Carta al Presidente Bush

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por Mia Couto

Señor Presidente:

Soy un escritor de una nación pobre, un país que ya estuvo en vuestra lista negra.  Millones de mozambiqueños desconocían que mal le habíamos hecho.  Éramos pequeños y pobres: ¿qué amenaza podríamos constituir? Nuestra arma de destrucción masiva estaba, al final, vuelta contra nosotros: era el hambre y la miseria.

Algunos de nosotros extrañamos el criterio que llevaba a que nuestro nombre fuese manchado mientras otras naciones se beneficiaban de vuestra simpatía. Por ejemplo, nuestro vecino – la África del Sur del apartheid – violaba de forma flagrante los derechos humanos. Durante décadas fuimos víctimas de la agresión de ese régimen. Pero el apartheid mereció de vuestra parte una actitud mas blanda: el llamado “envolvimiento positivo”. El ANC estuvo también en la lista negra como una “¡organización terrorista!”.  Extraño criterio que llevaría a que, años mas tarde, los talibanes y el propio Bin Laden fuesen llamadas “freedom fighters” por estrategas norteamericanos.

Pues yo, pobre escritor de un pobre país, tuve un sueño. Como Martin Luther King cierta vez soñó que  América era una nación de todos los americanos. Pues soñé que no era un hombre, si no que un país. Si, un país que no conseguía dormir, porque vivía sobresaltado por terribles actos. Y ese temor hizo que proclamase una exigencia, una exigencia que tenía que ver con usted, estimado Presidente. Y yo exigía que los Estados Unidos de América procediesen a la eliminación de su armamento de destrucción masiva. Por la razón de esos terribles peligros yo exigía aun más: que inspectores de las Naciones Unidas fuesen enviados para vuestro país. ¿Qué terribles peligros me alertaban? ¿Qué recelos vuestro país me inspiraba ? No era producto del sueño, desgraciadamente. Eran actos que alimentaban mi desconfianza. La lista es tan grande que escogeré sólo algunos:

– Los Estados Unidos fue la única nación del mundo que lanzó bombas atómicas sobre otras naciones

– Su país fue la única nación condenada por “uso ilegítimo de la fuerza” por el Tribunal Internacional de Justicia

– Fuerzas americanas entrenaron y armaron fundamentalistas islámicos más extremistas (incluyendo el terrorista Bin Laden) bajo el  pretexto de derribar a los invasores rusos en Afganistán.

– El régimen de Saddam Hussein fue apoyado por los EEUU mientras practicaba las peores atrocidades contra los iraquíes (incluyendo el gaseamiento de los kurdos en 1988)

– Como tantos otros dirigentes legítimos, el africano Patrice Lumumba fue asesinado con ayuda de la CIA. Después de preso, torturado y baleado en la cabeza, su cuerpo fue disuelto en ácido clorhídrico.

– Como tantos otros fantoches, Mobutu Sese Seko fue por vuestros agentes conducido al poder y concedió facilidades especiales al espionaje americano: el cuartel general de la CIA en Zaire se convirtió en el mayor en África. La dictadura brutal de este zairense no mereció ningún reparo de los EEUU hasta que dejó de ser conveniente, en 1992

– La invasión de Timor Este por los militares indonesios recibió el apoyo de los EEUU. Cuando las atrocidades fueron conocidas, la respuesta de la Administración Clinton fue “el asunto es de la responsabilidad del gobierno indonesio y no queremos quitarles esa responsabilidad”.

– Vuestro país albergo criminales como Emmanuel Constant uno de los líderes más sanguinarios de Tahiti cuyas fuerzas paramilitares masacraron millares de inocentes. Constant fue juzgado en rebeldía y las nuevas autoridades solicitaron  su extradición. El gobierno americano rechazó el pedido.

– En Agosto de 1998, la fuerza aérea de los EEUU bombardeó en Sudán una fábrica de medicamentos, designada Al-Shifa. Un engaño? No, se trataba de una represalia de los atentados bombistas de Nairobi y Dar es Saalam.

– En Diciembre de 1987,  Estados Unidos fue el único país (junto con Israel) en votar contra una moción de condena al terrorismo internacional. Del mismo modo la moción fue aprobada por el voto de ciento cincuenta y tres países.

– En 1953, la CIA ayudó a preparar el golpe de Estado contra  Irán en el transcurso del cual millares de comunistas de Tudeh fueron masacrados. La lista de golpes preparados por la CIA es bien larga.

– Desde la Segunda Guerra Mundial los EEUU bombardearon:  China (1945-46),  Corea y China (1950-53),  Guatemala (1954),  Indonesia (1958), Cuba (1959-1961),  Guatemala (1960),  Congo (1964),  Perú (1965),  Laos (1961-1973),  Vietnam (1961-1973),  Camboya (1969-1970),  Guatemala (1967-1973), Granada (1983), Líbano (1983-1984), Líbia (1986), Salvador (1980), Nicarágua (1980), Irán (1987),  Panamá (1989), Iraq (1990-2001), Kuwait (1991),  Somalía (1993),  Bosnia (1994-95),  Sudán (1998), Afganistán (1998),  Yugoslavia (1999)

– Actos de terrorismo biológico y químico fueron puestos en práctica por los EEUU: el agente naranja y los defoliantes en Vietnam, el vírus de la peste contra Cuba que durante años devastó la producción porcina en aquel país.

–  Wall Street Journal publicó un informe que anunciaba que 500.000 niños vietnamitas nacieron con deformidades como consecuencia de la guerra química de las fuerzas norteamericanas

  Desperté de la pesadilla del sueño a la pesadilla de la realidad. La guerra que el Señor Presidente insistió en iniciar podrá liberarnos de un dictador, pero quedaremos todos más pobres. Enfrentaremos mayores dificultades en nuestras ya precarias economías y tendremos menos esperanza en un futuro gobernado por la razón y por la moral. Tendremos menos fe en la fuerza reguladora de las Naciones Unidas y de las convenciones del derecho internacional.  Estaremos finalmente, más solos y más desamparados.

Señor Presidente:

Iraq no es Saddam. Son 22 millones de madres e hijos, y de hombres que trabajan y sueñan como hacen el común de los norteamericanos. Nos preocupamos con los males del régimen de Saddam Hussein que son reales, pero se olvidan los horrores de la primera guerra del Golfo en que perdieran la vida más de 150.000 hombres.

  Lo que está destruyendo masivamente a los iraquies no son las armas de Saddam. Son las sanciones que condujeron a una situación humanitaria tan grave que dos coordinadores de ayuda de las Naciones Unidas (Dennis Halliday y Hans von Sponeck) pidieron la dimisión en protesta contra esas mismas sanciones. Explicando la razón de su renuncia, Halliday escribió: “Estamos destruyendo toda una sociedad. Es tan simple y terrible como eso. Y eso es ilegal e inmoral”. Ese sistema de sanciones ya llevó a la muerte medio millón de niños iraquíes.

Pero la guerra contra Iraq no está por comenzar. Ya comenzó hace mucho tiempo. En las zonas de restricción aérea al Norte y Sur de Iraq ocurren continuamente bombardeos desde hacen 12 años. Se cree que 500 iraquíes han muerto desde 1999. El bombardeo incluyó el uso masivo de uranio empobrecido (300 toneladas, o sea 30 veces más del usado en Kosovo)

Nos libraremos de Saddam. Pero continuaremos prisioneros de la lógica de la guerra y de la arrogancia. No quiero que mis hijos (ni los suyos) vivan dominados por el fantasma del miedo. Y que piensen que, para vivir tranquilos, necesitan construir una fortaleza y que sólo estarán seguros cuando se tuviera que gastar una fortuna en armas. Como su país que gasta 270.000.000.000.000 dólares (docientos setenta billones de dólares) por año para mantener el arsenal de guerra. Usted bien sabe lo que esa suma podría ayudar a cambiar el destino miserable de millones de seres.

El Obispo americano Monseñor Robert Bowan le escribió a fines del año pasado una carta titulada “Porque es que el mundo odia a los EEUU ?” El Obispo de la Iglesia católica de Florida es un ex-combatiente de la guerra de Vietnam. El sabe lo que es la guerra y escribió: “Usted reclama que los EEUU son blanco del terrorismo porque defendemos la democracia, la libertad y los derechos humanos. Que absurdo, Sr. Presidente! Somos blanco de los terroristas porque, en la mayor parte del mundo,  nuestro gobierno defendió la dictadura, la esclavitud y la explotación humana. Somos blanco de los terroristas porque somos odiados. Y somos odiados porque  nuestro gobierno hizo cosas detestables. En cuantos países agentes de nuestro gobierno depusieron líderes popularmente electos sustituyéndolos por dictadores militares, fantoches deseosos de vender su propio pueblo a las corporaciones norteamericanas multinacionales? Y el obispo concluye: El pueblo de Canadá disfruta de democracia, de libertad y de derechos humanos, así como Noruega o Suecia. Alguna vez el señor oyó hablar de ataques a embajadas canadienses, noruegas o suecas ? Nosotros somos odiados no porque practicamos la democracia, la libertad o los derechos humanos. Somos odiados porque nuestro gobierno niega esas cosas a pueblos de países del Tercer Mundo, cuyos recursos son codiciados por nuestras multinacionales.”

Señor Presidente:

Su Excelencia parece no necesitar que una institución internacional legitime su derecho de intervención militar. Al menos que nosotros podamos encontrar moral y verdad en su argumentación. Yo y más millones de ciudadanos no quedamos convencidos cuando lo vimos justificar la guerra. Nosotros preferíamos verlo firmar la Convención de Kyoto para detener el efecto invernadero. Preferiríamos haberlo visto en Durban en la Conferencia Internacional contra el Racismo.

No se preocupe, señor Presidente. A nosotros, naciones pequeñas de este mundo, no se nos pasa por la cabeza exigir vuestra dimisión por causa de ese apoyo que vuestras sucesivas administraciones concedieran a no pocos y sucesivos dictadores. La mayor amenaza que pesa sobre América no son armamentos de otros. Es el universo de mentira que se creó al rededor de vuestros ciudadanos. El mayor peligro no es el régimen de Saddam, ni ningún otro régimen. Si el sentimiento de superioridad que parece animar su gobierno. Su enemigo principal no está fuera, está dentro de los EEUU. Esa guerra sólo puede ser vencida por los propios americanos.

Me gustaría poder festejar el derrumbe de Saddam Hussein y festejar con todos los americanos. Pero sin hipocresía, sin argumentación para el consumo de discapacitados mentales. Porque nosotros, estimado Presidente Bush, nosotros, los pueblos de los países pequeños, tenemos un arma de construcción masiva: la capacidad de pensar.”

   Mia Couto es un escritor mozambiqueño (Beira 1955)  Fue director de la Agencia de Información de Mozambique.  En este ultimo tiempo se convirtió en uno de los narradores más populares de la literatura lusófona.  En sus relatos, traducidos en varios idiomas, hace un esbozo de lo que ha sido la vida en Mozambique posterior a su independencia.

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