Por Eugénio Costa Almeida.

Imagen: REUTERS

Ha habido momentos en la Historia de la Humanidad que crearon sangrientos e incalificables conflictos político-militares de consecuencias descomunales.

En tiempos recientes, fueron los casos de la primera y segunda guerra mundial, las que se juntan a las luchas de liberación, a las guerras de secesión y a las contiendas por la redemarcación de fronteras.

Actualmente, los principales factores de desestabilización político militar, dejaron de ser cuestiones territoriales y/o “lavadas de sangre”” para pasar de ser disputas sociales y políticas, a auténticas y sangrientas guerras abiertas entre poderes instituidos y nuevos movimientos de liberación política.

Movimientos que defienden más libertad política, más humanización de la gestión pública, más libertad humana, o sea, más y mejores Derechos Humanos.

La mayoría tuvo su génesis en la autoinmolación de un joven tunecino, Mohamed Bouazizi, ocurrida en la ciudad de Sidi Bouzid, que rápidamente degeneró en una revuelta popular por más y mejores condiciones humanas y de cuyas manifestaciones resultó la caída del autócrata tunecino Zine El Abidine Ben Ali.

Recordemos que fue a partir de este hecho que las manifestaciones se expandieron, posteriormente, por todo el Norte de África y por otros países africanos.

Recapitulemos lo que pasó en Egipto – eso en escala muy elevada – y en Marruecos, o de forma menos evidente en Costa de Marfil, Uganda, Argelia, Yibutí, Sahara Occidental, en África o en Iraq, Omán, Líbano, Jordania, Arabia Saudita, en Asia (Medio Oriente). Algunas alteraciones políticas, tal vez menos de lo esperado por sus mentores, acabaron por ser evidentes o reforzadas.

Pero revivamos, principalmente, las crisis político-militares en Libia, en Yemen – con la caída de los respectivos dictadores, después de un largo período de conflicto armado – y sobre todo, ahora, en Siria y, en menor escala, en Sudán.

En relación a Sudán – y consideremos no sólo al país, si no que el territorio en su totalidad – persiste la disputa fronteriza entre Sudán del Norte y su secesión del Sur – por obra y gracia de los angloamericanos – todo por causa del petróleo y de sus rendimientos. Mientras el sur carece de las vías que atraviesan el Norte y desaguan en el Mediterráneo, y mientras el territorio esté bajo la “protección” política y económica de su principal importador, China, la comunidad internacional continuará silbando para el lado, y, para decir que no se olvida, irá lanzando algunas mukandas al éter….

Si en el caso de Libia, de Sudán y de Yemen estaba – está – el crudo (petróleo) que permitía a la Comunidad Internacional tener una “razón” para intervenir o cuestionar los poderes instituidos y apoyar las respectivas oposiciones, aun siendo militarizadas – y bien, en el caso libio, al punto de que las nuevas autoridades tengan dificultades en desarmar a los grupos armados, – en el caso Sirio sólo hay voluntad por parte de los opositores, que incluso armados, no decanta. Oficialmente no hay petróleo en territorio Sirio.

Y aliado a la falta de esa materia importante para la sobrevivencia del mundo occidental – el crudo – está el hecho de que hay dos potencias que apoyan o “soportan” al régimen de Bashar al-Assad: Rusia y China.

En el caso de China, es el principio de la “no injerencia” en los asuntos internos, tan cara a Beijing, que prevalece en los rechazos a las eventuales intervenciones internacionales.

En el caso ruso, el hecho de que todavía se sientan engañados en relación a Libia, donde, en principio y de acuerdo con las resoluciones de Naciones Unidas, las hipotéticas intervenciones armadas serían para mantener la defensa de los derechos humanos en el país. Lo que sucedió después fue una intervención pura para expulsar al líder dictatorial, incómoda para ciertas capitales occidentales.

A pesar de eso, y después de muchos rechazos, Rusia resolvió dar un paso a favor del “bien común” y votar en el Consejo de Seguridad de la ONU por el envío de un grupo internacional de observadores que supervisen el alto al fuego, instituido entre los rebeldes y las fuerzas de al-Assad, mediada por el antiguo secretario general de las Naciones Unidas, Koffi Annan.

Pero mostraron las evidencias de que esa contrata acabaría en un sangriento fracaso. Los continuados reencuentros entre el Ejército sirio y los rebeldes sólo hicieron confirmar el escepticismo de los Estados Unidos y de los aliados en cuanto al grado de compromiso de los sirios – y aquí englobo a las dos partes – en relación al acuerdo de alto al fuego.

Refuerzan este claro escepticismo los recientes reencuentros militares en la frontera sirio-turca, con alguna escalada de violencia.

A quien le interesa este salto en la escalonada bélica entre una de las potencias militares de la OTAN, el aliado preferencial de los EEUU en la Región y un pequeño estado como Siria.

No me parece que sea del interés de Damasco despertar un indolente y peligroso Jacaré adormecido en sus márgenes.

Si no es de su interés, es evidente que el mismo sólo podrá ser de los rebeldes, apenas soportados y apoyados por Irán, queriendo llevar hacia la guerra a Turquía, visando el derrumbe del régimen de Al-Assad.

Hasta aquí, todo parece meras estrategias político-diplomáticas con soportes bélicos.

Todo parecería meras estrategias si Turquía no fuese un prominente miembro de la OTAN y en el seno de esta organización no hubiese una cláusula que indica que un ataque a su miembro es un ataque a todos los miembros de la organización.

Y me parece, que está más que implícito lo que desean los mentores de los ataques, casi quirúrgicos, en la frontera turca…

Fue de cierta forma que comenzó la primera guerra mundial con el asesinato de un heredero del imperio austrohúngaro, en Bosnia, por un estudiante serbio. Y una de las consecuencias fue que el fin del Imperio Otomano de cual resultaron algunos de los actuales Estados árabes…

mukandas (*) palabra Mbundo (de la región angoleña Ovibundo do Planalto Central) que significa:   palabras, conversaciones, decires.

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