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20 años del Genocidio en Ruanda: “Los acreedores del genocidio de 1994”

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El impacto social catastrófico de las políticas dictadas por el BM/FMI y de la caída del precio del café en el mercado mundial (caída que se debe relacionar con las políticas de las instituciones de Breton Woods y de Estados Unidos que lograron hacer saltar el cártel de los productores de café en la misma época) tuvo un papel clave en la crisis de Ruanda

Por  Éric Toussaint(*)

A partir del 7 de abril de 1994, en un intervalo de menos de tres meses, cerca de un millón de ruandeses —la cifra exacta queda por determinar— fueron exterminados porque eran tutsis o se suponía que lo eran. Pero también hay que agregar el asesinato de decenas de miles de hutus moderados. Por supuesto, hubo un genocidio, es decir, la destrucción planificada de una colectividad entera por el asesinato masivo, cuyo objetivo era impedir su reproducción biológica y social.

En ese contexto, es fundamental interrogarse sobre el papel de los prestamistas internacionales. Todo hace pensar que las políticas impuestas por las instituciones financieras internacionales, principales proveedores de fondos del régimen dictatorial del general Juvenal Habyarimana, aceleraron el proceso que condujo al genocidio.

GENOCIDIO EN RUANDAGeneralmente, la incidencia negativa de estas políticas no se tuvo en cuenta en la explicación del desenlace dramático de la crisis ruandesa. Solamente algunos autores pusieron en evidencia la responsabilidad de las instituciones de Bretón Woods |1|, que, por otro lado, rechazan cualquier crítica al respecto.

A comienzos de los años 1980, cuando estalló la crisis de la deuda del Tercer Mundo, Ruanda, como su vecino Burundi, estaban muy poco endeudados. Mientras que en otros lados del mundo, el Banco Mundial y el FMI abandonaban su política activa de préstamos y pregonaban la abstinencia, estas mismas instituciones adoptaron una actitud diferente con Ruanda y se encargaron de concederle generosos préstamos. La deuda externa de Ruanda se multiplicó por veinte entre 1976 y 1994. En 1976, se elevaba a 49 millones de dólares, en 1994 llegaba a cerca de los 1.000 millones de dólares. La deuda, sobre todo, aumentó a partir de 1982. Los principales acreedores fueron el Banco Mundial, el FMI y las instituciones relacionadas (a las que llamaremos IFI, instituciones financieras internacionales). El BM y el FMI tuvieron el papel más activo en el endeudamiento. En 1995, las IFI poseían el 84 % de la deuda externa ruandesa.

El régimen dictatorial instalado desde 1973 garantizaba que no se iba a producir un vuelco hacia políticas de cambios estructurales progresistas. Y por eso el régimen tenía el apoyo activo de las potencias occidentales: Bélgica, Francia y Suiza. Además, podía constituir una muralla respecto a algunos Estados de la región que mantenían todavía veleidades de independencia y de cambios progresistas (Por ejemplo: Tanzania con el presidente progresista Julios Nyerere, quien era uno de los líderes africanos del movimiento de los no-alineados).

Durante la década de 1980 y hasta 1994, Ruanda recibió muchos préstamos, pero la dictadura de Habyarimana se apropiaba de una parte considerable de la misma. Los préstamos concedidos debían servir para mejorar la inserción de la economía ruandesa en la economía mundial, desarrollando sus capacidades de exportación de café, de té y de estaño (sus tres principales productos de exportación), en detrimento de los cultivos destinados a la satisfacción de las necesidades locales. El modelo funcionó hasta mediados de los años ochenta, momento en el que los precios, del estaño primero, luego del café, y por último del té, se desplomaron. Ruanda, cuyo café constituía su principal fuente de divisas se vio total y gravemente afectada por la ruptura del cártel del café provocado por Estados Unidos, a comienzos de los años noventa.

Utilización de los préstamos internacionales para preparar el genocidio

Algunas semanas antes del desencadenamiento de la ofensiva del Frente Patriótico Ruandés (FPR) en octubre de 1990, las autoridades ruandesas firmaron con el FMI y el BM en Washington un acuerdo para poner en marcha un programa de ajuste estructural (PAE).

Este PAE se comenzó a aplicar en noviembre de 1990: el franco ruandés se devaluó un 67 %. En contrapartida, el FMI concedía créditos en divisas de desembolso rápido para permitir que el país mantuviera el flujo de las importaciones. Las sumas así prestadas permitían equilibrar la balanza de pagos. El precio de los bienes importados aumentó de manera vertiginosa: por ejemplo, el precio de la gasolina aumentó en un 79 %. El producto de la venta en el mercado nacional de los bienes importados permitía al Estado pagar los sueldos a los militares, cuyos efectivos aumentaban velozmente. El PAE preveía una disminución de los gastos públicos: hubo, por supuesto, congelación de salarios y despidos en la función pública pero también transferencia de una parte de los gastos en beneficio del ejército.

Mientras que el precio de los bienes importados aumentaba, el precio de compra del café a los productores estaba congelado, y esto fue exigido por el FMI. En consecuencia la ruina para centenares de miles de pequeños productores de café |2| que, con las capas más empobrecidas de la población, fueron desde entonces un reservorio permanente de reclutas para las milicias Interahamwe y para el ejército.

Entre las medidas impuestas por el BM y el FMI, mediante el PAE, hay que señalar, además del aumento de impuestos al consumo y la reducción de los impuestos a las sociedades, el aumento de los impuestos directos a las familias populares por reducción de las exoneraciones fiscales por familia numerosa, la reducción de las facilidades de crédito a los campesinos, etc.

Para justificar la utilización de los préstamos de la pareja BM/FMI, el BM autorizó a Ruanda a presentar facturas antiguas que cubrían la compra de bienes importados. Este sistema permitió a las autoridades ruandesas financiar la compra masiva de armas para el genocidio. Los gastos militares se triplicaron entre 1990 y 1992 |3|. Durante este período, el BM y el FMI enviaron varias misiones de expertos, quienes subrayaron algunos aspectos positivos de la política de austeridad aplicada por Habyarimana, pero, no obstante, amenazaron con cortar los pagos si los gastos militares continuaban creciendo. Las autoridades ruandesas pusieron a punto algunos montajes para disimular los gastos militares: los camiones comprados para el ejército se imputaron al ministerio de Transportes, una parte importante de la gasolina utilizada para los vehículos de las milicias y del ejército era imputada al ministerio de Sanidad. Finalmente el BM y el FMI cerraron el grifo de la ayuda financiera a comienzos de 1993, pero no denunciaron la existencia de cuentas bancarias que las autoridades ruandesas poseían en el extranjero en grandes bancos y en las que seguían disponibles importantes sumas de dinero para la compra de armas. Podemos considerar que el BM y el FMI fallaron en su deber de control sobre la utilización del dinero prestado. Debieron cortar sus préstamos desde comienzos de 1992, cuando supieron que el dinero era utilizado para la compra de armas. En ese momento debieron haber alertado a la ONU. Al continuar otorgando préstamos hasta comienzos de 1993, ayudaron a un régimen que preparaba un genocidio. Las organizaciones de defensa de los derechos humanos habían denunciado desde 1991 unas masacres preparatorias del genocidio. El Banco Mundial y el FMI sistemáticamente ayudaron al régimen dictatorial, aliado de Estados Unidos, de Francia y de Bélgica.

El aumento de las contradicciones sociales

Para que el proyecto genocida pudiera llevarse a cabo no sólo hacía falta un régimen para concebirlo y dotarse de los instrumentos para su realización, sino también la presencia de una masa empobrecida, presta a realizar lo irreparable. En ese país, el 90 % de la población vivía en el campo, y el 20 % de la población campesina disponía de menos de media hectárea por familia. Entre 1982 y 1994, se asistió a un proceso masivo de empobrecimiento de la mayoría de la población rural, mientras, en el extremo opuesto de la sociedad, se producía un enriquecimiento impresionante de algunos pocos. Según el profesor Jef Maton, en 1982, el 10 % más rico retenía el 20 % del ingreso rural, en 1992, acaparaba el 41 %, en 1993 el 45 % y a comienzos de 1994 el 51 % |4|. El impacto social catastrófico de las políticas dictadas por el BM/FMI y de la caída del precio del café en el mercado mundial (caída que se debe relacionar con las políticas de las instituciones de Bretón Woods y de Estados Unidos que lograron hacer saltar el cártel de los productores de café en la misma época) tuvo un papel clave en la crisis de Ruanda. El enorme descontento social fue canalizado por el régimen de Habyarimana hacia la ejecución de un genocidio.

Traducido por Griselda Pinero y Raúl Quiroz y publicada su versión  en español en  “El Economista de Cuba”

(*) Éric Toussaint doctor en Ciencias Políticas de la Universidad de Liège –Bélgica- y de la Universidad Paris VIII – Francia-, Maître de conférences en la Universidad de Liège (Bélgica), presidente del Comité para la Anulación de la Deuda del Tercer Mundo (red internacional basada en Liège, Bélgica) CADTM, miembro del Consejo Internacional del Foro Social Mundial desde su fundación en 2001, miembro de la CAIC-Ecuador (Comisión presidencial de Auditoría Integral del Crédito público).

notes articles:

|1| Chossudovsky, Michel, Rwanda, Somalie, ex Yougoslavie : conflits armés, génocide économique et responsabilités des institutions de Bretton Woods, Dossier CADTM GRESEA, Bruselas, 1995 ; Chossudovsky, Michel y Galand, Pierre, Le Génocide de 1994, L’usage de la dette extérieure du Rwanda (1990-1994). La responsabilité des bailleurs de fonds. Analyse et recommandations, informe preliminar, Ottawa y Bruselas, 1996. Véase también: Duterme, Renaud, Rwanda: une histoire volée, Editions Tribord y CADTM, 2013

http://livre.fnac.com/a6103644/Rena

|2| Maton, Jef. 1994. Développement économique et social au Rwanda entre 1980 et 1993. Le dixième décile en face de l’apocalypse.

|3| Nduhungirehe, Marie-Chantal. 1995. Les Programmes d’ajustement structurel. Spécificité et application au cas du Rwanda.

|4| Maton, Jef. 1994. Op. Cit.

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Si esto es internacionalismo…

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Por Eugénio Costa Almeida.

Según la radio VOA (Voz de América), la provincia de Kuando Kubango está en la mira de individuos, según parece, chinos, que estarían ocupando indebida e inesperadamente tierras agrícolas y de pasto para cultivo de arroz, principalmente en la región del Rio Longa.

Si ya era incomprensible la usurpación de terrenos, sin que los sobas y las autoridades tradicionales locales nada consigan hacer para impedirlo, más impresionante es la acusación de que los mismos individuos están reclutando menores, entre los 14 y 17 años, para hacer su servicio agrícola, con un pago – más que simbólico, ya que el habitual es también bajo – de 90 dólares.

Y todo esto a escasos 90 kms de la capital provincial de Menongue.

Es sabido que la provincia de KK es considerada como “tierra del fin del Mundo” pero, realmente será tan fin del mundo que el Gobierno provincial y las fuerzas policiales nada sepan, nada oigan, nada vean y permitan que esta absurda e incomprensible situación sea ya del dominio público internacional?

Quiero creer que no. Que todo esté siendo hecho contra la voluntad de nuestras autoridades y que Luanda, en último caso, haga una intervención eficaz y objetiva sobre todas esas infracciones denunciadas.

Ya hace tiempo se supo que brasileños estaban ocupando excelente terreno agrícola en Kwanza Sur para la producción de soya que sería reenviada a posteriori, y probablemente, como producto brasileño, para China.

Ahora esta extraña, absurda, anómala e incomprensible situación, la que se junta una vez más a la acusación de que China estará “exportando” condenados suyos para Angola. Recuerdo que ya hace cerca de 5 años, cuando mantenía responsabilidades asociativas, oí esta acusación que nunca me probaron. Pero….

Todavía, déjenme ser ingenuo, y no querer creer que el “internacionalismo” chino va a tal punto y que los subsidios financieros de China ya no sean sólo pagados por el petróleo.

Entre tanto, la agricultura de subsistencia de los angoleños, está desapareciendo en aquella región.

Y ¿a quién le interesa esto?…

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Eugénio C. Almeida, natural de Lobito, Angola, es Doctor en Ciencias Sociales y Relaciones Internacionales.

Traducción: Bárbara Igor (MISOSOAFRICA)

En Etiopía las tribus pasan hambre cuando usurpan sus tierras

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Por Guinguinbali Noticias

Mientras el mundo se prepara para concienciar sobre las cuestiones relacionadas con la pobreza y el hambre en el Día Mundial de la Alimentación,  “Etiopía continúa poniendo en riesgo la seguridad alimentaria y los medios de subsistencia de 200.000 indígenas tribales, hasta el momento autosuficientes”. Es la denuncia de la ONG Survival, atenta siempre a la situación de las poblaciones indígenas en el continente.

La usurpación violenta de tierras en el valle del Bajo Omo, en Etiopía, está haciendo que algunas tribus se vean desplazadas y no puedan cultivar su tierra, dejando a miles de personas  hambrientas y “esperando a morir”.

Tribus como los suris, mursis, bodis y kwegus están siendo violentamente expulsados de sus comunidades para dar paso al lucrativo proyecto de plantaciones en el valle promovido por el Gobierno etíope, según denuncia con motivo del Día Mundial de la Alimentación la ONG Survival.

Las fuerzas de seguridad están despejando brutalmente la zona para los enormes campos de algodón, palma de aceite y caña de azúcar, que privarán a las tribus de sus más valiosas tierras de cultivo y pasto. Confiscan ganado, destruyen almacenes de comida y ordenan a las comunidades que abandonen sus hogares y se trasladen a las zonas de reasentamiento designadas.

Un hombre mursi ha descrito a Survival International cómo el proceso de “aldealización” está destruyendo a su familia: “El Gobierno está tirando el sorgo al río. Ha cogido los cultivos y los ha tirado al río. Solo me quedan unos pocos sacos… Estamos esperando a morir. Estamos llorando. Cuando el Gobierno reúna a toda la gente en una aldea no habrá sitio para los cultivos y mis hijos pasarán hambre, no tendrán comida”.

Un hombre suri también ha relatado: “Despejaron la tierra. ¿Por qué ha vendido el Gobierno nuestra tierra? No hay pastos para el ganado. La gente tiene hambre… Estamos preocupados por el forraje. Estamos indignados y no tenemos esperanza”.

La polémica presa Gibe III en Etiopía es un elemento esencial del programa de plantaciones. Una vez completada, la presa pondrá fin a la crecida anual del río Omo e impedirá que las tribus usen sus fértiles orillas para plantar sus valiosos cultivos y alimentar al ganado.

Etiopía no ha consultado con ninguna comunidad indígena acerca de la construcción de Gibe III ni sobre sus agresivos proyectos de plantaciones en el valle, que es un lugar Patrimonio de la Humanidad de la UNESCO.

El director de Survival, Stephen Corry, ha declarado hoy: “En el Día Mundial de la Alimentación, la gente tiene que conocer la decisión de Etiopía de arrebatar a las tribus del valle del Bajo Omo de repente y su modo de vida autosuficiente. Durante generaciones estos pueblos han utilizado su tierra para cultivos y pastos para su ganado con el objetivo de alimentar a sus familias. Ahora les han quitado este derecho básico de una forma brutal, dejándolos hambrientos y asustados.

El régimen angoleño suma un nuevo “éxito”

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Por Orlando Castro (Portugal)

Cerca de 28 millones de personas del CPLP son desnutridas, siendo Angola, Mozambique, Guinea-Bissau y Timor Oriental los países más problemáticos, con 44%, 37%, 31% y 23% de desnutrición respectivamente.

Y como se sabe, con excepción de Angola, todos los otros países referidos son ricos, muy ricos.  ¿O será al revés?

“No basta aprobar leyes y estrategias.  Es necesario ir al origen del problema. Es necesario que produzcamos comida suficiente para alimentar a nuestros pueblos”, dijo la directora de la organización mozambiqueña Mujer Género y Desarrollo (MuGeDe), Saquina Mucavele, hablando en nombre de la Red de Organizaciones para la Soberanía Alimentaria (ROSA).

Tiene razón.  Pero está claro, es necesario dar tiempo al tiempo y comprender que en el caso de Angola, por ejemplo, el MPLA sólo está en el poder desde 1975, que el país sólo está en paz total hace diez años, y que el presidente de la República en el cargo – sin nunca haber sido electo – hace 33 años.

Ahora, para que dejen de existir cerca de un 70% de pobres en Angola, es necesario que el MPLA se mantenga en el poder ahí durante unos 30 años.

Mucavele dijo también que la seguridad alimentaria y nutricional depende, en gran medida, de inversión en agricultura, particularmente en los países pobres, donde la producción de alimentos  aun es muy baja, apelando a los gobiernos para que realicen más inversión para la producción de comida.

Esa recomendación, como es obvio, no tiene cabida en Angola.  Las preocupaciones del régimen están puestas en otras latitudes.  Entonces, el pueblo puede alimentarse muy bien de la mandioca que encuentre en las labranzas o de sus sobras.

A su vez, la Coordinadora de la Organización Mundial de la Agricultura y Alimentación (FAO) para el derecho a la Alimentación, Bárbara Ekwall, dijo que la pregunta que se instala es que la producción mundial de comida aumentó en los últimos años, pero que paradojamente, hay cada vez más personas padeciendo hambre.

Angola es uno de los países lusófonos con la mayor tasa de mortalidad infantil y materna y de embarazo adolescente, según las Naciones Unidas.

Pero eso qué importa? Importante es saber el hecho de que la hija del presidente, Isabel dos Santos, suma y sigue, incluso cuando se sabe que el régimen es uno de los más corruptos del mundo. ¿O será por eso mismo?

Sin embargo, muchos de los angoleños que raramente saben lo que es una refacción, podrán ciertamente alimentarse con el hecho de que la hija del presidente vitalicio es también dueña de los antiguos colonizadores.

La inversión pública y el aumento de la producción de petróleo (además robado de la colonia de Cabinda) va a permitir a los angoleños, o sea, al régimen, o sea al clan de José Eduardo dos Santos, crecer más de un 8% este año.

Los pobres también van a aumentar, pero ellos no cuentan en el análisis del Banco Mundial ni para las estadísticas de los países que tienen relaciones con Angola.  Lo que cuenta es, ahora y siempre, que Angola, el segundo mayor productor petrolífero de la África Subsahariana, va a crecer este año y a muy buen ritmo.

Todo, ciertamente, gracias al oro negro.  De hecho, el petróleo representa más del 50% del producto Interno Bruto de Angola, 80% de las recetas estatales y más del 90% de las exportaciones.

Es claro que, según los estándares generados por occidente, hay buenos y malos dictadores.  Muammar Gadhafi pasó a ser malo y Eduardo dos Santos continúa siendo bueno.  Mañana se verá.

Portugal continúa de rodillas delante del régimen de Luanda, tal como estaba en relación a Muammar Gadhafi que, citando a José Sócrates, era “un líder carismático”.  Tal vez un día llegue a la conclusión de que, finalmente, Eduardo dos Santos también es un dictador. No se, sin embargo, si alguna vez el lo va a decir.  Todo porque, diariamente el clan del presidente angoleño se vuelve dueño de las occidentales playas lusitanas.

¿Alguien todavía recuerda, por ejemplo, que en Marzo de 2009, en el Palacio de Belém, sólo dos periodistas de cada país tuvieron derecho a hacer preguntas a Cavaco Silva y a Eduardo dos Santos?

¿Se acuerdan que uno de ellos, ciertamente en el cumplimento de su profesión, pero claramente, revelándose contra las reglas de los dueños de los periodistas y de los dueños de los dueños de los periodistas, cuestionó a Cavaco Silva sobre ese eufemismo al que se llama “democracia” en Angola?

¿Se acuerdan que Cavaco Silva se limitó a… no responder?

¿Se recuerdan que el día 3 de septiembre de 2008, cuando el mismo Cavaco Silva hablaba en Polonia a propósito de las elecciones en Angola, dijo lo obvio (una de sus especialidades): “Deseo que las elecciones ocurran con toda la paz, sin ninguna perturbación, justas y libres como acostumbran decir las Naciones Unidas en los procesos electorales”?

¿Se recuerdan que, en esa época, como siempre Cavaco Silva nada dijo sobre el hecho de que cuatro organismos de comunicación social portuguesa – SIC, Expresso, Público y Visão – hubieran sido impedidos de entrar en Angola a cubrir las elecciones que fueron todo, menos justas y libres?

Finalmente, hoy, Cavaco Silva, aunque más comedido, continúa pensando de la misma forma que José Sócrates, Passos Coelho o Paulo Portas, para quien Angola nunca estuvo tan bien, incluso teniendo a un 70% de los angoleños en la miseria.

De hecho, como hace ya algunos años decía Rafael Marques, los portugueses sólo están mal informados porque quieren, o porque tienen intereses eventualmente legítimos pero poco ortodoxos y mucho menos humanitarios.

Cuesta creer, pero es verdad, que los políticos, los empresarios y los (supuestos) periodistas portugueses (hay excepciones, por supuesto) hacen un esfuerzo tremendo (si se quiere, bien remunerado) para intentar legitimar lo más equivocado que sucede con las autoridades angolanas, las que están en el poder desde 1975.

¿Alguien, pregunto yo, escuchó a Cavaco Silva recordar que el 70% de la población angoleña está afectada por la pobreza, que la tasa de mortalidad infantil es la tercera más alta del mundo con 250 muertes por cada 1000 niños? No, nadie pregunta, incluso porque él no responde.

¿Alguien lo oyó recordar que apenas el 38% de la población tiene acceso al agua potable y solamente el 44% dispone de saneamiento básico?

¿Alguien lo oyó recordar que apenas un cuarto de la población angoleña tiene acceso a servicios de salud, que en la mayoría de los casos, son de mala calidad?

¿Alguien lo escuchó recordar que el 12% de los hospitales, 11% de los centros de salud y el 85% de los puestos de salud existentes en el país presentan problemas a nivel de sus instalaciones, de la falta de personal y de carencia de medicamentos?

¿Alguien lo escuchó recordar que la tasa de analfabetos es bastante elevada, especialmente entre las mujeres, una situación que es agravada por el gran número de niños y jóvenes que todos los años quedan fuera del sistema educativo?

¿Alguien alguna vez lo oirá decir que el 45% de los niños angoleños sufren de desnutrición crónica, siendo que uno de cada cuatro (25%) muere antes de cumplir los cinco años?

¿Alguien alguna vez lo oirá decir que la dependencia socio económica en base a favores, privilegios y bienes es el método utilizado por el MPLA para amordazar a los angoleños?

¿Alguien alguna vez lo escuchará decir que el 80% del Producto Interno Bruto angoleño es producido por extranjeros; que más del 90% de la riqueza nacional privada es sustraída de las arcas públicas y está concentrada en menos de un 0,5% de la población; que el 70% de las exportaciones angoleñas de petróleo tienen origen en su colonia de Cabinda?

¿Alguien alguna vez lo escuchará decir que el acceso a la buena educación, a los condominios, al capital accionista de los bancos y de las aseguradoras, a los grandes negocios, a las licitaciones de los bloques petrolíferos, está limitado a un grupo muy reducido de familias ligadas al régimen en el poder?

No.  El silencio (o cobardía) es de oro para todos aquellos que existen para servirse y no para servir.  Y ese silencio dará, obviamente, derecho a ser convidado a pasar las vacaciones en la casa flotante (de la foto) de Isabel dos Santos, la hija del presidente.

 Vea el Yate de Isabel dos Santos (Artículo)

Orlando Castro es Angoleño-portugués. Reside actualmente en Portugal donde desarrolla su trabajo como periodista independiente y Escritor.

Traducción: Bárbara Igor (MISOSOAFRICA)

“Las multinacionales nos están robando la comida” – Uganda

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Peter Baleke Kayiira y Janet Mary Akiteng son dos activistas ugandeses que acompañaron las actividades en el marco de la semana de la lucha campesina, que Veterinarios sin Fronteras  lleva a cabo bajo el nombre “Paren, Aquí Vive Gente”.  Es a través del  diario El País que estos activistas nos dan a conocer su historia.

 

“La historia de Peter Baleke es como la de David y Goliat pero al revés. Aquí no impera la justicia poética y el fuerte le está ganando al débil. A David lo encarnan 400 familias campesinas de uno de los países más pobres(*), Uganda. Y a Goliat, la suma del Gobierno ugandés y la multinacional alemana Neuman Kaffee Gruppe.

El 18 de junio de 2001, un representante del Gobierno ugandés reunió a las 400 familias (unas 2.000 personas) que residían en la región de Madudu (en Mubende, Uganda central) para anunciarles que el Gobierno había cedido sus tierras, 2.500 hectáreas, a una multinacional alemana. Antes de finales de agosto debían abandonarlas. Sin compensación económica ni un sitio alternativo al que ir.

“En mi país si no produces tu propio alimento no tienes qué comer. El 80% es agricultura de subsistencia. ¿A quién beneficia que vengan las multinacionales a producir alimentos a precios que no podemos pagar? Desde luego no a nosotros, nos roban la comida”, se indigna Baleke. “Eligieron nuestras tierras porque eran las más fértiles”. Él dirigía entonces la escuela de uno de los poblados afectados, Kitemloa, y organizó una colecta para contratar a un abogado. “No soy el más ilustrado, pero sí el más audaz y conozco las leyes”.

Ante la resistencia de los campesinos, el 18 de agosto intervino el Ejército, quemando casas y golpeando a los vecinos, echándolos por la fuerza. Las familias huyeron al bosque, donde varios niños y ancianos fallecieron por las precarias condiciones de vida, denuncia Baleke. El 24 de agosto, la multinacional se instaló en la zona. Un año más tarde los campesinos presentaron una denuncia civil.

Han pasado dos lustros y su causa está arrinconada. Hasta siete jueces se han hecho cargo del caso, que desde el 11 de abril espera que un octavo juez lo herede. “¿De qué sirven las leyes si luego los jueces no hacen su trabajo?”, se duele Baleke. Para más inri, la multinacional vende el café en las redes de comercio justo. “Este tipo de comercio necesita mecanismos de control porque contradice sus principios”, se queja, y apela al boicoteo por parte de los consumidores europeos y a la importancia de que las ONG enseñen a los oprimidos a defender sus derechos. “Las leyes están para cumplirlas”, dice blandiendo a pesar de todo con orgullo la Constitución de Uganda.

(*) nos resulta importante destacar que hablar de pobreza en este contexto, tiene que ver con las condiciones de vida de la población y no necesariamente con los recursos con que este país cuenta.

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ETIOPÍA Y SU BUEN CAFÉ

Reflexiones en torno a la Crisis Alimentaria (Primera Parte)

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Por Bárbara Igor (MISOSOAFRICA)

“… la alimentación es un derecho, pero lamentablemente en la actualidad no pasa de ser un negocio que, en la mayoría de los casos, ha derivado en un triste vicio que no se ha querido reconocer como tal…”

Hay quienes no tienen más alternativa que la de alimentarse de la luz solar.

Revuelo ha causado estos últimos días, la noticia de la muerte de una mujer suiza, víctima de inanición voluntaria, y si se quiere, ideológica. No estamos hablando de las ya tan comunes a nosotros “huelgas de hambre”, sino que de un particular caso en donde la figura de la espiritualidad, se vuelve materia de discusión. Dicha mujer, la que curiosamente perdiera la vida hacia febrero del año 2011, según indican las fuentes periodísticas, sólo ha hecho noticia esta última semana.

Su decisión de renunciar a la comida habría estado avalada por un video documental en el que dos hombres, un místico indio y un científico occidental, aseguraban que era posible la subsistencia sólo por medio de un recurso que, si bien sabemos es fundamental para cualquier expresión de vida, nunca llegaríamos a considerar como a un único componente de nuestra dieta: la luz del sol.

El miércoles pasado, sin ir más lejos, NAT GEO exhibía por su señal de cable, Tabú Brasil, un programa especialmente dedicado a, como su nombre bien lo indica, los tabúes alimentarios de dicho país. De entre varios reportajes, era posible acompañar la experiencia de dos personas que habían decidido en un determinado momento de sus vidas, dejar de considerar la comida como necesaria para su subsistencia. De este modo, una mujer aseguraba haber pasado cerca de 3 meses sin probar bocado, mientras que, un joven aseguraba que desde el año 2010 sólo se alimentaba de la energía solar y de jugos naturales que ingería sólo cuatro veces por semana.

Sin mostrar mayor pérdida de energía ni debilidad, había renunciado a todo tipo de alimento sólido sin ver por esto mellada su capacidad deportiva ni intelectual. En términos simples, el vivía una vida como cualquier otra, con la absoluta conciencia de que su decisión no era perjudicial para su propia salud, hecho que le llevaba, inclusive, a difundir su estilo de vida por medio de charlas y de pasquines.

Ha sido también esta semana que nos hemos enterado de una nueva dieta que está revolucionando el mercado de la estética: la alimentación por sondas. La seguridad que este sistema garantiza a quienes la prueban y la efectiva pérdida de peso, la ha convertido en la dieta favorita de europeos y norteamericanos, siendo posible perder 10 kilos en 10 días.

Pero ¿a que viene toda esta introducción?. Mucho se ha cuestionado por parte de las ciencias médicas la irresponsabilidad frente a las dietas que intentan reemplazar productos que parecen fundamentales para la dieta humana, como lo son la carne, la leche y los vegetales. El boom del vegetarianismo y en su versión extrema, el veganismo, ha puesto en tela de juicio muchas de las teorías alimentarias occidentales. No es secreto para nadie que la dieta de un hombre como Gandhi sólo se basaba en el consumo de sumos frutales, vegetales crudos y legumbres, y que aun así vivió una larga vida, interrumpida sólo por su lamentable asesinato. Pero tenemos también su contraparte, jóvenes intentando imitar su ejemplo, víctimas de anemia o sin ir más lejos, el caso que mencionáramos al principio, de una inanición que desembocó en la muerte.

Nuestra pregunta entonces va por las siguientes directrices: en una sociedad donde la comida parece un bien de consumo de acceso indiscutible al menos para aquellos que se deciden por prescindir de ella, y si la información sobre una buena alimentación es material de cabecera para cualquiera de nosotros, ¿cómo es que surgen estos ejemplos que en una primera instancia, no podemos más que considerar rayanos en la autodestrucción?

Entendemos el ayuno como una tradición a la que muchas culturas echan mano por los más diversos motivos, los que van desde la idea de la austeridad hasta el castigo del cuerpo y la penitencia. Pero ¿quién se ha preguntado una vez, cómo es que el bombardeo alimentico del que estamos siendo víctimas en la actualidad, nos está influyendo?

El boom de los programas de televisión que tienen como protagonista la cocina, el surgimiento diario de productos que garantizan ser más saludables que los ya conocidos, y más aun, de desarrollo sostenible. La aparición constante de nuevas dietas, productos extra vitaminizados capaces de mejorar nuestro aspecto, incluso nuestro color, nuestra memoria, regular nuestro colesterol y otros que simplemente, al ser consumidos, elevan nuestro estatus en términos sociales.

No tengo los antecedentes de cuándo esto comenzó, pero dando una vuelta una noche cualquiera por la televisión, resulta posible encontrarnos con realizaciones que van desde lo más simple, como es el caso de un amigable chef enseñando las más variadas recetas, hasta los más cosmopolitas, donde generalmente un sujeto carismático va “descubriendo la cultura de cada país” probando en un día todos los manjares que su estómago le permite. También los hay aquellos de fábricas de tortas, en donde enormes equipos de gente cumplen tu sueño por medio de la realización de una torta de cumpleaños espectacular, como también tenemos aquellos en los que cierto chef estrella, capacita a otros tantos en una suerte de reallity de la humillación; y por supuesto, su infaltable versión para niños. Ya en su expresión más desenfadada y sincera tenemos al hombre que compite con la propia cocina, desafiando a cantidades ingentes de comida chatarra a ser devoradas. ¡Buena Salud a todos estos programas! que en buena medida se atreven a darnos un pequeño indicio de lo que estamos haciendo con nosotros mismos y si se me permite decirlo, nos dan una respuesta a la existencia de fenómenos como el de aquella mujer de 50 años, muerta por inanición voluntaria, en un país como Suiza, en pleno siglo XXI.

Comencemos por preguntarnos, – y muchas de las preguntas que nos hagamos probablemente no tendrán una respuesta en esta entrega, pero por ahora nos basta con plantearlas- ¿en qué momento la alimentación y por ende la comida, dejaron de ser la base de la subsistencia humana, cuyo valor yacía en su capacidad de perpetuar la vida, para convertirse en un valor de mercado, en simple mercancía; en lo que actualmente conocemos como el “agronegocio”?

Muchas veces nos jactamos de nuestra dieta balanceada, de nuestra capacidad de reconocer lo que es beneficioso para nuestro cuerpo y lo que no lo es, y también, muchas otras veces hacemos alarde de nuestra contribución con el medio ambiente, al escoger unos productos por sobre otros. Pero antes de comprar, ¿quién realmente se pregunta sobre la cadena de producción que permitió que dichos productos, todos saludables y capaces de hacer de nuestra vida una verdadera fiesta de sabores, llegaran hasta nosotros?

Muchas otras veces y aprovechando la reciente Semana Santa para ejemplificar, ¿no nos hemos visto acaso sentados a la mesa agradeciendo a Dios y a la vez, implorando por aquellos que no tienen nada para llevarse a la boca en ese mismo momento? Ciertamente no hay nada de malo en esto, pero me parece que más que agradecer nuestra buena fortuna y la posibilidad de acceder a nuestros sofisticados platos marinos, podríamos preguntarnos ¿cómo es que por ejemplo en África la crisis alimentaria no ha podido ser paliada, si no que más bien sólo se ha visto acrecentada? Y probablemente no nos preguntemos esto, porque sabemos que la respuesta está en los manjares que estamos próximos a disfrutar.

No es novedad para nadie que la costa africana está siendo constantemente arrasada para que en nuestras mesas “no falte el pan de cada día”. También es cierto que las tierras a muchos campesinos les han sido compradas a precios irrisorios o simplemente expropiadas por el estado para ser vendidas a empresas extranjeras, reduciendo así la posibilidad del cultivo de subsistencia para sus naturales. A esto podemos agregar la novedad de la privatización de las aguas y los suelos más productivos de muchos de los países del continente. No es muy diferente la situación en América Latina, pero como África continua siendo un continente con una mayoría de población rural significativa, no podemos dejar de considerarla. Para que decir de todos aquellos terrenos expropiados para el cultivo de la materia prima de los agro combustibles “no contaminantes” y de última generación. La enumeración de estos eventos no tendría fin. Y nuestro objetivo es instalar una problemática para ser desarrollada gradualmente.

Las estadísticas indican que en la actualidad serían mujeres y niñas las principales víctimas de la hambruna en el continente africano, así como también, que el problema de la hambruna sería particular de las regiones rurales, motivo por el cual se subentiende una necesidad de replanteamiento de las políticas agrícolas y por ende, del agronegocio.

Y porque el problema no pasa solamente por la carestía, podemos revisar las siguientes cifras manejadas por la FAO y hechas públicas en uno de los tantos informes de Veterinarios Sin Fronteras:

“El estado de la inseguridad alimentaria en el mundo” de 2010 cifraba en 925 millones las personas subnutridas en el mundo. La inseguridad alimentaria, entendida como la falta de acceso a una alimentación suficiente, nutritiva, inocua y culturalmente adaptada, afecta a otros 1.300 millones de personas que sufren “deficiencias nutritivas” además de a otros 1.000 millones de personas que sufren de obesidad (ibíd.)

Porque no está de más decirlo: la alimentación es un derecho, pero lamentablemente en la actualidad no pasa de ser más que un negocio que en la mayoría de los casos ha derivado en un triste vicio, que no se ha querido reconocer como tal.

Frente a todo esto, al bombardeo que existe sobre la alimentación, no es ilegítimo cuestionarnos si acaso realmente necesitamos las cinco frutas y las cinco verduras diarias que los programas del gobierno promueven, o los dos vasos de leche, la proteína animal y por cierto, el omega tres de los salmones y el atún, y ya siendo más extremistas, si realmente necesitamos esas 4 refacciones diarias que nos han enseñado a tomar desde niños, tan ricas en vitaminas y minerales. Cuando pienso en esa mujer que últimamente ha muerto en Suiza como consecuencia de inanición y luego en todos esos jóvenes, en su mayoría, que juran de pies juntos que una taza de arvejas puede suplir a dos vasos de leche, me pregunto si todo esto no es más que nuestra nueva manera de resistir a un mercado que se muestra violento, amenazante e incluso aun más nocivo para nuestra salud, que la propia dieta de la luz.

Los invito entonces a sacar sus propias conclusiones.

IMÁGENES: PITBOX / LA HIPNOTERAPEUTA

REF: Veterinarios sin Fronteras

REF: NATIONAL GEOGRAPHIC

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Este post está dedicado a mi gran amigo Cristián Vergara, gracias a quien MISOSOAFRICA fue posible.

MISOSOAFRICA: Bárbara Igor Ovalle (1982), natural de Santiago de Chile. Es Licenciada en Artes, actualmente coordina las publicaciones en el presente espacio.

Etiopía y su buen café.

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Por Bárbara Igor

El café se ha convertido en la actualidad en una de las mayores entradas económicas del país. Etiopía genera importantes cantidades de empleos tanto directos como indirectos gracias a la producción del café, siendo ciertamente los etíopes los primeros consumidores de su producto, pese a estar destinado mayoritariamente a la exportación. Entre 200 y 250 mil toneladas son producidas anualmente en Etiopía.

Los etíopes aseguran que sus altas tierras son el lugar de origen de este grano. Cuenta la leyenda que las cabras, naturales de la región, probaron los granos y comenzaron a comportarse de una manera “alocada”, y fue así como los pastores osaron también probarlo, dando origen a la tradición de beber café.

En Etiopía el café y la socialización parecen ir de la mano. Las familias se reúnen en torno a la ceremonia del café, que determina un claro sentido de pertenencia. Cada familia etíope al menos una vez al día se junta en torno a una jarra de café.

A la fecha, cerca del 80% de los etíopes viven de esta industria, siendo la fuente principal de sus ingresos. Pero esto no es necesariamente índice de la accesibilidad que existe en torno a esta bebida. Una taza de café en una cafetería etiope, cuesta cerca de 50 centavos de dólar, mientras que en la calle, comprar un vaso de café a un vendedor informal, puede llegar a costar 10 centavos. Pese a esto, se estima que los etíopes beben un promedio de 4 tazas al día.

Entre 2000 y 2003, los precios mundiales del café cayeron en picada, y Etiopía perdió casi el 59% de sus ingresos, lo que empeoró una crisis humanitaria y alimentaria que aún continúa(1).

Los productores, que en su mayoría cultivan en terrenos de no más de una hectárea, reciben menos del 5% aproximado de las ganancias que se obtiene en la industria del café. El resto es recibido por los actores de la industria internacional, los que controlan el valor de venta al cliente final. En este proceso, en el que intervienen al menos una cadena de 4 agentes, son los importadores extranjeros, los tostadores y los vendendores finales quienes se llevan la mejor parte.

Hablando en términos estadísticos sobre estas ganancias, la ONG Comercio Justo especula con las siguientes cifras:

Agricultor: 2% de las ganancias sobre el precio final de la venta café.

Exportador: 3% de las ganancias sobre el precio final de la venta café.

Transportista: 6% de las ganancias sobre el precio final de la venta café.

Tostador: 64% de las ganancias sobre el precio final de la venta café, siendo los tostadores más importantes las industrias Kraft y Nescafé.

Comerciante: 25% de las ganancias sobre el precio final de la venta café.

En los últimos años, diversas empresas e instituciones, lo mismo que el gobierno de Etiopía, han intentado revertir esta situación que a todas luces no es justa para sus agricultores. Sin embargo no es visto aun con muy buenos ojos el compromiso que empresas como Starbucks han asumido en relación a instaurar nuevas políticas de apoyo a los cafeteros. Más bien se ha pensado que no sea más que una manera de limpiar su dañada imagen en lo que a asuntos de ecología, responsabilidad social (emblema de la empresa Starbucks) y comercio justo respecta.

A la espera de una real mejoría de las condiciones de comercialización de este producto, el café etíope continua siendo y probablemente será el mejor café que puedas llevar a tu mesa.

Índices y Referencias: TVE

Índices y Referencias: Comercio Justo

Imagen: Blogabay