Y me parece, que está más que implícito lo que desean los mentores de los ataques, casi quirúrgicos, en la frontera turca…

Fue de cierta forma que comenzó la primera guerra mundial con el asesinato de un heredero del imperio austrohúngaro, en Bosnia, por un estudiante serbio.  Y una de las consecuencias fue que el fin del Imperio Otomano de cual resultaron algunos de los actuales Estados árabes…

mukandas (*) palabra Mbundo (de la región angoleña Ovibundo do Planalto Central) que significa:   palabras, conversaciones, decires.

Reflexiones en torno a la Crisis Alimentaria (Primera Parte)

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Por Bárbara Igor (MISOSOAFRICA)

“… la alimentación es un derecho, pero lamentablemente en la actualidad no pasa de ser un negocio que, en la mayoría de los casos, ha derivado en un triste vicio que no se ha querido reconocer como tal…”

Hay quienes no tienen más alternativa que la de alimentarse de la luz solar.

Revuelo ha causado estos últimos días, la noticia de la muerte de una mujer suiza, víctima de inanición voluntaria, y si se quiere, ideológica. No estamos hablando de las ya tan comunes a nosotros “huelgas de hambre”, sino que de un particular caso en donde la figura de la espiritualidad, se vuelve materia de discusión. Dicha mujer, la que curiosamente perdiera la vida hacia febrero del año 2011, según indican las fuentes periodísticas, sólo ha hecho noticia esta última semana.

Su decisión de renunciar a la comida habría estado avalada por un video documental en el que dos hombres, un místico indio y un científico occidental, aseguraban que era posible la subsistencia sólo por medio de un recurso que, si bien sabemos es fundamental para cualquier expresión de vida, nunca llegaríamos a considerar como a un único componente de nuestra dieta: la luz del sol.

El miércoles pasado, sin ir más lejos, NAT GEO exhibía por su señal de cable, Tabú Brasil, un programa especialmente dedicado a, como su nombre bien lo indica, los tabúes alimentarios de dicho país. De entre varios reportajes, era posible acompañar la experiencia de dos personas que habían decidido en un determinado momento de sus vidas, dejar de considerar la comida como necesaria para su subsistencia. De este modo, una mujer aseguraba haber pasado cerca de 3 meses sin probar bocado, mientras que, un joven aseguraba que desde el año 2010 sólo se alimentaba de la energía solar y de jugos naturales que ingería sólo cuatro veces por semana.

Sin mostrar mayor pérdida de energía ni debilidad, había renunciado a todo tipo de alimento sólido sin ver por esto mellada su capacidad deportiva ni intelectual. En términos simples, el vivía una vida como cualquier otra, con la absoluta conciencia de que su decisión no era perjudicial para su propia salud, hecho que le llevaba, inclusive, a difundir su estilo de vida por medio de charlas y de pasquines.

Ha sido también esta semana que nos hemos enterado de una nueva dieta que está revolucionando el mercado de la estética: la alimentación por sondas. La seguridad que este sistema garantiza a quienes la prueban y la efectiva pérdida de peso, la ha convertido en la dieta favorita de europeos y norteamericanos, siendo posible perder 10 kilos en 10 días.

Pero ¿a que viene toda esta introducción?. Mucho se ha cuestionado por parte de las ciencias médicas la irresponsabilidad frente a las dietas que intentan reemplazar productos que parecen fundamentales para la dieta humana, como lo son la carne, la leche y los vegetales. El boom del vegetarianismo y en su versión extrema, el veganismo, ha puesto en tela de juicio muchas de las teorías alimentarias occidentales. No es secreto para nadie que la dieta de un hombre como Gandhi sólo se basaba en el consumo de sumos frutales, vegetales crudos y legumbres, y que aun así vivió una larga vida, interrumpida sólo por su lamentable asesinato. Pero tenemos también su contraparte, jóvenes intentando imitar su ejemplo, víctimas de anemia o sin ir más lejos, el caso que mencionáramos al principio, de una inanición que desembocó en la muerte.

Nuestra pregunta entonces va por las siguientes directrices: en una sociedad donde la comida parece un bien de consumo de acceso indiscutible al menos para aquellos que se deciden por prescindir de ella, y si la información sobre una buena alimentación es material de cabecera para cualquiera de nosotros, ¿cómo es que surgen estos ejemplos que en una primera instancia, no podemos más que considerar rayanos en la autodestrucción?

Entendemos el ayuno como una tradición a la que muchas culturas echan mano por los más diversos motivos, los que van desde la idea de la austeridad hasta el castigo del cuerpo y la penitencia. Pero ¿quién se ha preguntado una vez, cómo es que el bombardeo alimentico del que estamos siendo víctimas en la actualidad, nos está influyendo?

El boom de los programas de televisión que tienen como protagonista la cocina, el surgimiento diario de productos que garantizan ser más saludables que los ya conocidos, y más aun, de desarrollo sostenible. La aparición constante de nuevas dietas, productos extra vitaminizados capaces de mejorar nuestro aspecto, incluso nuestro color, nuestra memoria, regular nuestro colesterol y otros que simplemente, al ser consumidos, elevan nuestro estatus en términos sociales.

No tengo los antecedentes de cuándo esto comenzó, pero dando una vuelta una noche cualquiera por la televisión, resulta posible encontrarnos con realizaciones que van desde lo más simple, como es el caso de un amigable chef enseñando las más variadas recetas, hasta los más cosmopolitas, donde generalmente un sujeto carismático va “descubriendo la cultura de cada país” probando en un día todos los manjares que su estómago le permite. También los hay aquellos de fábricas de tortas, en donde enormes equipos de gente cumplen tu sueño por medio de la realización de una torta de cumpleaños espectacular, como también tenemos aquellos en los que cierto chef estrella, capacita a otros tantos en una suerte de reallity de la humillación; y por supuesto, su infaltable versión para niños. Ya en su expresión más desenfadada y sincera tenemos al hombre que compite con la propia cocina, desafiando a cantidades ingentes de comida chatarra a ser devoradas. ¡Buena Salud a todos estos programas! que en buena medida se atreven a darnos un pequeño indicio de lo que estamos haciendo con nosotros mismos y si se me permite decirlo, nos dan una respuesta a la existencia de fenómenos como el de aquella mujer de 50 años, muerta por inanición voluntaria, en un país como Suiza, en pleno siglo XXI.

Comencemos por preguntarnos, – y muchas de las preguntas que nos hagamos probablemente no tendrán una respuesta en esta entrega, pero por ahora nos basta con plantearlas- ¿en qué momento la alimentación y por ende la comida, dejaron de ser la base de la subsistencia humana, cuyo valor yacía en su capacidad de perpetuar la vida, para convertirse en un valor de mercado, en simple mercancía; en lo que actualmente conocemos como el “agronegocio”?

Muchas veces nos jactamos de nuestra dieta balanceada, de nuestra capacidad de reconocer lo que es beneficioso para nuestro cuerpo y lo que no lo es, y también, muchas otras veces hacemos alarde de nuestra contribución con el medio ambiente, al escoger unos productos por sobre otros. Pero antes de comprar, ¿quién realmente se pregunta sobre la cadena de producción que permitió que dichos productos, todos saludables y capaces de hacer de nuestra vida una verdadera fiesta de sabores, llegaran hasta nosotros?

Muchas otras veces y aprovechando la reciente Semana Santa para ejemplificar, ¿no nos hemos visto acaso sentados a la mesa agradeciendo a Dios y a la vez, implorando por aquellos que no tienen nada para llevarse a la boca en ese mismo momento? Ciertamente no hay nada de malo en esto, pero me parece que más que agradecer nuestra buena fortuna y la posibilidad de acceder a nuestros sofisticados platos marinos, podríamos preguntarnos ¿cómo es que por ejemplo en África la crisis alimentaria no ha podido ser paliada, si no que más bien sólo se ha visto acrecentada? Y probablemente no nos preguntemos esto, porque sabemos que la respuesta está en los manjares que estamos próximos a disfrutar.

No es novedad para nadie que la costa africana está siendo constantemente arrasada para que en nuestras mesas “no falte el pan de cada día”. También es cierto que las tierras a muchos campesinos les han sido compradas a precios irrisorios o simplemente expropiadas por el estado para ser vendidas a empresas extranjeras, reduciendo así la posibilidad del cultivo de subsistencia para sus naturales. A esto podemos agregar la novedad de la privatización de las aguas y los suelos más productivos de muchos de los países del continente. No es muy diferente la situación en América Latina, pero como África continua siendo un continente con una mayoría de población rural significativa, no podemos dejar de considerarla. Para que decir de todos aquellos terrenos expropiados para el cultivo de la materia prima de los agro combustibles “no contaminantes” y de última generación. La enumeración de estos eventos no tendría fin. Y nuestro objetivo es instalar una problemática para ser desarrollada gradualmente.

Las estadísticas indican que en la actualidad serían mujeres y niñas las principales víctimas de la hambruna en el continente africano, así como también, que el problema de la hambruna sería particular de las regiones rurales, motivo por el cual se subentiende una necesidad de replanteamiento de las políticas agrícolas y por ende, del agronegocio.

Y porque el problema no pasa solamente por la carestía, podemos revisar las siguientes cifras manejadas por la FAO y hechas públicas en uno de los tantos informes de Veterinarios Sin Fronteras:

“El estado de la inseguridad alimentaria en el mundo” de 2010 cifraba en 925 millones las personas subnutridas en el mundo. La inseguridad alimentaria, entendida como la falta de acceso a una alimentación suficiente, nutritiva, inocua y culturalmente adaptada, afecta a otros 1.300 millones de personas que sufren “deficiencias nutritivas” además de a otros 1.000 millones de personas que sufren de obesidad (ibíd.)

Porque no está de más decirlo: la alimentación es un derecho, pero lamentablemente en la actualidad no pasa de ser más que un negocio que en la mayoría de los casos ha derivado en un triste vicio, que no se ha querido reconocer como tal.

Frente a todo esto, al bombardeo que existe sobre la alimentación, no es ilegítimo cuestionarnos si acaso realmente necesitamos las cinco frutas y las cinco verduras diarias que los programas del gobierno promueven, o los dos vasos de leche, la proteína animal y por cierto, el omega tres de los salmones y el atún, y ya siendo más extremistas, si realmente necesitamos esas 4 refacciones diarias que nos han enseñado a tomar desde niños, tan ricas en vitaminas y minerales. Cuando pienso en esa mujer que últimamente ha muerto en Suiza como consecuencia de inanición y luego en todos esos jóvenes, en su mayoría, que juran de pies juntos que una taza de arvejas puede suplir a dos vasos de leche, me pregunto si todo esto no es más que nuestra nueva manera de resistir a un mercado que se muestra violento, amenazante e incluso aun más nocivo para nuestra salud, que la propia dieta de la luz.

Los invito entonces a sacar sus propias conclusiones.

IMÁGENES: PITBOX / LA HIPNOTERAPEUTA

REF: Veterinarios sin Fronteras

REF: NATIONAL GEOGRAPHIC

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Este post está dedicado a mi gran amigo Cristián Vergara, gracias a quien MISOSOAFRICA fue posible.

MISOSOAFRICA: Bárbara Igor Ovalle (1982), natural de Santiago de Chile. Es Licenciada en Artes, actualmente coordina las publicaciones en el presente espacio.

Somalia: la hambruna acabó, los refugiados siguen llegando.

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Por MANUEL RUIZ RICO

Addis Abeba (Etiopía)

El pasado 3 de febrero la ONU anunció el final de la hambruna en el Cuerno de África. La hambruna había sido declarada el 20 de julio del año anterior, en principio para las regiones de Bakool y Bajo Shabelle, aunque 15 días más tarde, el 5 de agosto, la declaración se tuvo que ampliar a otras tres áreas más (dos regiones del Shabelle Medio, el corredor de desplazados internos de Afgoye y el campamento de desplazados de Mogadiscio). El balance final de la hambruna sólo se puede calificar de dantesco: cientos de miles de refugiados y decenas de miles de muertos, en su mayoría niños. Sin embargo, el fin de la hambruna declarado el 3 de febrero ha hecho girar las miradas hacia otro lado, pero la situación no ha sido resuelta y la crisis humanitaria en la zona es profunda. El éxodo de refugiados somalíes no cesa y las previsiones apuntan a unas pobres cosechas en junio y julio. En Etiopía, el gobierno y el Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados (Acnur) están buscando ya un emplazamiento para ubicar un nuevo campamento de refugiados en Dollo Ado, el sexto en poco más de medio año, en la frontera con Somalia, después de que el último de los abiertos esté al borde de su capacidad. La soga en torno a los cuellos de cientos de miles de somalíes vuelve a tensarse. “Actualmente, hay más de 17.000 refugiados en Buramino. La capacidad planeada para este campamento es de 26.000 personas”, asegura Natalia Prokopchuk, portavoz de Acnur en Etiopía, quien alerta de que “en la última quincena de marzo la media diaria de llegadas alcanzó las 133 personas. De hecho, la última semana de ese mes se registró el mayor número de llegadas de 2012, con casi 220 personas cada día”, unas cifras que están en los niveles registrados durante muchos de los meses de la hambruna. En apenas medio mes de abril, la cifra roza las 1.100 llegadas, mientras que febrero (con 3.324 llegadas) se mantuvo en las cotas de agosto, septiembre, noviembre y diciembre del año pasado, meses de hambruna declarada.

“La hambruna ha acabado pero no era la única razón que forzaba a la gente a dejar Somalia y convertirse en refugiados en Etiopía. Era una combinación de sequía y también los combates y la inseguridad. Los últimos factores permanecen. La gente huye ahora del conflicto y la violencia”, afirma Prokopchuk. “El motivo principal de estas llegadas a Dollo Ado son las luchas en el interior de Somalia”, aclara Prokopchuk. Se refiere a los combates entre las tropas de Kenia, Etiopía y el Gobierno Federal de Transición (GFT) de Somalia contra las milicias islamistas de Al Shabab, que controlan no pocos territorios somalíes, entre ellos, los más afectados por la hambruna. Una de estas zonas es Gedo, limítrofe con Somalia. “Según nuestros socios en terreno, en marzo se han contabilizado unos 2.000 desplazamientos internos en esa región, de los cuales la mitad tiene como destino los campamentos de refugiados de Dollo Ado”, destaca Andreas Needham, portavoz de Acnur en Somalia, quien añade: “Sin querer señalar lo obvio, si finalmente la media de precipitaciones está por debajo de lo normal, el número de desplazados incrementará sin duda”.

El campamento de Buramino, en Etiopía, está a menos de 9.000 personas de completar su capacidad. Con los datos de llegadas actuales, entre 100 y 200 personas cada día, Acnur y el gobierno etíope tienen entre un mes y medio y dos meses para abrir las puertas del sexto campamento. Buramino fue abierto en noviembre de 2011, cuando la hambruna afrontaba sus últimas semanas, sin embargo, en cinco meses está afrontando el final de su capacidad plena. En Dollo Ado había sólo dos campos antes de que se declarara la hambruna (Bokolmanyo y Melkadida, que acogen a 40.000 personas cada uno). Cuando ésta llegó, se tuvo que abrir Kobe en junio de 2011 (actualmente con 26.000 somalíes); Hilaweyn, en agosto de 2011 (también albergando ya 26.000 personas) y, finalmente, Buramino, en noviembre de ese año. En total, los cinco campamentos de Dollo Ado albergan 150.000 personas, según los datos de Acnur con fecha del 16 de abril.

Etiopía es el país que durante 2012 recibe la gran mayoría de refugiados de Somalia, reemplazando a Kenia, país que durante 2011 vio cómo los campamentos de refugiados de Dadaab superaban las 500.000 personas y se convertían en su tercera ciudad más poblada después de Nairobi y Mombasa. Debido a la incursión de tropas keniatas en Somalia y al cierre de fronteras con este país que esta ofensiva ha supuesto, el grueso de los refugiados somalíes escapan ahora de su país hacia Etiopía, hacia Dollo Ado. Según Acnur, durante 2012, más de 21.000 somalíes llegaron al país etíope y 6.000 cruzaron en patera a Yemen, un destino cada vez más en auge, frente a los apenas 2.000 que han llegado a Kenia. Esta trágica situación actual, además, no cuenta con buenos pronósticos, precisamente. La estación de lluvias que vive ahora el Cuerno de África y que comenzó a finales de marzo o primeros de abril, va a dejar precipitaciones muy por debajo de la media, según las previsiones hechas públicas por la Red de Sistemas de Alerta Temprana contra la Hambruna (FEWS NET, en sus siglas en inglés), el organismo vinculado a la ONU para la declaración de hambrunas. De este modo, las cosechas de junio y julio serán malas. Según fuentes de FEWS NET, “como se destaca en el informe del 3 de abril sobre el Cuerno de África, la estación de lluvias entre marzo y mayo ha comenzado tarde y estará pobremente distribuida en el espacio y el tiempo. Además, sólo dejará entre un 60 y un 85% de la media habitual”. La conclusión, insisten las fuentes, no puede ser más clara: “Las agencias humanitarias deberían implementar inmediatamente programas para proteger los hogares, los medios de subsistencia y el consumo de alimentos en esta región de África”. Si no es así, si la comunidad internacional vuelve a reaccionar tarde, el verano puede ser devastador para la zona. “Y entretanto”, recuerda Needham, “no hay que olvidar que en Somalia sigue habiendo 2,3 millones de desplazados internos, en un país de unos ocho millones de habitantes”. La hambruna terminó, pero la crisis humanitaria está y va a estar durante 2012 tan presente como entonces.

Ref: guinguinbali