Mi amiga Martucha Gerónimo*

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Por Custódio Fernando.

Una historia basada en el día a día de varias mujeres que venden en las calles de las distintas ciudades de Angola.

Ella es conocida por todos los angoleños, no sólo por la peculiaridad de la profesión que ejerce, si no que también por la capacidad emocional con que cumple la noble misión, aunque esta no esté en los ranking de los más apreciados oficios.

No fue a la escuela y por lo tanto no consigue ni deletrear su nombre. De hecho, la única cosa que sé es que se llama Martucha, hija del señor Gerónimo y de la Mana Josefa, ahí la razón de que la llamen Martucha Gerónimo*. Dice que tenía documentos pero fueron quemados durante la guerra; nunca fue a la escuela porque tenía que cuidar de la casa mientras los papás iban a labrar y sus hermanos a la escuela. ¿Valió la pena? No, dice ella. Los hermanos que probablemente la ayudarían por haber ido a la escuela están todos muertos, víctimas de un accidente causado en las minas.

Martucha aparenta tener menos de treinta años (ni ella sabe su edad- dice que nació en la época de cosecha de maíz) pero no falta mucho para tener un número de hijos equivalente a un equipo de balón-mano, el séptimo está ya ahí en camino, en los últimos meses de gestación. Una vez me confidenció que fue para la casa del marido antes de antes de alcanzar la juventud.  Unirse a un militar fue la única salvación cuando la guerra se casa con el hambre, la miseria, la desnutrición y claro, el odio. Ella dice que siente odio de los que hicieron la guerra, hasta de su mismo marido. “Yo sé que él también mató familia de otras personas”, dice.

Su trabajo la hace despertar más temprano que la propia mañana. Antes del primer canto del gallo ya tiene todo preparado. El uniforme roto del marido, lavado, la ropa gastada de los hijos y claro su instrumento de trabajo. Rasga la madrugada en el oscuro barrio sin luz eléctrica, cuando ni la misma sombra osa en seguirle. Minutos después está en el asfalto donde se encuentra con sus compañeras y competencia, formando juntas  un ejército femenino rumbo al almacén de donde sólo salen al rayar el sol. ¿Parece poco? Pues sepa que la lucha sólo ahora comienza. Junta la mercadería (de todo un poco, dependiendo del día y la búsqueda, material escolar o alimentación, ropa o cosméticos, en fin de todo que de para revender) esta es su profesión.

Salida del almacén, la calle es su local de trabajo. Grita lo más alto que puede el producto que lleva, sus cuerdas vocales parecen no importar aunque sí su creatividad es más solicitada: “Y es …pescado…!”…, “Muchacha, mira la corvina?” “cincuenta la Tanga (1) … refinada ¿quién lo viera?… Joven, ¿no va a comprar hilo dental para llevar a su mujer?

El sol se torna más intenso y su cuerpo se deshidrata. Comprar un refresco es arriesgarse a no cenar. “Más o menos” es la palabra del día cuando no siempre el negocio funciona. Hoy quien corrió fue ella cuando apreció un carro de donde descendieron personas uniformadas que patearon sin piedad los baldes (3). En fracción de segundos todo explota. ¡Sí todo! Incluyendo el deseo de dar una comida diferente. Del negocio nada sobra. Sólo el dinero de las dos únicas ventas que guardó entre el sujetador de sus senos caídos protegidos por el sujetador. Del resto de todas sus cosas fueron recogidas por la policía. ¡Sí! Veo su rostro. Su rostro amargo y sus problemas que se derraman con el sudor.

De vuelta a casa, sus lágrimas no caen porque sólo se secan de tanto sufrimiento, todo se vuelve rutina, los gritos de hambre de los hijos, el golpe que recibe del marido, y todo esto después de la corrida que se lleva de la policía. Esta es mi amiga Martucha Gerónimo, es Zungueira (4) de profesión.

(1 a 2) – Tanga e Fio dental – Ropa interior donde normalmente uma o dos piezas transparentes protegen de la visibilidad la parte frontal y/o trasera de la mujer.

(3) Entiéndase Banheira por un recipiente redondo, poco profundo la mayoría de las veces de plástico, usado para transportar o conservar agua u otras materias.

(4) Zungueira (o): Del verbo en Kimbundú Ku Zunga, traducido literalmente por andar sin rumbo cierto, hoy utilizado para designar a los vendedores ambulantes en Angola.

* Nombre ficticio, Historia basada en el día a día de muchas mujeres que venden en las calles de varias ciudades de Angola.

Custódio Fernando, es angoleño, natural de Malanje. Es periodista, locutor de radio y escritor.

Traducción: Carla Vargas Villarroel

Revisión de Textos: Bárbara Igor

Texto gentilmente cedido por la revista O Patifundio! observatório multicultural da lusofonia.

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