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Recordamos la “Masacre de París”

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Hoy, con motivo de sus 55 años, recordamos la  denominada “Masacre de París”, en donde perdieran la vida, a manos de la policía francesa, más de un centenar de ciudadanos congregados en una manifestación pacífica por las calles del Barrio Latino.

Muchos fueron los intentos por ocultar dicho acontecimiento, el que sólo fue reconocido tras cinco décadas durante el gobierno del Presidente Hollande, quien de una vez aceptó publicamente la responsabilidad del gobierno francés en la matanza.

Los hechos ocurrieron durante la noche del día 17 de octubre, cuando un grupo de ciudadanos de origen argelino, se manifestaba en contra del toque de queda impuesto por el gobierno francés a la comunidad argelina, como consecuencia de los recientes atentados producidos en el marco de las luchas independentistas.  En la manifestación, convocada por el Frente de Liberación Nacional (FLN) argelino, no sólo participaron norteafricanos, sino que también un sinnúmeros de ciudadanos de diversas nacionalidades, entre ellos, miembros de la izquierda francesa, quienes fueron testigos presenciales de la violencia con que las fuerzas policiales operaron, bajo las órdenes del prefecto de la Policía de París, Maurice Papon.

Según refiere el periódico español La Vanguardia, “los argelinos no fueron las únicas víctimas, porque la policía interpelaba basándose en los rasgos físicos de los transeúntes, ello significó que cualquier persona de aspecto mediterráneo fuera detenida, golpeada y asesinada.  Algunas de las víctimas fueron tiradas al río Sena, mientras que otras muertes fueron disimuladas de manera burocrática. Las víctimas fueron detenidas en el Palacio de Deportes y en el Estadio Pierre de Coubertin, donde sufrieron un trato brutal.”

Uno de los eventos que contribuyó con el ocultamiento de esta masacre, y que imposibilitó los juicios en contra de los presuntos culpables, fue una ley de amnistía promulgada el 17 de junio de 1966, por Charles De Gaulle, en la que se condonaba a los culpables de  ” actos cometidos en el marco de operaciones policiales administrativas o judiciales”.

Maurice Papon, que negó hasta sus últimos días la veracidad de los hechos, sólo llegó a ser condenado por crímenes cometidos durante la Segunda Guerra Mundial, en concreto, por colaboración en “la deportación de miles de franceses en la Francia de Vichy ocupada por las tropas de Hitler”.

Fuente: La Vanguardia

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El mito de Al-Ándalus y el norte de África

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Por José María Lizundia* (España)

josemarializundiaSer país limítrofe con África, puede determinar, y de hecho en España ocurre, lazos muy curiosos entre dos continentes, dos civilizaciones y dos o más países. La historia es una ciencia que avanza tanto en la investigación como en las interpretaciones que se dan de fenómenos históricos. Pudiera ser que la invasión musulmana de España en 711 no fuera una invasión como tal, sino una incursión puntual militar o de exploración. Los habitantes de la península aún no son españoles sino hispano visigodos y antes hispano romanos, y su religión tampoco es la ortodoxa cristiana sino una herejía de ella: el arrianismo. Los musulmanes que penetran, tampoco forman un pueblo homogéneo, porque quienes lo hacen son árabes y bereberes del norte de África, eso sí, unidos por el islam.

Desde luego las dos partes en la que queda dividida la península, no serán homogéneas, estables y estáticas durante los ocho siglos de presencia musulmana. Lo mismo ocurre con la población y su religión. Los musulmanes no tomarán de una vez por todas la Península, sino que a lo largo de siglos y muchos vaivenes; habrá presencia de ejércitos pero no para combatir contra los cristianos, que desde luego lo hacen, sino también para luchar contra los propios musulmanes y deponer linajes u ocupar reinos. Así tenemos en el siglo X a los almorávides que provienen del Sáhara y Mauritania y fundan Marrakech y con ello el origen del reino de Marruecos. Los almorávides son muy piadosos, hombres del desierto, y se les llama morabitum o morabitos, santones ascéticos del islam sahariano y mauritano aunque llegan a los actuales Níger y Malí. Su hegemonía en lo que ya se llama Al-Ándalus durará un siglo, porque en el XI/XII serán reemplazados por los almohades.

Al-Ándalus ya es una realidad muy floreciente y un referente en la cultura u civilización islámica, pero también en la occidental. Con el Califato de Córdoba (el primer gran poder musulmán) tiene un papel predominante en aquella civilización. Es donde consigue trasplantarse los Omeyas de Damasco, aniquilados allí, hegemonía que ostentarán a partir de entonces los abasís de Bagdad.

Al- Ándalus irradiará saberes, cultura, arte, pensamiento, literatura y tecnologías agrícolas, mientras que la población no deja de fusionarse. Pero también hay una forma de vida muy hedonista, basada en los placeres, la sensibilidad y el arte. Averroes introduce el pensamiento griego en Occidente, precisamente por el otro extremo de Europa, y será en árabe. No será ni con mucho el único sabio, que viajará a El Cairo; la Meca o Bagdad. Como Ibn Hzam. Es el primer árabe que entiende la epistemología aristotélica contaminada hasta él, de neoplatonismo. En definitiva el mundo cristiano no posee nada que pueda compararse a la suntuosidad y grandeza arquitectónica de la Alhambra, la Mezquita de Córdoba o la Giralda de Sevilla. Sin contar la mítica y desaparecida Medina Sidonia.

Las lealtades políticas islámicas como ocurría con la b,aia saharaui con el sultán de Marruecos, son de índole personal, por lo que el islam andalusí no antepone la unidad religiosa. Una familia o un linaje pueden estar adscritos a religiones diferentes. Un monarca navarro cristiano pedirá ayuda militar a sus familiares sarracenos de Murcia, quienes se la prestarán. Cristianos y hebreos han de pagar el dhimmi, el impuesto dal andaluse protección del islam, las lenguas se mezclan, pero la lingua franca es el árabe y luego será el español. En el escalafón social y político, el elemento árabe está por encima del bereber, lo que supondrá una fuente de conflictos. Al-Ándalus dependerá no solo del Magreb, también de Túnez o de califas lejanos, pero también será autónoma e independiente. O más difícil y que se viene produciendo desde siglos atrás, habrá reinos musulmanes como los reinos de Taifas que serán vasallos de reyes cristianos, y al revés.

Los musulmanes llegaron alcanzar el norte de Francia siendo derrotados por Carlos Martel en Tours. La España cristiana no toma conciencia de que está embarcada en una Reconquista hasta el siglo XIII en el que se toman Córdoba y Sevilla. Dos siglos y medio tardará el reino nazarí de Granada en caer. El crisol de culturas que supone al- Álandalus, determina que se pueda identificar una cultura andalusí, con los elementos que definen una cultura material ( tecnológica, arquitectónica…) como una espiritual que comprende también una forma de vida, de poesía, de música, danzas o zambras moriscas.

Hay distintos elementos poblacionales: hispanos, visigodos, árabes, bereberes, orientales, hebreos. Los cristianos en territorio de Al—Ándalus serán mozárabes o mulaidines, los musulmanes de los reinos cristianos serán mudéjares, se llamarán como la arquitectura de estilo andalusí que seguirá inspirando muchos edificios especialmente en Andalucía.

El reino nazarí de Granada será finalmente vasallo del reino cristiano antes de que sea tomado con los Reyes Católicos en 1492. El mismo año en que Cristóbal Colón llega a América Por supuesto, se escribe en aljamiado, por eso los mozárabes que hablan español lo escribirán en árabe.

Se da desde la conquista cristiana de Toledo emigraciones a África de andalusíes, donde se asentarán, emigraciones que no se conforman con Marruecos y el Magreb pues llegan a Túnez sino que llegarán a la curva del Níger y en concreto en Tombuctú. En Mali estos musulmanes de origen español al mezclarse mudan del color pero seguirán considerándose de origen andalusí y godo.

Los Reyes Católicos ofrecen a los mudéjares andalusíes un estatuto muy favorecedor, porque en principio podrán conservar todo su modo de vida. Los judíos no tendrán esa suerte: o conversión o expulsión. Años después el cardenal Cisneros revocará ese decreto, y desencadenará la guerra contra los moriscos (como se llama ahora a los mudéjares) que finalizara en 1609 con la expulsión de todos. En el norte de África no serán bien aceptados estos musulmanes españoles. Son alógenos. Este es el último flujo.

Granada y Fez están hermanadas, Fez es una de las ciudades imperiales de Marruecos, donde habitan los fasi, una casta de eficientes comerciantes y elite burguesa, que mantiene vivas sus particularidades y solidaridad de grupo o clase. Al igual que los árabes que despreciaban a los bereberes, los fasi asientan su particularidad elitista en sus orígenes andalusíes. La Curva del Niger, será invadido en el S XVI por un ejército marroquí de Al-Mansur compuestos por moriscos y renegados andalusíes conquistarán el imperio songhai de Malí.

Tombuctú, la ciudad de los 330 santones guarda una biblioteca de inestimable valor del legado andalusí. La cultura material andalusí pero también el mito andalusí han pervivido hasta hoy tanto en España como África.

*Sobre el autor:  

José María Lizundia (Bilbao, 1951)Ensayista, Escritor y Abogado. Vive en Santa Cruz de Tenerife. Columnista de El Día, periódico de esa Capital, Secretario del Círculo de Bellas Artes, Articulista de Diario de Avisos, Miembro de número de la Real Sociedad Económica de Amigos del País de Tenerife, Director de la Revista IUS del Colegio de Abogados de la Capital tinerfeña, Directivo de la Asociación Canaria de Escritores ACAE.

Especialista en el Sáhara, ha publicado dos libros sobre ese territorio y dado conferencias.

Ha publicado trece libros. Ensayo, narrativa y diarios. Parte de su obra ha sido referenciada y comentada en libros y prensa en inglés y francés. Libros  suyos figuran en  La Biblioteca del Congreso de EE.UU., en las universidades estadounidenses  de Stanford, Yale e Illinois, en muchas españolas, así como en el Tribunal Constitucional de España.

Aniversario del “maestro Tamoda” – UANHENGA XITU

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Si estuviese vivo, el escritor completaría 90 años, el  pasado 29 de Agosto. De feliz memoria, Agostinho André Mendes de Carvalho o mejor Uanhenga Xitu dejó un legado que se va a transferir a  través de varias generaciones,  destacando en el ámbito político como figura de proa del nacionalismo angoleño y en el ámbito cultural, como uno de los escritores de mayor relevancia en nuestro panorama literario.

Por João Papelo en Folha 8

uanhenga“Maestro” Tamoda fue uno de los primeros libros de Uanhenga Xitu.  Este personaje de ficción angoleña es también el motivo del libro Os Discursos do “Mestre” Tamoda.  El maestro Tamoda, viaja de la zona rural a la ciudad, a la casa de personas de la sociedad colonial, donde aprende a leer y escribir, además de los vocablos más difíciles que encuentra en diccionarios.  Todo lo aprendido,  lo transportará después consigo de regreso a la aldea. Así, con su nuevo lenguaje, proyecta en aquel seno rural su intelectualidad, enseñando a los jóvenes el poder de la palabra, incluso de palabras inventadas por él mismo y con las cuales eran desafiadas las autoridades coloniales  (el profesor oficial y el administrador). Sin embargo, el Maestro Tamoda no llegará a saber de memoria los diccionarios, o a hablar como el colono para liberarse de la condición de ser uno más de los nativos subyugados.

BIOGRAFÍA

Uanhenga Xitu (Agostinho André Mendes de Carvalho) nació en 1924 en Calomboloca (Icolo y Bengo). En 1959 fue apresado por la policía política portuguesa y enviado al campo de concentración de Tarrafal, en Cabo Verde, donde permaneció varios años y donde comenzó a escribir sus primeros cuentos.  Después de la independencia de Angola, fue Gobernador de Luanda, Ministro da Salud, Embajador en Alemania y Diputado de la Asamblea Nacional.  Falleció un jueves, el 13 de Febrero del presente año, víctima de una enfermedad.

¿Malí puede condicionar África? – Por Eugénio C. Almeida

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Por Eugénio C. Almeida

IMAGEN: RTVE.ES

Hubo un período en que el Continente Africano estuvo en una suerte de extraña calma político-militar, sólo interrumpida con las crisis de Costa de Marfil y, del ya rutinario, Congo Democrático.  Lamentablemente, cosa de poca duración.  Desde que emergió la llamada Primavera Árabe que el Continente, en particualar la parte meridional, está en continua convulsión.   Fue -y es- Líbia, Egipto y más recientemente Mali.

En Libia, como se prevía, la caída de Gadhafi no sería sinónimo de paz y evolución político-militar.  La situación en el país está entrando en una rutina de preocupantes conflictos locales con los principales países occidentales mandando a salir a sus ciudadanos, principalmente, de la “patria” de la revuelta Libia, Benghazi, en parte debido a las amenazas de los grupos fundamentalistas islámicos del Norte de África, supuestos aliados de Al-Qaeda.

En Egipto, la oposición al presidente islámico Morsi, mantiene al país bajo un clima de fuerte tensión debido, según aquellos, al hecho de que los islamitas de la Hermandad Islámica y de Morsi, crearon una Constitución que perjudica los deseos liberadores constitucionalistas de los “fundadores” de la emancipación de la Plaza Tahrir, o sea, igualdad entre los Pueblos y entre los Hombres y Mujeres.

Pero si en estos dos países la situación es crítica, en Mali la coyuntura es de guerra abierta entre una cierta legitimidad (no constitucional) y un terrorismo déspota.  Y ¿por qué una legitimidad no constitucional y un terrorismo?  Recordemos la evolución:
Mali, en Marzo de 2012, fue blando de un Golpe de Estado a manos de los militares liderado por el capitán Amadou Haya Sanogo (extrañamente y al contrario de las directrices de la Unión Africana (UA), ésta reconoció el nuevo Gobierno).  Este golpe detonó la posterior crisis llevada a efecto por los tuaregs y aprovechada por los islamistas pro Al-Qaeda.
Los tuarges liderados por el Movimiento Nacional para la Liberación de Azawad (MNLA), un movimiento laico que también agrupa islamistas no radicales, defendió la separación automática del Norte de Malí (Azawad) en lo que fue aprovechado por los radicales islámicos para declarar la secesión integral y la respectiva independencia del terriotorio.
Sólo que los independentistas no se quedaron por el territorio secesionado. Quisieron avanzar hasta el sur, lo que llevó al presidente interino Dioncounda Traoré, al abrigo de la Resolución 2085 de la ONU, sobre Mali, a solicitar ayuda a la Comunidad Internacional, léase, a Francia y a la UA.
Recuérdese que Traoré ascendió al poder a través de un nuevo Golpe contra Sanogo, evocando la toma de legitimidad constitucional.  Nada más erroeno dado que desde el año 2002, Mali era gobernado por golpistas.
La aproximación de los golpistas terminó en Konna – en la región de Mopti, que ya no forma parte de Azawad -, cerca de 300 quilómetros al nore de la capital, Bamako, con la entrada en escena miliatar de las fuerzas francesas.
Y aquí vuelve la cuestión de la franconización de África que el presidente francés Hollande dice haber terminado.

Es cierto que la “operación Serval”, así definida por las fuerzas franco malienses, visa, únicamente a la restauración del dominio maliense, bajo todo el país.  Es cierto que esta operación militar tiene el apoyo de la UA y estará encuadrado por el apoyo de las fuerzas africanas de Afisma, (fuerza africana de cerca de 3470 soldados de la CEDEAO) que los malienses – y los franceses –  continúan esperando por su llegada al teatro de las operaciones.

Es cierto igualmente que quando termine la operación militar habrá que consolidar el poder legislativo de Mali sobre Azawad donde los moderadores desean mantener una cierta autonomía atestada por el hecho de que la UA esté aceptando la secesión de algunos Estados, recordemos Etiopia-Eritrea y Sudán).

Pero el problema estará, no en la estabilidad política de Mali, sino que en toda una región donde los islamistas radicales intentan fomentar el desarrollo de migraciones pro Sharia, principalmente en Marruecos, Argelia, Libia y Egipto.

Ante la inminente amenaza de que un Azawad indepediente pudiera shatterilizar toda la región, ocurrió la intervención francesa.  No olvidemos que a pesar del eventual fin de la franconización de África, hay siempre en la mente dos líderes la máxima que dice que los “Estados no tienen amigos ni enemigos pero si tienen intereses que defender” y los de Francia fueron siempre los mayores y permanentes…

Y después existe siempre la necesidad de salvaguardar la defensa de la integridad territorial de algunos Estados como Marruecos, Costa de Marfil, Libia y Nigeria los principales aludidos, inmediatos, de un preocupante avance islamista.  y quien dice estos, puede decir, Mozambique, Africa del Sur y subiendo por el Atlántico – y se cierra el anillo, y se cierra el Rimland condicionando África y los dos Océanos…
Traducción: Bárbara Igor Ovalle (MISOSOAFRICA)
Precisiones idiomáticas: Vinicius A. de Moraes

Cabinda: en la Búsqueda de sí Mismo – Los Resultados del Memorándum de Entendimiento de 2006

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Mesa Redonda sobre la Situación de Paz en Angola del 14 al 15 de Enero de 2013 en Windhoek,  Namibia.

Traducción: Bárbara Igor (MISOSOAFRICA)

Orador: José Marcos Mavungo
(Activista de Derechos Humanos y Miembro de la Sociedad Civil de Cabinda)

0. Introducción

Señoras, señores, amigos,

Con un saludo muy cordial a los participantes de esta Mesa Redonda y mis mayores felicitaciones a sus promotores, festejo el poder estar aquí hoy, pese al clima de intolerancia política en Angola (donde el debate sobre Cabinda continúa siendo un asunto prohibido en órganos de comunicación oficial), para disertar sobre el tema: Cabinda en la  Búsqueda de sí mismo – Los Resultados del Memorándum de Entendimiento de 2006.

Como tema, podemos considerarlo en el centro de las preocupaciones de los organizadores de esta Mesa Redonda, resaltando de manera particular, la afirmación del Dr. Francisco Kapalu Ngongo, según la cual «Angola se encuentra en una encrucijada: o aborda los actuales dilemas y conflictos latentes desde el punto de vista político, social, económico y cultural, el que podría profundizar y garantizar una paz duradera y un desarrollo sustentable, o ignora los indicadores de alerta de existencia de conflictos, y prepara un futuro lleno de aprehensiones».

Así, en comparación con la realidad del territorio de Cabinda, la mantención de la actual relación del Estado angoleño con la población de Cabinda será siempre un verdadero barril de pólvora, a punto de explotar. A la luz de esta situación, la sociedad Civil de Cabinda siente sobre sus hombros el peso enorme de los desafíos de nuestro presente. Es por esto que tenía que honrar mi compromiso, ya muy antiguo, de estar aquí para hablarles del proceso de Paz para Cabinda.

En esta perspectiva, el transcurso de esta reflexión va a comenzar por abordar los límites del conflicto y los esfuerzos emprendidos hasta ahora para su resolución. En seguida, haré una revisión del Memorándum de Entendimiento. Y finalmente, examinaré las perspectivas de una paz duradera para Cabinda. La conclusión nos dará los resultados de la reflexión y recomendaciones.

1. El Conflicto en Cabinda: Orígenes y Esfuerzos de Resolución.

cabindapoliciaestadodesitioLa «cuestión de Cabinda», no surge, desde el principio y de una vez por todas, como un problema socioeconómico, o como el contradictorio esfuerzo del Derecho internacional. Al contrario, su producción, en lo que tiene de esencial, se constituye en la problemática en torno del derecho de los Pueblos  a disponer de si mismos; pues si es que la “Carta Colonial” hacía una distinción nítida entre Cabinda y Angola, siendo aquello colocado bajo el Nº 39 “Estado a descolonizar” y este bajo el Nº 35, ¿Cómo explicar que Cabinda sea una excepción a las consecuencias lógicas derivadas de este hecho durante el proceso de descolonización?

Más que un problema jurídico, la tensión entre cabindas y angoleños se evidencia también como el resultado de una identidad impuesta por la fuerza de las bayonetas, y no el resultado del consentimiento mutuo entre los pueblos, lo que levanta el problema de la legitimidad de tal imposición.

La manera de asumir esta problemática por las partes se cristalizó en la expresión elocuente de un conflicto y de una ruptura, la “cuestión de Cabinda”. Se trata de una cuestión, como decía Francisco Luemba, cuya génesis situamos “en su historia remota, enraizándose en ella y aprehendiendo las metamorfosis que sufrió a lo largo de su evolución histórica”. Tres hechos fundamentales marcaron esta evolución:

• La Especificidad de Cabinda, que adviene de la historia – mucho antes de las invasiones de los bakongo, ya el territorio era habitado por pueblos bantú, que, en contacto con la tierra y los otros pueblos que llegaron a la región a lo largo de la historia, acabaron por constituirse en tres reinos : Macongo, Mangoio y Maloango – con una identidad histórica propia y una voluntad de vida en común.

• El Tratado de Simulambuco y la colonización portuguesa: con la firma del tratado del 1 de Febrero de 1885, Cabinda se torna Protectorado portugués. El tratado aparecerá en las Cabindas como garantía de su independencia, de su soberanía e identidad, y de la unidad e integridad de su territorio; un fundamento inequívoco para su autodeterminación e independencia.  Pero, luego, después de firmarse el acuerdo, las expectativas de los cabindas se traducirán en ilusión con la implementación de la política colonialista, incluso cuando la Constitución Portuguesa de 1933, que tuvo vigencia hasta la descolonización, hacía una distinción nítida entre Cabinda y Angola.

• Los Acuerdos de Alvor, firmados el 15 de Enero de 1975, en los cuales las partes estipularon en el artículo 3º in fine que Cabinda es parte integrante e inalienable del territorio angoleño, sin el previo consentimiento de los autóctonos del Enclave. En palabras de Francisco Luemba, el ” pos-Alvor sería prácticamente el pos-Simulambuco: esperanzas frustradas y días amargos, de tristeza, luto y dolor – en el más absoluto aislamiento y en el más completo abandono”.

El desastre de la descolonización portuguesa, en especial la firma de los Acuerdos de Alvor, marcará la etapa de un conflicto de grandes proporciones, con la ofensiva del 8 de  Noviembre de 1975 y la eclosión de escenarios estratégicos que llegaron al nivel de guerrilla, oponiendo las tropas gubernamentales de Luanda y la resistencia armada de Cabinda (organizada en el seno de la FLEC – Frente de Liberación del Enclave de Cabinda).

Con la escalada de violencia, la mayoría de los cabindas se refugió sobre todo en el Congo – Brazzaville, Congo-Kinshasa y Gabón – Libreville. La intensidad del conflicto provocó la degradación de la situación de los derechos humanos y de las libertades fundamentales, destruyó el tejido social y las infraestructuras económicas, ocasionando la pobreza generalizada  y constante clima de represión y de terror.

Nótese que muchas veces, los actuales gobernantes de Cabinda han fingido encontrarse con la FLEC, las poblaciones y las elites de Cabinda, y jugado a enaltecerlos con buenas palabras y a escucharlos, para después mostrarles los límites de su política para Cabinda.

Por ejemplo, luego de la independencia de Angola, el 16 de Febrero de 1976, Agostinho Neto asume el compromiso de solucionar el problema de Cabinda por la vía del diálogo. El 28 de Febrero de 1976, Agostinho Neto y Mobuto Sese Seko se reunieron en Brazaville, bajo los auspicios de Marien Ngouabi. El primero, después de forzar al segundo a renegar de la FLEC y el FNLA y a reconocer la angolanidad de Cabinda, proclamó por su parte la especificidad de Cabinda (el particularismo de Cabinda) y prometió solemnemente encontrar para éste una fórmula de administración. Sin embargo, nada fue hecho hasta hoy…

Además de prometer una conversación  en Febrero de 1991, el presidente José Eduardo dos Santos consideró, en Febrero de 2002, que Cabinda sería también “una cuestión a tratar en el ámbito de la reforma constitucional”. Así será posible “saber qué es lo que los angoleños quieren, cuál es su opinión sobre Cabinda”. “Se trata de una consulta popular dirigida a todos los angoleños”, afirmó el Presidente. Cabe destacar que el Presidente de Angola prometió a los Cabindas, en Septiembre de 1992, negociaciones destinadas a determinar si Cabinda es o no Angola.

Pasaron años, y la realidad probó que las hipotéticas negociaciones prometidas contra su voluntad, no pasaban de simple oportunismo, maniobra de diversión o  manipulación. Cierto, la historia de la lucha del pueblo de Cabinda registró canales de diálogo con el Estado angoleño, pero los resultados de los encuentros se revelaron poco palpables, después de tantos años de “guerra-continua” en que el Poder político dominante sólo pretendió movilizar una gran máquina de guerra para aniquilar a los oponentes.

La historia de la lucha del pueblo de Cabinda está llena de estos encuentros desde los años 1984: Negociaciones de Sáfica, entre 1984 y 1985, que culminaron con un cese al fuego el 16 de Febrero de 1985 con las FAPLA, bajo la mediación cubana; De Junio a Julio de 1992, el Gobierno angoleño inicia contactos con la FLEC de Luís Ranque Franque y la UNLC de Lumimgu Gimby Carneiro, habiendo llegado a un acuerdo de negociaciones que deberían tener lugar en Ginebra; el 25 de Febrero de 1994, Eduardo dos Santos se encuentra con Nzita Tiago, propone un cese al fuego «para iniciar negociaciones conducentes a una solución al desacuerdo que nos opone sobre el territorio de Cabinda»; Negociaciones entre la FLEC Renovada y el Gobierno Angoleño, en los años 1995 y 1996, que acabarán por extenderse al FLEC/FAC.

En todos estos encuentros, la controversia sobre la paz está siempre ligada a juegos divisionistas que en todos estos años sirvieron a los dirigentes de Luanda, además de que el principio del respeto a la Constitución es en todas estas negociaciones ilegítimamente empleado, sucede casi siempre que el gobierno angoleño busca expedientes y pretextos tales como la falta de un interlocutor válido y/o la desunión de los cabindas. Por todas estas razones los encuentros y negociaciones organizadas hasta ahora no tuvieron avances en dirección a la Paz.

Aparentemente, la sociedad civil de Cabinda despertó tarde para los esfuerzos de pacificación de Cabinda, por lo menos como institución organizada; pues sólo fue en 2003 que se creó una institución de Sociedad Civil, la “Mpalabanda – Asociación Cívica de Cabinda”, cuya vocación es, entre otras, participar de los esfuerzos tendientes a encontrar una paz duradera para Cabinda.

Entre sus compromisos,  Mpalabanda alertará al mundo sobre la existencia del conflicto en Cabinda y pedirá a los beligerantes el cese de las hostilidades y el inicio de negociaciones conducentes a la solución del diferendo; se esforzará por ser el puente entre el pueblo y los políticos; tomará parte en los encuentros de Helvoirt, en Holanda, un esfuerzo de aproximación entre las fuerzas de la resistencia cabindesa; marcará presencia en el encuentro preparatorio de la Inter – Cabindesa (Octubre de 2009), en París/Francia, bajo los auspicios del Reverendo Pastor Daniel Ntoni-Nzinga, con vistas a la creación de una plataforma de negociación del conflicto; e intentará monitorear los derechos humanos (el corolario de la cuestión de Cabinda), publicando tres informes – «Un Año de Dolor en Cabinda» (2003), «Cabinda, Reino de la Impunidad» (2004) y «Cabinda, entre la Verdad y la Manipulación» (2005).

Sin embargo, esa misma buena voluntad fracasará. La maldad en todo esto proviene de un hecho radical: el no haber una voluntad seria del gobierno de Luanda de encajarse en el proprio destino del pueblo de Cabinda. Y el Memorándum de Entendimiento para la Paz y la Reconciliación de la Provincia de Cabinda es un ejemplo de esta perversión.

2. El Memorándum de Entendimiento

Los principios fundamentales del “Memorándum de entendimiento” consagran el respeto a la ley Constitucional y las obligaciones legales en vigor en Angola; afirman la aceptación indudable, por las partes, por el hecho de que Angola es un Estado unitario e indivisible según la ley; afirman que las partes reconocen que, en el contexto nacional de la República de Angola, la Provincia de Cabinda tiene una especificidad que obliga a que, en el ámbito de las disposiciones legales sobre la administración de las provincias, sea adoptado “un estatuto especial” para la Provincia de Cabinda.

Las partes concluyeron que se llegó a la paz y a la reconciliación nacional en Cabinda (la Paz llegó para quedarse), desarrollando un discurso sobre “triunfo de la victoria sobre todos aquellos que todavía resistían al acuerdo de Namibe. Para tales efectos, movilizaron el apoyo de la masa a su cruzada contra los espíritus reticentes y los gobiernos liberales, con el apoyo de la poderosa prensa estatal, que dota el acuerdo de una naturaleza arquitectónica bien delineada. Pero la cuestión de Cabinda no es así tan simple. El campo de batalla se prolonga hasta hoy, y probablemente por un período largo y sinuoso.

Reconozco el cuidado con que las partes del memorándum intentaron analizar la cuestión de Cabinda, al reconocer la especificidad del pueblo de Cabinda, señal de que el tema interpela al intelecto humano, en particular aquel del político. Creo, aunque extraño, que, después de discusiones sobre el asunto, hayan ignorado, entre otros, los siguientes aspectos: el objeto principal (protectorado portugués) de la “especificidad” del territorio de Cabinda; el significado político y jurídico del Tratado de Simulambuco, el Protectorado portugués; y el error de los Acuerdos de Alvor, lo que habría permitido abordar las verdaderas diferencias entre Angola y Cabinda.

La palabra “especificidad” de un pueblo está registrada, en buenos diccionarios, como significando lo mismo que “particularidad”, “identidad” que condensa una metafísica a la altura de lo intangible, habiendo encontrado efectividad histórica en los diversos estadios culturales vividos por ese mismo pueblo. En este sentido, no se puede hablar del pueblo de Cabinda sin referencia a su alma e historia, en especial de las condiciones de su integración en la nación Portuguesa y de sus derechos como pueblo.

De esto se concluye que la aporía en el contexto del Memorándum de Entendimiento es clara: la especificidad del pueblo de Cabinda es propuesta como indispensable para la paz, pero el fundamento aducido para la naturaleza del pueblo que se pretende defender, es excéntrico. Es de recordar que, en Julio de 2003, el presidente José Eduardo dos Santos se declaró sensible a las especificidades históricas de Cabinda y a las «reivindicaciones básicas». Pero, la «Vox Popoli» no revela en absoluto a los caudillos de Luanda el derecho del que el pueblo de Cabinda es portador como pueblo, ni cualquier disposición general o particular que defina lo que vendrá a ser la nueva personalidad política, jurídica y administrativa de Cabinda.

De este modo, al imponer el principio de que sólo existe un pueblo, el pueblo angoleño de Cabinda a Cunene, y de hacer del modelo de integración la única base de diálogo, el pacto firmado el 1 de Agosto en Namibe es, como dirá Carlos Pacheco, «erigido sobre las tablas ideológicas de la arrogancia centralista y del desprecio por los oponentes».

A este respecto, es importante subrayar que el Gobierno angoleño siempre optó por la lógica de perjudicar a los oponentes por la fuerza bruta. Por esta razón, tenemos la incorporación de las fuerzas aliadas a Bento Bembe en las Fuerzas Armadas Angoleñas (FAA), de entre las prioridades del acuerdo. La aspiración inmediata del régimen era asegurar esa fuerza para, apoyado en ella, llegar a una victoria militar sobre aquellos que todavía se constituirían en «estado de guerra» contra «la voluntad de las autoridades de Luanda».

La fragilidad del acuerdo se refleja también en el ostracismo al que fue votado: la expulsión de instituciones y personalidades claves y prestigiosas ligadas al propio proceso de paz, o que, por lo menos se comprometieron a ofrecer su ayuda al proceso. Pero la expresión más elocuente de este ostracismo está sobre todo en el hecho de que el Líder Supremo habría confiscado para sí mismo el monopolio de la «cuestión de Cabinda» – como una especie de secreto de estado – y negando la posibilidad al pueblo de Cabinda de pronunciarse sobre su destino.  Pero lo plantea como si fuese algo necesario, y no con la ceguera dogmática que rige a los otros. Siendo una herencia colonial a conservar, el Gobierno angoleño considera que todo lo que pudiese traspasar los impases de un diálogo auténtico sobre Cabinda es una afronta a los propios dioses de la actual figura sociopolítica y jurídica heredada de una descolonización desastrosa.

Es de referir la problemática relacionada con la persona que negoció el acuerdo por el lado de Cabinda. La faceta oscura de las peripecias de su evasión de Holanda, después que fue detenido en razón del mandato de captura internacional expedido por las autoridades norteamericanas, tuvo un efecto fatal sobre el proceso de paz para Cabinda. Intentando sacar ventaja de la situación, como el navegante a vela, perito en vientos y sus sorpresas, el Gobierno angoleño conseguirá arrastrar Bento Bembe por las espirales de su discurso demagógico e inevitablemente forzado a seguir adelante, abrazando la sombra del «único interlocutor válido de Angola en el dossier Cabinda».

Notemos que el Memorándum de Entendimiento para la paz en Cabinda sufre de una contradicción interna desde su nacimiento – por un lado el acuerdo se presenta como la liberación de la última esclavitud, aquella del largo conflicto por el Estatuto especial; pero también en reacción contra los derechos y libertades fundamentales, la paz de Namibe se extendió a consideraciones que impiden opinar sobre ella, instaurando de este modo una nueva era de persecuciones republicanas contra todos quienes osasen cuestionar sus clausulas.

El mayor escándalo provocado por el régimen a este respecto es el drama de los activistas de derechos humanos en 2010: fueron apresados so pretexto de terrorismo, por denunciar atropellos a la justicia, a la libertad y a los derechos de las personas y por participar en el proceso de Paz para Cabinda, en una época en que el propio concepto de denuncia de las violaciones a los derechos humanos y de defensa de una cultura de paz constituyen deberes de todo ciudadano, y, por consiguiente, deben merecer el apoyo y la protección de los poderes políticos.

Por otro lado, las partes en las negociaciones de Namibe asumieron el compromiso de crear condiciones para acelerar el desarrollo de Cabinda, permitiendo que sus populaciones disfruten de todas sus potencialidades, teniendo en cuenta el presupuesto de la paz, estabilidad, reconciliación y democracia. No obstante, de acuerdo con los términos no.1, del artículo 7, de la Ley n. 26/10 del 28 de Diciembre, el ejecutivo angoleño acabará por decretar la suspensión de la transferencia mensual  de los recursos financieros (diez por ciento de los ingresos petrolíferos) a favor del Gobierno Provincial de Cabinda, que se venía realizando en los términos de la resolución nº 11/92, del 21 de Octubre. Además, la Provincia de Cabinda, que ocupó el segundo lugar en la atribución del Presupuesto General del Estado en 2007, aparece hoy en el 10º lugar.

Desde aquí se ve claramente, un seudo-proceso de paz que, enviciado por prejuicios ideológicos e intereses petroleros, se estructura en la búsqueda de una síntesis en torno del status quo, dejando espacio a una visión poco realista de la “cuestión de Cabinda”, con una escasa aceptación popular del Memorándum de Entendimiento; la afirmación de un activismo oposicionista, que condenó y rompió el acuerdo como una imposición arbitraria de Luanda;  y el recrudecimiento de los enfrentamientos armados en el interior de Cabinda.

Así, Angola deja la situación en suspenso e invierte en la solución militarista, convencida, dentro de su propia lógica belicista, que el tiempo trabaja a su favor; olvidándose, ciertamente, del efecto boomerang.  Además, la historia nos enseña que la fuerza no hace al derecho, y que los guerrilleros casi nunca son derrotados, que a largo plazo esos «Davids» derrotaron «Goliats» por la estrategia de saturación.

Hoy, la paz en Cabinda es una paz de los cementerios, de los rendidos y mutilados (físicos y espirituales). El diagnóstico de la violencia y de la cultura del miedo en Cabinda se traduce en una psicosis colectiva, cada uno de los cabindas tienen una historia de terrorismo de Estado, particular, para contar sobre la brutalidad del régimen contra las populaciones indefensas: prisiones, violaciones, golpizas, asesinatos y la deportación de algún familiar, prohibición de asistir a las labras y a la caza, de legalizar asociaciones de derechos humanos o de organizar manifestaciones.

La sinfonización (mención al sinfo) y militarización del espacio vital de los Cabindas continúa afectando al aparato judicial, estando este corroído por el autoritarismo del poder político, donde resulta frecuente el encarcelamiento arbitrario y los asesinatos. Ejemplo cabal de esto: el día 12 de Diciembre de 2011, el cuerpo de António Zau fue encontrado inmóvil en un sitio eriazo con señales visibles de tortura, por el simple hecho de haber tenido la osadía de ir a la labra, desobedeciendo así a las prohibiciones de las instancias superiores; Venâncio Chicumbo y Cornélio Sambo estuvieron bajo detención en el Comando de la Región Militar de Cabinda durante dos meses, entre Septiembre y Noviembre de 2012, por el simple delito de leer y distribuir panfletos que condenaban las elecciones en Cabinda.

Por otro lado, el salto extrajudicial dado por el Gobierno, aquel que accionó la ilegalización de Mpalabanda en Julio de 2006, se inscribe en esta lógica del autoritarismo del poder político sobre la razón jurídica – puesto que el Tribunal Provincial de Cabinda no habría osado formular la hipótesis de la extinción de esta asociación, si en la conciencia del Juez no hubiese encontrado su realización viva como siendo una orden de las instancias superiores.

En el plano socioeconómico, el desarrollo tan propagado por el régimen no pasa de ser una mala imitación del Plano Calabube, indebidamente gestionado por los sucesivos gobiernos que pasaron por Cabinda desde los años noventa.

En efecto, apenas un gobernador llega a Cabinda cae adormecido en negocios locales y se dedica a aterrorizar por medio de la fuerza de las bayonetas a los negociadores y activistas locales que manifiestan su disconformidad.

El malestar que provoca esta situación es enorme. La industria petrolífera genera millones en Cabinda; pero la mayoría de la población vive en la pobreza abyecta. Cabinda se está asfixiado, con una rigurosa tempestad que causa mucha crisis; obstáculos a se desarrollo industrial y comercial; los servicios de infraestructuras básicas de agua potable, electricidad y saneamiento mal funcionan; y el empobrecimiento de la población autóctona. El empresariado local se encuentra empobrecido por la irracionalidad de una gobernación que lo discrimina. El sector de salud se queja de casi todo (material gastable, medicamentos para primeros auxilios, sueros, etc.), además del salario miserable de los agentes de salud.

Al nivel de la comunidad internacional, como dice Orlando Castro: «la pasividad también es plena, además de atávica, sólo Manuel Monteiro tuvo el coraje de decir, en relación a Cabinda, que “en el plano de las relaciones internacionales reina el primado del cinismo” y que ” las consideraciones sobre lo justo o lo injusto dependen de las épocas, de las circunstancias y hasta de los intereses materiales”».

Se nota aquí la dimensión histórica y cultural de la cuestión de Cabinda, en su compromiso con los intereses sociales, políticos y de poder, el posible carácter alienante de la petro-cultura como síntoma de la patología de las instituciones sociopolíticas de nuestros estados minados por los intereses petrolíferos. En el pasado, era la esclavitud colonial, hoy no hay más negros para comercializar en el mercado de Malembo, pero existe el petróleo de alta calidad, que emana profusamente de las plataformas de Cabinda.

Es así como el petróleo alimentó en Angola todos los vicios políticos posibles: belicismo cultural, corrupción y falta de transparencia en la gestión pública, despotismo y estrategias escudadas en el simulacro del diálogo y la paz.

Donde, la necesidad supera los obstáculos y las contradicciones del Memorándum de Namibe.

3. Más Allá del Memorándum: Exigencias de una Paz Duradera

Si es que la cuestión de Cabinda surgida en 1885 aquando de la conferencia de Berlín no encontró solución hasta hoy, es porque las políticas de su gestión a lo largo de estos ciento treinta y ocho años a las cuales ella se ataca permanecieron siempre pobres al reprimir el testimonio de la consciencia moral, revelándose así incapaces de cultivar la cultura de paz y, por consiguiente, de hacer justicia a las populaciones de Cabinda.

El discurso político nunca estuvo en condiciones de ir al encuentro de las disposiciones legítimas de las poblaciones de Cabinda o, por el menos, de instaurar una sociedad democrática y de derecho, en el cual se respete el  Derecho y las libertades fundamentales, se acepta opinión contraria y la identidad del pueblo de Cabinda.

El diálogo tan difundido por el régimen desde la ascensión de Angola a la independencia ha sido duramente abalado por la violencia política – ola de detenciones, fusilamientos, torturas y desapariciones con que el régimen intenta combatir toda la oposición a su política en Cabinda.

El gobierno angoleño presentó su mensaje al mundo, pareciendo de cierta forma enmarcarlo en los estrechos límites de sus intereses políticos y económicos sobre Cabinda. Es el conflicto del derecho con lo político, en un ser político sacudido entre los apetitos suscitados por un laberinto rico en materias primas, sobre todo petróleo, y las exigencias del humanismo jurídico. Es por eso que en el Memorándum de Entendimiento de 2006, así como en los Acuerdos de Alvor, la sociedad cabindesa, de hecho, se desnudó totalmente de «su soberanía como pueblo».

Hoy, el conflicto es una realidad. El actual malogro del pueblo de Cabinda tal como se constituyó desde la firma de los Acuerdos de Alvor – e igualmente, en cierta medida, desde la colonización portuguesa – provoca la necesidad de la nueva figura socio-política para Cabinda que todos esperan, unos con angustia, otros llenos de esperanza.

Las políticas seguidas hasta aquí no sirven, es necesario otra generación de políticos y de políticas, que piensen más en el bien de las poblaciones de Cabinda que en su propio bien, que abandone las políticas centralistas-estalinistas; que reconozca la legitimidad de las fuerzas de la resistencia de Cabinda; que abdica de restricciones en la mesa de negociaciones; y que se comprometa en un proceso de paz para Cabinda fundado en la justicia y dignidad de los pueblos.

El respeto por esta dignidad comienza por el reconocimiento y por la tutela del estatuto ontológico-jurídico del pueblo de Cabinda, de su derecho a vivir como pueblo y de hacer elecciones sobre el futuro de sus hijos. Por lo que no se puede continuar reprimiendo el testimonio de la propia conciencia moral, renegando la Libertad y la Dignidad de todo un pueblo.

De esto sigue finalmente, que no se puede continuar haciendo guerra en Cabinda para quedarse con el petróleo, ahogando los legítimos deseos de las poblaciones de este territorio. El pueblo de Cabinda debe ser privilegiado para vivir normalmente como pueblo.

El problema actual consiste en encontrar principios sólidos conformes con la verdad sobre Cabinda, sobre el sentido de la vida y de los destinos de sus poblaciones, y adoptar consensos a partir de los cuales se acabará con el conflicto armado y se hará justicia al pueblo de Cabinda. De aquí la necesidad de Angola de tener una actitud de constricción frente al “fraude” contenido en los Acuerdos de Alvor que estipuló la apropiación del enclave de Cabinda y  su integración en el “espacio-territorio” de Angola al alero de la Constitución portuguesa de 1933.

Finalmente, la paz en Cabinda precisa de un fundamento estable, en lo relativo, y no rebajado. Y la única solución sensata para construir la paz autentica para Cabinda es un diálogo franco y abierto, ese diálogo que, partiendo del real subyacente a la “cuestión de Cabinda” va al encuentro de reconciliación, de fraternidad y de justicia, de dignidad para las poblaciones de Cabinda.

Conclusión y Recomendaciones:

Y, para terminar, debo decir que la cuestión de Cabinda es inevitable y irreprimible; envuelve cada hombre en particular que no renuncie a pensar. Y si es que este problema reaparece en este debate, es porque existe. «No es porque se hable poco de ello que deja de existir», decía Orlando Castro.

Mientras no haya política que instaure una verdadera justicia para Cabinda, no se puede poner fin al conflicto todavía reinante, pues la actual gestión de la especificidad de Cabinda tendrá siempre el mismo valor semántico que «alienación», «colonización». En este contexto, Cabinda será  siempre un verdadero barril de pólvora: el número de aquellos que en nuestro medio  se llaman FLECs va a aumentar.

Ante esta situación, recomiendo:

1) La auscultación de las Poblaciones de Cabinda y promoción de un debate franco y abierto en torno a su causa, constituyendo para el efecto, una comisión independiente integrando elementos de las Naciones Unidas y de la Unión Africana para conducir el proceso de auscultación;

2) El envolvimiento de la ONU y de la Unión Africana en la resolución de la cuestión de Cabinda. Es necesario que la Comunidad internacional asuma  sus responsabilidades en esta cuestión;

3) La elaboración de una Agenda de Paz para Cabinda, informe producido por una Comisión Independiente de Auscultación de las Poblaciones de Cabinda y que describe la situación actual en Cabinda, los contornos de la cuestión de Cabinda, la evolución de las perspectivas de solución del conflicto y definir procedimientos susceptibles de establecer una paz duradera para Cabinda.

4) La instauración de un clima susceptible de pacificar las conciencias, a través del respeto por los derechos humanos y de las libertades fundamentales, de justa repartición de la producción y de la riqueza acumulada de la comunidad y de la permanente búsqueda de consensos sobre la cuestión de Cabinda. Este clima permitiría la reaproximación de los beligerantes, lo que por si sólo constituiría un éxito de realce;

5) La organización de negociaciones constructivas e inclusivas sobre el futuro estatuto político y Jurídico de Cabinda.

¡Muchas gracias!

Windhoek, 14 de Enero de 2013.

Mala suerte si eres músico

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Por Diego A. Manrique

  • “Estamos en una guerra contra todos los músicos del mundo”, dicen los rebeldes
  • Un móvil con un ringtone musical es confiscado inmediatamente, igual que cualquier reproductor.

Malí

Raika Traoré, musica de Malí (Foto)

Las noticias que del norte de Malí no podían ser peores. Una de las principales canteras musicales del planeta está siendo acallada por la interpretación fundamentalista de la sharía. En Niafunké, la localidad que Ali Farka Touré puso en el mapa, resulta imposible escuchar su música. El recuerdo de Touré, que ejerció de alcalde, no conmueve a las nuevas autoridades. A pesar de que invirtió allí todo lo que ganó internacionalmente, proporcionando electricidad y alcantarillas a los vecinos.

Ahora sería imposible que le visitaran Ry Cooder, Taj Mahal, Corey Harris y demás admiradores, para tocar juntos a las orillas del río Níger y comprobar in situ si era cierto lo del origen maliense del blues. A Touré le encantaba explicar que era agricultor pero que sus antecesores fueron guerreros, parte de un ejercito llamado -en castellano- Armas, enviado desde la España musulmana para controlar las rutas saharianas del oro y la sal; nuevos guerreros, los de Ansar al Dine, pretenden borrar su obra.

Los músicos occidentales deben pensárselo si quieren acudir al Festival en el Desierto, donde se presentan los tuaregs que tocan hipnóticas guitarras eléctricas (la leyenda decía que las del grupo Tinariwen estaban pagadas por Muamar el Gadafi, generoso con los movimientos insurgentes de los países cercanos a Libia). Por fuerza, el Festival ha resultado una iniciativa nómada: la próxima edición, del 20 al 22 de febrero, se desarrollará en el noreste de Burkina Faso. Lo llaman ahora Festival au Désert in Exile.

Un drama ya que los creadores malienses aspiran legítimamente al mercado global, con sus discográficas, sus públicos, su infraestructura. Pero igualmente ellos necesitan el contacto con la tierra, con ese público que consumía ávidamente sus creaciones y que requería a los músicos para ocasiones ceremoniales.

En la actualidad, los sometidos al régimen islamista del Azawad tienen prohibida la música, en todas sus formas: un móvil con un ringtone musical es confiscado inmediatamente, igual que cualquier reproductor. Sólo tomando precauciones, con auriculares y en la intimidad del hogar, se atreven a escuchar a sus favoritos.

No existe la profesión de músico; da lo mismo que toquen instrumentales o que canten las glorias del pasado. La vocalista Khaira Arby cuenta que los radicales invadieron su casa de Tombuctú y, frustrados por no encontrarla, destrozaron discos e instrumentos. Cuando cayera en sus manos, avisaron, el castigo consistiría en cortarla la lengua.

Con semejantes amenazas, todos sus colegas han puesto píes en polvorosa. Refugiados en Bamako, lanzan canciones y videos para recordar al débil gobierno central su situación. El rapero Kissima ha popularizado su exigencia de “Liberar el norte”; el llamado Colectivo de Artistas del Norte (CAN) insiste en su mensaje: “Malí es indivisible”. Comparte sus afanes una de las máximas estrellas del país, Rokia Traoré: “sin música, Malí dejará de existir”.

No hay posibilidad de entendimiento. Un periodista del Washington Post logró comunicarse con Omour Ould Hamaha, comandante rebelde. Sus pronunciamientos fueron categóricos: “la música es contraria al Islam. En vez de cantar ¿por qué no leen el Corán? No estamos únicamente en contra de los músicos de Malí; estamos en una guerra contra todos los músicos del mundo”.

Publicado originalmente por: El País.

Colaboró: Maximiliano Vega (MISOSOAFRICA)

Si el MPLA va a barrer con la oposición en Angola, entonces en la colonia de Cabinda será mucho peor

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Por Orlando Castro

Porque la esperanza es legítima y es lo último que se pierde, muy buenas personas desean que el próximo día 31, los angoleños muestren una tarjeta roja al régimen que desgobierna Angola desde 1975.

Todo indica, como es típico en las dictaduras, que eso no va a suceder.  La máquina del MPLA, con la criminal venia de la comunidad internacional, va – como dijo hace días el ministro Kundi Paihama – a “barrer” la Oposición.

Y si en Angola es así, en su colonia de Cabinda va a pasar lo mismo.  Además, tal como sucede con los angoleños, también los cabindeses pasan hambre, viven en una pobreza generalizada y en cuanto a la salud, la situación es gravísima, no teniendo los hospitales siquiera las condiciones mínimas para realizar un parto.

Teniendo los cabindeses una elevada estatura moral, continúan serenamente sin dar al régimen colonial la oportunidad que espera para barrerlos de la región.

Siendo un pueblo pacífico que, con todo, no se arrodilla delante de los hombres, apuesta por la vía del voto a decir a los políticos angoleños que la represión, entre otras técnicas dictatoriales, tiene un plazo de validez que hace mucho que caducó.

Los cabindeses, y la comunidad no sabe eso sólo porque se vendió al régimen angoleño), saben bien que en materia de empleo, por ejemplo, sólo son admitidos los que tuvieran  Tarjeta del MPLA.  Tal como saben que por las reglas del régimen colonial angoleño, son siempre culpables hasta que se pruebe lo contrario.

Sin embargo, gran parte del Pueblo de Cabinda ni siquiera tiene libertad para cultivar sus campos, buscando de esta forma medios mínimos de subsistencia.  Los militares ocupantes, determinan hasta el acceso a los campos de cultivo.

Lamentable es que la Comunidad de Países de Lengua Portuguesa (CPLP) pase por el lado de la realidad y ni si quiera toma posición en relación al hecho de que en Cabinda, si una mujer embarazada en labores de parto, quiere ser atendida en el Hospital – en caso de que quiera tener alguna asistencia – el alcohol, el algodón, las ligaduras, las compresas y las jeringas.

Esa situación que si no fuese tan dramática seria ciertamente anecdótica, no impide que la Procuraduría General de la Republica en Cabinda, tenga dinero para poner en terreno campañas de lo que llama “educación cívico-jurídica electoral” pero que, en realidad, se puede traducir como “manifiesto de solicitud al voto por el MPLA”

De acuerdo con el Procurador de la Republica de Angola en la colonia de Cabinda, Antonio Nito, la campaña tiene como objetivo prestar apoyo institucional a los órganos que intervienen en la organización de las elecciones generales del 31 de este mes.

Las campañas, dice la propaganda del régimen, apuntan también a la elevación de la consciencia jurídica de los ciudadanos sobre la organización de las elecciones, teniendo en cuenta que los periódicos electorales son potenciadores de conductas contrarias a la ley, a las buenas costumbres, como a las reglas democráticas.

El magistrado destacó la urgencia de disciplinar la conducta de los partidos políticos o coaliciones de partidos, candidatos, militantes y simpatizantes de los partidos, órganos de comunicación social, fuerzas de orden público, electores, miembros de las asambleas de votos, observadores y delegados de listas en las asambleas de votos.

Están contenidos en los paquetes de estas campañas, temas como “las elecciones generales y la libertad de prensa a la luz de la constitución de la ley”, “La ley contra la violencia doméstica y las ofensas como consecuencia de la divergencia política en el seno de las familias”, “Las elecciones generales a la luz de los derechos, libertades y garantías fundamentales”.

Traducción: Bárbara Igor (MISOSOAFRICA)

23 de agosto: DÍA INTERNACIONAL DEL RECUERDO DE LA TRATA DE ESCLAVOS Y SU ABOLICIÓN

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Por Carlos Hernández Soto

“El tráfico de esclavos trajo como consecuencia la acumulación de capital de las grandes potencias europeas y de los Estados Unidos de América y la base económica que hizo posible la industrialización de Europa y América, mientras África quedaba despojada de sus riquezas, de su población y de su mano de obra joven. La acumulación originaria de capital europeo y norteamericano está amasada con sangre de africanos negros”.

El 23 de agosto de cada año se celebra el Día Internacional del Recuerdo de la Trata de Esclavos y su Abolición.

La trata de esclavos, practicada inicialmente por países europeos y luego por la América colonial, tuvo la complicidad de los jefes africanos y duró desde el siglo XV al XIX. Se caracterizó por la captura, venta, transporte y explotación de más de 15 millones de personas y sus descendientes a lo largo de cuatro siglos (Curtin, 1969).

Para recordar este trágico proceso, la UNESCO creó en 1994 el proyecto La Ruta del Esclavo y cada 23 de agosto se rinde homenaje a los hombres y mujeres que lucharon contra esta opresión.

El tráfico de esclavos trajo como consecuencia la acumulación de capital de las grandes potencias europeas y de los Estados Unidos de América y la base económica que hizo posible la industrialización de Europa y América, mientras África quedaba despojada de sus riquezas, de su población y de su mano de obra joven. La acumulación originaria de capital europeo y norteamericano está, pues, amasado con sangre de africanos negros.

La trata produjo además una tragedia humana y un desastre cultural. Como parte de la tragedia humana, las familias africanas quedaron separadas y desunidas y a los negros esclavizados en América, a quienes se les trató como a bestias, se les negó la posibilidad de formar familias estables, se les despojó de sus culturas ancestrales y de sus lenguas nativas.

A los africanos esclavizados se les prohibió seguir sus creencias y prácticas religiosas y, en consecuencia, fueron doctrinados. aunque superficialmente, en la religión católica. Pero en el viaje transatlántico de los barcos negreros, con los africanos viajaron también sus dioses, especialmente los acuáticos (las madres de agua), como Kalunga, la diosa del mar y de la muerte en la cuenca congo-angoleña. Desembarcaron con ellos en tierras americanas. Del encuentro y lucha de culturas que se dio en estas tierras nacieron las religiones sincréticas del Nuevo Mundo: el vudú en sus diferentes versiones, la santería, el candomblé, algunas formas de catolicismo popular americano y otras expresiones religiosas híbridas.

Cuando ya no fue posible el mantenimiento económico de las colonias, se produjo paulatinamente, en el continente americano, la abolición de la esclavitud, que nació disfrazada de “acto piadoso y compasivo”, aunque en realidad se debió sobre todo a fuertes razones económicas.

Hoy la lucha contra la esclavitud continúa principalmente contra dos de los efectos de la historia de la esclavitud: el racismo y la discriminación. Continúa también en la lucha por el reconocimiento del pluralismo cultural, en la construcción de nuevas identidades y en la creación de una idea renovada de ciudadanía.

En el Día Internacional del Recuerdo de la Trata de Esclavos y su Abolición, el Dr. Simâo Souindoula, historiador angoleño, miembro del Comité Científico Internacional del Proyecto de la UNESCO La Ruta del Esclavo, dictará una conferencia sobre el tema “¡Kalunga eh Los Congos de Villa Mella”(que es el título de un libro de mi autoría), tal como se anuncia en la siguiente Agenda Cultural de eventos alusivos al Tráfico de Esclavos y su Abolición, publicada en el No. 454 del boletín semanal “Tantâ Cultural” (Agosto 16-23, 2012) de Angola:

Libro “¡Kalunga eh! Los Congos de Villa Mella”, publicado por el autor de este post.

VIVIMOS AFRICA – 1 / Entrevista con Orlando Castro

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Por Bárbara Igor (MISOSOAFRICA)

 

Orlando Castro, es en la actualidad una de las voces críticas más implacables contra el gobierno de José Eduardo dos Santos.  Establecido en Portugal desde el año 1975, su labor como periodista no ha estado exenta de inconvenientes, lo que ciertamente, no ha sido una limitante para continuar con lo que define como  “el deber sagrado de dar voz a quienes no tienen voz”.

Autor de libros como «Cabinda – ontem protectorado, hoje colónia, amanhã Nação» (2011) y «Alto Hama – Crónicas (diz)traídas» (2006), libro con prólogo de Eugénio Costa Almeida, donde da cuenta de su trayectoria en el portal Alto Hama, espacio informativo en clave crítica,  dedicado a la actualidad del Conjunto de Países de Lengua Portuguesa.

Es con esta primera entrevista y con la particular visión de Orlando Castro, que damos inicio a nuestra serie “Vivimos África” donde los más diversos actores, conformarán un único testimonio: el de su relación y responsabilidad para con el continente cuna de la humanidad.

ORLANDO CASTRO, PERIODISTA.

Bárbara Igor: Para muchos, Orlando Castro representa una de las caras visibles de la lucha contra el gobierno de José Eduardo dos Santos.  Más allá de su responsabilidad como periodista, ¿qué le hace insistir diariamente en esta tarea, muchas veces poco reconocida y hasta “ingrata”?

Orlando Castro: Es, efectivamente, una misión muy ingrata y hasta peligrosa.  No faltan las amenazas de todo tipo, algunas hasta de muerte.  Pero como angoleño y como periodista, tengo el deber (para mi sagrado) de dar voz a quien no tiene voz.  Y el 70% de los angoleños son gestados con hambre, nacen con hambre y mueren después con hambre.  Y todo esto en un país muy rico.  Por tanto, mientras haya un angoleño con hambre por culpa de un presidente y de un gobierno que sólo trabaja para los pocos que tienen millones y no para los millones que tienen poco, mi conciencia exige que continúe luchando.

BI: Poco se sabe en el exterior sobre la situación de los opositores al gobierno de José Eduardo dos Santos.  ¿Podría hablarnos un poco de su experiencia, en un país con lazos muy importantes con Angola, como es el caso de Portugal?

OC: Es principalmente después de la muerte, hace diez años, del líder de la UNITA, Jonas Savimbi, que terminó efectivamente la oposición al régimen de José Eduardo dos Santos.  Y si internamente, o sea, dentro de Angola, todos los que piensan de forma diferente del MPLA son culpables hasta que se pruebe lo contrario, también en el exterior (en Portugal por ejemplo) los que no son favorables al régimen, sufren la persecución propia de países que no quieren que el actual dueño de Angola se enfade.  Eduardo dos Santos, directa e indirectamente, es dueño de grandes empresas portuguesas, principalmente de comunicación social.  Y por esa razón hay cada vez menos periodistas hablando de lo que sucede en Angola.  Y también por eso, los partidos que en Angola luchaban contra el régimen, tienen poco tiempo de visibilidad en el exterior y todavía menos en el interior.

Salí de Angola, oficialmente hacia fines de 1975.  Durante los años de guerra civil, volví varias veces, entrando en el país de forma clandestina, según el régimen instaurado en Luanda, y de forma natural, de acuerdo con el partido que luchaba contra el régimen, la UNITA.  Hoy estoy impedido, en la práctica, de entrar en mi país.  Todas las tentativas de entrada legal, son boicoteadas y aplazadas “sine die”.

BI: Según lo que podemos leer diariamente en sus artículos, su trabajo además de ser informativo, intenta reforzar la ética periodística.  ¿Cómo es que surge este interés por ejemplificar el trabajo del periodista?

OC: ¡Bueno!  Cada vez más, sobre todo tomando como referencia Portugal y Angola, el periodismo dejó de tener reglas deontológicas y éticas, pasando apenas a seguir las  leyes de la oferta y de la demanda, transformándose en un mero producto comercial, en una mera mercadería.  Ahora, para mí, el periodismo debe ser una actividad en que la verdad sea el objetivo esencial y único.  De hecho, la verdad puede doler mucho, pero sólo ella puede curar.  Es, además, esto lo que el público (y es finalmente nuestro único patrón) exige de nosotros.   No obstante, cuando el “periodista” escribe sólo lo que le mandan, lo que da dinero, no pasa de ser un mercenario.  Aprendí que si el periodista no procura saber lo que sucede, es un imbécil.  Y que cuando sabe lo que sucede pero se calla, es un criminal.  Y por eso es que hay cada vez más imbéciles y criminales.

BI: ¿Tiene alguna explicación para la falta de rigor o de ética periodística de la que hace diariamente denuncia?

OC: Los periodistas, más que informar, más que formar, tienen que vender.  Vender, vender y vender siempre más.  Los periodistas son los montadores que, de acuerdo con el mercado, alinean las piezas de un crimen, de un mitin, de un atentado o de un hoyo en la calle.  Si lo que vende es dar una ayuda al partido del Gobierno para que este gane en las próximas elecciones, son esas las piezas que tienen que montar, nada contando la teoría de la exención que es tan de nuestro teórico agrado.  Si lo que vende es divulgar los productos de la empresa “X”, son esas las piezas que tienen que montar, pasando por encima del hecho de que esa empresa eventualmente no paga los salarios a sus trabajadores, promueve criminales despidos o apuesta al trabajo infantil.  Si lo que vende es dar cobertura a las dictaduras (sean las de Robert Mugame o José Eduardo dos Santos), son esas piezas las que tienen que montar, calibrándolas de forma que parezcan de los mejores ejemplos democráticos.

ORLANDO CASTRO Y ANGOLA

BI: en mi experiencia, muchos angoleños que dicen ser “apolíticos”, explican no tener reparo alguno contra el gobierno de su país, ni mucho menos haber visto represión hacia los periodistas.  ¿Cómo puede explicar esto?

OC: Para ver no basta mirar.  Es necesario querer ver.  Además, el peor ciego es exactamente aquel que no quiere ver.  Tal como en los tiempos de la Unión Soviética, con la cual el régimen angoleño aprendió todo lo que sabe, o en el tiempo de la dictadura portuguesa de Salazar, existe en Angola una cortina de fierro que separa a los hijos de los hijastros.  Y quien quiera ser hijo, quien quiera tener empleo, tener casa, tener asistencia médica… tiene que ser “ciego”.  Esto es, tiene que saber que el MPLA es Angola y que Angola es el MPLA.  No pueden, por eso, ver lo que pasa.  No pueden defender la igualdad de derechos y, mucho menos, el derecho a una opinión diferente.  La situación está cambiando, las manifestaciones de los jóvenes son prueba de eso.  Pero, aun así, por una cuestión de sobrevivencia, los angoleños sólo consiguen ver lo que el régimen quiere que ellos vean.

BI: Hablando en su propio lenguaje, podemos decir que existen dictaduras fuertes y dictaduras blandas, así como también dictaduras que representan un beneficio para las potencias económicas y culturales.  En la actualidad, ¿cómo es que el mundo ve el hecho de que el MPLA sea el único partido político en el poder desde la independencia de Angola?

OC: El mundo, en un sistema hipócrita, sólo mira hacia las riquezas de Angola.  Y mientras el régimen continúe negociando, vendiendo petróleo y comprando armas, va a mantener el estatuto de bestial.  Siempre fue así.  Fue así con Túnez, con Libia, con Egipto.  Si un día el régimen cae (y va a caer), las potencias internacionales van a decir finalmente que, Eduardo dos Santos era un terrorista y pasarán a negociar con quien esté en el poder.  Reconozco con todo, que es  más fácil al mundo negociar con dictadores que con democracias.  Es más fácil negociar con un régimen que tiene al mando desde hace más de 30 años a la misma persona, que con uno que sea democrático y que por esto va alternando a sus dirigentes.  En otras palabras, es más fácil corromper siempre a los mismos.

BI: no sería novedad una nueva victoria del MPLA en las elecciones de Agosto.  En su opinión, ¿cuáles deberían ser las nuevas directrices del gobierno en cuanto al desarrollo del país, en asuntos como: infraestructura, superación de la pobreza, mortalidad infantil y libertad de expresión?.

OC: No, no es novedad que el MPLA va a ganar.  Con los años que está en el poder, volverá, tal como en el año 2008, a poner a los muertos a votar.  Será difícil creer que el régimen alguna vez va a poner el interés del pueblo encima de sus intereses.  Como cualquier dictadura, Angola tendrá siempre dos caras.  Una de lujo y una de miseria.  Hasta por razones étnico-históricas, el MPLA nunca estará interesado en desarrollar las zonas del país donde viven pueblos que históricamente pertenecen a otra sociedad.  Fue además, esa elitista política de segregación en que los pueblos del Norte, principalmente de la región de Luanda, son valorados como pertenecientes a una casta superior, lo que llevó a que la UNITA nunca desistiese de luchar.  Los pueblo ovimbundos y bailundos siempre fueron considerados por el régimen como seres inferiores.  Sus regiones van, por este motivo, a continuar siendo las menos desarrolladas.  Por alguna razón el día 24 de Febrero de 2002 alguien dijo: “sekulu wafa, kalye wendi k’ondalatu! v’ukanoli o café k’imbo lyamale!”.  O sea, murió el más viejo (Jonas Savimbi), ahora iréis a apañar café a las tierras del norte como contratados”.

BI: ¿Cuál es su previsión para el futuro de Angola como un Estado Director? ¿Y en relación al Palop?

OC: Angola, sobre todo porque es una potencia económica y militar, acabará por tener un futuro sonriente.  Y creo que no tardará mucho.  La población está cansada de las malas acciones del régimen y va, espero pacíficamente, a apostar por el cambio democrático y por la verdadera creación de un estado de Derecho.  Y cuando esto suceda, aliando el poder económico a la credibilidad democrática, Angola será la locomotora del desarrollo de los Países Africanos de Lengua Oficial Portuguesa.  En esa altura, como se vio por su reciente interferencia en Guinea- Bissau, los resultados no fueron los esperados porque Luanda no se presentó como un estado democrático, hecho que le restó todo margen a la maniobra.

BI: Continuando con lo sucedido en Guinea Bissau, ¿cómo ve la presencia de la MISSANG y su salida hacia el reciente golpe de Estado?

OC: Como dije en la respuesta anterior, la MISSANG fue vista, y con toda razón, como un acto de colonialismo.  Si fuese Angola un régimen democrático y un verdadero Estado de Derecho, o sea, un ejemplo de buena gobernanza (como sucede con Cabo Verde), las autoridades guineanas no tendrían problemas en aceptar su presencia.  Por alguna razón los guineanos preguntaban: ¿quién es Angola para mandar una misión militar a Guinea-Bissau? Y tenían razón.  Al factor militar propiamente dicho de Angola, faltó la legitimidad que sería total si el régimen fuese democrático.

 

ORLANDO CASTRO Y EL CONTEXTO AFRICANO

BI: Podría explicarnos cómo entiende la actualidad africana, cuáles son sus mayores problemáticas a resolver, y cuáles de estas problemáticas tienen alguna posibilidad real de ser resueltas por los propios africanos.

OC: Todos los problemas africanos, y son muchos, deben ser resueltos, en primer lugar, por los africanos.  África tiene (casi) todo para ser un gran continente y hasta, de aquí a algunas generaciones, un gran espacio de desarrollo económico, humano y social, de armonía más o menos estable.  Dios, sea Él quien sea, dio a África todo lo que era preciso para ser uno de los continentes más prósperos.  Infelizmente, este espacio fue criminalmente dividido a regla y escuadra por los colonizadores europeos que, por considerarse superiores, se limitaron (con pocas excepciones, entre las cuales – a pesar de todo – Portugal) a explotar sus riquezas.  Es esta división la que originó, y origina, las endémicas guerras.  El mismo pueblo fue, por ejemplo, dividido por varios países y obligado a convivir con razas totalmente diferentes.  Ahora esto es algo que, en el contexto africano, genera guerras fronterizas.  Si a esto se junta el hecho de que las grandes potencias quieren vender armas a cambio de las riquezas naturales…

 

BI: Más allá de los problemas más urgentes que algunos de los países de África presentan, el problema de la inestabilidad política y la falta a la democracia, así como los constantes golpes de estado, parecen ser la génesis de las dificultades.  ¿Cómo es que este tipo de situaciones todavía no se pueden controlar o evitar?

OC: Es necesario que la Comunidad Internacional tenga el coraje, que yo creo que no tiene, de reconsiderar la división territorial de muchos países, creando nuevas fronteras y procurando juntar lo que es posible de ser juntado.  Con el tiempo, con la imprescindible colaboración de los africanos, será posible ver que las actuales fronteras fueron heredadas de los regímenes coloniales (recientes en términos históricos) y no corresponden a la verdad de los pueblos que ocupan esas regiones.  En muchos casos, más que querer instaurar la democracia, es urgente reinventar la geografía de África.

BI: Mucho se ha hablado de un Renacimiento del continente africano, y poco a poco vemos un creciente interés por los asuntos relativos a África.  ¿Cómo entiende esta situación?

OC: África está de moda, pero no siempre por las mejores razones. Son pocos los que, por ejemplo, se atreven a defender la tesis de que las fronteras africanas deben ser reestructuradas si se quiere pacificar el continente.  La mayoría sólo pretende explotar las riquezas y, como si esto no bastase, vender armas.  Esto porque los africanos van matándose unos a otros… pero las riquezas continúan allá, a la espera de quien las vaya a explotar.

BI: En la época de las independencias, países como Angola, Sierra Leona y Sudáfrica,  parecían ver en América Latina un ejemplo a seguir.  Hoy se habla de un África que mira con creciente interés hacia China.  ¿Cuál es su visión sobre esto?

OC: Creo que América Latina es, desde el punto de vista de la convivencia política y del rejuvenecimiento económico, un ejemplo considerado por muchos países africanos.  Lamentable que sean los chinos quienes toman cuenta de los países africanos.  Está claro que China, desde luego también por el apoyo que dio a los movimientos de liberación, está sacando dividendos de la apuesta que hizo en África.  De cualquier modo, pienso que las nuevas generaciones de africanos quieren acabar con ese dominio y enfocarse en los países que, a pesar de todo, son referencias más importantes.  Sin considerar el aspecto de que China sea  un enorme mercado consumidor y productor, América Latina puede desempeñar un papel relevante tanto en África como en Europa, pero no puede perder el tren (*).

BI: Para concluir, podría hacer una reflexión en relación a su trabajo como periodista y su interés y/o responsabilidad para con África.

OC: Hay ciertamente razones profundas para que yo crea (sin gran éxito, destáquese), que es preferible ser salvado por la crítica que asesinado por el elogio.  Hay con toda certeza razones profundas para que yo crea (sin gran éxito, destáquese) que es preferible andar todos los días, a toda hora, con la columna vertebral, en vez de dejarla en casa.  Y esas razones profundas nacieron en Angola, nacieron en África.  ¿Ha sido una tarea complicada? Ha sido y continuará siendo.  ¿Por qué? Porque es muy fuerte la presión de los que nos quieren acéfalos, autómatas y como si esto no bastase, invertebrados también.  Fue en las calles de la ciudad de Huambo que aprendí valores que, o se tienen, o no se tienen.  No se compran.  Aprendí que, tal como Angola, África no se define, se siente.

(*) Perder o comboio.  América Latina, para constituir un verdadero ejemplo para África, no puede perder el rumbo que ha tomado hasta ahora.

LER EM PORTUGUÊS

La Ruta colombiana de la Esclavitud

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Por Simão Souindoula (Angola)

El Choco, una Angola reconstituida en la Costa del Pacífico

Es una de las conclusiones evidentes realizadas con posterioridad a la lectura de la obra del afrocolombiano Sergio Antonio Mosquera, “El Mondongo: Etnolingüística en la Historia Afrochocoana”, libro recientemente reeditado en Bogotá, en la serie Ma´Mawu, por la Universidad Tecnológica del Choco “Diego Luis Córdoba”.

Pudimos confirmar esta realidad, particularmente emocionante, semanas atrás en Quibdo, capital de esta provincia de la Antigua Nueva Granada.

El libro, ahora reeditado en una edición singularmente sólida, aparece con 156 páginas, y se articula en cuatro capítulos principales, en los cuales el autor presenta la evolución del establecimiento de los africanos en la región y la subsecuente tentativa de continuum de sus respectivas lenguas, su difícil adaptación al castellano y el legado residual lingüístico bantú.

En una verdadera fiebre mercantilista, dominante en Europa, la zona donde fueron descubiertos yacimientos polimetálicos, y en particular el precioso oro, registra numerosas encomiendas de mano de obra esclava.

Y serán introducidos en el territorio minero, a favor del cuarto “asiento” europeo, principalmente, millares de angolas, benguelas, loandas, monicongos, cabindas y luangos.

El “asiento” portugués que durara de 1595 a 1641 y cuyos principales centros de embarque serán Loanda y São Tome – puerto de tránsito- permitió la instalación mayoritaria de los mbika.

El investigador de Quibdo es perentorio: “van a constituirse en mayoría y este predominio es repetitivo en muchas transacciones. Hay ya, desde luego, una fuerte presencia de negros de Angola”.

El ejemplo de los esclavos al servicio del Padre Pedro de Claver, hacia 1620, es a este respecto bien indicativo. Andrés, Ignacio, Alfonso, Jusepe, Juan Mariquita, Cristina Feliciano, Lucrecia, Catalina, Francisca, Monzolo, son todos o de Angola o del Congo.

El veredicto de Mosquera, a esta realidad, es categórico: “Portugal fue el principal proveedor” de esclavos hasta 1654.

El autor escogió mediante estos datos el título de su obra “El Mondongo”, referencia al Reino angoleño, término que fue en una dinámica de antonomasia gastronómica adoptado en el continente americano y en el conjunto insular caribeño.

En los vestigios de los portugueses, los franceses e ingleses introducirán naturalmente en el “Virreinato de Nueva Granada”, a partir de 1712, de la factoría de Cabinda, congos y luangos.

El iniciador de la espectacular Fundación privada Mantu-Bantu, institución que no tiene equivalente en África, aborda en seguida la configuración de los hablares niger en su zona natal; examinando su uso en las minas y subrayando la persistencia en el léxico residual del morfema bantú ng o nga.

ANTONOMASIA

Realza,  además de las ya citadas, las variantes kikongo, conocidas en la época como bamba, manyoma y pango.

El autor chocoano insiste en el capítulo sobre la aclimatación de los “muleques” al evocar la influencia del idioma del país de la pantera, en el noroeste de la antigua Confederación Granadina.

Afirma “es patente el impacto del kokongo” en la evolución lingüística allí resultante, consubstanciada en la continuación de la intervocalidad, doble negación, redundancia, duplicación y excesiva expresión corporal en el habla.

Como consecuencia de los bantús instalados en la región, hablaron un español “muy corrupto, al terminus a quo criollo portugués”, con elementos léxicos (o de otro tipo), genéticamente portugueses.

Hacia el fin del estudio, el Profesor presenta y comenta lógicamente un glosario de más de una centena de bantuísmos que sobrevivieron en la costa del Pacífico colombiano.

Se esfuerza en restituir en una apertura de erudición, los elementos lexicales identificados en algunos fragmentos de textos literarios (poesía, canto, romance y composiciones musicales).

Un ejemplo perfecto de bantuismo que perduró, es el sustantivo zandungu o sandunga, equivalente a pimiento. En efecto, es probado en el proto-bantu como pepper dungu.

Y lógicamente este radical del bantú común deriva:

en kikongo y kimbundu: ndungu,

en nyaneka-humbe: ongundu, otyindungu, onondungu,

y en umbundi: olundungu, ondungu, onungu.

El glosario contiene otros componentes salidos del “Mundo de los Hombres” tales como:

Angulo, del bantú nkulu, viejo, adjetivo utilizado como antropónimo

Bilongo o Birongo, remedio tradicional

Kalunga, espíritu hidrogénico, mar, infinito

Ganga, curandero

Susunga, del bantú nsanga, pegar

Con el objeto de comprender mejor el substrato antropológico angoleño enraizado en el territorio de “La conga”, Sergio Mosquera utilizó entre otros estudios de referencia, el de Jan Vasina sobre África Ecuatorial y Angola, contenido en la Historia General de África, que indica los cimientos civilizacionales del corazón del continente que fueron transferidos en las áreas auríferas del noroeste de Colombia.

La obra “El mondongo. Etnolinguística en la Historia afrochoana” es una contribución más para la inevitable aproximación entre las comunidades de raíz angoleña y la Madre Patria; reencuentro que debe oralmente ser tejido durante el decenio 2012/2022, declarado por la Organización de las Naciones Unidas como consagrado a los afro descendientes.

Traducción: Bárbara Igor (MISOSOAFRICA)

Simão Souindoula es angoleño. Historiador, actualmente se desempeña como investigador y es Miembro del Comité Cientifico Internacional de la UNESCO, donde desarrolla el proyecto “La Ruta del Esclavo”

Prólogo – El Sáhara como metarrelato – LIBRO

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Prólogo de Eguiar Lizundia


Pocas causas generan en España tanta adhesión y unanimidad como el conflicto saharaui. Ni siquiera la animadversión a Israel es equiparable a la solidaridad con la ex colonia, una vez que la derecha española ha abandonado casi por completo su secular antisemitismo. En el caso del Sáhara, no hay duda de quiénes son los buenos y malos, quiénes los culpables y cuál la solución. Existe poca o nula discrepancia en el diagnóstico y la prescripción de recetas, y la habitual confrontación patria que caracteriza cualquier análisis de la realidad es disipada por una comunión de juicios inédita en nuestro país. Periodistas, ex militares, historiadores, novelistas y comentaristas de toda condición cuentan la misma historia de oprobiosa cesión e incumplimiento de obligaciones internacionales por parte de España, y de ominosa ocupación marroquí. El Frente Polisario es idealizado y presentado exclusivamente como una víctima de la traición española y el colonialismo de Marruecos y Mauritania, sin ser casi objeto de revisión o crítica. Los saharauis son ensalzados como un valiente y resistente pueblo embarcado en una épica lucha contra el invasor extranjero y la negligente comunidad internacional.

Quizá más sorprendente es el hecho de que esta narrativa ha sido asumida y legitimada internacionalmente por los estudiosos del Sáhara en tanto que “última colonia africana” o ejemplo de conflicto “estancado”. Y no solamente en el romantizante ámbito francófono, pero también en el mundo—mucho más científico y empirista—anglosajón. Los autores de los dos libros más relevantes en lengua inglesa sobre el Sáhara que se han publicado recientemente, Toby Shelly y Erik Jensen, no disputan el marco totalizador establecido por los que han escrito al respecto en español. Más centrados en cuestiones de derecho internacional y humanitarias los primeros que los segundos—muchos tan embebidos de la epopeya saharaui que ni siquiera disimulan cientificidad alguna—, todos presentan un enfoque similar y tratan la cuestión de manera semejante. Al listado pormenorizado de los hechos históricos, les siguen conclusiones que parecen inevitables. Como si la Historia se tratase de una ciencia exacta cuyos resultados pudiesen ser verificados en laboratorios, estos estudiosos citan y repasan acontecimientos hasta el hastío en lugar de analizarlos en profundidad. ¿Para qué cuestionar, plantear contrafactuales, indagar en las motivaciones y opciones de los actores implicados, si el estudio de los hechos pasados ofrece una respuesta cómoda y absoluta, una narración coherente y aparentemente convincente del conflicto saharaui que explica de manera simple los acontecimientos y fija las condiciones de víctimas y verdugos, amigos y cómplices?

El presente ensayo de José María Lizundia constituye una impugnación de este discurso multiabarcador y universalizante. El Sáhara como metarrelato recupera para el análisis del conflicto saharaui las categorías históricas y políticas, los marcos ideológicos y conceptuales que el caso merece. La idea de nacionalismo, la descolonización del Norte de África, las especificidades objetivas del “pueblo saharaui”, el derecho de autodeterminación y las dinámicas particulares del tardofranquismo español son solo algunas de las variables con las que juega el autor, quien hace interactuar estos factores libremente, sin prejuicios, con miras a ofrecer una visión esta vez sí crítica, no preconcebida, de la cuestión saharaui.

La consecuencia de ese ejercicio intelectual es la refutación de la panoplia de lugares comunes que rodean el discurso oficial sobre el Sáhara. Desde el alcance de la responsabilidad de España en el actual estatus de la ex colonia, hasta la supuesta larga historia independentista de los saharauis, pasando por el carácter democrático y fraternal de la RASD, Lizundia cuestiona la “Arcadia feliz” descrita por los estudiosos de ese territorio africano, que no sería en realidad sino la enésima epopeya travestida y manipulada para satisfacer los anhelos de los héroes de causas ajenas.

Sin la beligerancia a la que nos tiene acostumbrados, Lizundia sacrifica la ortodoxia académica y el puntillismo documental en aras de la argumentación y la enhebración de ideas, que esta vez más que nunca son presentadas de manera sucinta, pero con una claridad deslumbrante que deja al lector con la sensación de que el estudio del Sáhara había sido hasta ahora patrimonio exclusivo de una colección de propagandistas o ignorantes, pues no es posible que lo que es cristalino haya sido empañado con el humo de las hogueras de los campamentos de Tinduf durante tanto tiempo, por tantos. Quizá tenga que ver el hecho de que hasta la fecha el conflicto saharaui apenas haya sido objeto de estudio por profesores de universidad españoles y extranjeros—a los que se les presume cierto espíritu crítico—, pero considerando la dimensión internacional del caso, ¿cómo explicarse el escaso interés académico que ha suscitado el tema tanto en España como en el resto del mundo?

La clave, una vez más está en el metarrelato. Un metarrelato que “cuenta la historia de los saharauis como alguna vez quedó explicada para siempre”. Un metarrelato que una vez más presenta una narración maniquea, simplista, archiconocida y, si se me permite, hasta aburrida. Que sitúa a los saharauis como un sujeto pasivo y dependiente de sus patrocinadores españoles e internacionales. Que rezuma, bajo la excusa del arrepentimiento y propósito de enmienda, un tufillo plañidero e hipócrita. Y que no persigue entender las razones del conflicto, sino atribuir culpas y méritos.
El Sáhara como metarrelato es una rebelión contra todo esto.

Septiembre de 2011, Washington, DC

“Las multinacionales nos están robando la comida” – Uganda

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Peter Baleke Kayiira y Janet Mary Akiteng son dos activistas ugandeses que acompañaron las actividades en el marco de la semana de la lucha campesina, que Veterinarios sin Fronteras  lleva a cabo bajo el nombre “Paren, Aquí Vive Gente”.  Es a través del  diario El País que estos activistas nos dan a conocer su historia.

 

“La historia de Peter Baleke es como la de David y Goliat pero al revés. Aquí no impera la justicia poética y el fuerte le está ganando al débil. A David lo encarnan 400 familias campesinas de uno de los países más pobres(*), Uganda. Y a Goliat, la suma del Gobierno ugandés y la multinacional alemana Neuman Kaffee Gruppe.

El 18 de junio de 2001, un representante del Gobierno ugandés reunió a las 400 familias (unas 2.000 personas) que residían en la región de Madudu (en Mubende, Uganda central) para anunciarles que el Gobierno había cedido sus tierras, 2.500 hectáreas, a una multinacional alemana. Antes de finales de agosto debían abandonarlas. Sin compensación económica ni un sitio alternativo al que ir.

“En mi país si no produces tu propio alimento no tienes qué comer. El 80% es agricultura de subsistencia. ¿A quién beneficia que vengan las multinacionales a producir alimentos a precios que no podemos pagar? Desde luego no a nosotros, nos roban la comida”, se indigna Baleke. “Eligieron nuestras tierras porque eran las más fértiles”. Él dirigía entonces la escuela de uno de los poblados afectados, Kitemloa, y organizó una colecta para contratar a un abogado. “No soy el más ilustrado, pero sí el más audaz y conozco las leyes”.

Ante la resistencia de los campesinos, el 18 de agosto intervino el Ejército, quemando casas y golpeando a los vecinos, echándolos por la fuerza. Las familias huyeron al bosque, donde varios niños y ancianos fallecieron por las precarias condiciones de vida, denuncia Baleke. El 24 de agosto, la multinacional se instaló en la zona. Un año más tarde los campesinos presentaron una denuncia civil.

Han pasado dos lustros y su causa está arrinconada. Hasta siete jueces se han hecho cargo del caso, que desde el 11 de abril espera que un octavo juez lo herede. “¿De qué sirven las leyes si luego los jueces no hacen su trabajo?”, se duele Baleke. Para más inri, la multinacional vende el café en las redes de comercio justo. “Este tipo de comercio necesita mecanismos de control porque contradice sus principios”, se queja, y apela al boicoteo por parte de los consumidores europeos y a la importancia de que las ONG enseñen a los oprimidos a defender sus derechos. “Las leyes están para cumplirlas”, dice blandiendo a pesar de todo con orgullo la Constitución de Uganda.

(*) nos resulta importante destacar que hablar de pobreza en este contexto, tiene que ver con las condiciones de vida de la población y no necesariamente con los recursos con que este país cuenta.

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ETIOPÍA Y SU BUEN CAFÉ

Sólo de vez en cuando el narcotráfico parece preocupar a los dueños de la ONU, de la UE y del CPLP

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Por Orlando Castro (Portugal)

Por lo visto, las autoridades portuguesas, al igual que Europa, sólo ahora descubrieron que el narcotráfico está amenazando la existencia de algunos países africanos, principalmente lusófonos.

De las dos una.  O andan durmiendo en la fila, lo que no sería novedad, o se benefician de esta situación.  Sólo así se comprende el silencio, la ineptitud y la constante cobardía de que hacen uso.

La inestabilidad socio-política en los países de la África Occidental, está dejándolos a merced de narcotraficantes y de “extremismos”, incluyendo el terrorismo islámico, volviéndose una amenaza sobre todo para Europa, lo que exige una intervención de la comunidad internacional.

Esta tesis fue defendida por los investigadores Victor Ângelo y Rui Flores, por ese entonces técnicos de la ONU,  en un estudio publicado por el Instituto Portugués de Relaciones Internacionales de la Universidad Nova de Lisboa en Agosto de … 2007.

En el estudio “La mezcla explosiva de la expansión demográfica, desempleo y narcotráfico en África Occidental”, los dos investigadores destacan que la actual explosión demográfica – la población de la región deberá aumentar en 100 millones de personas hacia el 2020 – no está siendo acompañado por el crecimiento económico y la creación de empleos, “llevando a que los jóvenes no tengan perspectiva de futuro” y vivan en la pobreza.

“Este cuadro demográfico social y económico es propicio al desarrollo del extremismo, sea de tipo terrorista, como Al Qaeda, o de otros, que tienen en la juventud un ejército de reserva radical a la espera de un lider”, indican los investigadores.

“Presionados por el desempleo y por el hambre, pesimistas en relación a las perspectivas de futuro, (los jóvenes) ven en la adhesión a un grupo paramilitar o integrista, un viaje sin fin hacia su única salida – y por eso desaguan todas las semanas centenas de inmigrantes ilegales en las costas de las Canarias o en el Sur de España, en Malta o en la “bota italiana”, afirman.

Entre los 15 países de la Comunidad Económica de los Estados de l África Occidental (CEDEAO) están dos Estados lusófonos: Cabo Verde y Guinea-Bissau.

Del grupo también forman parte Benin, Burkina Faso, Costa de Marfil, Gambia, Gana, Guinea, Liberia, Mali, Níger, Nigeria, Senegal, Sierra Leona y Togo.  De estos países, sólo Cabo Verde, Gana y Senegal no sufrieron golpes de Estado en las últimas décadas  y 12 de ellos están en el grupo de los 31 Estados más pobres del mundo, en el indice de desarrollo de las Naciones Unidas.

Victor Ângelo y Rui Flores destacan la ineficiencia del general de los Estados, que se encuentran minados por los “virus de la corrupión”, visible en el “funcionario público que recibe dinero por debajo de la mesa”  y en el “alto gobernante que garantiza para si mismo un porcentaje de cualquiera de los contatos establecidos por el Estado, y una compañía que también se apropia de recursos provenientes de la cooperación internacional”.

La causa, defienden, está en la legislación “opaca, de dificil comprensión y aplicación”, muchas veces copiada “sin ninguna consideración por los contextos históricos y sociales de cada país”, pero también por el Estado “pagar poco y a más horas”, ejemplo de lo que pasa en Guinea-Bissau.

Todo esto, afirman los dos investigadores, convierten a estos países particularmente vulnerables al crimen organizado y en prticular, al narcotráfico que, hace de países como Guinea-Bissau plataformas giratorias en las rutas internacionales de la droga entre America del Sur y Europa.

“Hay una mezcla explosiva que puede hacer de África Occidental una especie de “cóctel molotov” de dimensión regional, cuyos daños afectarán sobremanera a la Unión Europea.  Sus efectos, inclusive, ya comenzaron a hacerse sentir”.

“Este aumento exponencial en el tráfico de droga en la región se debe no sólo a la fragilidad de los Estados, si no que también al hecho de que el negocio de los estupefacientes es extremadamente lucrativo, en particular el tráfico de cocaína y heroína”, comentan Victor Ângelo y Rui Flores.

A modo de ejemplo, se referían en ese estudio del 2007 que en Guinea-Bissau, el decomiso de 635 kilogramos de cocaína en Abril, equivaldría a unos 8.5 millones de euros en el mercado de la región; vendida en España, la droga generaría un lucro de 11 millones de euros, valor que equivale al 20% del total de la ayuda internacional de Guinea-Bissau, 14% de todas las exportaciones del país y casi 400 veces el total de la inversión internacional directa en el país.

La disponibilidad creciente de cocaína en la región llevó al establecimiento de almacenes por toda la costa, lo que vino a facilitar el aumento del tráfico hecho por locales y la existencia de redes estructuradas capaces de adquirir y redistribuir centenares de kilos”, argumentan.

Los dos investigadores destacan que el problema “no es sólo la ausencia de medios”, si no que también “una cierta resistencia crónica del poder político en tomar medidas que combatan eficazmente el tráfico”.

“Es en este escenario que surgen los narco-estados.  Al final hay quien vea en la asociación a los grupos del crimen organizado sólo una tentativa de asegurar un modo de sustentar a su familia”, dicen.

Para atacar este problema, “que tiene todas las condiciones para poner en riesgo la estabilidad internacional”, los investigadores sugieren la asistencia de la comunidad internacional, apuntando hacia más cooperación policial y al fortalecimiento de las instituciones nacionales, con especial atención en la reforma de seguridad, sobre todo cuando se acumulan sospechas sobre militares y de agentes de seguridad involucrados en el narcotráfico”.

El problema, señalan, exige todavía medidas para disminuir el impacto de la explosión demográfica y del desempleo, y la revisión de las políticas de la Unión Europea sobre inmigración y aduanas, “abandonando medidas proteccionistas, para permitir que otras regiones se desarrollen y consigan entrar con sus productos de manera competitiva en Europa”.

Concluyendo, apuntan a la necesidad de la comunidad internacional y las Naciones Unidas de definir el narcotráfico como crimen contra la Humanidad, aun asumiendo que “podrá no ser fácil de conseguir”

 Orlando Castro es Angoleño-portugués. Reside actualmente en Portugal donde desarrolla su trabajo como periodista y Escritor

Traducción: Bárbara Igor (MISOSOAFRICA)

El MPLA pone de rodillas a la Iglesia Católica.

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Por Orlando Castro (Portugal)

Aunque de vez en cuando surjan revueltas dentro de la propia iglesia Católica, lo cierto es que su jerarquía en Angola continúa haciendo el juego del régimen, sobre todo en lo que a Cabinda, su colonia, respecta.

Aunque de vez en cuando surjan revueltas dentro de la propia iglesia Católica, lo cierto es que su jerarquía en Angola continua haciendo el juego del régimen, sobre todo en lo que a Cabinda, su colonia, respecta.

Contradiciendo sus principios más fundamentales, la Iglesia Católica está claramente “vendida” al régimen angoleño, siendo cómplice de las acciones de dominación, de prepotencia, y violaciones a los derechos humanos. Además, la tesis de la liberación fue hace mucho – pero sobre todo en los últimos años – desestimada por la jerarquía católica.

Por muchas que sean las veces que los responsables católicos comulguen, cierto es que el año pasado fue celebrado un acuerdo entre el MPLA y la Iglesia Católica para que esta lo apoye en la campaña electoral del 2012.

“De parte del partido en el poder, negoció el acuerdo Manuel Vicente, en su condición de Presidente del Consejo de Administración de Sonangol al mando de Eduardo dos Santos, mientras que de parte de la Iglesia estuvieron algunos obispos del régimen: Don Damião Franklin y Filomeno Vieira Dias de Cabinda, bajo la orientación del militante Cardenal Alexandre do Nascimento”, escribió el club K.

Que la jerarquía de la iglesia católica de Angola continúa queriendo agradar a Dios (José Eduardo dos Santos) y al diablo (José Eduardo dos Santos), degradando sus más sublimes fundamentos de lucha por la verdad, y el espíritu misionero que debería ser el de dar voz a quienes no la tienen, no es novedad.

A lo que parece una enorme violación a los derechos humanos en Cabinda, la forma execrable como las autoridades coloniales de Angola tratan a los intachables ciudadanos de Cabinda, poco interesa a la Iglesia Católica. Esto porque, de hecho, el régimen colonial compra su cobardía dándole las regalías que la llevan a estar de rodillas delante del MPLA.

“Nosotros como Diócesis, contactamos a la Procuraduría General de la República y esperamos que el asunto se resuelva de la forma más célere y se esclarezca cuanto antes, aunque notamos con preocupación que el tiempo de la prisión cautelar ya se ha excedido”, decía hace tiempo el vice presidente de la CEASI y Obispo de la diócesis de Cabinda, Don Filomeno Vieira Dias, dando una en el clavo y otra en la herradura.

Don Filomeno Vieira Dias, sabe que en Cabinda, como en Angola, hay cada vez más gente siendo tratada de forma innoble por el régimen del MPLA. Sin embargo, con tal de no perder sus privilegios, la Iglesia va haciendo el juego de los pocos que tienen millones, sin importarles los millones que tienen poco o nada.

No deja de ser esclarecedor de la posición condescendiente de la Iglesia Católica el hecho de que Don Filomeno Vieira Días prácticamente resume los atentados a los derechos humanos en Cabinda al caso que entonces recorrió el mundo, y que fue obviamente muy grave, el del padre Raul Tati.

Yo personalmente visité a este sacerdote. Tuve encuentros con él. Nuestro Vicario general también, hace pocos días lo visitó y tuvo encuentros con él”, agregó el prelado, que remató indicando que “es todo lo que tenemos que decir sobre esta materia”.

Recuérdese que, entre otros, Raul Tati fue humillado física y sicológicamente, y a pesar de esto, la Iglesia Católica hizo de cuenta que él estaba bien, rehusándose a denunciar – como era y es su deber – las abominables condiciones en que el padre y todos los otros detenidos intentaban sobrevivir.

A pesar de haber pedido la dimisión, el Padre Tati no dejaba de ser un ciudadano. Ciudadano cabindeño cuya nobleza de espíritu lo llevó a no pactar con una Iglesia que olvida y hasta deshonra sus más elementales mandamientos.

Hacia fines del 20122, D. José Manuel Imbamba, arzobispo de Saurimo y portavoz de la Conferencia Episcopal de Angola y Santo Tomé, dijo que los padres que insisten en defender los intereses de los cabindeños no fueron apartados por razones políticas, pero si por cuestiones disciplinares, principalmente por no mantener una buena relación pastoral con el obispo D. Filomeno Vieira Dias.

D. José Manuel Imbamba sabía y sabe que está mintiendo. Es grave. O estaba callado, o porque, si tuviera coraje hablaría de las presiones del régimen angoleño sobre los prelados que – tal como aprendió el arzobispo de Saurimo – apenas quieren dar voz a quien no la tiene, principalmente en la colonia angoleña de Cabinda.

Por otra parte, lo mismo pasa con D. Filomeno Vieira Dias que sólo de vez en cuando, raramente, casi nunca, se va acordando del rebaño que tiene a su cargo como obispo de la colonia angoleña de Cabinda.

Cuando fue instado a comentar las detenciones en el extranjero de activistas de los derechos humanos de Cabinda, al mando del régimen de Luanda o – ¿quién sabe? – de cualquier fuerza extra-terrestre, el prelado católico no quiso (¡podría!) desagradar a los dueños del poder en Angola y se refugió en el argumento de que no comentaba un caso que había ocurrido fuera del país.

Consta, con todo, que D. Filomeno Vieira Dias se mostró preocupado con aquello que llamó “incapacidad de diálogo” entre las personas. Así es. Que en Cabinda todos los que osen pensar de forma diferente del MPLA sean culpados hasta ser probado lo contrario, eso no es preocupante para el Obispo.

Preocupante es la falta de diálogo… en un régimen colonialista que sólo permite su propio monólogo, que se juzga dueño de la verdad, que pone a la razón de la fuerza por encima de la fuerza de la razón.

“Para nosotros es siempre preocupante cuando no hay capacidad de diálogo y conversación entre las personas. Por lo tanto, él (Agostinho Chicaia), fue detenido fuera de Angola, yo no puedo pronunciarme sobre un hecho que ocurrió en otro país, no tengo elementos, es algo que sobre lo que intentamos profundizar, intentamos saber cuáles son los motivos, pero no tenemos elementos sobre esto”, dijo en su estilo angelical D. Filomeno Vieira Dias.

Al contrario de lo que supuestamente aprendió durante su formación religiosa, D. Filomeno Vieira Dias sólo raramente se acuerda de que debe dar voz a quienes no tienen. Me acuerdo por ejemplo de que el obispo llevó mucho tiempo descubriendo los excesos del régimen colonial angoleño en relación a los ciudadanos supuestamente involucrados en acciones de apoyo a los militares del FLEC.

Aunque en el caso del ataque a la escuela militar y policial angoleña, al equipo de Togo, todo ocurrido en enero de 2010, sólo en junio, D. Filomeno Vieira Dias envió una carta al Procurador General de la República colonial, João Maria de Sousa, para mostrar preocupación en relación al exceso de prisión preventiva en activistas y deplorar el aplazamiento indefinido del juicio a los acusados.

Antes, hacia el 3 de mayo de 2010, D. Filomeno Vieira Dias dijo que la libertad de informar y de ser informado es un derecho fundamental que no debe ser subestimado.

El Obispo de Cabinda, recuérdese, hablando de libertad de información cuando, exactamente en Cabinda (Colonia de Angola) se es detenido por tener ideas diferentes, siendo que en muchos casos se es apresado sólo porque las autoridades coloniales angoleñas piensan que alguien tiene ideas diferentes, es algo macabro.

D. Filomeno Vieira Dias dijo entonces que la información juega un papel fundamental en la vida de la sociedad, por eso los comunicadores deben actuar con responsabilidad. ¿Será la responsabilidad a que alude D. Filomeno Vieira Dias, la de decir sólo la verdad oficial del régimen? ¿Será el ser libre para tener apenas la libertad de concordar con las arbitrariedades del régimen colonial?

“La libertad de prensa es un derecho ligado a las libertades fundamentales del hombre” subrayó el prelado, hablando a propósito del Día Mundial de la Libertad de Prensa, proclamado por la UNESCO en 1993.

Es un derecho, pero nótese, sólo en los Estados de Derecho, cosa que Angola no es de facto, aunque de juramento lo quiera parecer. Sin embargo, ningún Estado de Derecho viola los derechos humanos de forma tan soez y execrable como hace el régimen angoleño en su colonia de Cabinda.

“Cuando celebramos ese día, debemos observar lo siguiente: que es una gran responsabilidad informar e informar siempre con la verdad”, destacó D. Filomeno Vieira Dias, ciertamente pidiendo de inmediato perdón a Dios por él mismo no contar toda la verdad.

D. Filomeno Vieira Dias deberá, creo, también pedir perdón por ponerse de rodillas delante de los dueños del poder en Angola, contrariando las enseñanzas, como recordó en Bruselas el Padre Jorge Casimiro Congo, de que delante de los hombres debe estar siempre de pie, y de rodilla sólo delante de Dios.

Y si una de las principales tareas de los periodistas es dar voz a quien no la tiene, también la Iglesia Católica tiene la misma misión debiendo, además, ser ella quien da el ejemplo. Lo que no sucede.

Fray João Domingos, por ejemplo, afirmó en una homilía en Septiembre de 2009 en Angola, que Jesús vivió al lado de su pueblo, encarnando todo su sufrimiento y dolor. Y agregó que nuestros políticos y gobernantes sólo están preocupados con sus intereses, de sus familias y de sus más próximos.

Cómo a los angoleños y a los cabindas les hubiese gustado que hubiese sido D. Filomeno Vieira Dias quien dijera estas verdades.

“No nos podemos callar, aunque nos cueste la vida”, dijo Fray João Domingos, agregando “que muchos gobernantes que tienen grandes automóviles, numerosas amantes, mucha riqueza robada al pueblo, son aparentemente relucientes pero están podridos por dentro”.

Cómo a los angoleños y a los cabindeños les gustaría que hubiese sido D. Filomeno Vieira Dias quien dijera estas verdades. Por todo eso, João Domingos llamó la atención de los angoleños para que no se callaran, para que continúen hablando y denunciando las injusticias, “para que este país sea diferente”.

Traducción: Bárbara Igor