Nigeria y Sudáfrica, enemigos íntimos.

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“Esta noticia, presentada en Guinguinbali en el mes de marzo, cobra especial vigencia tras la elección de la sudafricana Nkosazana Dlamini-Zuma como nueva presidenta de la Unión Africana”

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Las relaciones entre las dos grandes potencias africanas, Nigeria y Sudáfrica, se han deteriorado de manera notable en los últimos meses. La gota que ha colmado el vaso ha sido la expulsión, el pasado 2 de marzo, de 125 ciudadanos nigerianos cuando intentaban entrar en el país sudafricano. La respuesta no se hizo esperar: Nigeria ha rechazado la entrada a un centenar de sudafricanos desde entonces. Detrás de este conflicto se esconde una pugna sorda por el liderazgo africano.

Nigeria y Sudáfrica son las dos grandes locomotoras africanas. Dos países de gran población (Nigeria, unos 160 millones de habitantes, es el país más poblado del continente; Sudáfrica ocupa el quinto lugar con 50 millones), economía poderosa (Nigeria sobre todo basada en el petróleo y Sudáfrica minería, turismo y comercio) y capacidad de liderazgo en sus respectivas subregiones, África occidental y África austral. Sin embargo, entre ellas algo no va bien y toda África puede sufrir las consecuencias.

El pasado 2 de marzo, el régimen de Pretoria expulsaba a su país a 125 ciudadanos nigerianos que habían aterrizado en el aeropuerto de Johanesburgo. Y la respuesta de Abuja fue inmediata: desde entonces, ha rechazado la entrada en el país de un centenar de sudafricanos, todos ellos con sus papeles en regla para entrar en el país. El ministro nigeriano de Asuntos Exteriores, Oulgbenga Ashiru, ha ido incluso más allá y ha amenazado con tomar medidas contra las empresas sudafricanas establecidas en Nigeria.

La tensión subió tanto que el Gobierno sudafricano se vio obligado, la pasada semana, a elaborar un comunicado público de disculpas por el “desafortunado incidente” del 2 de marzo, lo que parece haber calmado un poco los ánimos, al menos en la superficie.

Sin embargo, lo que se esconde detrás de esta minicrisis de los expulsados es la batalla sorda entre los dos pesos pesados africanos por extender su influencia más allá de sus regiones naturales y ejercer un mayor control sobre las decisiones que se adoptan en el continente africano. Algunos acontecimientos de los últimos meses son reveladores.

En primer lugar está el papel jugado por Sudáfrica en la crisis marfileña. El gobierno presidido por Jacob Zuma fue uno de los pocos que mostró su apoyo al ex presidente Laurent Gbagbo, frente al cerrado sostén a Alassane Ouattara del gobierno que preside Goodluck Jonathan. En ese contexto, la Unión Africana envió una misión de mediación a Abidjan encabezada por el ex presidente sudafricano Thabo Mbeki, amigo declarado de Gbagbo, misión que, por cierto, fracasó por completo en su intento de hacer recapacitar a Ouattara y que se produjera un nuevo recuento de votos de las elecciones marfileñas celebradas en noviembre de 2010. Como es sabido, la situación acabó degenerando y estalló un conflicto que costó la vida a más de 3.000 personas y se cerró con la intervención militar francesa y de la ONU para derrocar a Gbagbo y situar a Ouattara en el sillón presidencial.

A Nigeria no le gustó nada esta posición sudafricana y vivió como una injerencia en los asuntos de África occidental aquel apoyo a Gbagbo y la mediación de Mbeki. Durante la crisis libia se vivió una situación parecida, con posturas encontradas entre ambas diplomacias.

Este conflicto se ha trasladado al terreno de los organismos internacionales, del que ha sido claro ejemplo en las últimas semanas el intento de Sudáfrica por quedarse con el puesto de presidente de la Comisión de la Unión Africana. Rompiendo una regla no escrita por la que ningún representante de un país “grande” debe ocupar este cargo, Pretoria presentó a su ministra del Interior, Nkosazana Dlamini-Zuma, en la última cumbre de la UA frente al candidato “francófono” Jean Ping. Al final, fue imposible alcanzar el consenso necesario y la decisión se ha pospuesto hasta el próximo mes de junio.

En realidad, lo que Sudáfrica pretende es extender su influencia más allá de África austral y jugar un papel preponderante en las decisiones a adoptar por la Unión Africana, lo que ha sentado mal en Nigeria.

El otro escenario donde se está viviendo este conflicto es Naciones Unidas, donde Nigeria y Sudáfrica han presentado sus credenciales para ocupar un sillón permanente en el Consejo de Seguridad en el caso de que salga adelante la ampliación de este organismo y se reserve un puesto al continente africano.

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