La lenta batalla contra la mutilación genital femenina

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LAURA GALLEGO

Islas Canarias 06/02/2012

Hoy, en el Día Mundial contra la mutilación genital femenina (MGF), las ong nos recuerdan que sólo en el continente  africano cada año 2 millones de niñas son mutiladas. Se practica en, al menos, 28 países de África y en otros de Asia y Oriente Medio.

 

 

Se lleva a cabo en todos los niveles educativos, en todas las clases sociales, y entre muchos grupos religiosos (musulmanes, cristianos, animistas), aunque ninguna religión la contempla como obligatoria. PLAN, organización internacional de protección de la infancia, alerta en concreto de la situación en Egipto, donde sigue teniendo un especial impacto en las zonas rurales del sur del país, con mayores tasas de analfabetismo y pobreza que las urbanas. En 2008 el  gobierno egipcio promulgó una ley que prohíbe esta práctica con penas de hasta dos años de prisión y multas de hasta 600 euros, sin embargo, en muchas zonas del país la ley es desconocida entre la población y su aplicación es nula. De hecho, según las cifras que maneja PLAN, el 72% de las niñas y mujeres de entre 15 y 30 años del país es víctima de esta práctica atroz.  Vinculada tradicionalmente a la religión, se trata sin embargo de una costumbre cultural, perpetuada por las propias mujeres y sostenida y avalada por las familias con la creencia de que una mujer no mutilada es una mujer impura que no podrá ser casada.

Reconocido desde 1990 como un problema de salud y una violación de los derechos humanos por Naciones Unidas, la ablación total o parcial de los labios vaginales y el clítoris está asociada a problemas durante la menstruación, el parto, hemorragias, infecciones del aparato urinario y graves trastornos psicológicos de por vida. “La MGF es una práctica muy  arraigada. Para que el cambio sea real debe venir de dentro de las comunidades. Por eso en PLAN trabajamos con grupos locales en los que médicos e incluso hombres religiosos explican a las mujeres cuáles son los efectos fisiológicos y psicológicos de la práctica en las niñas.  Una vez que las mujeres tienen toda la información son ellas mismas las que deciden  detener la tradición e impedir que sus hijas pasen por lo mismo que ellas han pasado”, explica Concha López, directora general de PLAN en España.  La MGF está estrechamente vinculada al estatus social, económico y político de las mujeres y las niñas. Por este motivo, desde 2006, según explica su directora, PLAN trabaja en programas de integración económica como grupos de ahorro y de alfabetización de mujeres donde además se aprovecha para abordar temas sensibles como la mutilación. Assiut, una localidad rural a 400 kilómetros de El Cairo, es una de las zonas donde la ONG ha establecido grupo de trabajo con mujeres.  En las reuniones semanales se habla y se comparte información sobre higiene, pequeñas finanzas, matrimonio temprano, formación profesional y MGF.

En diciembre del año pasado más de 1.000 mujeres habían participado en los grupos.

En la graduación de uno de esos grupos, en el pueblo de Blayza, las mujeres extendieron una pancarta en la que se podía leer: “Nosotras mujeres, hombres y niños, declaramos que no aceptamos más la práctica de la MGF y el matrimonio temprano”

En ese día, On Ahmed, vecina de 37 años, dio testimonio frente a 450 personas de su localidad de su nueva forma de ver el mundo:  “Mi marido y mi suegra me presionaban para que mutilara a mi hija pero después de acudir a las sesiones me sentía bien informada y con derecho a defender su salud, así que dije: no.   También he convencido a mi hermano para que no case a su hija siendo una niña”.

REF: guinguinbali


Gentileza de nuestro amigo y colaborador Carlos Souza (Brasil/RJ)

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Un comentario »

  1. Yo creo que está bien decir los efectos psicológicos y físicos que esta práctica conlleva, pero sinceramente, no debería hacer falta decirlos, aunque la mutilación genital femenina no tuviera consecuencias de salud sería para mí igual de despreciable, primero porque no hay motivo para hacerlo, menos porque me imagino que pocas veces será a propia voluntad, y vaya, si se me permite, la mujer tiene pleno derecho a gozar del sexo cuando le plazca y con esta práctica se le pone más difícil.

    Saludos.

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