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El hambre también golpea en Senegal

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Por José Naranjo

Al igual que en el resto del Sahel, el hambre ya golpea en el interior de Senegal. La sequía del año pasado unida a la inacción de un gobierno metido de lleno en un proceso electoral se han combinado para que al menos 800.000 personas hayan tenido ya que reducir a una sus comidas diarias y vender lo poco que poseen para poder comprar sus alimentos, sobre todo en la rivera del río Senegal, al norte, y en el sur del país, en la región de Casamance. Y todo apunta a que lo peor está aún por venir. Senegal, o de cómo una economía sólida y estable puede dejarse sorprender por el viejo fantasma del hambre debido a la nefasta gestión de sus gobernantes.

En el Sahel el hambre se extiende de este a oeste. Afectados por un pésimo año de lluvias, pero también por la pobreza estructural, el conflicto que ha estallado en el norte de Malí y la especulación de precios en los mercados, la población de países como Chad, Níger, Malí, Burkina Faso, Mauritania y el norte de Camerún está ya sufriendo las consecuencias en forma de inseguridad alimentaria severa o emergencia humanitaria, el paso previo a la hambruna.

En cifras, ya son unos 10 millones de personas que han tenido que reducir sus comidas, entre ellos un millón de niños con riesgo de malnutrición severa. Pero la cifra de personas vulnerables es aún mayor, 13,4 millones, y la población que se encuentra en peligro de verse afectada por la emergencia se eleva a nada menos que 23 millones, a menos que la comunidad internacional intervenga y lo haga rápido. Y es que lo peor está aún por venir. Pero, por primera vez, el hambre ha llegado a un país del Sahel poco acostumbrado a estos sobresaltos, como es Senegal, sin que hasta ahora se haya producido una acción coordinada para combatirla.

El hivernage o estación de lluvias en Senegal se extiende de junio a octubre. Es el momento en que los agricultores de este país eminentemente agrícola (el 70% de los senegaleses vive del campo) aprovechan para plantar sus cultivos. Sin embargo, el pasado año 2011 y pese a las buenas previsiones, las lluvias se retrasaron un mes y empezaron el 26 de julio, llovió durante 15 días y luego paró durante un mes, hasta mediados de septiembre. Finalmente volvieron las precipitaciones durante otros treinta días aproximadamente y se acabó.

Es decir, las lluvias no sólo empezaron tarde y acabaron antes de lo previsto, sino que en medio hubo un mes en el que apenas cayó una gota de agua. Agua mal repartida en el tiempo y en el espacio. Traducción para la cosecha: un desastre. Con respecto al año 2010, la producción de cereales en este país sufrió una caída del 36% y la del cacahuete, el principal cultivo, del 59%.

ESTUDIOS

Ya en noviembre de 2011 y en previsión de lo que se avecinaba después de la penosa estación de lluvias, la Organización de Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) y el Programa Mundial de Alimentos (PAM), en colaboración con el Gobierno senegalés, llevaron a cabo una investigación sobre inseguridad alimentaria, en la que se delimitaron 85 zonas de riesgo en todo el país, de las que 31 presentaban un riesgo muy elevado.

Paralelamente, entre noviembre y diciembre de 2011, el estudio SMART del Ministerio de Salud del Gobierno senegalés sobre malnutrición realizado en ocho regiones del país (Diourbel, Kédougou, Kolda, Louga, Matam, Saint Louis, Tambacounda y Thiès) empezaba a ofrecer datos nada halagüeños, con una prevalencia media de malnutrición aguda en niños de entre 6 y 59 meses de edad de entre un 6,1% en Tambacounda hasta un 14,1% en Matam, a menos de un punto porcentual por debajo del umbral de alerta del 15% fijado por la OMS.

En la misma época, finales de 2011, una investigación del Ministerio de Agricultura senegalés revelaba otro dato preocupante y ya entonces evidente para las poblaciones del interior: los precios de los productos básicos de alimentación se habían disparado fruto de la escasez de suministros y de la especulación. El Gobierno reconoce incrementos con respecto al precio de 2010 que van desde el 26-27% del mijo, maíz o sorgo (cereales básicos en la dieta) hasta el 57% del cacahuete. Pero el Gobierno se quedó incluso corto. En algunos lugares un kilo de cacahuetes que costaba hace unos meses 65 francos CFA cuesta hoy 650 (1 euro), es decir, su precio se ha multiplicado por diez.

Otro elemento que nos ayuda a entender la gravedad de la emergencia alimentaria que vive Senegal es lo que ha ocurrido este año con la soudure (el periodo comprendido entre el fin de los stocks de la cosecha anterior y la recogida de la cosecha siguiente). Normalmente, la soudure comienza en junio-julio y dura hasta septiembre, pero este año 2012 se ha adelantado al mes de enero. Es decir, ya se han agotado los stocks de la cosecha anterior para cientos de miles de senegaleses.

Ante la gravedad de la situación, el Gobierno senegalés y el PAM llevaron a cabo un nuevo estudio en febrero de 2012, el mes pasado, en las zonas de riesgo. Dicho informe reveló que unas 740.000 personas se encuentran en situación de inseguridad alimentaria, de las que 282.000 la sufren de forma severa. Sin embargo, una vez más, las cifras podrían estar maquilladas. Algunos expertos aseguran que los senegaleses afectados por esta crisis alimentaria se elevan al menos a 2 millones de personas.

Ibrahima Laye Thiome, coordinador de gestión de catástrofes de la Cruz Roja Senegalesa, asegura que “nunca vi una situación tan grave. A mediados de los años noventa hubo también sequía, pero todo el mundo era consciente y la ayuda llegó rápidamente. Ahora mismo la gente está vendiendo sus bienes, se están descapitalizando para poder asegurarse el sustento mínimo, por lo que no podrán hacer frente a la próxima campaña. De esta espiral ya no podrán salir sin ayuda externa”.

Las estrategias de supervivencia ya han comenzado. Nathalie Bonvin, delegada regional de seguridad alimentaria para el Sahel de la Federación Internacional de la Cruz Roja, asegura que “decenas de miles de familias ya han reducido su número de comidas al día o le echan menos pescado o carne, algunos van al bosque a recolectar frutos salvajes, muchos venden sus útiles de labranza para poder comer o su ganado y los niños dejan de ir a la escuela porque sus padres no pueden pagarla. Además, hombres y mujeres jóvenes se ven obligados a emigrar a la ciudad, donde entran en la espiral de la miseria, muchas chicas acaban prostituyéndose por 1.000 francos CFA (1,6 euros) en las calles de Dakar”.

La situación no difiere mucho de la del resto de países afectados en la banda saheliana. Salvo por un detalle muy importante. Mientras otros estados, como Chad, Mauritania, Níger o Malí han declarado oficialmente la emergencia alimentaria y ya están recibiendo la ayuda internacional necesaria (Mauritania, 157 millones de dólares; Malí, 150 millones; Níger, 147 millones, etc), el Gobierno de Senegal, consciente de la situación merced a numerosos estudios e informes pero metido de lleno en periodo electoral, no ha querido ni oír hablar de una declaración de crisis, lo que ha impedido el trabajo de las agencias humanitarias y frenado la inyección de ayuda internacional.

Los campesinos ya lo habían dicho por activa y por pasiva. “La situación del mundo rural es la consecuencia de una mala política agrícola del Estado, una política que, simplemente, ha fracasado. Las razones de esta catastrófica campaña agrícola giran en torno al enorme retraso en la distribución de semillas, su mala calidad y la insuficiencia de dichas semillas, problemas que se suman a la política discriminatoria en el acceso a la maquinaria agrícola y a la inaccesibilidad de la propia tierra”, aseguraba recientemente uno de ellos. De igual forma, hace sólo un mes, Boubacar Cissé, portavoz del Consejo Nacional de Consulta Rural, aseguraba que “el Gobierno sólo está obnubilado por la relección del presidente Abdoulaye Wade y se ha olvidado de la población. Sin embargo, ya en octubre pasado el Consejo Nacional para la Seguridad Alimentaria advertía de la mala pluviometría de 2011 y de que la producción agrícola esperada podría ser inferior a la de la campaña agrícola precedente”.

El informe del PAM de febrero pasado detalla la gravedad del problema por regiones y concluye que las más afectadas son las de la Casamance, en el sur, eminentemente agrícolas, de Ziguinchor, Kolda y Sédhiou, seguidas de Kédougou, Fatick, Kaolack, Saint Louis, Matam, Kaffrine, Tambacounda, Louga y Dourbel.

El perfil de los hogares en situación de inseguridad alimentaria incluye cuatro tipos de familias: los de gran tamaño (más de diez personas) con al menos tres niños menores de 5 años, los hogares dirigidos por viudas, las familias que no poseen ganado, sobre todo los de Casamance y Senegal oriental y, finalmente, las familias que dependen exclusivamente de la agricultura.

Ante la inacción del Gobierno senegalés, la Cruz Roja nacional ya lanzó un aviso de urgencia para dos regiones en el norte del país, Matam y Saint Louis, en las que ha llevado a cabo distribución de cereales, material agrícola para que se pueda llevar a cabo una cosecha que no depende de la lluvia (la contreseason) a base de mandioca, cebollas y arroz y el reparto de dinero allí donde el mercado permita la compra de alimentos.

Sin embargo, esto es sólo una pequeña parte del país. La Cruz Roja prevé lanzar un llamamiento de urgencia después de las elecciones para otras ocho regiones, Kolda, Sédhiou, Tambacounda, Kédougou, Kaffrine, Kaolack, Fatick y Louga (Ziguinchor queda fuera por la imposibilidad de llevar a cabo tareas de distribución por culpa del conflicto de Casamance). El presupuesto de este operativo es de uno tres millones de euros, pero la Cruz Roja sólo cuenta con 200.000 procedentes de los fondos de la Federación Internacional. El resto tendrían que ser aportados por gobiernos y donantes externos, pero para ello es necesario que el nuevo presidente salido de las urnas (la segunda vuelta electoral se celebra este domingo 25) admita oficialmente la situación de emergencia alimentaria.

Fuente: Guinguinbali