Alfredo Jaar y Ruanda en la Bienal de São Paulo

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Por Bárbara Igor

Mayor fue nuestra sorpresa cuando caminando por los salones de la Bienal de São Paulo, nos encontramos con la obra de Alfredo Jaar.  Si bien es cierto que la versión 2010 se encargaba de hacer un recorrido por las 29 ediciones anteriores, no dejó de llamar nuestra atención que era precisamente la obra de Jaar la que acaparaba la atención tanto del público como de los jóvenes estudiantes de artes a los que se les encargara la guía a los turistas menos entendidos en la materia.

En términos formales la obra constaba de un pasillo en el que el espectador, por medio de una frase de la extensión de la pared, era introducido en el contexto de la obra: el genocidio en Ruanda de 1994.

Mientras que en el salón, sobre una mesa de luz, miles de diapositivas representando el número de muertos durante el genocidio,  en dicha primavera del 94.

Las diapositivas reproducían la mirada de una joven que vivió en carne propia los horrores del conflicto.  En concreto, sus ojos vieron el asesinato de los miembros de su familia.

Fue una joven afrodescendiente, estudiante de arte, la que orientó nuestro paseo por la Bienal.   Su sorpresa fue saber que compartíamos la misma nacionalidad con el artista, autor de la obra que a su juicio, era la más cautivadora de toda la Bienal.

Pero ¿A qué se debía esta admiración que la obra despertaba?  Según sus propias palabras, a la simpleza con que el mensaje era transmitido a través del simbolismo de las cifras; la observación de una sola mirada que era capaz de representar la de cientos de miles de ruandeses tras el evento que había arrasado con cada uno de ellos, indiscriminadamente.

Indudablemente la obra era conmovedora.  Aun en el desconocimiento absoluto de lo que fuera aquella catástrofe, era posible situarse y comprender.

Resulta inquietante la efectividad de la obra pese al abismo existente entre países como Ruanda y Chile, y más aun entre Ruanda, Chile y Brasil.  Sin embargo, para ser efectiva, la obra no necesitaba de más presentaciones que aquella frase reflejada en la pared y de la intimidad de una sala oscura, llena de miradas cómplices.

Imágenes: MISOSOAFRICA

MISOSOAFRICA: Bárbara Igor Ovalle (1982), natural de Santiago de Chile. Es Licenciada en Artes, actualmente coordina las publicaciones en el presente espacio.

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