Por Carla Habif*

 

Desde diciembre de 2010, el mundo está con la mirada puesta en la ola de revoluciones denominada Primavera Árabe, ocurrida en países donde el objetivo de la población civil es conseguir más democracia.  Primavera es la estación de las flores.  Flores, a su vez, recuerda a las mujeres.  No porque son delicadas, o porque muchas de nosotras las consideramos un presente cariñoso.  Si no porque existen millares de especies, con los más diversos colores e incontables aromas.  Así como nosotras, mujeres, el infinito enigma masculino.

Hablemos entonces aquí, apuntando ejemplos de acción y coraje, de la participación de las mujeres en las manifestaciones y revueltas de la Primavera Árabe.

Para comenzar, si, ellas están involucradas desde el comienzo.  Puede no ser sorpresa para aquellas que están familiarizadas con el feminismo de los países árabes, ya que las mujeres representan uno de los grupos que más defiende a la sociedad civil en la región de Medio Oriente.  Pero aun así, es novedad para mucha gente.

En muchos de estos países, las mujeres son sometidas a las denominadas “leyes tutelares”, que las califican con un estatus social minoritario y, la mayoría de las veces, limita sus derechos.  De esta forma, ellas saben bien el peligro de una supuesta democracia extendida sólo para una parte de la población.  Además de eso, las protagonistas de este texto tienen sus motivos para desconfiar de revoluciones llevadas a cabo por los hombres de la sociedad.  En diversas ocasiones en la Historia, ellas vieron como una revuelta social no tuvo los resultados esperados para el ala femenina de los revelados.  Un ejemplo de eso fue la Guerra de Argelia, en la cual mujeres fueron a las calles y lucharon mano a mano con los hombres, pero, una vez vencido el colonialismo francés, las leyes impuestas las mantenían dentro de casa al servicio exclusivo del marido.

Debido a casos de este tipo, las mujeres de los países árabes – conscientes del pasado de sus sociedades – quieren tener la seguridad de que el camino de la democracia no se desviará de su propio destino.

Como sabemos, cada país que pasa o pasó por los movimientos de la Primavera Árabe, posee diversas particularidades, como la participación de grupos y organizaciones en cada uno de ellos.  Veamos casos ocurridos en Túnez y en Egipto.

En Túnez, cuna de las revueltas, algunos estereotipos pueden ser retirados de escena.  Luego de la independencia de Francia en 1956, el nuevo gobierno abolió la poligamia y estableció la igualdad de las partes en el casamiento, divorcio y custodia de los hijos.  Algunos años después, se estableció la edad mínima para el casamiento (18 años) y el país adoptó penalidades relativas a la violencia doméstica.  Con buena parte de la sociedad secular, las mujeres tienen acceso a métodos anticonceptivos desde 1962. Derecho al aborto desde 1965.  Aun así, las hijas podían heredar la mitad de lo que los hijos, y el  marido tenía derechos sobre propiedades adquiridas por su esposa durante el casamiento.

De esta forma, las tunecinas estaban listas para participar – inclusive ponerse al frente – de las revueltas democráticas.  Lina Ben Mhenni, bloguera activa, fue probablemente una de las primeras en alertar al mundo sobre las protestas tunicinas en diciembre de 2010.  Ella continuó y continúa hasta hoy, a pesar de las amenazas y censuras que sufre.

En las calles, era posible ver mujeres en masa luchando por los derechos de la sociedad.  Algunas usando jeans, otras velo e inclusive minifalda.  Adolescentes, abuelos, madres.  Casadas, divorciadas y Solteras.  Ellas estaban allá, en la lucha por el derrocamiento de un déspota, y fueron ejemplo para una amplia región.

Pero, realizar una revolución es sólo un paso.  Construir una nueva sociedad es otro.  La feminista Raja bin Samala, critica activa de la subyugación femenina por el fundamentalismo islámico, pidió públicamente que las nuevas leyes de Túnez se embasaran en la Declaración Universal de los Derechos Humanos.

Todavía bajo presión, ellas continúan en su lucha.  Khadija Cherif, excabeza de la Asociación Tunecina de las Mujeres Democráticas, garantiza que la lucha por la separación entre Estado y religión, continuará.  En sus palabras, “la fuerza del movimiento feminista tunecino esta en el hecho de que nosotros nunca lo separamos de la lucha por la democracia y por la secularización social”.

En Egipto, la sociedad siguió el ejemplo de Túnez en busca de un gobierno democrático y se puede decir que las mujeres contribuyeron mucho para eso.  A pesar de décadas de censura, el movimiento feminista egipcio de larga data sobrevivió todo este tiempo.  También en el pasado ellas fueron activas, habiendo cumplido un importante papel en la revolución contra los británicos en 1919.  Pero, después de la independencia, fueron ignoradas por el partido Wafd, que tomó el poder.  El movimiento feminista irrumpió en 1923, cuando Huda Sha’rawi arrancó su propio velo en público.  Desde entonces, permaneció tan activo como le fue posible, bajo una autocracia, en las últimas décadas, abrazando diversas ONGs y activistas.

La participación de la mujer egipcia pudo comprobarse a través de su presencia en masa durante las revueltas de Plaza Tahir.  De acuerdo con Amal Abdel Hady, de la Fundación Nueva Mujer, el número inferior de mujeres, en comparación al de los hombres, se justifica tanto por pasados episodios de abuso sexual, como por la simple falta de atención de los medios en el papel ejercido por ellas en este episodio.

De cualquier forma, fue una mujer de 26 años, una de las primeras en recibir reconocimiento por la acción de la sociedad egipcia en Tahir.  El día 18 de Enero de 2011, Asmaa Mahfouz publicó un video en Youtube y en Facebook en el cual declaraba que las mujeres deberían ir e irían a las manifestaciones del día 25, con tanta o más virilidad – por así decirlo – que muchos de los hombres.  El video no demoró en viralizarse, y la planeada breve manifestación se volvió, de por sí, una revolución.

Otros dos ejemplos a ser citados son Amaral Sharaf y Nadine Wahab.  La primera, profesora de Inglés, con 36 años y madre soltera y miembro del Movimiento Juvenil 6 de Abril, pasó días y noches en el pequeño escritorio de la organización supervisando un equipo de hombres trabajando por la revolución.  La segunda, egípcia de nacionalidad americana y especialista en nuevos medios, se volvió responsable por un importante cargo en Google, aumentando la divulgación online.  Cabe citar también a las Mujeres de Egipto, un grupo de Facebook , que publicó una galería de fotos demostrando el papel femenino en las manifestaciones.

Aun así, desde la renuncia de Hosni Mubarak, la voz de la mujer ha sido dejada de lado en el diálogo político.  De forma deplorable, el comité responsable por la reformulación de la constitución excluyó no sólo la participación de mujeres, pero de especialistas en derechos femeninos.  En respuesta, el Centro Egipcio para el Derecho de las Mujeres publicó una declaración denunciando la exclusión.  El documento fue firmado por 102 organizaciones femeninas de Egipto.

En tanto, mujeres fueron y continúan siendo activas por toda la región donde la Primavera Árabe se ha extendido.  Yemen, Libia, Siria, Bahrein… No hay lugar en el cual no se encuentre el papel femenino en los cambios ocurridos y en aquellos aun  por ocurrir.

Estas mujeres, como muchas a lo largo de la Historia, merecen más que un homenaje por actuar en locales hostiles a su participación social  o incluso por querer hacer valer sus derechos.  Merecen el reconocimiento mundial – y local – de su papel como mujeres en sus respectivas sociedades y como ciudadanas.

     “We see women, Islamist or not Islamist, veiled or not veiled, coming together and leading what’s happening on the ground… We’ll never go back to square one.” – Magda Adly, miembro del Centro El Nadim de Rehabilitación para Víctimas de Violencia.   

Carla Habif es natural de Río de Janeiro, Brasil.  Historiadora graduada en la Universidade  Federal Fluminense, es especialista en Relaciones Internacionales, en el área Política Internacional en  Medio Oriente.

Traducción: Bárbara Igor (MISOSOAFRICA)

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