Por Bárbara Igor (MISOSOAFRICA)

Cuando nos adentramos en el conocimiento del continente africano, muchas veces nos sorprendemos por las ideas preconcebidas que teníamos y cuyo origen muchas veces hasta desconocemos. Que África es un continente atrasado, que antes de la conferencia de Berlín en África no existía ningún tipo de organización social, ni lengua como tal constituida, son cosas que a diario escuchamos de boca de muchas personas, no necesariamente privadas de escolaridad, si no que de personas la mayoría de las veces instruidas.

Pero siendo así, no queda más que preguntarnos, ¿de dónde vienen todos aquellos prejuicios?, que si bien tienen su base muchas veces en la ignorancia, no puede ser sólo a ella a la que le adjudiquemos la creación de ideas comunes a todos los que no tienen conocimiento cabal de la historia de África. ¿De dónde entonces surge la mala fama que el continente africano ha sufrido en el mundo occidental?

El poeta palestino Mourid Barghouti muy sabiamente una vez escribió, que si se quiere despojar a un pueblo, la forma más simple es contar su historia poniéndolo en segundo lugar, o dicho en sus propias palabras, comenzando el relato con un “en segundo lugar” (1)

Quizás las palabras de este poeta nos den una señal de cómo abordar tan complejo tema, si juzgamos que la historia oficial de África, como la de América, rara vez no comienza con el proceso de colonización. Por tanto, una primera respuesta del origen de este discurso, la encontraremos en el colonialismo.

Africa y los discursos del colonialismo.

Es en el siglo XV que comienza la exploración europea en las costas occidentales de África, como resultado de las expansiones marítimas y de la búsqueda de nuevas rutas a Asia, específicamente a la India.

El etnocentrismo de los pueblos europeos, les hacía considerar que al sur de los márgenes de lo que ellos conocían, existía África, o como ellos la llamaban, “Etiopía”, tierra caliente, imposible de ser habitada por blancos, y que por lo tanto era exclusivamente habitadas por los “etíopes” o los horribles “hombres de caras quemadas”. Además de no tolerar las diferencias fisonómicas existentes entre ellos y los melano-africanos, para los europeos era prácticamente imposible considerar cualquier otra forma de constitución social que no fuese la propia.

El color negro y el mal resultaban ser sinónimos en la edad media. Mientras que las parábolas medievales representaban a los ángeles como figuras blancas celestiales, los demonios siempre eran representados como los “etíopes”, habitantes de tierras calientes, calientes como el mismo infierno.

Así como el valor tonal “negro” era asociado con el mal, los autores medievales por medio del Génesis explicaban el porqué de la existencia de los pueblos melanodermes mediante la parábola de Noé, quien ante la falta de respeto de su hijo, maldice su descendencia a vivir “en las tierras iluminadas por un sol que quemaba” volviéndolos negros.

Muchos escritos relataban la existencia de figuras “asombrosas” habitando África. Por otra parte la casi nula existencia de fronteras entre los africanos y los animales, era interpretada por la incomprensión del explorador europeo como una involución, un retroceso del hombre africano hacia la animalidad. En el siglo XI, Vicente de Breauvais escribió que el clima caliente dejaba a los “etíopes” (los melano-africanos) padeciendo diversas enfermedades, mientras que Marco Polo en el siglo XIII, describió a los Zanzíbares como “la cosa más fea que se puede ver”. Por otro lado, John Locke, ya hacia 1561 afirmaba que en África vivían “bestias sin casas” a lo que agregó: “Tampoco tienen cabezas, tienen la boca y los ojos en su pecho”

Estos son sólo algunos de los discursos que se conocen y que justificarían en buena medida el origen de los prejuicios existentes contra el continente africano y sus naturales. Dichos discursos, cabe destacarlo, no están basados en la ignorancia, conforme a la época en que fueron emitidos. Estos discursos la mayoría de las veces de construcción cristiana y carentes de toda inocencia, cumplían con la función innoble de justificar la esclavitud y ayudar a imponer estereotipos, los que hasta ahora son asociados a la población melano-africana.

África y el exotismo.

Ya hacia el siglo XX surge el tarzanismo, que como su nombre lo indica, no es más que una manera de ver África a través de la figura de Tarzán, representante absoluto de lo exótico en el cine hollywoodense, el que sin más ni menos, instaló en generaciones de occidentales la idea de un África salvaje, protagonizada por animales y hechiceros de tierras inhabitables.

Dicho sea de paso, resulta importante recordar cómo también los latinoamericanos hemos sufrido las consecuencias de la exotización de nuestra cultura y nuestro continente. Y posteriormente el flagelo de las dictaduras y las guerras civiles, que reales o no, tuvieron similares consecuencias.

Inestabilidad Política y Social.

Como si de continentes hermanos se tratara, varios de los países africanos se vieron afectados guerras civiles hasta entrado el siglo XXI, muchas de las cuales motivadas por conflictos tribales y financiadas por intereses económicos extranjeros, los mismos que motivaran la colonización, pero bajo otra máscara. Por otra parte, la existencia de dictaduras aun en la actualidad, muchas de ellas disfrazadas de democracia, ha constituido un verdadero impedimento para la edificación de sociedades más justas. Junto con esto, los medios de comunicación evidencian las falencias tales como la falta de una estructura política y socioeducativa, asi como las calamidades que cada tanto el continente padece: mortandad infantil consecuencia de la hambruna, propagación de epidemias, sequías, muerte por enfermedades curables, entre otros.

Es de importancia señalar que muchos de los países africanos no han logrado organizarse luego de la independencia ocurrida sólo en el siglo XX, así como también, muchos de los problemas sociales del África de hoy, no son más que herencia de la colonización. Un ejemplo lo encontramos en prácticas tales como el machismo, que antes de la llegada de los europeos no era comun en el continente, menos aun considerando que muchas de sus sociedades presentaban rasgos de base matriarcal en su constitución.

Chimamanda Adichie, célebre escritora Nigeriana, ejemplifica muy bien como es que estos discursos, prejuiciosos como hemos visto hasta ahora, han logrado convertirse en oficiales, o en otras palabras, en prácticamente lo único que se nos enseña sobre África.

Ella nos explica en terminos simples como la lengua Igbo cuenta con un sustantivo que resulta adecuado para cuando hablamos o pensamos el poder. Nkali es la palabra y quiere decir “ser más grande que el otro”. Las historias, según Adichie, también podrían ser definidas sobre la base de este principio Knali.

“Cómo, cuándo y por quién” son contadas las historias de los pueblos, depende del poder. Y este poder yacería en la capacidad de hacer de esta historia, la historia definitiva, el discurso oficial. Por eso, cuando los pueblos son tratados como “cosas” y de ellos se cuenta una y otra vez una misma historia, que en el caso de África sería la historia de sus países en desesperación, sin salida posible de las guerras, el SIDA o la hambruna; la historia termina por convertirse en la única perspectiva posible de conocer…

(1) Cita del coloquio dictado para TED por la escritora nigeriana Chimamanda Adichie.

Imágenes:

pitchinvasion.net

History Blog

Africa Heritage Society

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