En Varela no hay nada – Guinea Bissau

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Por Jorge Rosmaninho

Cual es la marca de estos autitos?, le pregunto a las dos niñas que los traen amarrados con el cordel (¡Hay cordel en Varela!). Se llaman “Utopía”, responden. Y a dónde van?, insisto. Al puente de Cassolol. Van a llevar a las mujeres en cinta y enfermas a la candonga que las espera del otro lado. A la vuelta traerán a todos los que podrán (podrían) hacer algo por Varela. Para que esas personas vean como no hay nada aquí. Por eso las ruedas traseras de nuestros autitos son dobles. Para traer muchas personas, responden.

Varela no recibe turistas por estos días. Sólo los de la tierra, locos o bichos se aventuran por los 65 kilómetros de barro que separan esta pobre “tabanka” de la ciudad de S. Domingos, protegido de la suerte del asfalto. Como si no bastasen los millones de hoyos, para separar Varela del mundo, un irresponsable mandó abajo el puente de Cassolol, transformando la región en una isla de donde se sale apenas a pie, en bicicleta o en moto. Más allá del puente existe el lujo de la caja trasera de una o dos humildes camionetas, que unen Cassolol a S. Domingos.

En Varela no hay nada, además de arroz y pescado (la comida de todos los días) y conformismo. La población, aislada desde Agosto, todavía no ha ido a Bissau, porque los transportes son pocos y el precio para llegar a los frescos gabinetes de la Plaza es alto. Tampoco recibió la visita de ningún representante del gobierno central, que el camino sólo alcanza para los de la tierra, locos o bichos y ¡ellos no se encuadran en ninguna de las categorías!

En Varela tampoco hay inmigrantes. Por su carretera tan larga es imposible llegar hasta los grupos de pobladores. Una vez por allí pasaron algunos clandestinos, es cierto, una vez o dos, pocos. Desde entonces nunca más, aseguran los de la tierra. Por eso no comprenden el “ACUDAN” de sus gobernantes, allá lejos, en España (donde quiera que eso sea) ni las visitas de los periodistas.

En Varela no hay nada, además de arroz y pescado. Ni cobre o lata, para que los niños hagan autitos de juguete y sueño. Los autitos de los más pequeños se hacen ahora con una caja de medicamentos, de los que llegan de manos de las monjas católicas de Suzana (sólo ellas o el sacerdote se aventuran por el barrial – no son de la tierra, ni son bichos. ¡Son locos!). Una caja de medicamentos vacía hace la vez de habitáculo, dos palitos imitan los ejes y seis limones son las ruedas.

publicado en português en el  blog Africanidades el 02.10.06 

Jorge Rosmaninho es alentejano, periodista y recorre África en busca de imagenes e historias. Además de colaborar de la Revista O Patifúndio, el mantiene el blog Africanidades

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